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Full text of "España, patria de Colon"

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HUDBNCIO  OTERO  SANCHE 

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BIBLIOTECA  IhíUEVA 


ESPAÑA,  PATRIA  DE  COLÓN 


»ÜC.    DE   RIVADSNBYRA    (s.    A.).    PASEO    DB   SAN    VICENTE,    20. — MADRID 


PRUDENCIO  OTERO  SÁNCHEZ 


ESPAÑA, 
PATRIA  DE  COLON 


BIBLIOTECA  NUEVA 

USTA,    66. — MADRI© 
1922 


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AL  GRAN  ESPAÑOL  DON  RAFAEL  CALZA- 
DA,  QUERIDO  AMIGO  MIÓ  B  INSPIRADOR 
DE  ESTA  OBRA. 

EL  AUTOR 


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AL  LECTOR 


En  el  año  de  191 3,  el  insigne  pontevedrés  Celso  Gai- 
cía  de  la  Riega,  escribió  su  obra  Colón,  español,  siendo 
el  primer  historiador  que  proclamó  la  patria  española 
de  Colón.  Su  labor  conjetural  es  digna  de  encomio; 
pero  como  la  base  de  su  trabajo  asentaba  sobre  docu- 
mentos reargüidos  de  falsos,  por  apareéer,  según  dicen 
los  paleógrafos,  alterados,  hubiera  caído  en  el  olvido  si 
otro  esclarecido  español,  el  doctor  Rafael  Calzada,  dis- 
tinguido jurisconstdto,  publicista  y  ex  diputado  a  Cor- 
tes por  Madrid,  no  hubiese  persistido  en  sostener  que 
el  gran  almirante  no  era  genovés,  puesto  que,  además 
de  los  argumentos  presentados  por  la  Riega  para  con- 
ceptuarlo español,  poseía  fotografías  de  autógrafo  de 
Cristóbal  Colón,  cuyos  caracteres  gráficos  eran  de  letra 
española,  distinta  de  la  italiana  de  la  misma  época. 

El  doctor  Calzada  me  escribió  pidiendo  unos  datos, 
al  propio  tiempo  que  me  instaba  a  que,  ayudado  por 
nuestros  amigos  D.  Casto  Sampedro,  D.  Heliodoro  Fer- 
nández Gaztañaduy  y  D.  Torcuato  UHoa,  hiciéramos, 
por  medio  de  la  Prensa,  estado  de  opinión  hasta  que 
la  Real  Academia  de  la  Historia  estudiase  el  asunto  y 

7 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

salvase  el  error  histórico  de  la  cuna  genovesa  de  Colón, 
afirmando  que  toda  la  gloria  del  descubrimiento  de 
América  correspondía  a  España. 

¿Cómo  podía  desatender  las  indicaciones  de  mi  ex- 
celente amigo,  si  así,  además,  contribuía  a  rehabilitar  la 
memoria  de  Celso  García  de  la  Riega? 

Lánceme,  pues,  con  afán,  a  buscar  nuevos  elementos 
probatorios  que  me  llevasen  al  firme  convencimiento  de 
que  Crictóbal  Colón  fué  español;  y  puedo  jurar,  que- 
ridos lectores,  que  si  no  hubiera  adquirido  tal  convic- 
ción, no  me  atrevería  a  escribir  este  libro,  exento  de 
galas  literarias,  pero  inspirado  por  una  conciencia  hon- 
rada y  basado  en  datos  históricos  exactos,  incontrover- 
tibles. Como  prueba  de  imparcialidad,  se  encontrará  en 
este  libro  la  genealogía  genovesa  de  Colón,  trabajo 
completo  y  eruditísimo  del  académico  de  la  Historia 
D.  Ángel  Altolaguirre  y  Duvale;  genealogía  preparada 
durante  varios  siglos  sin  intervención  de  España,  y 
que,  verdadera  o  falsa,  nada  tiene  que  ver  con  la  ge- 
nealogía del  linaje  verdadero  de  los  de  Colón,  como  lo 
demostraré.  Pero  como  la  Real  Academia  de  la  Historia 
persiste,  al  parecer,  en  el  prejuicio  de  que  no  es  posible 
destruir  la  genealogía  genovesa,  y,  por  lo  tanto,  desiste 
de  enviar  a  esta  capital  la  Comisión  ofrecida  a  la  Co- 
misión Pro-Patria  Colón,  para  informar  en  asunto  de 
tal  importancia  para  España,  he  ahí  el  por  qué  me  de- 
cido a  escribir  este  libro,  en  el  que  haré  una  relación 
exacta  de  lo  ocurrido  entre  la  Academia  y  la  Comisión 
Pontevedresa,  y  pueda  así  juzgar  la  opinión  con  absolu- 
to conocimiento  de  causa. 

% 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

Este  libro  es,  pues,  una  apelación  ante  el  público,  y 
confío  en  que  se  dedicarán  el  buen  sentido  y  la  discre- 
ción, movidos  por  el  amor  a  la  verdad,  a  subsanar  aquel 
error  histórico. 

Tal  vez  no  me  sea  dado  alcanzas  la  terminación  de 
este  pleito,  pues  ya  he  entrado  en  el  decimoquinto  lus- 
tro de  la  vida;  pero  si  mis  ojos  se  cierran  antes,  llevaré 
la  esperanza  de  que  vosotros  formaréis  una  falange  de 
convencidos,  que  impondréis  vuestro  criterio,  haciendo 
que  la  Historia  y  la  verdad  vuelvan  por  sus  fueros,  al 
sostener  que  la  patria  de  Colón  no  es  Italia,  sino  Es- 
paña. 

-  Prudencio  Otero  Sánchez. 


GÉNESIS  DE   LA  OBRA  DE   CELSO    GARCÍA 
DE  LA  RIEGA  "COLON,  ESPAÑOL*' 

Hace  más  de  treinta  años,  reuníanse  en  el  escritorio 
de  D.  Casto  Sampedro,  fundador  y  presidente  de  la 
Sociedad  Arqueológica  de  Pontevedra,  y  más  tarde  cro- 
nista de  su  provincia,  varias  personas  amantes  de  las 
glorias  patrias  y  de  nuestra  región  gallega,  entre 
ellas  los  señores  D.  Alejandro  Cerda,  ingeniero  jefe 
de  Obras  Públicas  de  esta  provincia;  D.  Celso  García 
de  la  Riega,  historiador,  publicista,  ex  diputado  a  Cor- 
tes, ex  gobernador,  etc.,  el  malogrado  y  cultísimo  joven 
D.  Carmelo  Castiñeira,  abogado  y  peritísimo  en  asuntos 
de  arqueología;  D.  José  Casal  y  Lois,  D.  Luis  Goros- 
tola,  y  otros  que  fueron  los  primeros  socios  de  la  Ar- 
queológica Pontevedresa,  y  que,  alentados  por  su  fun- 
dador, pe^eguían  con  interés  todo  objeto  antiguo  del 
cual  poseían  noticias  para  que  su  museo  fuese  digno  de 
figurar  entre  los  primeros  del  mundo. 

En  busca  y  captura  de  objetos  y  documentos  que  tu- 
vieran interés  con  el  logro  dé  sus  propósitos,  el  señor 
Sainpedro  y  el  Sr.  Castiñeira  encontraron  en  el  archi- 
vo del  Ayuntamiento  de  Pontevedra  unas  fojas  en  per- 

M 


PRU  D  ENCIQ      OTERO      SÁNCHEZ 

gamino,  en  una  de  las  cuales  constaba  debérsele  a  D." 
de  Colón  y  B.°  Fonterosa  varias  sumas  de  maravedises 
por  alquiler  de  unas  muías  para  llevar  pescado  al  ar- 
zobispo de  Santiago. 

El  hallazgo  fué  la  comidilla  de  las  personas  de  ma-i 
yor  o  menor  cultura  de  esta  población,  y  el  primer  rayo 
de  luz  que  alumbró  la  idea  de  que  el  descubridor  del 
Nuevo  Mundo  fuese  pontevedrés  la  dio  D.  Casto  Sam- 
pedro,  diciendo  a  sus  amigos  y  contertulios,  entre  los 
que  se  hallaba  García  de  la  Riega,  que  puesto  que  apa- 
recían varios  Colones,  se  hacía  preciso  seguir  su  hue- 
lla, porque  el  estar  unidos  los  dos  apellidos  de  Colón  y 
Fonterosa  en  un  mismo  documento  eran  indicios  im- 
portantísimos. 

Esta  fué  la  base  de  la  conferencia  de  García  de  la  Rie- 
ga ante  la  Sociedad  Geográfica  de  Madrid  y  el  punto  de 
partida,  más  tarde,  para  escribir  su  obra  Colón,  español. 
Hombre  activo  y  de  imaginación,  se  consagró  sin  des- 
canso a  revisar  el  archivo  de  las  Cofradías,  que  existía 
en  casa  de  los  notarios  Vázquez,  que  poseía  el  hijo  po- 
htico  del  último  notario,  D.  Joaquín  Núñez,  y  con  el 
hallazgo  de  otros  documentos,  que  agregó  al  primera- 
mente encontrado  en  el  Ayuntamiento,  dio  en  Madrid  la 
citada  conferencia. 

Después  continuó  buscando  nuevos  elementos  para 
escribir  su  libro  Colón,  español,  hasta  que  la  fatalidad 
quiso  que  se  produjese  el  incendio  en  la  casa  matriz  de 
los  notarios  Vázquez,  quemándose  los  papeles  que  en 
ella  se  hallaban. 

En  una  de  las  visitas  que  hice  a  mi  amigo  La  Riega 
12  ^ 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

antes  de  irme  a  América,  allá  por  el  año  1907,  tuve  en 
mis  manos  todos  los  documentos  que  él  compulsara,  y 
declaro  que  no  vi  en  ninguno  de  ellos  la  más  mínima 
alteración;  pero  sí  recuerdo  que  en  algunos  podía  leer 
con  dificultad,  pues  la  acción  del  tiempo  pusiera  la  tin- 
ta amarilla  3^  desvaida,  valiéndome  de  una  lente,  el  ape- 
llido Colón,  y  en  otro,  al  terminar  la  segunda  o  tercera 
línea,  el  apellido  Fonterosa. 

Por  aquel  entonces  estaba  casi  ciego  García  de  la 
Riega,  y  apenas  salía  a  la  calle,  pues  entre  la  ceguera  y 
un  fuerte  ataque  de  gota,  se  hallaba  imposibilitado  para 
caminar. 

Al  regreso  de  otro  viaje  mío  a  Buenos  Aires,  en  191 3, 
hallé  publicada  la  obra  de  la  Riega  y  a  éste  próximo  a 
morir;  y  la  repercusión  de  lo  escrito  por  La  Riega  fué 
tal  en  España  y  en  el  extranjero,  que  alguna  de  las  na- 
ciones americanas  varió  sus  libros  de  enseñanzas,  sal- 
vando el  error  histórico  que  el  Almirante,  por  su  pro- 
pia conveniencia,  quiso  producir  al  estampar  en  su  Ins- 
titución Mayorazga  lo  de  que  de  "Genova  salí  y  en 
ella  nací". 

Y  esto  fué  causa  de  que,  puestos  de  acuerdo  el  pre- 
sidente de  la  Diputación  y  el  alcalde  del  Ayuntamiento 
de  Pontevedra — ya  fallecido  La  Riega — ,  invitasen  a 
una  asamblea  magna,  formada  por  personas  de  la  ca- 
pital, para  buscar  forma  y  modo  de  que  la  Real  Acade- 
mia de  la  Historia  emitiese  su  opinión  sobre  la  tesis 
sustentada  por  García  de  la  Riega. 

En  ella  se  nombró  una  Comisión,  compuesta  por  los 
Sres.  D.  Rafael  López  de  Haro,  notable  escritor,  abo- 

13 


PRUDENCIO       OTERO      SANCHBZ 

gado  y  notario ;  D.  Renato  y  D.  Torcuato  Ulloa  Vare- 
la,  escritores;  D.  Luis  Lueso  y  D.  Ángel  Miguez,  pe- 
riodistas, para  que  se  viesen  con  ei  hijo  de  La  Riega 
y  examinasen  los  documentos  que  su  padre  había  fo- 
tografiado en  el  libro  Colón,  español,  pues  se  decía  pú- 
blicamente que  esos  documentos  habían  sido  alterados, 
y  así  lo  manjifestaba  en  una  Revista  de  Arqueología, 
Bibliotecas  y  Museos  persona  tan  autorizada  en  la  ma- 
teria como  el  Sr.  Serrano  Sanz. 

Hecha,  pues,  la  inspección  de  esos  documentos  por 
la  Comisión  nombrada,  halló  que,  efectivamente,  la  ma- 
yoría de  ellos  tenían  señales  de  haber  sido  alterados,  y 
dio  cuenta  de  su  misión  al  Ayuntamiento,  terminando 
así  su  cometido. 

Tal  es,  a  grandes  rasgos  la  génesis  de  la  obra  Colón, 
español,  publicada  por  Celso  García  de  la  Riega. 


II 

GÉNESIS  DEL  PRESENTE  LIBRO 

Permanecía  olvidada  la  obra  de  García  de  la  Riega, 
cuando  el  doctor  Calzada,  que  se  hallaba  en  Asunción 
del  Paraguay,  vióse  solicitado  por  una  Comisión  de  da- 
mas, para  dar  una  conferencia,  con  un  objeto  benéfico, 
en  el  teatro  Principal  de  la  capital  de  aquella  Repú- 
blica en  el  año  191 5. 

Eligió  el  conferenciante  por  tema  Colón,  español,  y 
fué  tan  enorme  el  entusiasmo  que  despertó  entre  las 
personas  cultas  de  aquel  país,  que  después  de  aplaudir 
el  fondo  y  forma  de  la  disertación,  se  acercaron  a  él 
miembros  del  Gobierno  paraguayo,  para  felicitarle  y 
manifestarle  que  en  los  libros  de  enseñanza  se  rectifi- 
caría el  error  histórico  respecto  de  la  cuna  de  Colón. 

Formó  entonces  el  propósito  de  ampliar  la  obra  de 
La  Riega  con  nuevos  datos,  y  con  este  objeto  me  es- 
cribió, pidiéndome  algunos  que  necesitaba  y  excitándo- 
me para  que  en  España  se  hiciese  propaganda  en  la 
Prensa,  con  el  fin  de  que  la  Real  Academia  de  la  His- 
toria se  ocupase  de  un  asunto  de  tanta  importancia. 

Como  estuviera  ausente  de  Pontevedra  cuando  la 
asamblea  magna,  acudí  a  la  única  persona  que  juzgué 

15 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

más  documejptada  em  este  asunto,  D.  Casto  Sampe- 
dro,  quien  me  hizo  relación  de  cuanto  sucediera  con 
la  obra  de  La  Riega,  entregándome  el  trabajo  del  se- 
ñor Serrano  Sanz,  en  el  que  se  tachaba  de  falsos  los  do- 
cumentos que  fotografiara  La  Riega,  con  el  objeto  de 
que,  a  mi  vez,  se  lo  enviase  al  doctor  Calzada  y  tuviera 
así  conocimiento  de  este  hecho. 

Cumplí  fielmente  d  encargo  del  Sr.  Sampedro,  es- 
cribiendo y  remitiendo  a  mi  amigo  Calzada  el  trabajo 
del  Sr.  Serrano  Sanz;  pero  como  yo  tenía  el  conven- 
cimiento de  haber  visto  parte  de  aquellos  documentos 
sin  mácula  de  ningún  género  en  los  apellidos  Colón,  y 
además  una  idea  clara  y  perfecta  de  la  inteligencia  de 
mi  amigo  La  Riega,  declaro  que  no  quedé  convencido 
ni  me  convencerá  nadie  de  que  los  documentos  estuvie- 
sen adulterados  por  él. 

Planteado  el  problema,  que  era  goloso  de  suyo,  quise 
estudiarlo  a  fondo,  y  acudí  a  mi  amigo  Sampedro,  quien 
me  manifestó  con  toda  hidalguía  que,  aunque  los  do- 
cumentos fotografiados  por  La  Riega  estuviesen  adul- 
terados, él  poseía  otros  y  conocía  más,  que  probaban  la 
existencia,  en  Pontevedra,  del  apellido  Colón ;  pero  que 
no  los  juzgaba  bastantes  para  variar  la  genealogía  co- 
lombiana de  Genova.  Puso,  sin  embargo,  a  mi  disposi- 
ción esos  documentos  y  su  copiosa  bibliografía  referen- 
te a  Cristóbal  Colón. 

Después  de  concienzudo  estudio,  es  absoluta  mi  con- 
vicción de  que  el  Almirante  no  fué  genovés,  y  así  lo 
manifesté  a  Sampedro  y  Calzada.  Este,  conforme  con 
mis  apreciaciones,  y  después  de  una  extensísima  co- 

16 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

rrespondencia,  me  indicó  la  conveniencia  de  que  diera 
ocasión  a  la  Prensa  para  que  se  ocupara  de  ello;  soli- 
cité la  cooperación  de  mi  amigo  Sampedro,  pero  no 
pude  obtenerla. 

Conociendo  a  quienes  habían  formado  la  Comisión 
para  examinar  los  documentos  de  La  Riega,  conferen- 
cié con  ellos,  y  después  de  manifestarles  que  era  con- 
veniente el  que  se  continuaran  los  trabajos  de  la  obra 
Colón,  español,  accedieron  a  mis  deseos  con  deferencia 
que  agradezco  sinceramente. 

Convenido  el  día  de  la  reunión,  llevé  a  ella  mi  pri- 
mera exposición,  fecba  6  de  febrero  de  1917,  con  cuyo 
contenido  se  hallaron  conformes,  acordando  su  publi- 
cación en  diarios  de  Galicia  y  algunas  revistas  ilustra- 
das, en  la  forma  siguiente : 

COLÓN^     ESPAÑOL 

Nota  oficiosa. 

La  Comisión  designada  para  continuar  las  indagacio- 
nes en  averiguación  de  la  patria  del  descubridor  de 
América,  se  ha  vuelto  a  reunir,  convocada  por  su  pre- 
sidente y  a  instancias  de  D.  Prudencio  Otero  Sánchez. 

Esta  Comisión,  a  virtud  de  cierta  impugnación  de 
que  fueran  objeto  los  documentos  reunidos  por  D.  Cel- 
so García  de  la  Riega,  creyó  oportuno  someter  al  Ayun- 
tamiento de  Pontevedra  el  nuevo  estado  de  la  cuestión 
para  que  se  recabase  dictámenes  técnicos  que  resolvie- 
sen la  controversia,  .considerándose  tal  Comisión  como 
virtualmente  disuelta. 

17 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Las  incesantes,  pacientísimas  gestiones  de  D.  Pruden- 
cio Otero,  eficazmente  facilitadas  por  la  benevolencia 
de  D.  Casto  Sampedro,  han  producido  felizmente  el 
hallazgo  de  nuevos  documentos  de  autenticidad  indu- 
bitada y  que  pueden  tener  una  importancia  decisiva. 

En  vista  de  ello,  la  Comisión  se  considera  reconsti- 
tuida, después  de  cubrir  la  vacante  que  dejó  en  ella  el 
Sr.  Rodríguez  Lueso  con  la  cooperación  del  distinguido 
escritor  gallego  Sr.  Fernández  Gastañaduy,  y  se  ha  pro- 
cedido a  examinar  los.  nuevos  documentos  aportados 
por  el  Sr.  Otero  y  la  exposición  redactada  por  este 
señor. 

Y  creyendo  que  la  cuestión  se  plantea  de  nuevo  y  en 
términos  distintos  y  que  la  demostración  de  haber  sido 
Colón  gallego  tiene  hoy  muy  grandes  probabilidades  de 
imponerse,  esta  Comisión  acuerda : 

i.°  Publicar  con  esta  nota  oficiosa  la  exposición  o 
moción  presentada  por  D.  Prudencio  Otero. 

2.°  Pedir  a  la  Excma.  Diputación  provincial  que 
gestione  y  consiga  que  por  la  Academia  de  la  Historia 
sea  estudiado  e  informado  tan  importante  asunto;  y 

3.°  Hacer  cuantas  gestiones  conduzcan  a  este  fin 
hasta  lograr  que  sea  rectificado  un  aserto  histórico  que 
va  teniendo  todas  las  apariencias  de  un  error,  restitu- 
yéndose con  ello  a  España  y  a  Galicia  la  mayor  de  sus 
glorias. 

MOCIÓN 

''Señor  presidente  y  demás  señores  que  componen  la 
Comisión  ejecutiva  elegida  por  la  Asamblea  magna  pre- 

18 


íiSPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

sidida  por  los  señores  presidente  de  la  Diputación  pro- 
vincial y  alcalde  de  la  capital  con  objeto  de  continuar 
las  indagaciones  de  la  verdadera  patria  del  inmortal 
Cristóbal  Colón,  en  consonancia  con  las  ideas  y  demos- 
traciones vertidas  por  el  inolvidable  pontevadrés  Celso 
García  de  la  Riega  en  su  obra  titulada  Colófi,  español 


Ante  todo  quiero  agradeceros  la  buena  acogida  que 
habéis  dado  a  la  carta  que  con  fecha  14  de  diciembre 
del  año  que  acaba  de  fenecer  tuve  el  gusto  de  dirigir 
a  vuestro  presidente,  Sr.  López  de  Haro,  como  me  lo 
demostráis  con  el  hecho  de  veros  reunidos  en  este  mo- 
mento, que  era  el  fin  que  me  proponía  conseguir  con  mi 
citada  carta. 


II 

Al  aceptar  con  entusiasmo  el  puesto  que  ocupáis,  se- 
guramente pensabais  os  sería  fácil  llevar  a  término  los 
trabajos  que  se  propusieron  en  aquella  magna  Asamblea, 
de  hijos,  unos,  y  de  vecinos,  otros,  de  ^sta  provincia, 
cuales  son  destruir  los  errores  que  contiene  la  Historia 
respecto  a  la  verdadera  patria  de  Colón  hasta  obtener, 
como  aseguraba  García  de  la  Riega  en  su  citada  obra! 
que  aquel  grande  hombre  había'tenido  por  cuna  Ponte- 
vedra. ; 

19 


rRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 


III 


Cuando  ^dabais  los  primeros  pasos  en  vuestros  traba- 
jos, apareció  un  articulo,  suscrito  por  el  catedrático 
doctor  Serrano  Sanz,  en  la  Revista  de  Archivos,  Biblio- 
tecas y  Museos  de  marzo  a  abril  de  1914,  en  el  cual 
pretendió  demostrar  aquel  señor  que  de  los  once  docu- 
mentos que  presentaba  García  de  la  Riega  como  de- 
mostración de  que  el  apellido  del  linaje  verdadero  de 
Colón  era  oriundo  de  Pontevedra  ocho  de  ellos  habían 
sido  alterados. 

Nada  me  extraña  que  vuestro  entusiasmo  decayese 
ante  semejante  aseveración,  hecha  por  persona  autori- 
zada, mucho  más  cuando  al  cotejar  los  documentos  fo- 
tografiados con  los  originales,  visteis  que  en  algunos  de 
aquellos  documentos  el  finado  García  de  la  Riega  había 
cometido  (permítaseme  la  frase)  una  verdadera  inocen- 
tada avivando  las  palabras  ''Colón",  no  alterándolas, 
para  que  apareciesen  más  claras. 

Yo,  y  como  yo  algunos  otros  ami¿os  del  finado  Cel- 
so de  la  Riega,  entre  ellos  el  abogado  de  este  Colegio 
D.  Luis  Gorostola  y  D.  Joaquín  Núñez  (que  fué  el  que 
le  facilitó  algunos  de  los  referidos  documentos),  tenía- 
mos la  seguridad  de  haberlos  visto  en  perfecto  estado, 
sin  avivación  alguna  (avivación  que  confiesa  el  mismo 
García  de  la  Riega) ;  pero  como  no  podíamos  inculcar 
a  los  demás  la  misma  seguridad  de  que  esos  documen- 
tos aun  avivados  decían  lo  mismo  en  su  primitivo  es- 

20 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

tado,  íni  aun  haciéndolo  «n  una  declaración  notarial, 
desistí  de  ello  y  me  impuse  el  ímprobo  trabajo  de  bus- 
car nuevos  datos  que  pudieran  acreditar  lo  mismo  que 
se  propuso  en  su  obra  García  de  la  Riega. 


IV 


Paralizados,  pues,  los  trabajos  de  esta  Comisión  con 
motivo  del  citado  artículo  del  Sr.  Serrano  Sanz,  no  por 
eso  dejaron  algunos  compatriotas  nuestros  que  se  ha- 
llan en  Ultramar,  entusiastas  de  la  teoría  proclamada 
por  García  de  la  Riega,  de  publicar  en  la  Prensa  artícu- 
los haciendo  opinión  y  demostrando  con  deducciones 
lógicas  que  el  inmortal  Colón  se  había  llevado  a  la  tum- 
ba el  secreto  de  su  nacimiento,  y  que  algún  motivo  había 
tenido  para  no  decir  que  su  cuna  era  España. 

Entre  estos  entusiastas  compatriotas  se  halla  en  pri- 
mer lugar  mi  querido  amigo  el  doctor  Rafael  Calzada, 
notable  jurisconsulto  y  publicista,  residente  en  la  Re- 
pública Argentina,  quien  después  de  haber  dado,  con 
un  objeto  benéfico,  una  conferencia  en  el  teatro  Nacio- 
nal, de  la  República  del  Paraguay,  cuyo  tema  fué  Co- 
lón, español,  me  escribió  con  fecha  14  de  noviembre 
de  191 5  pidiéndome  datos  que  necesitaba  para  publicar 
un  libro,  sosteniendo  la  misma  tesis  de  García  de  la 
Riega  y  ampliándola  con  nuevos  datos  que  poseía,  para 
que  todos  los  pueblos  tengan  que  reconocer  que  Cristó- 
bal Colón  era,  cuando  menos,  español. 
.     21 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Esta  carta  llegó  a  mí  poder  en  momentos  en  que  yo  era 
instado  por  D.  Ramón  Peinador  (que  es  una  de  las  per- 
sonas más  entusiastas  de  la  misma  idea)  para  que  yo, 
como  diputado  provincial  e  individuo  de  la  Comisión 
permanente,  obtuviese  que  ésta  se  dirigiera  a  la  Academia 
de  la  Historia  con  el  fin  de  que  enviara  una  Comisión  de 
la  misma  que,  con  uno  o  dos  paleógrafos,  estudiase 
los  documentos  fotografiados  por  García  de  la  Riega  e 
informase  si  efectivamente  ellos,  aun  avivados,  dicen 
o   no   lo  mismo  que   decían. 


He  aquí  expuestas  a  grandes  rasgos  las  razones  que 
me  han  impulsado  a  ocuparme  de  este  asunto,  habién- 
dome servido  de  acicate  para  ello,  no  sólo  el  deseo  de 
complacer  a  mis  amigos  Calzada  y  Peinador,  sino  el  de 
coadyuvar  en  mi  modesta  esfera  a  que  la  obra  de  García 
de  la  Riega  no  quede  en  el  olvido. 

Pero  para  poder  resucitarla  era  necesario  encontrar 
nuevos  elementos  que,  aun  en  el  caso  de  que  no  dieran 
por  válidos  algunos  de  los  documentos  presentados  por 
García  de  la  Riega,  sirvieran  para  acreditar  de  una  ma- 
nera indubitable  que  el  apellido  del  linaje  verdadero  de 
"Colón"  existía  en  Pontevedra  mucho  antes  del  descu- 
brimiento  de  América. 

¿Ya  quién  dirigirme  que  estuviera  en  condiciones 
para  darme  esos  elementos? 

A  la  única  persona  que  por  sus  aficiones  paleográficas 
22 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

es  también  el  único  que  ha  revisado  todos  los  archivos 
de  documentos  antiguos  que  existen  en  esta  capital. 
Esa  persona  ya  sabéis  que  es  el  presidente  y  fundador 
de  la  Sociedad  Arqueológica  de  Pontevedra,  D.  Casto 
Sampedro. 

Gracias  a  él,  hoy  puedo  presentaros  la  fotografía  de 
seis  nuevos  documentos  auténticos  y  fuera  de  toda  con- 
troversia, que  acreditan  sin  género  de  duda  que  el  ape- 
llido del  linaje  verdadero  de  Colón  existía  ya  en  Pon- 
tevedra seguramente  muchos  años  antes  de  1405. 


VI 


Con  estos  elementos  confío  en  que  acometeréis  con 
valentía  la  continuación  de  nuestros  trabajos  hasta  ob- 
tener el  fin  que  se  había  propuesto  García  de  la  Riega, 
cual  era  el  de  que  la  Academia  de  la  Historia  rectificara 
el  error  que  todos  los  historiadores  han  cometido  hasta 
nuestros  días  de  dar  como  cuna  de  Colón  la  ciudad  de 
Genova ;  error  muy  fácil  de  explicar  porque  todos  ellos 
parten  de  la  aseveración  que  aquel  grande  hombre  hizo 
en  su  institución  Mayorazga  al  estampar  en  ella  ''De 
Genova  salí  y  en  Genova  nací". 


VII 

Como  debéis  suponer,  yo  quise,  antes  de  daros  a  co- 
nocer los  nuevos  documentos  hallados,  relacionados  con 
un  asunto  para  mí  completamente  ajeno  y  fuera  de  la 

23 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

órbita  de  los  que  me  han  ocupado  en  mi  larga  vida  de 
trabajo,  llevar  a  mi  ánimo  y  a  mi  conciencia  la  convic- 
ción de  que  no  era  una  quimera  la  tesis  tenida  por  Gar- 
cía de  la  ^iega  de  que  Colón  era  español,  y  para  ello 
he  buscado  creo  que  cuanto  la  Historia  ha  escrito  re- 
ferente a  su  verdadera  patria,  y  después  de  examinarlo 
todo  con  ánimo  sereno,  libre  de  todo  prejuicio  y  sin 
apasionamiento  alguno,  puedo  aseguraros  que  he  adqui- 
rido la  firme  convicción  de  que  todos  los  historiadores, 
desde  su  hijo  Fernando,  el  padre  Las  Casas,  Navarrete, 
Harrisse,  Irving,  Humbolt  hasta  Asensio,  han  partido 
de  aquella  aseveración  falsa;  y,  por  lo  tanto,  siendo 
falsa  la  premisa,  falsas  resultan  todas  las  consecuencias. 


VIII 

Seria  en  mí  una  verdadera  petulancia  pretender  refu- 
tar todo  lo  que  han  escrito  esos  señores  historiadores ; 
pero  como  todos  vosotros  los  habéis  leído  y  habréis 
formado  vuestro  juicio,  me  concretaré,  por  no  hacer 
interminable  esta  exposición,  a  manifestaros,  en  sínte- 
sis, las  observaciones  que-  me  ha  sugerido  la  lectura  de 
varios  volúmenes  que  he  tenido  a  la  vista  referentes  a 
Colón. 


IX 

Encuentro  perfectamente  atinente  todo  cuanto  dice 
en  su  obra  García  de  la  Riega  desde  él  capítulo  I  hasta 
el  XII  inclusive. 

24 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

Lo  que  queda  en  pie,  lo  único  que  a  mi  pobre  juicio 
hay  que  averiguar  es,  en  síntesis,  lo  siguiente : 

Cristóbal  Colón,  ¿era  Colón  o  Colombo?  Si  era  Co- 
lombo,  es  italiano ;  si  era  Colón,  es  español.* 

Para  formar  juicio  sencillo,  sin  entrar  en  la  balumba 
de  todo  cuanto  se  ba  escrito  al  respecto,  haciendo  gala 
de  erudición,  no  hay  más  que  dos  documentos  feha- 
cientes que  puedan  servirnos  para  llevarnos  a  la  ver- 
dad. Esos  documentos  son  el  contrato  firmado  por  los 
Reyes  de  España  y  Cristóbal  Colón  en  Santa  Fe  y  su 
institución  Mayorazga  de  1498. 

¿Qué  nos  dicen  esos  documentos? 

El  primero  lo  firmó  como  Cristóbal  Colón,  porque 
seguramente  pensó  que  si  aparecía  como  Colombo  po- 
dían algún  día  darlo  por  nulo. 

En  el  segundo,  aunque  hizo  la  aseveración  "De  Ge- 
nova salí  y  en  Genova  nací",  tuvo  buen  cuidado  de  es- 
tampar que,  si  llegase  a  extinguirse  la  institución  por 
falta  de  varón,  que  se  buscase  en  cualquier  cabo  del 
mundo  aquel  que  lleve  y  hayan  llevado  sus  antepasados 
"el  apellido  de  su  linaje  verdadero  de  Colón". 

Todo  lo  demás  de  Colombo  de  Terrarubra,  Colombo 
de  Tarrarrosa,  Colombus,  Colomas,  etc.,  no  quiere  de- 
cir otra  cosa  sino  que  variaba  de  apellido  según  le 
convenía. 

Como  no  se  encuentre  nada  serio  más  que  lo  que  dejo 
dicho  para  determinar  si  era  Colombo  o  Golón,  puede 
afirmarse  que  su  verdadero  apellido  era  Colón,  y,  por  lo 
tanto,  español. 


25 


PRUDENCIO      OTERO      SAN  CHUZ 


X 


Para  demostraros  que  no  era  hijo  de  Doménico  Co- 
lombo  y  Susana  Fontanarosa,  basta,  a  mi  juicio,  pre- 
guntar a  los  mismos  historiadores  de  Colón  y  a  todos  los 
hombres  de  buena  voluntad.  Si  vosotros  hubierais  des- 
cubierto un  Nuevo  Mundo,  que  es  el  hecho  más  grande 
que  registra  la  Historia  después  de  la  venida  a  él  del 
mártir  del  Gólgota,  ¿a  quién  lo  hubierais  comunicado 
con  más  premura,  no  teniendo  esposa  ausente,  sino  a 
vuestro  padre?  Pues  Doménico  Colombo  murió  en  1498, 
seis  años  después  de  haber  descubierto  su  hijo  Cris- 
tóbal las  Indias  occidentales,  sin  que  haya  noticia  algu- 
na de  que  lo  supiera,  m  nadie  en  Genova  se  movie- 
se individual  ni  coFectivamente  para  felicitarlo.  Si  el 
pobre  Doméstico  Colombo,  lanero,  cardador  de  lana  o 
fabricante,  hubiera  podido  imaginar  siquiera  que,  an- 
dando el  tiempo,  le  habían  de  dar  por  hijo  al  inmortal 
Colón,  hubiera  salido  por  las  calles  de  Genova  gri- 
tando: ''Ese  es  mi  hijo." 

Otra  pregunta  les  haría:  ¿Es  posible  que  haya  un 
hombre  que  no  haya  jamás  escrito  tma  sola  palabra  en  su 
idioma  ?  Pues  de  Colón  no  se  sabe  que  la  haya  escrito : 
todo  cuanto  de  él  se  conserva,  todo  está  escrito  en  espa- 
ñol, y  cuando  le  ha  faltado  una  palabra  castellana  la  puso 
en  gallego  o  en  portugués,  que,  como  sabéis,  en  aquella 
época  era  lo  mismo,  con  la  agravante  de  que  cuando  se 

2a 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

dirigió  al  gobernador  de  Genova  lo  hizo  en  latín  y 
cuando  se  dirigió  a  Toscanelli  no  le  dio  el  tratamiento 
de  compatriota. 

En  conclusión:  no  hay  un  solo  dato  que  acredite  que 
es  genovés  sino  su  dicho  "De  Genova  salí  y  en  Genova 
nací",  que  no  hay  posibilidad  de  aceptarlo  procediendo 
de  buena  fe,  y,  en  consecuencia,  es  español,  y  siendo 
español,  ¿de  dónde  es? 


XI 


Los  datos  que  presenta  La  Riega  y  los  que  os  presento 
yo  demuestran,  sin  duda  alguna,  que  el  apelHdo  del  lina- 
je verdadero  de  Colón  es  oriundo  de  Pontevedra,  pues 
no  es  posible  que,  siendo  genovés,  no  se  le  ocurriese, 
después  de  cumplir  con  los  Reyes  de  España  y  su  Prín- 
cipe, poniendo  la  Isabela,  la  Fernandina  y  la  Juana  a 
las  tierras  que  iba  descubriendo,  poner  la  Genovesa  en 
lugar  de  la  Española,  o  el  nombre  de  cualquiera  de  los 
diez  y  siete  pueblos  que  se  disputan  su  cuna,  y,  en  cam- 
bio, ¿qué  hizo? 

Poner  a  infinidad  de  islas  los  nombres  todos  de  para- 
jes y  Cofradías  de  Pontevedra,  y  si  bien  es  cierto  que  el 
Salvador  y  Santa  María  Porto  Santo  los  hay  en  varios 
sitios,  no  se  encuentran  reunidos  en  un  solo  punto,  y 
como  si  le  pareciese  poco  a  Colón  para  determinar  de 
fuña  manera  clara  y  terminante  su  procedencia,  dio  a 
tierras  por  él  descubiertas  el  nombre  de  Galea  y  Punta 

27 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Lanzada,  dos  puntos  que  creo  existen  sólo  en  la  ría  de 
Pontevedra  y  que  todos  conocéis. 

Este  dato  es  muy  significativo,  y  me  ha  extrañado 
mucho  no  lo  haya  citado  García  de  la  Riega. 


XII. 


Terminaré,  pues,  rogándoos  no  desmayéis  en  la  mi- 
sión que  os  ha  sido  confiada,  y  si  después  de  aquilatarlo 
todo  llegáis  a  adquirir  honradamente  la  misma  con- 
vicción que  yo  tengo  de  que  la  verdadera  patria  de 
Colón  es  España,  os  dirijáis  a  los  organismos  provin- 
ciales y  municipales,  para  que  a  la  vez  que  votan  los 
fondos  necesarios,  inviten  a  la  Academia  de  la  Historia 
para  que  envíe  una  Comisión  de  su  seno  que  con  paleó- 
grafo venga  a  cerciorarse  de  la  legitimidad  de  los  do- 
cumentos que  se  le  presenten,  y  no  dudo  que,  después 
<ie  verlos,  informarán  a  la  Academia  para  que  ésta 
haga  rectificar  el  error  que  hasta  hoy  contiene  la  His- 
toria. 

Con  ello,  si  bien  es  cierto  que  España  habrá  reivin- 
dicado para  sí  la  gloria  de  haber  sido  la  cuna  del  in- 
mortal Colón,  también  lo  es  que  la  reivindicaréis  para 
nuestro  Celso  García  de  la  Riega  por  la  gallardía  que 
tuvo  en  ser  el  prim.ero  que  lo  proclamó.  A  vosotros  os 
bastará  eon  que  os  lo  agradezca  este  bello  rincón  de 
Galicia  que  se  llama  Pontevedra,  y  yo  me  quedaré  con 

28 


ESPAÑA,,     PATRIA     D  e'    C  O  E  O  N 

el  consuelo  de  haber  servido  en  el  ocaso  de  la  vida  de 
fuerza  motriz  para  que  esa  Comisión  pueda  impulsar 
a  todos  los  elementos  que  son  necesarios  hasta  alcanzar 
la  realización  de  nuestros  propósitos. 

(Firmado.)  Prudencio  Otero  Sánchez. 
Pontevedra,  febrero  8  de  19 17.» 


III 

NUEVAS   INVESTIGACIOxNES 

Publicada  la  anterior  exposición,  que  produjo  el  he- 
cho que  se  buscaba,  y  alentado  por  las  felicitaciones  que 
recibía  de  españoles  residentes  en  la  Península  y  en 
América,  no  descansé  buscando  siempre  nuevos  elemen- 
tos de  juicio  que  apoyasen  la  tesis  Colón,  español,  y 
cuando,  convencido  de  que  pisaba  terreno  firme,  se 
reunió,  a  petición  mía,  la  Comisión  Pro-Patria  Co- 
lón el  24  de  mayo  del  mismo  año,  bajo  la  presidencia 
del  Sr.  López  de  Haro,  presenté  ante  la  misma  una  se- 
gunda exposición,  que  fué  aprobada  y  mandada  publi- 
car, acordándose  a  la  vez,  vista  la  penuria  económica 
por  que  atravesaba  nuestra  Corporación  municipal,  pre- 
sentarse a  la  Comisión  permanente  de  la  Diputación 
provincial  para  que  autorizase  al  presidente  de  la  mis- 
ma (que  tenía  el  doble  carácter  de  presidente  de  la 
Asamblea  magna)  a  sufragar  los  gastos  de  la  Comisión 
de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  a  la  que  se  había 
de  invitar  para  venir  a  esta  capital  a  fin  de  informar 
sobre  el  punto  concreto  de  la  cuna  de  Colón. 

He  aquí,  pues,  mi  segunda  exposición: 
31 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

"Señor  Presidente  y  demás  miembros  de  la  Comisión 
Pro-Patria  ''Colón,  español". 


Hace  poco  más  de  dos  meses  que  acordasteis  pu- 
blicar el  modesto  trabajo  que  os  presenté  con  las  fo- 
tografías de  los  nuevos  documentos  facilitados  por  el  " 
notable  arqueólogo  y  paíeógrafo  D.  Casto  Sampedro, 
y  que  idemuestran  que  el  linaje  verdadero  de  Colón  es 
oriundo  de  Pontevedra. 

Esa  publicación  dio  por  resultado  el  que  se  for- 
mara un  gran  estado  de  opinión,  por  haberse  reprodu- 
cido, no  sólo  en  los  diarios  y  revistas  de  nuestra  región, 
sino  en  las  de  la  corte  y  de  casi  todas  las  regiones  de 
España,  y  como  prueba  irrefutable  de  este  aserto  es 
el  haberse  presentado  en  una  de  las  últimas  sesiones 
de  la  Academia  de  la  Historia  por  el  secretario  de  la 
misma,  Sr.  Pérez  de  Guzmán,  la  revista  Mondariz,  en 
donde  se  halla  inserta  mi  exposición,  como  lo  habéis 
leído  en  el  diario  El  Debate,  fecha  17  de  abril  i^ró- 
ximo  pasado,  y  en  el  número  de  La  Acción,  del  18,  y 
me  consta  que  ha  sido  aceptado  en  principio  este  asun- 
to por  aquella  docta  Corporación,  esperando  solamente 
la  invitación  oficial  de  Pontevedra  para  enviar  una  Co- 
misión de  su  seno,  a  fin  de  ocuparse  del  esclarecimiento 
del  mismo.    ,  , 

62 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 


II 


Deseando  por  mi  parte  acumular  el  mayor  número  de 
datos  que  puedan  servir  para  el  esclarecimiento  de  la 
tesis  sostenida  por  García  de  la  Riega,  vengo  a  presen- 
taros hoy: 

I."*  Una  fotografía  del  crucero  que  existe ««n  Porto 
Santo,  frente  a  la  casa'  que  en  aquel  lugar  se  dice  que 
fué  de  Colón,  con  la  inscripción  que  tiene  en  su  base. 

2."  Un  plano  de  la  ría  de  Pontevedra,  y  que  grá- 
ficamente constituye  una  verdadera  partida  de  naci- 
miento de  Cristóbal  Colón,  hecha  por  él  mismo ;  y 

y  Un  análisis  de  su  institución  Mayorazga^  único 
documento  en  que  se  fundan  todos  los  historiadores 
para  aseverar  que  es  Genova  su  cuna. 


III 

Como  todos  sabéis,  hace  muchos  años  que  hay  en 
Porto  Santo  una  casa  en  ruinas,  que  la  tradición  dice 
que  fué  del  descubridor  del  Nuevo  Mundo. 

Queriendo  cerciorarme  de  si  efectivamente  aquella 
tradición  tenía  algún  viso  de  verdad,  averigüé  quién  era 
el  propietario,  con  el  objeto  de  reconocer  los  títulos  de 
propiedad  para  ver  si,  por  medio  de  esta  investigación, 
retrotrayendo  de  comprador  a  vendedor,  era  posible  lie- 
gar  al  origen. 

38 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Este  trabajo,  de  verdadera  paciencia,  no  me  dio  re- 
sultado, porque  no  ignoráis  que  la  mayor  parte  de  las 
adquisiciones  en  nuestro  país  se  hacen  verbalmente  y 
otras  por  herencia,  sin  que  conste  de  quién  proceden  ni 
estén  inscriptas  en  el  Registro  de  la  Propiedad. 

Abandoné  ese  trabajo,  y  sentándome  en  el  muro  que 
hay  frente  a  la  casa,  y  que  tiene  en  medio  un  crucero 
perteneciente  a  la  misma,  ya  .cerca  del  crepúsculo  vino 
providencialmente  a  mis  ojos  algo  que  se  diseñaba  como 
una  inscripción  entre  el  musgo  y  el  liquen  que  contenía 
la  base  del  referido  crucero. 

Levánteme,  y  con  la  contera  de  mi  bastón  empecé  csn 
todo  cuidado  a  limpiarlo,  y  con  emoción  fui  leyendo 
''Juan  Col",  pero  no  encontraba  la  terminación  "on", 
.aunque  ya  no  me  cabía  duda  de  que  ese  crucero  perte- 
necía a  Juan  Colón. 

Como  se  avecinaba  la  noche,  retíreme  para  continuar 
el  esclarecimiento  completo  de  la  inscripción  en  la  tarde 
siguiente.  Ya  en  este  día  tuve  que  ver  a  mi  amigo  Luis 
Gorostola,  miembro  de  la  Sociedad  Arqueológica  de 
Pontevedra,  y  al  comunicarle  mi  feliz  descubrimiento, 
quiso  adelantarse  a  mi  propósito  y  se  fué  a  Porto  Santo 
al  mediodía,  y  entusiasmado  con  el  hallazgo,  me  envió 
a  las  dos  de  la  tarde  el  facsímil  que  os  presento,  y  que, 
sin  duda  ninguna,  dice:  ''Juan  Colón. — Recuerdo. — 
Año  1490." 

Creo  innecesario  el  haceros  ver  la  importancia  colosal 
que  para  nuestra  tesis  tiene  -este  hallazgo,  que,  unido 
al  de  la  capilla  que  existe  en  la  iglesia  de  Santa  María, 
de  esta  ciudad,  bastarían  por  sí  solos  para  acreditar  la 

.34  H  k^. 


ESPAÑA,     PATRIA      DE      C  O  E  O  N 

existencia  de  los  '"Colón"  en  nuestro  país  antes  del  des- 
cubrimiento de  América. 


IV 


Os  presento  un  plano  de  la  ría  de  Pontevedra,  calca- 
do sobre  la  carta  geográfica  de  Fontán,  que  es  la  más 
antigua  de  Galicia  que  he  tenido  a  la  vista,  para  demos- 
trar de  una  manera  gráfica  que  la  verdadera  partida  de 
nacimiento  del  gran  almirante,  la  dejó  becha  él  inismp 
con  los  nombres  que  puso  a  diferentes  islas  y  lugares 
que  iba  descubriendo. 

Así,  por  ejemplo,  la  primera  tierra  en  que  puso  el 
pie  al  descubrir  las  Indias  Occidentales,  dice  él,  en  su 
relación  de  viaje:  ''En  recuerdo  del  Salvador  del  mun- 
do, le  puse  por  nombre  San  Salvador," 

¡  Qué  coincidencia :  el  mismo  nombre  de  la  parroquia 
en  que  segurame'nte  hizo  su  primera  comunión! 

Porque  permitidme  una  ligera  digresión:  ¿Cómo  es 
que  se  le  ocurrió  ponerle  San  Salvador  y  no  El  Salva- 
dor? Yo  he  registrado  todo  el  calendario  romano  se- 
ráfico, por  ver  si  encontraba  algún  San  Salvador,  y 
no  lo  hallé. 

Yo  siempre  he  creído  y  sigo  creyendo,  que  "San  Sal- 
vador" es  un  modismo  pura  y  netamente  gallego;  así, 
por  ejemplo,  tenemos  San  Salvador  de  Poyo,  San  Sal- 
vador de  Lerez,  San  Salvador  de  Meis,  San  Salvador 
de  Sayar:  pero  fuera  de  Galicia  no  conozco  ningún 

35 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

San  Salvador  más  que  en  América,  en  recuerdo  de  ser 
el  nombre  de  la  primera  tierra  que  descubrió  Colón. 

Tal  vez  lo  haya  en  Genova,  pero  por  más  pesquisas  que 
hice,  aun  no  tengo  noticia  de  que  alli  exista. 

Después  de  cumplimentar  al  almirante,  a  los  Reyes 
Católicos  y  al  príncipe  Juan,  poniendo  a  otras  islas  los 
nombres  de  ''La  Fernandina",  ''La  Isabela"  y  "La  Jua- 
na", quiso  también  darle  el  nombre  de  "La  Española" 
y  "La  Gallega"  a  otras  islas.  ¿Y  por  qué  no  "La  Ge- 
novesa",  "La  Romana",  "La  Veneciana"  o  la  de  cual- 
quiera de  los  diez  y  siete  pueblos  que  se  disputan  su 
cuna  en  la  República  de  Genova? 

Y,  sin  embargo,  hizo  todo  lo  contrario ;  fué  poniendo 
nombres  de  algunas  de  las  cofradías  de  Pontevedra,  y 
cuando  encontró  una  ensenada  parecida  a  la  de  "Porto 
Santo",  lugar  de  su  nacimiento,  le  puso  ese  nombre,  y 
para  que  se  pueda  formar  una  idea  de  la  configuración 
parecida  de  ambas  ensenadas  ahí  tenéis  a  la  vista  las  dos 
fotografías,  de  la  de  aquí,  y  de  la  de  Baracoa,  en  Cuba. 
De  este  modo  quiso  determinar  de  una  manera  grá- 
fica el  principio  de  la  ría  de  Pontevedra,  en  donde  se 
embarcó  por  primera  vez  e  hizo  su  aprendizaje  de  ma- 
rinero. 

Y  cuando  encontró  un  cabo  parecido  al  de  la  Galera, 
en  la  isla"Onceta",  término  sur  de  la  ría  de  Ponte- 
vedra, le  puso  por  nombre  "Cabo  de  la  Galea"  (que  así 
se  decía  antiguamente  en  gallego),  y  cuando  encontró 
una  punta  parecida  a  la  "Punta  Lanzada",  término  de 
nuestra  ría,  le  puso  el  mismo  nombre ;  y  es  muy  signifi- 
cativo el  que  por  única  vez,  al  poner  un  nombre,  le  haya 

3$ 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

distinguido  con  el  viento  "Ñor",  Nordeste,  como  veréis 
por  la  Rosa  Náutica. 

¿  Y  es  posible  que  sean  éstas  meras  coincidencias  ?  No, 
no  puede  ser,  porque  no  existen  en  ninguna  ría  del  mun- 
do todos  esos  nombres  reunidos.  Con  toda  seguridad 
quiso  dejar  un  recuerdo  de  todos  aquellos  lugares  que 
le  eran  familiares,  y  en  donde  hizo  su  aprendizaje  de 
marino.  Hombre  que  miraba  al  porvenir,  queriendo 
dejar  una  demostración  clara  y  gráfica  de  su  cuna,  ño 
habiendo  en  aquella  época  partidas  de  bautismo,  puesto 
que  éstas  fueron  ordenadas  muy  posteriormente,  como 
sabéis,  en  el  Concilio  de  Trento,  quiso  poner  los  nom- 
bres del  principio  y  fin  de  nuestra  ría  para  que  sirvieran 
de  clave  en  su  día  para  averiguar  la  verdad  de  lo  que 
tenía  que  ocultar,  dados  los  prejuicios  de  la  época  en 
que  vivía. 


La  institUGÍón  Mayorazga  es  la  obra  más  meditada, 
pensada,  tal  vez  consultada,  de  Cristóbal  Colón.  Puede 
decirse,  sin  temor  de  equivocarse,  que  es  su  obra 
maestra. 

Si  cupiera  en  los  límites  de  esta  exposición  hacer  un 
estudio  psicológico  del  carácter  gallego,  seguramente 
no  se  encontraría  un  modelo  más  acabado  y  perfecto 
que  el  de  aquel  grande  hombre. 

Ese  documento,  único  de  donde  arrancan  los  histo- 
riadores la  premisa  de  que  había  nacido  en   Genova, 

37 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

puesto  que  asi  lo  manifiesta  aquél,  es  de  donde  deduzco 
yo,  y  creo  que  cualquiera  que  lo  analice  sin  pasión  debe 
sacar  la  consecuencia  de  los  esfuerzos  que  tuvo  que 
hacer  para  dejar  en  la  obscuridad  "su  origen  y  patria", 
como  dice  su  hijo  Fernando,  el  mejor  y  más  veraz  his- 
toriador de  su  padre. 

Hay  que  fijarse  que  ese  documento  fué  redactado 
cuando  comprendió  que  la  rancia  aristocracia  de  la  Cor- 
te de  los  Reyes  Católicos  le  era  hostil ;  cuando  se  con- 
venció de  que  trataban  de  cuestionarle  las  bases  de  su 
contrato  con  los  Reyes  Católicos;  cuando  concibió  la 
duda  de  que,  muerto  él,  no  reconocieran  a  sus  herederos 
los  titulos,  fueros  y  preeminencias  que  le  habían  sido 
concedidos,  y  cuando,  en  fin,  debió  tener  una  providen- 
tial  visión  de  que  serían  traídos  a  España  él  y  sus  her- 
manos cargados  de  grillos  y  cadenas  como  feroces  cri- 
minales. 

Hombre  previsor,  quiso  asegurar  para  los  seres  que 
le  eran  queridos  lo  que  tantos  trabajos  y  tantos  desvelos 
y  disgustos  le  había  ocasionado. 

¿Y  cómo  buscar  la  fórmula  para  conseguir  esto,  en 
una  época  en  que  ni  los  Reyes  Católicos  tenían  residen- 
cia fija,  por  las  continuas  luchas  en  que  se  hallaba  em- 
peñada España? 

¡  Ah !  Acogiéndose  a  una  potencia  que  en  aquella  épo- 
ca era  tan  fuerte  como  es  en  la  actualidad  Inglaterra. 
Esa  y  no  otra  fué  la  razón  más  poderosa  que  tuvo  el 
inmortal  Colón  para  declararse  genovés  (puesto  que  no 
le  conveaía  declararse  español,  y  gallego,  ya  por  su 
ascendencia  judaica  y  ya  porque  Galicia  estaba  en  entre- 

38 


ESPA.ÑA,     PATRIA     DE      COLON 

dicho  con  los  Reyes  Católicos  por  las  cuestiones  de 
Juana,  la  Beltraneja).  Y  lo  hizo  asi  con  el  único  y  exclu- 
sivo objeto  de  que,  como  ciudadano  genovés,  pudiera 
esta  floreciente  y  poderosa  República  defender  los  de- 
rechos de  sus  herederos. 


VI 


Hora  es  ya  de  que  me  ocupe  de  analizar  el  ya  citado 
notable  documento. 

Empieza  en  nombre  de  la  Santísima  Trinidad  ocu- 
pándose en  determinar  lo  que  le  pertenece  y  corres- 
ponde en  derecho  según  las  estipulaciones  hechas  con 
los  Reyes,  en  Santa  ,Fe,  y  es  de  admirar  que  en  un 
documento  de  este  género  no  haya  empezado  diciendo 
quiénes  eran  sus  ascendientes,  ni  dónde  residían,  pues- 
to que  Doménico  Colombo,  que  dan  los  historiadores 
por  padre  del  almirante,  vivía  en  febrero  de  1498,  fe- 
cha de  la  Institución. 

En  la  cláusula  primera  determina  quiénes  hayan  de 
sucederle,  empezando  por  su  hijo  D.  Diego,  y  termina: 
"Y  si  a  nuestro  señor  pluguiese  que  después  de  haber 
pasado  algún  tiempo  este  mayorazgo  en  uno  de  los 
dichos  sucesores,  viniese  a  prescribir  herederos  hom- 
bres legítimos,  haya  el  dicho  mayorazgo,  y  le  suceda  y 
herede  el  pariente  más  llegado  a  la  persona  que  here-. 
dado  lo  tenía,  en  cuyo  poder  prescribió,  siendo  hombre 
legitimo  que  se  llame  y  se  haya  siempre  llamado  de  su 
padre  o  antecesores,  llamados  de  los  de  Colón.  El  cual 

39 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

mayorazgo  en  ninguna  manera  lo  herede  mujer  ningu- 
na, salvo  si  aquí  o  en  otro  cabo  del  mundo  no  se  hallase 
hombre  de  mi  linaje  verdadero  que  se  hubiese  llamado 
y  llamase  él  y  sus  antecesores  de  Colón." 

Supongamos,  pues,  que  ha  llegado  el  caso  previsto 
por  Colón  en  la  cláusula  precedente,  y,  por  lo  tanto, 
hay  que  llamar,  citar  y  emplazar  a  todos  aquellos  que 
se  consideren  con  derecho  a  la  sucesión  de  Colón,  y 
demos  también  por  supuesto  que  se  presentan  todos  los 
Colombos  que  existen  en  los  diez  y  siete  pueblos  de  Ge- 
nova que  se  disputaban  su  cuna  y  que  se  presentan  los 
de  Colón  de  aquí. 

¿A  quién  le  corresponde  la  sucesión,  a  los  Colombos 
o  a  los  del  linaje  verdadero  de  los  de  Colón? 

Juzgo  incuestiontble  que  a  los  de  Colón. 

Si  su  hijo  Fernando,  que  como  sabéis  fué  un  hombre 
de  gran  inteligencia,  de  una  cultura  extraordinaria,  dig- 
nidad de  la  Iglesia,  viajero  infatigable  y  que  recorrió 
toda  la  Italia  en  busca  de  los  ascendientes  de  su  padre, 
sin  encontrar  uno  solo  por  ninguna  de  las  líneas  pater- 
na ni  materna,  sin  embargo  de  ser  tan  común  el  ape- 
llido Colombo  en  Genova,  como  en  España  un  Fernán- 
dez; si  en  lugar  de  dirigirse  a  Itaha  lo  hubiera  hecho 
a  este  rincón  de  Galicia,  seguro  estoy  de  que  hubiese 
encontrado  sus  ascendientes  buscándolos  entre  los  que 
tuviesen  el  apellido  de  su  linaje  verdadero  de  Colón. 

Continúa  la  institución  Mayorazga  haciendo  la  dis- 
tribución de  las  rentas  de  la  misma,  y  al  final  termina : 
**en  tal  manera,  que  todavía  el  diezmo  de  toda  esta 
renta  se  dé  y  hayan  las  personas  de  mi  linaje  más  ne- 

40 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

cesitadas  que  estuviesen  aquí  o  en  cualquier  otra  parte 
del  mundo  a  donde  los  envíen  a  buscar  con  diligencia''. 

¿Y  por  qué  no  decir  en  Genova  en  vez  de  cualquier 
parte  del  mundof 

Continuemos:  "ítem  mando  al  dicho  D.  Diego,  mi 
hijo,  o  a  la  persona  que  heredase  el  dicho  mayorazgo, 
que  tenga  y  sostenga  siempre  en  la  ciudad  de  Genova 
una  persona  de  nuestro  linaje  que  tenga  allí  casa  y 
mujer  e  le  ordene  renta  con  que.  pueda  vivir  honesta- 
mente, como  persona  llegada  a  nuestro  linaje,  y  haga 
pie  y  raíz  en  la  dicha  ciudad  como  7iatural  de  ella,  por- 
que podrá  haber  de  la  dicha  ciudad  ayuda  a  favor  en 
las  cosas  del  menester  suyo.'* 

Bien  claro  se  ve  la  intención  oculta  del  almirante, 
o  sea  que  la  República  de  Genova  defendiese  los  inte- 
reses de  sus  herederos,  haciéndose  ciudadanos  geno- 
veses. 

La  cláusula  transcrita  es  una  prueba  clara  y  terminan- 
te de  que  Colón  no  era  genovés.  Comienza  encargando 
a  su  hijo  que  tenga  y  sostenga  siempre  con  casa  puesta 
un  individuo  de  su  linaje,  lo  cual  demuestra  que  no 
existía  ninguno.  De  existir,  dada  la  corrección  con  que 
está  escrito  todo  el  documento,  es  indudable  que  Co- 
lón le  hubiese  ordenado  a  su  hijo  que  continuase  sos- 
teniendo, o  que  cuidase  de  que  no  dejase  nunca  de 
vivir  en  Genova  alguno  de  su  linaje,  o  hubiera  empleado 
alguna  frase  análoga  que  indicase  su  verdadero  deseo 
de  que  no  faltase  nunca  familia  suya  en  la  citada  po- 
blación. 

El  encargo  que  hace,  interpretado  rectamente  como  se 
41 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

debe,  indica  que  lo  que  desea  Colón  es  que  después  de 
su  muerte  aparezca  en  Genova  gente  de  su  linaje,  a  fin 
de  que  no  se  descubra  la  superchería  de  que  no  había 
nacido  en  Genova. 

Como  si  esta  primera  parte  de  la  cláusula  no  fuese 
bastante  para  sostener  mi  opinión,  viene  a  corroborarla 
la  segunda  parte,  en  la  cual  manifiesta  Colón  que  desea 
eso  "para  que  hagan  pie  y  raís  como  naturales  de  ella". 

Hacer  pie  es  una  frase  castellana  que  significa  arrai- 
gar o  coger  alguna  cosa,  tomar  ocasión  o  pretexto  de 
ella.  Al  emplearla  Colón,  se  ve  claro  que  lo  que  quiere 
es  que  empiece  a  vivir  en  Genova,  con  casa  o  mujer,  es 
decir,  como  vecino,  algún  individuo  de  su  linaje,  para 
que  vaya  arraigando  el  apellido,  para  que  empiece  a 
existir  el  apellido  Colón  en  Genova,  para  cjue  se  vaya 
propagando  poco  a  poco,  hasta  aparecer  como  naturales 

de  ella. 

» 

En  las  dos  cláusulas  siguientes  encarga  a  su  hijo  Die- 
go que  emplee  todo  el  sobrante  de  sus  diezmos  y  rentas 
en  Logos,  que  tiene  el  oficio  de  San  Jorge  de  Genova, 
porque  es  dinero  muy  seguro  y  renta  el  seis  por  ciento, 
y  porque  la  ciudad  de  Genova  es  muy  noble  ^  muy  po- 
derosa por  la  mar. 

Es  decir,  que  Colón  quería  que  su  dinero  lo  tuviese 
empleado  en  una  institución  bancaria,  que  en  aquella 
época  era  tan  poderosa  como  el  Banco  de  Londres  en 
la  actualidad;  como  lo  hacen  la  mayor  parte  de  los  Jefes 
de  Estado,  para  evitar  que  los  países  que  gobiernan  se 
jqueden  con  él  en  cualquiera  de  las  convulsiones  polí- 
ticas p  sociales  por  que  atraviesan  con  frecuencia;  y 

42 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

al  jiiiismo  tiempo  advierte  a  España  que  si  los  Reyes 
Católicos  quisieran  después  sacar  a  sus  herederos  los 
fueros  y  preeminencias  a  que  tenían  derecho  que  Ge- 
nova los  defendería,  porque  era  muy  noble  y  poderosa 
por  la  mar. 


VII 


Acaecida  la  muerte  de  Colón,  ¿por  qué  su  hijo  Diego 
no  se  ocupó  en  dar  cumplimiento  a  los  ^landatos  de  su 
padre  ? 

¡Ah!  Porque  demasiado  sabría  por  las  confidencias 
que  verbalmente  le  había  hecho  que  todos  los  amores 
con  que  trató  a  Genova  en  un  documento  público  no 
eran  más  que  la  fórmula  que  con  empeño  tanto  había 
buscado  para  defender  sus  intereses,  en  el  caso  de  que 
la  aristocracia  española  consiguiese  de  los  Reyes  Cató- 
licos que  le  mermasen  sus  derechos  y  los  de  sus  des- 
cendientes. 

Cuando  su  hijo  Diego,  casado  con  doña  María  de 
Toledo,  descendiente  de  una  de  las  ramas  más  nobles 
de  España,  se  vio  en  posesión  de  todos  los  derechos, 
fueros  y  preeminencias  que  había  tenido  su  padre,  no  se 
ocupó  jamás  de  cumplimentar  aquellos  mandatos,  es- 
tampados con  tanta  solemnidad  en  su  institución  Ma- 
yorazga,  ni  se  ocupó  para  nada,  ni  él  ni  sus  tíos  Barto- 
lomé ^y  Diego,  de  Genova  ni  de  buscar  allí  sus  des- 
cendientes. 

43 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Sólo  lo  hizo  su  hijo  Fernando,  porque  seguramente, 
como  más  joven,  no  estaba  en  el  secreto, 

Y  con  esto  termino  el  examen  analítico  de  la  institu- 
ción Mayorazga  de  Cristóbal  Colón,  esperando  que  en- 
contraréis lógicas  las  deducciones  que  resultan  de  él. 


VIII 

Siento  qwe  mi  amigo  el  doctor  Rafael  Calzada  no 
pueda  ser  en  este  momento  colaborador  nuestro,  pues 
en  carta  que  me  dirige,  con  fecha  31  de  marzo  próximo 
pasado,  me  dice: 

''Veo  líos  elementos  smninistrados  por  el  sabio  ar- 
queólogo y  paleógrafo  D.  Casto  Sampedro,  verdadero 
héroe  de  esta  jornada,  y  puede  decirse  de  toda  ella, 
puesto  que  está  proporcionando  materiales  de  inmenso 
valor  para  la  vindicación  histórica  más  grande  de  la 
edad  presente  con  generosidad  increíble,  pues  no  d^  fe 
a  la  vindicación,  y,  sin  embargo,  yo  tengo  el  presenti- 
miento de  que  acabará  por  creer  en  ella,  porque  lo  con- 
sidero irremediable." 

"Lo  que  hace  falta  es  un  libro  serio,  concienzudo,  una 
especie  de  alegato  documentado  que  lleve  a  la  concien- 
cia de  todos  la  verdad  verdadera  y  no  deje  en  el  ánimo 
la  menor  duda.  Eso  quiero  hacer  yo,  y  eso  pienso,  si 
mis  fuerzas  y  mi  pobre  cabeza  alcanzaran  a  tanto.  Yo 
espero  que  sí.  ¿Cuánto  tiempo  necesito  para  ello?  Este 

44 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

año  y  el  que  viene,  que  tardaré  en  arreglar  mis  asuntos." 
''Con  esto  y  con  el  memorial  fundadísimo  que  has 
presentado,  y  con. cuanto  me  dices  en  tus  cartas,  pisamos 
en  terreno  firme." 

''Ahora  se  impone  un  trabajo  sereno,  reposado,  diá- 
fano, con  gran  conocimiento,  no  ya  de  Colón,  sino  de 
la  historia  de  aquellos  tiempos,  que  forme  una  partida 
de  nacimiento  de  aquél,  más  segura  y  más  firme  que 
si  estuviese  en  los  libros  parroquiales,  dado  que  éstos 
pueden  ser  imitados  y  falsificados;  mientras  que  los 
hechos  no  se  falsifican.  Son  lo  que  son." 

"Que  nos  vengan  ahora  con  que  el  apellido  Colón 
es  italiano,  ni  tuvo  jamás  nada  que  ver  con  Italia.  Es 
español  puro." 


IX 


Me  apresuro  a  presentaros  esta  exposición  porque 
ha  llegado  el  momento  en  que  presentéis  la  solicitud  a 
la  Excma.  Diputación  provincial,  a  fin  de  que  sea  auto- 
rizado su  presidente  para  invitar  a  la  docta  Academia 
de  la  Historia,  a  fin  de  que  envíe  una  Comisión  de  su 
seno  para  que  compruebe  la  legitimidad  de  los  docu- 
mentos que  se  le  presenten  para  acreditar  el  apellido 
del  linaje  verdadero  de  Colón  y  falle  en  definitiva 
este  pleito  con  arreglo  a  su  conciencia,  sin  tener  en 
cuenta  los  prejuicios  de  la  Historia. 

Esperando  que  daréis  a  esta  exposición  la  misma 
aprobación  que  a  mi  anterior,  y  que  obtendréis  de  la 

45 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Comisión  que  se  nombre  por  la  Academia  de  la  Histo- 
ria, informe  a  la  misma  de  conformidad  al  cuestionario 
que  le  presentéis,  no  dudo  que  con  ello  no  sólo  haréis 
rectificar  la  Historia,  sino  que  recibiréis  el  aplauso  y 
la  gratitud  de  todos  los  españoles. 

(Firmado.)  Prudencio  Otero  Sánchez. 
Pontevedra,  mayo  24  de  1917.»  * 


IV 

UN  REQUERIMIENTO  A  LA  ACADEMIA 
DE  LA  HISTORIA 

Dada  a  la  publicidad  esta  segunda  exposición,  la  Co- 
misión Pro-Patria  Colón,  acompañada  del  señor  presi- 
dente de  la  Asamblea  m.agna,  D.  Antonio  Pazos,  que  lo 
era  al  mismo  tiempo  de  la  Diputación,  requirió  a  la 
Comisión  permanente  de  la  misma  en  cumplimiento  de 
lo  acordado  en  la  última  reunión,  para  pedir  la  autori- 
zación necesaria  de  invitar  y  sufragar  los  gastos  que 
demandase  la  venida  a  esta  capital  de  una  Comisión  de 
la  Real  Academia  de  la  Llistoria,  que  debía  informar 
sobre  los  fines  indicados. 

Obtenida  la  autorización  pedida,  se  dirigió  por  el 
señor  presidente  de  la  Diputación  al  de  la  Real  Aca- 
demia de  la  Historia  la  comunicación  siguiente: 

"Cumplimentando  un  acuerdo  de  esta  excelentísima 
Comisión  provincial,  tomado  con  fecha  28  de  junio  pró- 
ximo pasado,  y  que  me  'ha  sido  trasladado  en  el  día 
de  hoy  por  el  excelentísimo  señor  gobernador  civil  de 
esta  provincia,  acuerdo  recaído  a  solicitud  de  la  Comi- 
sión constituida  para  d  esclarecimiento  de  la  verdadera 

47 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

patria  del  inmortal  Cristóbal  Colón,  de  conformidad  a 
la  tesis  proclamada  por  el  distinguido  publicista  e  his- 
toriador pontevedrés  Celso  García  de  la  Riga  (q.  e.  g.  e.), 
y  continuada  hoy  por  la  referida  Comisión,  tengo  el 
honor  de  dirigirme  a  V.  E.  rogándole  se  digne  acordar 
sea  nombrada  una  Comisión  de  esa  Excma.  Academia 
de  la  Historia,  que  V.  E.  preside  tan  dignamente,  a  fin 
de  que,  en  bien  de  la  patria,  se  tome  la  molestia  de  venir 
a  esta  capital  para  formar  juicio  e  informar  a  esa  docta 
Corporación  respecto  a  la  autenticidad  de  los  docu- 
mentos y  demás  antecedentes  y  deducciones  lógicas  que 
la  Comisión  Pro-Patria  Colón  le  presente  para  acredi- 
tar que  la  verdadera  patria  del  descubridor  de  las  Indias 
Occidentales,  Cristóbal  Colón,  es  España. 

El  gran  estado  de  opinión  que  este  importante  asunto 
tiene  dentro  y  fuera  de  ella,  y  como  muy  bien  dice  el 
distinguido  publicista,  jurisconsulto  y  ex  diputado  "a 
Cortes  por  Madrid  doctor  Rafael  Calzada,  será  la  vin- 
dicación histórica  más  grande  de  la  edad  presente ;  me 
obligan  a  rogar  a  V.  E.  no  vea  en  esta  invitación  más 
deseo  que  el  de  que  en  este  pleito  pueda  triunfar  Es- 
paña, demostrando  ante  todas  las  naciones  que  el  des- 
cubridor de  un  Nuevo  Mundo,  no  sólo  ha  sido  apoyado 
por  los  Reyes  Católicos,  para  su  descubrimiento,  sino 
que  el  genio  que  tan  magna  empresa  ha  realizado  ha 
tenido  por  cuna  nuestra  patria.  , 

Por  si  esta  invitación  tiene,  como  espero,  favorable 
acogida  por  esa  Corporación,  cúmpleme  asimismo  ma- 
niTestar  a  V.  E.  que  estoy  autorizado  para  sufragar  to- 
dos los  gastos  de  viaje  y  pertm^epci^  eti  esta  capital  de 

4^ 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

la  Comisión  que  esa  Corporación  se  digne  enviar  para 
el  referido  esclarecimiento,  razón  por  la  cual  me  permi- 
to rogar  a  V.  E.  me  diga  qué  fondos  debo  situar  en  ésa 
para  dicho  objeto,  o  si  se  abonan  aqui  contra  la  cuenta 
que  presenten  los  señores  académicos. 

Aprovecho  esta  oportunidad  para  presentar  a  V.  E.  mi 
más  distinguida  consideración  y  respeto,  a  la  vez  que 
hago  votos  a  la  Providencia  para  que  conserve  largos 
años  su  preciosa  vida. 

(Firmado.)  Antonio  Pazos. 
Pontevedra,  julio  de  19 17.  » 

Esta  comunicación  fué  contestada  por  la  Real  Aca- 
demia de  la  Historia  con  fecha  10  de  julio,  por  orden  de 
su  director,  el  finado  sabio  Padre  Fidel  Fita,  en  la  for- 
ma siguiente: 

"Excelentísimo  señor:  Con  fecha  3  del  corriente  se 
recibió  por  el  señor  director  de  esta  Real  Academia, 
Excmo.  Sr.  D.  Fidel  Fita,  el  oficio  de  V.  I.,  en  que, 
cumpliendo  un  acuerdo  de  la  Comisión  provincial,  de 
fecha  del  28  del  próximo  pasado  junio,  y  a  fin  de  que 
se  esclarezca  la  verdadera  patria  de  Cristóbal  Colón,  en 
conformidad  a  la  tesis  proclamada  por  D.  Celso  García 
de  la  Riega,  y  continuada  por  la  referida  Comisión  Pro- 
vincial de  Pontevedra,  propone  que  se  nombre  una  Co- 
misión de  numerarios  de  este  Cuerpo  que  se  traslade  a 
esa  capital  y  en  ella  examine  la  autenticidad  de  los  do- 
cumentos y  demás  antecedentes  que  'han  servido  de  base 

49 


PRUDENCIO       OTERO      SANCHBZ 

a  lo  sustentado  por  el  Sr.  García  de  la  Riega,  esto  es, 
que  la  patria  verdadera  del  descubridor  del  Nuevo  Mun- 
do es  España,  sobre  lo  que  han  de  formar  juicio  e  in- 
formar a  esta  Corporación. 

Para  facilitar  los  medios  de  hacer  efectiva  esta  invi- 
tación se  dice  asimismo  que  V,  I.  se  halla  autorizado 
para  sufragar  los  gastos  de  viaje  y  permanencia  de  la 
Comisión  académica  en  esa  capital,  a  cuyo  fin  insinúa 
qué  fondos  debe  situar  en  Madrid  para  ese  objeto,  dé 
no  admitir  la  proposición  de  que  los  referidos  académi- 
cos presenten  la  cuenta  para  abonarla  ahí. 

Aunque  este  oficio  ha  llegado  después  de  declaradas 
y  puestas  en  práctica  las  vacaciones  estivales,  que  el  re- 
glamento permite  a  la  Academia,  el  señor  director,  ha- 
ciendo uso  de  las  facultades  que  le  atribuye  el  capí- 
tulo VIII  de  los  Estatutos  vigentes,  y  tomando  en  la 
debida  consideración  la  proposición  que  V.  I.  le  hace  en 
nombre  de  esa  Comisión  provincial,  accede  desde  luego 
a  ella  en  todas  sus  partes;  de  modo  que,  dejando  a  la 
prudencia  de  V.  I.  la  cantidad  en  globo  que  ha  de  situar 
en  Madrid  para  ese  objeto,  designará  tres  de  sus  indi- 
viduos de  número,  de  especial  competencia  en  el  asunto 
y  /que  han  de  prestar  los  servicios  de  reconocimiento  y 
examen  de  documentos  y  apreciar,  además  de  su  auten- 
ticidad, el  verdadero  valor  testifical  de  todos  los  ante- 
cedentes que  se  les  consulte,  y  estudien,  para  dar  testi- 
monio y  fe  de  los  unos  e  informe  crítico  y  científico  a 
este  cuerpo  de  su  importancia  demostrativa,  con  el  pro- 
pósito de  llegar  a  la  solución,  por  todos  tan  deseada,  de 
punto  tan  transcendental   en  la   Historia.   Luego   que 

50 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

V.  I.  acuse  su  conformidad  le  serán  comunicados  los 
nombres  de  los  académicos  designados  y  el  día  de  su 
salida  de  aquí  para  Pontevedra. 

Por  disposición  del  señor  director  tengo  d  gusto  de 
ponerlo  en  su  conocimiento  para  los  efectos  consiguien- 
tes. Dios  guarde  a  V.  I.  muchos  años.  Madrid,  julio  i6 
de  1917. 

El  Secretario  accidental  (firmado),  Juan  Pérez  de 
GuzMÁN"  Y  Gallo.  (Hay  un  sello  que  dice:  "Real  Aca- 
demia de  la  Historia. — Secretaría  HI.'') — Señor  Presi- 
dente de  la  Diputación  provincial  de  Pontevedra." 

"Excelentísimo  señor  Director  de  la  Real  Academia 
de  la  Historia. 

Excelentísimo  señor:  Al  acusar  recibo  a  la  atenta 
comunicación  que  por  disposición  de  V.  E.  me  ha  diri- 
gido el  señor  secretario  de  esa  Real  Academia  de  la 
Historia,  con  fecha  15  del  corriente,  cúmpleme  ante 
todo,  en  mi  triple  carácter  de  presidente  de  la  Diputa- 
ción provincial  y  como  ordenador  de  pagos  de  la  mis- 
ma, presidente  de  la  Asamblea  y  Comisión  Pro-Patria 
Colón,  y  en  el  mío  particular,  presentar  a  V.  E.  mi 
mayor  agradecimiento,  no  sólo  por  haber  diferido  a  lo 
solicitado  en  mi  comunicación  de  2  del  corriente,  sino 
también  por  haber  tenido  la  atención  de  ha^er  uso  de 
las  facultades  que  le  atribuye  el  capítulo  VHI  de  los 
Estatutos  vigentes  de  esa  docta  Corporación  para  enviar 
la  referida  Comisión  durante  las  vacaciones  estivales. 

Como  no  es  posible  presupuestar  la  cantidad  que  sea 
necesaria  para  los  gastos  que  se  originen  en  la  estancia 

51 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

í 
y  viajes,  dentro  de  esta  provincia,  de  los  señores  aca- 
démicos, he  creído  conveniente  poner  a  disposición 
de  V.  E.  un  cheque  a  la  orden  del  Sr.  Pérez  Guzmán 
por  i.ooo  pesetas,  que  juzgo  serán  suficientes  para  el 
kilométrico  de  primera  clase,  así  como  para  subvenir 
a  los  gastos  de  vagón-cama,  conducción  de  equipaje  y 
en  su  viaje  de  ida  y  regreso. 

Respecto  a  los  gastos  que  origine  su  estancia  en  el 
primer  hotel  de  esta  capital,  me  hago  responsable. 

Espero  solamente  se  digne  comunicarme  los  nombres 
de  los  señores  académicos  que  V.  E.  tenga  a  bien  nom- 
brar y  el  día  de  su  salida,  para  tener  el  honor  de  reci- 
birlos y  ponerme  a  sus  órdenes.  Dios  guarde  a  V.  E.  mu- 
chos años.  Pontevedra,  julio  26  de  1917. — (Firmado.) 
Antonio  Pazos." 

''Excelentísimo  señor:  En  virtud  de  su  atenta  co- 
municación de  26  de  julio  finado,  y  confirmando  la  dis- 
posición del  señor  director  de  esta  Real  Academia,  en 
uso  de  las  facultades  que  le  concede  el  capítulo  VI  de 
los  Estatutos  vigentes,  transmitida  a  V.  E.  con  fecha 
1.°  del  mismo  mes,  la  Comisión  que  ha  de  reunirse  en 
esa  capital  el  día  17  del  mes  que  hoy  empieza  estará 
compuesta  de  los  académicos  de  número  excelentísimo 
Sr.  D.  Ángel  de  Altolaguirre  y  Duvale,  intendente  mi- 
litar, que,  como  más  antiguo,  desempeñará  el  cargo  de 
presidente  de  la  misma;  limo.  Sr.  D.  Rafael  de  Ureña 
y  Smenjand,  decano  de  la  Facultad  de  Derecho  de  la 
Universidad  de  Madrid,  y  D.  Ángel  Bonilla  y  San- 
martín, catedrático  en  la  Facultad  de  Filosofía  y  Le- 

52 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

tras,  en  la  misma  Universidad,  y  del  correspondiente 
Sr.  D.  Julián  Paz  y  Espeso,  jefe  de  la  Sección  de  ma- 
nuscritos de  la  Biblioteca  Nacional  y  gentilhombre  de- 
Cámara  de  S.  M.,  en  concepto  de  vocal  secretario. 

Al  mismo  tiempo  acuso  el  recibo  del  dheque  núme- 
ro 1.006.335,  emitido  por  D.  José  Riestra,  de  esa  ve- 
cindad, contra  el  Banco  Español  del  Río  de  la  Plata, 
por  valor  de  i.ooo  pesetas  y  en  favor  del  académico 
secretario  accidental  que  suscribe,  con  destino  a  los 
gastos  de  kilométricos,  vagón-cama,  conducción  de  equi- 
pajes y  en  el  viaje  de  ida  y  vuelta  de  la  Comisión  refe- 
rida, aceptando  los  demás  relativos  a  su  estancia  en 
esta  capital,  que  V.  E.  toma  sobre  sí. 

El  Sr.  Altolaguirre  y  Duvale  queda  autorizado  por 
el  señor  director  para  sostener  con  V.  E.  la  correspon- 
dencia que  exijan  los  acuerdos  sobre  el  día  de  llegada  y 
hotel  de  residencia. — Dios  guarde  a  V.  E.  muchos  años. 
Madrid,  i.°  de  agosto  de  1917.  —  El  Secretario  (fir- 
mado), Fidel  Fita. — ^(Hay  un  sello  que  dice:  "Real 
Academia  de  la  Historia. — Secretaría.")" 

De  conformidad  con  lo  dispuesto  por  la  Real  Acade- 
mia, el  presidente  de  la  Comisión  Pro-Patria  Colón  re- 
cibió del  Sr.  D.  Ángel  Altolaguirre  una  carta  que  a  la 
letra  dice :  , 

«Reinosa,  7  de  agosto  de  IC17. 
Señor  D.  Antonio  Pazos. 

Muy  señor  mío :  Nombrado  presidente  de  la  Comisión 
de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  que  por  invitación 

53 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

de  k  Diputación  provincial  que  usted  preside  ha  de  dic- 
taminar sobre  la  autenticidad  de  los  documentos  descu- 
biertos en  esa  capital,  en  los  qué  figuran  individuos  con 
el  apellido  Colón,  tengo  el  gusto  de  manifestarle  que,  si 
circunstancias  imprevistas  no  lo  impiden,  estaremos  los 
académicos  en  Pontevedra  el  17  del  corriente,  quedando 
en  avisar  a  usted  la  hora  de  llegada. 

Es  para  mí  muy  grato  el  ofrecerle  el  testimonio  de  mi 
más  distinguida  consideración,  y  en  espera  de  hacerlo 
personalmente  me  reitero  suyo  afectísimo  seguro  ser- 
vidor, q.  s.  m.  e., — ^(Firmado.)  Ángel  Altolaguirre." 

En  vista  de  lo  manifestado  por  el  Sr.  Altolaguirre 
en  la  anterior  carta,  se  reunió  el  12  del  mismo  mes  la 
Comisión  Pro-Patria  Colón  y  acordó  recibir  dignamente 
a  la  representación  de  la  Academia  de  la  Historia,  y  que 
el  autor  de  las  dos  exposiciones  presentadas  y  publica- 
das fuese  el  ponente  ante  la  misma,  para  presentar  to- 
dos los  documentos;  daíos  y  consultas  que  debieran  ha- 
cerle, a  fin  de  que  pudiese  informar  con  conciencia  en 
asunto  tan  debatido  y  de  tanta  importancia. 

Apenas  me  quedaban  horas  para  preparar  la  ponencia 
que  me  había  sido  encomendada,  la  que  presenté  a  la 
Comisión  Pro-Patria  Colón,  dejando  para  las  conferen- 
cias con  la  de  la  Academia  la  mayor  suma  de  razona- 
mientos, deducciones,  argumentos,  etc.,  etc.,  que  debía 
de  aducir  a  las  objeciones  y  observaciones  que  me 
fuesen  hechas  por  esta  última. 


64 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

PONENCIA 

A  la  docta  Comisión  nombrada  por  la  Excma.  Aca- 
demia de  la  Historia  para  informar  sobre  la  autentici- 
dad de  los  documentos  que  se  le  presenten  y  demás  an- 
tecedentes que  han  servido  de  base  para  sustentar  la 
tesis  proclamada  por  D.  Celso  García  de  la  Riega  de 
que  la  verdadera  patria  del  gran  Almirante  Cristóbal 
Colón  es  España. 


I 

Ante  todo,  y  abrogándome  la  representación  del  pue- 
blo de  Pontevedra,  cuyas  pulsaciones  he  sentido  en  casi 
todas  las  clases  sociales,  debo  manifestaros  la  gratitud 
que  este  pueblo  siente  y  debe,  no  sólo  a  la  docta  Corpo- 
ración que  representáis,  sino  a  vosotros  mismos  por  ha- 
ber aceptado  la  misión  delicada  que  os  ha  sido  confiada, 
pues  no  desconocemos  los  sacrificios  que  representa  y 
el  esfuerzo  de  inteligencia,  estudio  y  trabajo  que  habéis 
de  hacer  para  informar  en  una  materia  sobre  la  que 
pesa  un  prejuicio  de  más  de  cuatro  siglos,  y  del  cual  os 
ruego  desprenderos  al  analizar  la  prueba  indiciaría  que 
se  os  presente,  seguro  de  que,  de  este  análisis,  habréis 
de  sacar  la  convicción  de  que  aquel  grande  hombre  que 
se  llamó  Cristóbal  Colón  tuvo  por  cuna  España,  y  si 
asi  lo  hacéis,  como  espero,  habréis  salvado  un  error  his- 
tórico, realizando,  como  ha  dicho  mi  querido  e  ilustre 
amigo  el  doctor  Rafael  Calzada,  ''la  vindicación  histó- 
rica más  grande  de  la  edad  presente". 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 


II 


La  Comisión  Pro-Patria  Colón,  a  quien  he  presentado 
mis  dos  exposiciones  anteriores,  y  que  en  la  actualidad 
la  forman  los  Sres.  D.  Rafael  López  de  Haro,  D.  Tor- 
cuato  y  D.  Renato  Ulloa,  D.  Ángel  Miguez  y  D.  Gerardo 
Alvarez  Limeses,  me  han  designado  para  ser  el  ponente 
ante  vosotros  de  tan  magno  asunto ;  y  sólo  la  fe  que  he 
adquirido  de  que  estoy  en  lo  cierto,  me  animó  a  aceptar 
este  cargo,  pues,  como  habréis  visto  por  la  primera  ex- 
posición de  7  de  enero  del  corriente  año,  no  me  he  de- 
dicado jamás  a  trabajos  históricos  ni  paleográficos,  ni 
aun  literarios,  y  puedo  aseguraros,  con  la  mano  sobre 
mi  conciencia,  que  no  es  la  vanidad  ni  la  gloria  la  que 
me  obliga  a  echar  sobre  mis  hombros  trabajo  de  tal 
magnitud  para  mis  fuerzas  y  conocimientos,  sino  el  de- 
seo de  vindicar  para  nuestra  patria  la  gloria  de  haber 
sido  la  cuna  del  insigne  navegante  que  descubrió  un 
mundo. 

La  prioridad  de  este  anhelo  nuestro  corresponde  ín- 
tegra al  patricio  pontevedrés  Celso  García  de  la  Riega, 
cuya  gallardía  en  ser  el  primero  en  proclamar  que  Cris- 
tóbal Colón  era  español,  y  cuyo  esfuerzo  al  hacer  su 
libro  Colón,  español,  cuando  ya  estaba  al  borde  de  la 
tumba,  haciendo  una  labor  conjetural  digna  sólo  de 
hombres  superiores,  de  aquellos  a  quienes  el  Supremo 
Hacedor  de  todo  lo  creado  ha  querido  dotar  de  esa 
thispa  divina  que  se  llama  inteligencia,  llevó  por  todo 

56 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

el  mundo  la  nueva  tesis  que  hoy  nos  tiene  reunidos. 

Su  libro  fué  el  punto  de  partida  para  que  otros  vinie- 
sen a  continuar  su  obra,  aportando  cada  uno  su  grano 
de  arena ;  tales  como  el  doctor  Constantino  Horta,  Arri- 
bas Turul,  Antón  del  Olmet  y  otros,  que  crean  un  ver- 
dadero estado  de  opinión,  tanto  en  el  viejo  como  en  el 
Nuevo  Mundo,  a  tal  punto  que  hoy  puede  decirse  que 
la  inmensa  mayoría  de  las  gentes  cultas,  si  no  adquirió 
la  firme  convicción  de  que  Colón  es  español,  alimenta  la 
duda  de  que  fuera  genovés. 


III 


Publicada  la  obra  de  Celso  García  de  la  Riega,  y  fa- 
llecido éste  a  raíz  de  su  publicación,  apareció  en  la  ''Re- 
vista de  Archivos,  Bibliotecas  y  Museos",  de  marzo  a 
abril  de  1914,  un  artículo  de  persona  tan  autorizada  en 
la  materia  como  et  Sr.  Serrano  Sanz,  rearguyendo  de 
falsos  los  documentos  en  que  aquél  apoya  su  tesis.  Ese 
artículo  vino  a  ser  como  una  lápida  de  plomo  puesta 
encima  del  libro  de  La  Riega. 

Pero  así  como  toda  semilla  germina  y  fructifica  cuan- 
do es  sana  y  se  arroja  en  buena  tierra,  así  también  no 
faltó  quien  allende  el  mar,  en  la  República  Argentina, 
pensando  en  las  glorias  de  la  patria  y  teniendo  fe  en 
la  labor  conjetural  de  La  Riega,  puso  empeño  especial 
en  hacer  revivir  la  obra  de  ese  genio  pontevedrés,  y  a 
él  se  le  debe  cuanto  en  tal  sentido  se  ha  hecho  para  le- 
vantar aquella  lápida,   dejando   en  plena  luz   la   obra 

57 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Colón,  español,  con  objeto  de  que,  acumulando  elemen- 
tos sobre  ella,  que  hicieran  desaparecer  las  sospecbas 
de  falsedad  de  los  documentos,  pudierais  acudir  con 
vuestros  superiores  conocimientos  e  inteligencia  a  pro- 
clamar provisionalmente,  con  vuestro  informe,  que  es 
España  la  verdadera  cuna  del  gran  Almirante,  por  haber 
bastantes  elementos  de  juicio  para  ello,  o,  cuando  menos, 
para  continuar  las  investigaciones  hasta  donde  sea  po- 
sible. Ese  expatriado  es  el  esclarecido  español  y  juris- 
consulto y  publicista  doctor  Rafael  Calzada,  para  quien 
recabo  el  mérito  de  haber  hecho  resucitar  la  obra  de 
García  de  la  Riega,  pues  no  ha  dejado  un  solo  correo 
sin  instarme  a  que  buscase  nuevos  datos  y  conseguir 
que  la  docta  Corporación  que  representáis  tomase  en 
consideración  asunto  de  tanta  importancia  para  España. 


IV 


Obtenido  ya  nuestro  primer  objeto,  y  dejando  deter- 
minadas las  razones  por  qué,  siendo  yo  el  menos  ca- 
pacitado de  todos  los  que  intervienen  en  este  asunto, 
aparezco  como  el  héroe  por  fuerza  actuando  en  él,  y 
dando  por  reproducidas  mis  dos  exposiciones  de  7  de 
enero  y  la  del  24  de  mayo  próximo  pasado,  que  cono- 
céis, pasaré  a  otras  consideraciones  y  deducciones,  de 
una  fuerza  tal  que  considero  indestructibles. 


58 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 


•  Descubiertas  por  Cristóbal  Colón  las  Indias  Occi- 
dentales al  finalizar  el  siglo  XV,  es  en  el  siguiente  en 
d  que  hay  que  buscar  la  verdad  de  la  verdadera  patria 
de  Colón,  puesto  que  es  en  el  que  más  se  ha  escrito  sobre 
el  hallazgo  del  Nuevo  Mundo  y  sobre  la  patria  del  gran 
Almirante.  Es  entonces  cuando  aparecen  las  obras  de  in- 
finidad de  hombres  eminentes,  como  Pedro  Mártir  de 
Anglería,  Fernando  Colón,  Metolinea,  Alfonso  de  Oje- 
da,  Diego  de  la  Tobilla,  Enciso,  López  de  Gomara,  Her- 
nández de  Oviedo,  Alfonso  de  Mata,  Pedro  de  Cieza,  Al- 
var Núñez  Cabeza  de  Vaca,  Andrés  de  Sanmartín,  obispo 
de  Chiapa,  Deán  Cervantes,  Pedro  Pizarro,  Ñuño  de 
Guzmán,  Agustín  de  Zarate,  Alfonso  de  Ercilla,  Lasso 
de  la  Vega,  Benzón,  Bry,  Acosta,  Antonio  de  Saavedra 
y  tantos  otros  hasta  llegar  al  cronista  Antonio  Herrera, 
quien,  por  autorización  del  Rey  D.  Felipe  HI,  a  fines  del 
siglo  XVI,  publicó  la  historia  general  de  los  hechos  de 
los  castellanos  en  las  Indias  y  Tierra  firme,  en  las  cuatro 
décadas  siguientes  al  descubrimiento. 

Todos  los  que  se  han  ocupado  en  ese  siglo  de  la 
patria  de  Colón,  el  que  más  aseguró  que  naciera  en  Ge- 
nova, y  lo  •  hace  siempre  con  la  salvedad  de  haberlo 
dicho  el  propio  Almirante  en  su  institución  Mayorazga, 
mientras  que  su  propio  hijo  Fernando  Colón  dice  ''que 
su  padre  ha  querido  dejar  en  la  oscuridad  su  origen 
y  patria",  y  el  propio  Herrera,  compendiando  lo  que 
expresaron  sus  antecesores  (página  15,  primera  década), 

59 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

i 

afirma:  "Conviene  saber  que  fué  D.  Cristóbal  Colombo 
a  quien,  por  más  cómoda  pronunciación,  dijeron  Colón 
nacido  en  la  ciudad  de  Genova,  en  lo  cual,  y  en  que  su 
padre  se  llamó  Domingo,  se  conformaron  cuantos  de 
él  escriben  y  hablan  y  él  mismo  lo  confiesa,  y  en  cuanto 
al  origen,  unos  quieren  que  fuese  Plasencia  y  otros 
Cucureo,  en  la  ribera,  cerca  de  la  misma  ciudad,  y  otros 
de  los  señores  del  Castillo  de  Cúcaro,  que  cae  en  la 
parte  de  Italia  que  se  dijo  Liguria,  que  ahora  es  juris- 
dicción del  ducado  de  Monferrato,  tan  cerca  de  Ale- 
jandría de  la  Falla  que  se  oyen  las  campanas ;  pero  cual 
sea  la  más  cerca  descendencia,  en  el  Consejo  Supremo 
de  las  Indias,  adonde  se  litiga,  se  determinará." 

De  esto  se  puede  deducir  lógicamente  que  en  todo  el 
siglo  XVI  no  se  sabía  a  ciencia  cierta  dónde  había  nacido 
Colón.  Desde  entonces  acá,  continuaron  los  historiado- 
res y  los  pueblos,  hasta  el  número  de  diez  y  siete,  dis- 
putándose la  cuna  de  Colón,  porque  era  tan  común  el 
apellido  "Colombo"  en  la  República  de  Genova  y  en 
Italia,  que  todos  querían  poseer  la  gloria  de  tener  la 
cuna  del  gran  Almirante. 

Pero  lo  admirable  es  que  el  Almirante  ha  dejado  di- 
cho de  una  manera  clara  y  terminante  que  el  apellido 
de  su  linaje  verdadero  era  "de  los  de  Colón". 

¿Por  qué,  pues,  ese  empeño  en  llamarle  Colombo? 
¿Por  qué  decir  "que  por  más  cómoda  pronunciación  di- 
jeron Colón"?  ,¿ Acaso  no  es  tan  cómodo  y  fácil  decir 
Colombo  que  Colón? 

¡  Ah !  Porque  lanzados  todos  los  historiadores  a  bus- 
car un  Colón  en  Genova  no  lo  encontraron. 

60 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

¿  Y  por  qué  no  se  han  ocupado,  como  el  mismo  Almi- 
rante dice  terminante  e  insistentemente  en  su  institu- 
ción Mayorazga,  de  buscarlo  en  cualquier  cabo  del  mun- 
do en  donde  existiese  uno  que  llevase  o  hubiesen  lle- 
vado sus  antepasados  el  apellido  de  su  linaje  verdadero 
"de  los  de  Colón"? 

Esta  es  la  incógnita  que  hay  que  despejar,  y  no  pue- 
de hacerse  de  otra  manera  sino  buscando  después  de 
su  muerte,  en  el  cabo  del  mundo,  dónde  se  hallasen 
"los  de  Colón". 

Todas  las  genealogías  de  los  Colombos  de  Italia  pue- 
den ser  ciertas  o  falsas:  no  nos  importa.  Nosotros  te- 
nemos que  buscar  la  genealogía  de  los  Colón.  En  Es- 
paña la  tenemos,  y  aquella  región,  aqueít  pueblo,  aquel 
lugar  que  presente  mejores  títulos  para  determinar  el 
nacimiento  de  Colón,  a  aquella  región,  pueblo  o  lugar, 
debe  otorgársele  la  gloria. 

Es  indiscutible  e  innegable  que  el  nacimiento  de  Co- 
lón ha  sido  puesto,  desde  su  muerte,  en  duda,  y  de  la 
duda  al  error  no  hay  más  que  un  paso ;  y  ésa  es  la  ra- 
zón por  que  hasta  nuestros  días  se  haya  escrito  y  diva- 
gado tanto  para  acreditar  la  verdadera  cuna  de  Colón. 


VI 


La  única  base  para  asegurar  que  es  genovés  es  su 
institución  Mayorazga,  en  donde  dice  que  allí  nació. 

Como  habréis  visto  por  el  análisis  que  de  esa  insti- 
tución hice  en  mi  anterior  exposición,  indico  la  razón  y 

61     - 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

las  deducciones  lógicas  que  de  ese  documento  se  des- 
prenden, para  poder  asegurar  que  lo  hizo  por  sostener 
hasta  más  allá  de  la  tumba  que  era  genovés,  puesto 
que  asi  convenia  a  sus  intereses  y  como  garantía  de 
que  éstos  fueran  defendidos  para  sus  descendientes  por 
aquella  poderosa  República. 

Esa  institución  es  la  prueba  más  acabada  de  que  no 
era  genovés.  Hay  en  ella  elementos  bastantes  para  po- 
der afirmarlo,  pues  en  varias  de  sus  cláusulas  echóse 
de  ver  que  siempre  dejó  en  la  oscuridad  dónde  resi- 
dían sus  parientes.  En  una  de  aquéllas  dice  ''que  toda- 
vía el  diezmo  de  esta  renta  se  dé  y  hayan  las  personas 
de  mi  linaje  que  estuviesen  aquí  o  en  cualquiera  otra 
parte  del  mundo''.  ¿Y  por  qué  no  decir  aquí  o  en  Geno- 
va? Claro  es  que  no  existían  en  esta  República,  porque, 
si  no,  no  necesitaba  encargar  por  otra  cláusula  a  su  hijo 
Diego  ''que  sostenga  siempre  en  la  ciudad  de  Genova 
una  persona  de  nuestro  linaje". 

Es  evidente  que  el  Almirante  lia  tenido  especial  em- 
peño en  dejar  en  la  duda  "su  origen  y  patria",  como  lo 
dice  su  hijo  Fernando;  pero  no  por  eso  dejó  de  poner 
los  jalones  para  que  andando  el  tiempo  se  aclarase  el 
misterio,  que  su  linaje  verdadero  era  de  los  de  Colón  y 
que  se  buscase  en  cualquier  cabo  del  mundo,  en  donde 
seguramente  se  encontrarían  sus  ascendientes  y  descen- 
dientes, unidos  a  los  nombres  de  aquellos  sitios  y  obje- 
to's  que  retenía  en  su  memoria  desde  la  infancia,  y  cu- 
yos recuerdos  quiso  perpetuar  al  poner  los  nombres  de 
"San  Salvador",  "Puerto  Santo",  "Cabo  de  la  Galea", 
"Punta  de  la  Lanzada"  (determinando  por  única  vez  el 

62 


¡1  S  P  A  Ñ  A,     PATRIA     DE     COLON 

viento  nordeste,  y  cuyos  nombres  son  los  del  princi- 
pio y  fin  de  nuestra  ría),  "La  Gallega'',  '*La  Trinidad", 
''San  Miguel"  y  ''San  Juan",  etc. 

¿  Es  posible  que  un  hombre  que  en  su  institución  Ma- 
yorazga  demuestra  tanto  cariño  a  Genova,  no  se  le  hu- 
biera ocurrido,  al  descubrir  las  Indias  Occidentales, 
empezar  por  poner  nombres  a  aquellas  tierras  que  des-, 
cubría  que  recordasen  los  pueblos  que  le  dan  por  cuna 
los  Colombos  de  Italia? 


VII 


.  Los  motivos  que  hubiera  tenido  el  gran  Almirante 
para  ocultar  su  origen  y  patria  pueden  ser  muy  bien 
los  que  supone  el  Sr.  García  de  la  Riega  en  su  obra  tan- 
tas veces  citada,  al  demostrar  que  era  de  procedencia 
judaica;  pudiera  ocurrir  también  que  por  ser  gallego, 
región  que  se  había  pronunciado  en  favor  de  Juana  la 
Beltraneja ;  tampoco  sería  extraño  que,  hombre  místico, 
tuviera  en  consideración  la  frase  de  Jesús:  "Nadie  es 
profeta  en  su  patria",  o  bien  por  haber  sido  corsario  o 
pirata  (sin  que  con  esto  ofenda  la  memoria  de  aquel 
grande  hombre,  pues  fueron  muchos  los  que  se  dedica- 
ron a  ello  entre  Jos  marinos  de  nuestra  ría,  cuyos  des- 
cendientes, personas  honorables,  hemos  tratado  con  in- 
timidad), opinión  que  comparte  el  señor  González  Be- 
sada ;  como  también  pueden  haber  sido  todos  o  parte  de 
estos  motivos  los  que  le  indujeron  a  no  manifestar  su 
verdadera  patria.  Y  no  es  aventurada  esta  última  hipó- 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

tesis,  cuando  el  mismo  Almirante  nos  dice  que  arribó  a 
Portugal  nadando  sobre  un  remo,  como  único  supervi- 
viente de  una  nave  que  había  estado  batiéndose,  como 
corsario,  todo  el  día,  con  naves  venecianas. 


VIII 

Leyendo  al  cronista  mayor  de  Felipe  III,  Antonio 
Herrera,  primera  obra  oficial  que  encierra  lo  referente 
al  descubrimiento  de  las  Indias  durante  las  dos  pri- 
meras décadas,  o  sea  desde  1492  a  1506,  en  que  falleció 
el  Almirante,  aparte  de  los  nombres  ya  citados,  todos  de 
puntos  o  Cofradías  de  Pontevedra,  se  encuentran  nue- 
vos datos  que  sería  prolijo  enumerar  y  que  demuestran 
de  una  manera  concluyente  que  es  aquí  donde  hay  que 
buscar  sus  ascendientes.  Así,  por  ejemplo,  hallamos  un 
río  al  cual  llamó  ''San  Salvador",  como  a  la  primera 
tierra  en  que  puso  su  planta;  a  otras  islas  puso  los 
nombres  de  **San  Nicolás",  ''Santa  Catalina",  "San 
Juan  Bautista" ;  y  cuando  bautizó  a  otra  llamándole  "La 
Española",  lo  hizo  oponiéndose  a  indicaciones  que  le  su- 
gerían sus  compañeros  de  que  la  apellidara  "La  Cas- 
tellana". 


IX 


Permitidme  que  sobre  este  importante  dato  llame 
vuestra  atención,  pues  no  quiso  aceptar  la  indica- 
ción que  le  hacían  de  que  le  pusiera  "La  Castellana"  y 

64 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

le  nombró  ''La  Española" ;  y  este  dato  que  nos  suminis- 
tra Herrera  (página  33)  es  tan  significativo,  que  bas- 
taría por  sí  solo  para  demostrar  que  la  verdadera  patria 
de  Colón  es  España. 

Ofendería  vuestra  cultura  si  quisiera  hacer  una  re- 
seña de  nuestra  historia  en  aquella  época,  pues  para 
todos  es  bien  conocida  la  enemiga  que  existió,  y  aun 
continuó  hasta  nuestros  días,  entre  Castilla  y  Galicia. 

¿  Quién  de  vosotros  ignora  el  desdén  con  que  los  cas- 
tellanos han  tratado  siempre  a  los  gallegos? 

Al  oír  aquel  grande  hombre  la  indicación  de  sus  com- 
pañeros para  que  diese  a  una  isla  el  nombre  de  "La 
Castellana",  es  indudable  que  se  le  sublevó  su  alma 
gallega,  y  como  una  protesta  muda  le  puso  ''La  Espa- 
ñola", y  a  otra  isla  "La  Gallega"  para  afirmar  de  una 
manera  indiscutible  lo  mal  que  sonaba  en  sus  oídos  la 
palabra  "castellana". 

Si  hubiera  sido  el  Almirante  genovés  o  italiano,  ¿  con 
qué  placer  no  hubiera  recibido  la  insinuación  de  sus 
compañeros,  puesto  que  para  todo  extranjero  era  más 
grato  el  recuerdo  de  los  Reyes  de  Castilla  ? 

Creo  firmemente  que  este  dato  es  de  una  importancia 
tal,  que  tiene  más  fuerza  que  una  partida  de  bautismo 
(si  existiesen  en  aquella  época),  y,  libres  de  toda  pasión 
y  prejuicio,  os  persuadirá  de  que  la  patria  de  Colón 
fué  España. 


65 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 


En  fin,  son  tantos  los  indicios  que  existen  para  de- 
mostrar que  no  es  genovés  y  sí  español,  que  por  si  solos 
forman  plena  prueba. 

Pero  si  a  aquéllos  agregamos  el  hecho  de  que  no  se 
encuentra  un  solo  papel  del  Almirante  en  italiano  y  sí 
infinidad  en  romance  castellano  y  muchísimas  notas  en 
latín,  sin  que  aparezca  nada  escrito  en  su  idioma — como 
era  natural — ,  y  que  si  alguna  vez  se  le  olvidaba  una 
palabra  castellana  la  sustituía  con  otra  gallega,  tenemos 
forzosaj^ente  que  reconocer  qut  no  era  Genova  su  pa- 
tria, pues  puede  afirmarse  que  no  hay  un  hombre  en  el 
mimdo  que  sepa  escribir  de  quien  no  se  encuentre  un 
solo  doaimento  escrito  en  el  idioma  de  sus  primeros 
años. 

El  cronista  Herrera  nos  dice  que  el  Almirante  sabía 
latín  y  hacía  versoe.  Lástima  que  la  Historia  no  haya 
conservado  alguno  de  ellos,  pues  tengo  la  seguridad 
que  los  haría  en  castellano  o  en  gallego,  puesto  que  la 
inspiración  poética  se  revela  en  el  idioma  patrio. 


XI 


Como  habréis  visto  por  mi  segunda  exposición,  he 
querido  buscar  en  Porto  Santo  alguna  prueba  documen- 
tal en  la  casa  que  la  tradición  dice  que  fué  de  los  de 

66 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

Colón,  o  mejor  dicho,  como  allí  llaman,  (Po  que  descu- 
briu  as  Américas,  y  cuando  me  disponía  a  dar  por  in- 
eficaz este^ trabajo  encontré  el  crucero  de  Juan  Colón,  y 
aunque  ha  ofrecido  controversia,  en  vista  de  que  con 
el  miembro  de  la  Sociedad  Arqueológica  de  Pontevedra 
D.  Luis  Gorostola,  quien  asegura  que  dice  ''Juan  Colón", 
están  conformes  el  miembro  correspondiente  de  la  Real 
Academia  de  la  Historia  D.  J.  Fernández  Gil,  enten- 
didísimo paleógrafo,  y  el  doctor  Constantino  Horta,  de- 
seo que  decida  esta  cuestión  el  señor  vocal  secretario 
y  paleógrafo  de  vuestra  Comisión,  ilustrísimo  señor  don 
Julián  Paz  Espeso. 


XII 

Es  de  grandísima  importancia  la  tradición  que  existe 
en  el  lugar  de  Porto  Santo,  y  acerca  de  ella  dejó  el 
Sr.  Fernández  Gil  la  demostración  de  su  valer.  De  ella 
se  ha  ocupado  también  el  ilustrísimo  señor  gobernador 
de  esta  provincia,  D.  Luis  Tur  Paláu,  miembro  y  secre- 
tario de  la  Sociedad  Geográfica,  persona  que  por  su 
ilustración  y  vastísima  y  sólida  cultura  da  al  tema 
tratado  el  valor  de  cosa  real. 


XIII 

Y  ahora  me  concretaré  a  presentaros  los  documentos 
que  prueban  que  el  apellido  del  linaje  verdadero  de 
Cristóbal  Colón  y  Fonterosa  existían  aquí  antes  y  des- 

67 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

! 

pues  del  descubrimiento  de  América;  y  el  plano  que 
demuestra  de  una  manera  gráfica  que  el  propio  Almi- 
rante ha  querido  dejar  hecha  su  partida  de  nacimiento. 


XIV 

DOCUMENTQS 

I. — Fotografía  de  la  capilla  de  Santa  María,  en  donde 
existe  la  inscripción  siguiente:  Os  do  cerco  de  Juan 
Neto  e  de  Juan  de  Colon  fixeron  esta  capella.  Esta  igle- 
sia, según  manifestación  del  señor  cura  D.  Francisco 
Castro  Queiruga,  se  empezó  entre  el  año  1480  y  1484  y 
se  terminó  en  1559,  y  como  la  capilla  se  halla  a  tres  me- 
tros de  los  cimientos,  es  de  suponer  que  fué  construida 
antes  del  descubrimiento  de  las  Indias  occidentales. 

2. — Fotografía  del  crucero  de  Porto  Santo,  sacada  a 
las  dos  horas  del  descubrimiento. 

3. — Transcripción  al  ferro-prusiato  de  la  inscripción 
del  mismo  crucero,  hecha  por  el  miembro  de  la  Socie- 
dad Arqueológica  de  Pontevedra  D.  Luis  Gorostola. 

4. — Plano  de  la  ría  de  Pontevedra  calcado  sobre  el 
plano  de  Fontán — que  tiene  noventa  años  de  existen- 
cia— ,  y  en  el  cual  se  hallan  al  principio  y  fin  de  la  ría 
los  nombres  de  'Torto  Santo",  ''San  Salvador",  "La 
Galera"  y  ''Punta  Lanzada". 

5. — Fotografía  de  una  escritura  otorgada  en  11  de 
octubre  de  15 18  ante  el  notario  Alonso  García  de  Sisto, 
en  que  Juan  Neto  y  Juan  de  Padrón  dan  fianza  cance- 
laría a  Juan  de  Colón. 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

6. — Escritura  sobre  cuentag  de  la  iglesia  de  Santa 
María  que  rindió  Juan  de  Colón  en  21  de  septiembre" 
de  1529,  otorgada  ante  el  mismo  notario  Alonso  García 
Sisto. 

7. — Hojas  sueltas  de  un  libro  de  visitas  de  la  parro- 
quia de  Santa  María  la  Grande,  de  Pontevedra,  que 
procede  del  gremio  de  mareantes  y  se  guarda  en  la  So- 
ciedad Arqueológica,  en  que  figura  girando  visita  el  muy 
magnífico  y  reverendísimo  maestre  D.  Cristóbal  Colón 
en  1575. 

8. — Otra  igual  visita  en  1576  por  el  mismo  D.  Cristó- 
bal Colón. 

Las  notas  de  estos  cuatro  últimos  documentos  fueron 
facilitadas  por  el  Sr.  D.  Casto  Sampedro,  y  las  dos  úl- 
timas se  hallan  en  su  poder,  como  presidente  de  la  So- 
ciedad Arqueológica. 

9. — Otra  acta  de  28  de  diciembre  de  1575,  de  otra 
visita  girada  por  el  mismo  D.  Cristóbal  Colón,  encon- 
trada por  el  que  suscribe  en  el  Archivo  de  la  Cofradía 
de  la  Santísima  Trinidad  de  Santa  María. 

10. — Libramiento  del  Arzobispo  de  Santiago,  don 
Lope  de  Mendoza,  a  favor  del  Maese  Nicoláu  Oderige 
de  Genova,  a  cargo  del  Ayuntamiento  de  Pontevedra. 

II. — Libro  del  Concejo  en  poder  de  la  Sociedad  Ar- 
queológica. 

Acuerdo  del  mismo  Concejo  de  20  de  julio  de  1457, 
ordenando  el  pago  de  pequeñas  cantidades  a  Domingo 
de  Colón  y  Benjamín  Fonterosa. 

12. — Cuaderno  de  cuentas  de  la  Cofradía  de  San  Mi- 
guel en  poder  de  la  Sociedad  Arqueológica,  donde  figu- 


PRUDENCIO       OTERO      SANCHBZ 

i 

ra  Alfonso  o  Antonio  dar  Colón.  Comprende  los  años 
1480  a  90.  I  ; 

13. — Cartulario  propiedad  de  García  de  la  Riega,  en 
que  existe  una  escritura  aforamiento  de  14  de  octubre 
de  1496,  lindando  con  la  heredad  de  Cristobo  de  Colón. 

14. — Escritura  de  aforamiento,  hecha  en  13  de  octu- 
bre de  1 5 19  a  Juan  y  Constanza  de  Colón. 


XV 

Como  el  Excmo.  Sr.  Director  de  la  Real  Academia 
de  la  Historia  dice  en  su  comunicación  del  16  de  julio 
de  este  año  que  la  Comisión  nombrada  viene,  no  tan 
solamente  para  el  reconocimiento  y  examen  de  los  do- 
cumentos y  apreciar,  además  de  su  autenticidad,  el  ver- 
dadero valor  testifical  de  todos  los  antecedentes  qiie  se 
les  consulten  y  estudien,  ciréome  autorizado  para  rogar- 
le se  digne  informar  al  tenor  de  las  siguientes  consultas : 

I. — El  verdadero  apellido  del  linaje  verdadero  de 
Cristóbal  Colón,  ¿era  Colón  o  Colombo? 

2. — ¿  Cree  que  haya  existido  o  exista  en  el  mundo  un 
hombre  que  supiera  escribir,  y  que  habiendo  llegado  a 
la  cumbre  de  la  gloria,  no  dejase  algún  documento  es- 
crito en  el  idioma  en  que  aprendió  a  hablar  ? 

3. — ^¿Conoce  algún  documento  público  o  privado  escri- 
to en  el  idioma  que  usaba  la  República  de  Genova,  por 
Cristóbal  Colón? 

4. — ¿  Sabe  de  algún  historiador  que  haya  encontrado 
en  Italia,  en  los  siglos  xv  y  xvi,  algún  individuo  que 
llevase  el  apellido  verdadero  de  Colón?  , 

70 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 


XVI 

Como  la  solución  de  estas  consultas  son  las  que  en- 
tiendo han  de  llevarnos  á  la  verdad,  demostrando  que 
el  apellido  Colón — que  es  el  verdadero  del  Almirante — ■ 
no  es  italiano  y  si  español,  ruego  a  los  académicos  que 
tengan  la  bondad  de  contestarlas  a  la  vez  que  emitan  su 
informe  a  la  docta  Corporación  dé  la  Academia,  refe- 
rente a  los  demás  puntos  que  contiene  esta  exposición, 
en  vista  de  los  antecedentes  presentados  y  los  trabajos 
verificados  por  el  correspondiente  de  la  Real  Academia 
Sr.  D.  J.  Fernández  Gil. 

Pontevedra,  agosto  15  de.1917. — (Firmado.)  Pru- 
dencio Otero  Sánchez." 

Cuando  ya  nos  disponíamos  a  recibir  a  la  Comisión 
de  la  Real  Academia,  sobrevino  la  huelga  ferroviaria  en 
toda  España,  que  interrumpió  la  venida  de  aquélla  y 
quedó  todo  en  suspenso  hasta  que,  terminada,  se  recibió 
de  la  docta  Corporación  la  comunicación  que  a  la  letra 
dice: 

"Los  sucesos  lamentables  que  han  tenido  lugar  des- 
de el  pasado  mes  de  agosto,  impidieron  a  la  Comisión 
nombrada  por  el  señor  Director  de  esta  Real  Academia, 
y  de  que  V.  S.  tiene  conocimiento,  realizar  su  marcha 
a  esa  capital  con  el  objeto  de  examinar  los  documentos 
referentes  a  la  familia  de  un  Colón,  que  por  muchos  se 
considera  ser  la  del  descubridor  glorioso  del   Nuevo 

71 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Mundo,  que  esa  Diputación  provincial  deseaba  que  por 
este  Cuerpo  fuesen  técnicamente  avalorados.  Por  des- 
gracia, ni  el  estado  general  de  las  cosas  ha  conseguido 
totalmente  su  justo  y  pacifico  equilibrio,  ni  algunos  de 
los  numerarios  nombrados,  por  su  especialidad,  para 
este  objeto,  abierto  para  unos  que  son  catedráticos  de 
la  Universidad  Central  el  curso  académico,  y  atentos 
otros  a  obligaciones  ineludibles  de  los  cargos  que  des- 
empeñan en  la  carr.era  militar,  a  que  pertenecen,  se 
hallan  en  situación  de  momento  para  poder  desempeñar 
tan  delicado  cargo;  por  lo  que,  en  la  sesión  celebrada 
por  esta  Academia  el  día  5  del  corriente,  expuesta  por 
dichos  señores  la  realidad  de  las  cosas,  se  acordó  dar  a 
V.  S.  conocimiento  de  ello  para  poner  a  su  elección  una 
de  las  tres  soluciones  posibles:  Primera,  el  aplazamien- 
to hasta  tener  la  amplitud  necesaria  de  tiempo  para  lle- 
varlo a  cargo;  segunda,  la  remisión  a  Madrid,  con  las 
seguridades  y  garantías  necesarias,  de  los  documentos 
que  se  han  de  examinar  para  proceder  aquí  a  su  prolija 
inspección,  o  admitir  la  renuncia  de  la  misión  encomen- 
dada a  este  Cuerpo,  y  que  tiene  a  honor  realizar,  en 
cuyo  caso  serían  devueltas  las  mil  pesetas  recibidas  para 
los  gastos  de  viaje  a  esa  capital. — En  cumplimiento  de 
este  acuerdo,  tengo  el  honor  de  comunicárselo  para  su 
conocimiento  y  resolución. — Dios  guarde  a  V.  S.  mu- 
chos años. — Madrid,  20  de  octubre  de  19 17. — El  Se- 
cretario accidental. — (Firmado.)  Juan  Pérez  de  Guz- 
MÁN  Y  Gallo. — Sr.  Presidente  de  la  Excma.  Diputación 
provincial  de  Pontevedra.  —  (Hay  un  sello  que  dice: 
''Real  Academia  de  la  Historia. — Secretaría.")'* 


K  SP  A  Ñ  A,  '  P  A  T  RI  A     DE     C  O  L  O  .V 

Recibida  por  el  presidente  de  la  Diputación  la  co- 
municación que  antecede,  dio  cuenta  de  ella  a  la  Comi- 
sión Pro-Batria  Colón  en  22  de  diciembre  y  acordó 
contestarla  en  los  térnainos  siguientes : 

"La  demora  en  contestar  la  muy  atenta  comunicación 
que  V.  E.  ha  tenido  a  bien  dirigirme  con  fecha  20  de 
octubre  próximo  pasado,  ha  sido  motivada  por  tener  que 
dar  cuenta  de  ella  a  la  Comisión  ejecutiva  Pro-Patria 
Colón,  a  fin  de  que  conocieran  las  justas  eausas  que 
han  dado  lugar  a  la  suspensión  de  la  venida  a  esta  ca- 
pital de  la  Comisión  de  esa  Real  Academia  de  la  Histo- 
ria y  de  las  soluciones  que  esa  docta  Corporación  pro- 
pone para  continuar  la  labor  empezada  de  determinar 
la  verdadera  cuna  del  inmortal  Cristóbal  Colón.  En 
su  consecuencia,  reunida  aquella  Comisión  bajo  mi 
presidencia,  acorcíó  manifestar  a  V.  E.  lo  siguiente: 
1."  Aceptar  la  primera  de  las  soluciones  propuestas  por 
esa  Real  Academia,  rogando  a  V.  E.  haga  presente  a  la 
Comisión  elegida  de  su  seno  el  vehemente  deseo  que 
esta  Comisión  tiene  de  que  no  pase  el  año  próximo  de 
1918  sin  que  se  realice  el  viaje  suspendido;  2.°,  auto- 
rizar al  presidente  de  esta  Comisión  ejecutiva,  D.  Ra- 
fael López  de  Haro,  para  que  personalmente  haga  en- 
trega a  V.  E.  o  a  la  Secretaría  de  la  Excma.  Real  Aca- 
demia de  las  dos  exposicioi:kes  fechas  7  de  enero  y  24 
de  mayo  del  corriente  año,  presentadas  por  D.  Pruden- 
cio Otero  Sánchez,  y  de  la  ponencia  del  mismo  señor 
aprobada  por  esta  Comisión  fecha  15  de  agosto  y  de 
to'las'las  fotografías  y  demás  antecedentes  que  debían 

73 


PRUDENCIO       OTERO     'SÁNCHEZ 

presentarse  a  la  Comisión  de  la  Real  Academia,  para 
que  sean  conocidos  por  ésta  y  puedan  compulsar  su 
autenticidad  en  su  estancia  en  esta  capital ;  y  3.°,  rogar 
ai  Sr.  D.  Juan  Fernández  Gil,  miembro  correspondiente 
ae  esa  Rejl  Academia,  envíe  directamente  a  la  m'sma 
los  trabajos  que  tenía  preparados,  e  igual  ruego  al  miem- 
bro de  esta  Comisión  D.  Gerardo  Alvarez  Limeses.  De- 
jando, pues,  trasmitidos  los  acuerdos  de  esta  Comisión, 
séame  permitido  hacer  a  V.  E.  otro  ruego,  y  es  que,  au- 
torizado ya  por  esta  excelentísima  Diputación  provin- 
cial para  subvenir  a  los  gastos  que  la  venida  de  la  Comi- 
sión demande,  deseo  que  en  lo  sucesivo  hasta  termi- 
nar la  secuela  de  este  asunto  me  sean  dirigidas  las 
comunicaciones  de  V.  E.  en  el  carácter  de  presidente 
de  la  Asamblea  magna  Pro-Patria  Colón,  pues  es  el 
cargo  que  tengo  y  deseo  ostentar  por  ser  permanente, 
mientras  que  el  de  presidente  de  la  Diputación  es  tran- 
sitorio. Dios  guarde  a  V.  E.  muchos  años. — Pontevedra, 
diciembre  22  de  1917. — (Firmado.)  Antonio  Pazos. — 
Excelentísimo  señor  presidente  de  la  Real  Academia  de 
la  Historia.  Madrid." 

Con  fecha  10  de  enero  de  1918,  el  señor  presiden 
te  de  la  Comisión  ejecutiva  Pro-Patria  Colón,  don 
Rafael  López  de  Haro,  dio  cuenta  ante  la  Comisión  de 
haber  cumplido  su  cometido,  entregando  en  la  Secreta- 
ría de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  como  así  se 
había  acordado  en  la  sesión  de  22  de  diciembre  del 
año  anterior,  mis  dos  exposiciones  y  ponencia,  con  todas 
las  fotografías  y  demás  antecedentes  que  debían  haberse 

11 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

presentado  a  la  Comisión  de  la  Academia,  acordándose 
que  yo  continuase  en  mis  investigaciones  hasta  que  avi- 
sase su  viaje  a  esta  capital. 

Prosegui  con  paciencia  y  cariño  mis  trabajos,  y  al 
tiempo  en  que  eran  mayores  mis  esperanzas  de  obtener 
para  España  la  gloria  de  que  hubiese  sido  un  español 
el  descubridor  del  Nuevo  Mundo,  me  encuentro  con  ver- 
dadero asombro  que  el  Sr.  D.  Ángel  Altolaguirre, 
miembro  de  la  Real  Academia  de  la  Historia  y  presi- 
dente de  la  Comisión  que  de  su  seno  se  había  nombrado 
para  venir  a  esta  capital,  presenta  a  la  Corporación  y 
publica  en  el  Boletín  Oficial  de  la  misma  correspondien- 
te al  mes  de  marzo  un  trabajo,  en  el  cual  se  afirma  la 
patria  genovesa  de  Cristóbal  Colón. 


COLON,  GENOVES,  SEGÚN  UN  ACADÉMICO 

He  aquí  el  trabajo  del  Sr.  Altolaguirre,  titulado:  "La 
patria  de  D.  Cristóbal  Colón,  según  las  actas  notariales 
de  Italia": 

"Parecía  que  se  había  ya  fijado  el  criterio  universal 
reconociendo  que  el  descubridor  de  América  nació  en 
Genova,  cuando  el  Sr.  García  de  la  Riega  publicó  su 
obra  Colón,  español,  tratando  de  demostrar  que  fué  en 
Pontevedra  donde  vio  la  luz  primera  el  gran  navegante, 
doctrina  que  se  ha  abierto  algún  camino  merced  a  la 
activa  propaganda  que,  tanto  en  Galicia  como  en  Amé- 
rica, efectúan  los  entusiastas  partidarios  de  la  idea,  los 
que  procuran  captarse  adeptos  publicando  y  haciendo 
circular  con  profusión  copias  fotográficas  de  los  docu- 
mentos en  que  apoyan  sus  juicios  y  en  folletos  y  confe- 
rencias divulgan  los  argumentos  en  que  fundan  su  teo- 
ría (i). 


(i)  GWstóbal  Colón  nació  en  Pontevedra  en  el  año  1436 
o  en  el  1437,  y  fueron  sus  padres  Domingo  de  Colón,  llamado 
el  Mozo,  y  Susana  Fonterosa.  (La  Riega:  capítulo  XIV.) 

'77     • 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

Es  axiomático  que  para  fallar  un  pleito  en  justicia 
necesario  es  oír  los  alegatos  de  las  partes  contendientes, 
y  abundando  en  este  concepto,  perécenos  que  para  ilus- 
trar la  opinión,  a  nuestro  juicio  un  tanto  descarriada, 
será  conveniente  hacer  un  resumen  de  lo  que  nos  dicen 
las  actas  notariales  de  Italia  sobre  la  hasta  ahora  tenida 
por  familia  de  D.  Cristóbal  Colón. 

En  el  volumen  i,  parte  II,  de  la  Raccolta  Colombiana, 
y  precedidos  de  un  estudio  de  L.  T.  Belgrano  y  M.  Stag- 
lieno,  se  publicó  una  numerosa  colección  de  documen- 
tos, en  los  que  figuran  los  nombres  de  un  Cristóbal  de 
Colombo,  sus  padres,  hermanos  y  parientes  de  diversos 
grados. 

La  frecuencia  con  que  en  documentos  y  obras  apare- 
ce en  Italia  el  apellido  Colombo ;  el  haberse  descubierto 
que  algunos  de  los  documentos  en  que  figura  el  sobre- 
nombre del  primer  almirante  de  las  Indias  son  apócri- 
fos, y  el  no  poder  comprobarse  la  autenticidad  de  otros 
por  haber  sido  destruidos  o  no  encontrarse  los  origina- 
les, han  motivado  el  que  sean  acogidos  con  cierta  des- 
confianza los  documentos  notariales  de  Italia  y  no  se 
les  atribuya  todo  el  valor  que  como  fuente  de  conoci- 
miento histórico  tienen  la  mayor  parte  de  ellos. 

El  que  algún  documento  haya  resultado  falso  no  pue- 
de constituir  prueba  de  que  lo  sean  todos  los  demás,  y 
por  esto,  ínterin  no  se  demuestre  de  una  manera  evi- 
dente, como  resultado  de  una  investigación  directa  y 
reconocimiento  técnico,  que  son  apócrifos,  ttpdremos 
por  auténticos  todos  los  publicados  por  la  Real  Comisión 
Colombiana,  siempre  que  conste  la  existencia  y  sitio  en 
•    78 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLÓ  N 

que  se  hallan  depositados  los  originales,  a  fin  de  que 
pueda  ser  compulsada  la  autenticidad,  descartando,  en 
cambio,  como  medios  de  prueba,  aquellos  que  no  pue- 
den ser  cotejados  con  sus  originales  por  tjo  parecer  o 
haber  sido  éstos  destruidos. 

Partiendo  de  estas  bases,  haremos  un  sucinto  extrac- 
to de  los  que  se  refieren  al  Domingo  de  Colombo,  tenido 
por  padre  del  almirante  D.  Cristóbal. 

En  las  actas  notariales  extendidas  en  Genova  en  el 
siglo  XV,  para  evitar  que  las  personas  que  en  ellas  figu- 
raban pudieran  ser  confundidas  con  otras  que  tuviesen 
el  mismo  nombre  y  apellido,  se  hacía  constar  en  casi 
todas,  no  sólo  el  lugar  en  que  habían  nacidg  o  de  que 
eran  oriundos,  sino  también  el  nombre  de  su  padre,  an- 
teponiendo la  palabra  quondam  si  éste  había  ya  falleci- 
do, o  la  de  fillius  si  vivía. 

Los  documentos  extendidos  en  Saona  son,  por  regla 
general,  menos  explícitos,  y  suelen  no  contener  más  da- 
to que  el  del  punto  de  residencia  de  las  personas  que  en 
ellos  figuran. 

El  primer  documento  en  que  aparecen  los  nombres  de 
los  supuestos  abuelos  y  padre  de  D.  Cristóbal  Colón 
tiene  fecha  21  de  febrero  de  1429,  y  en  él  consta  que 
"lohannes  de  Columbo  de  Moconexi"  (i),  habitante  en 
la  villa  Quinti,  inmediata  a  Genova,  compareció  ante  el 


(i)  Moconoxí,  villa  situada  en  el  valle  de  Fontanabuona,  co- 
lindante con  el  de  Bisagno,  en  el  que  se  halla  la  Villa  Quinti; 
ambos  valles  están  próximos  a  Genova;  en  el  primero  se  en- 
cuentran también  Terrarossa  y  Fontanarossa,  y  en  el  segundo, 
Villa  Quarto. 

79 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

notario  de  esta  ciudad  ''Quirico  de  Albenga",  declaran- 
do que  colocaba  a  su  hijo  Domingo,  que  tenía  cerca  de 
once  años  de  edad,  como  aprendiz  de  tejedor  de  paños, 
en  casa  de  ''Guillermo  de  Bravante". 

Es  de  sumo  interés  este  documento,  que  demuestra 
que  en  1429  se  hallaba  ya  establecido  en  Genova  el 
abuelo  de  Cristóbal  Colombo,  y  sirve  de  punto  de  par- 
tida para  probar  que  el  que  fué  padre  de  éste,  Domingo 
de  Colombo,  que  a  la  sazón  sólo  tenía  once  años  de  edad, 
permaneció  establecido  en  Genova  o  Saona  hasta  su 
muerte. 

Diez  años  después,  en  i.°  de  abril  de  1439,  Domingo 
de  Colombo,  "filio  Iohannis'\  convertido  ya  en  maestro 
tejedor  de  paños,  toma  de  aprendiz  a  un  hijo  de  Pedro 
de  Verzia,  según  acta  otorgada  en  Genova  ante  el  nota- 
rio Benedicto  Peloso. 

La  identidad  de  nombre,  apellido,  profesión  y  nom- 
bre del  padre,  son  datos  bastantes  para  comprobar  que 
este  docum.ento  y  el  anterior  se  refieren  a  un  mismo 
Domingo  de  Colombo. 

En  6  de  septiembre  de  1440,  el  Monasterio  de  San 
Esteban  cede  en  enfiteusis  a  "Dominighino  Columbo 
textori  pannorum,  filio  lohannis",  un  terreno  en  la  vía 
Olivella,  en  el  que  se  hallaba  edificada  una  casa  lindan- 
te por  un  lado  con  un  edificio  propiedad  de  Bertore  de 
Valetariis,  y  por  otro  con  la  casa  de  Pedro  de  Croza  de 
Rapallo ;  el  censo  que  Dominico  tenía  que  satisfacer 
anualmente  era  de  15  soldi  y  2  y2  denari,  apareciendo 
deudor  por  este  concepto  y  cantidad  en  los  libros  del 

8Q 


ESPAÑA,     PATRIA      DE     COLON 

Monasterio  correspondientes  a  los  años  de  1456-57-58- 
59  y  60. 

En  20  de  abril  de  1448  los  hermanos  Antonio  y  Do- 
mingo de  Colombo,  quondam  lohannis,  habitantes  en 
Villa  Quinti,  se  obligan  en  Genova,  ante  el  notario  Anto- 
nio Fazio  por  el  resto  de  la  dote  de  su  hermana  Bat- 
tistina. 

Este  documento  nos  da  a  conocer  que  el  Juan  de  Co- 
lombo de  Moconexi  habitante  en  Villa  Quinti,  que  figu- 
ra en  el  acta  de  21  de  febrero  de  1429,  tuvo  además  de 
Domingo  de  Colombo  otro  hijo  llamado  Antonio  y  una 
hija  de  nombre  Battistina. 

Según  consta  en  acta  otorgada  en  Genova  ante  el  no- 
tario Jacobo  Bonvino,  "Dominico  de  Columbo,  textorí 
pannorum  lañe  in  lanua  quondam  lohannis^',  adquirió 
«n  26  de  marzo  de  1451  una  parcela  de  terreno  "in  po- 
testacia  Bissamnis  in  Villa  Quarti". 

En  18  de  enero  de  1455  el  Monasterio  de  San  Este- 
ban cede  en  enfiteusis  a  "Dominico  Columbo,  textori 
pannorum  lañe",  un  terreno  "in  burgo  Sancti  Stephani", 
sobre  el  que  estaba  edificada  una  casa  que  lindaba  por 
un  lado  con  fincas  de  Juan  de  Palavania  y  por  otro  con 
edificios  de  propiedad  de  Antonio  Bondi ;  más  adelante, 
al  ocuparnos  del  litigio  a  que  dio  lugar  esta  propiedad, 
demostraremos  que  el  Domingo  Colombo  a  que  se  hace 
la  cesión  es  el  Domingo  Colombo  hijo  de  Juan,  vecino 
de  Villa  Quinti. 

En  4  de  junio  de  1460,  en  la  ciudad  de  Genova,  y 
ante  el  notario  Juan  Valdettaro,  es  testigo  y  fiador  "Do- 
minicus  de  Columbo,  frater  Antonius  de  Coliunbo,  ha- 
Sí 


PRUDENCIO       OTERO      SANCHBZ 

bitator  Villa  Quinti,  potestacie  Bisanmis,  qiiondam 
lohannis",  en  el  compromiso  contraído  por  Antonio- 
para  colocar  a  su  hijo  Juan  de  aprendiz  en  casa  del 
sastre  Antonio  de  Planis;  este  Juan,  llamado  así  sin 
duda  por  ser  el  nombre  de  su  abuelo,  es  más  que  pro- 
bable que  tuviera  por  segundo  el  de  Antonio,  que  era 
el  de  su  padre,  y  fuera,  por  tanto,  el  Juan  Antonio  Co- 
lombo  que  más  adelante  ha  de  servirnos  en  nuestro  re- 
lato para  identificar  la  personalidad  del  gran  descu- 
bridor. 

Según  acta  levantada  en  Genova  el  15  de  marzo 
de  1462  por  el  notario  Andrea  de  Cairo,  ''Dominicus 
de  Colombo,  textor  pannorum  lañe,  quondam  lohan- 
nis'\  fué  testigo  del  pago  de  una  deuda  de  50  liras  he- 
cho a  Antonio  Leverone,  y  en  5  de  julio  de  1464,  el 
mismo  ''Dominicus  de  Columbo  quondam  lohanni^', 
aparece  en  Genova  como  formaiarius,  declarando  ante 
el  notario  Juan  Valdettaro  adeudar  15  liras  a  Jerónimo 
delle  Vigne,  figurando  también  en  idéntica  forma  y  como 
testigo  en  una  sentencia  arbitral  inserta  en  acta  exten- 
dida en  Genova  el  14  de  septiembre  de  1465  por  el  nota- 
rio Benedicto  Peloso. 

En  17  de  enero  de  1466  ''Dominicus  de  Columbo, 
quondam  lohannis  textor  pannorum  lañe,  habitator  la- 
nue  in  contracta  extra  portam  Sancti  Andree",  afianza' 
en  Genova,  ante  el  notario  Andrea  de  Cairo,  la  evicción 
de  una  tierra  en  Villa  Quarti,  que  vendió  su  primo  iher- 
mano  lohannes  de  Columbo  de  Moconexi,  quondam 
Luce'\ 

El  primer  documento  en  que  aparece  en  Saona  tiene 

82 


SSPAÑA,     PATRIA      DE      COLON 

fecha  2  de  marzo  de  1470,  y  por  él  consta  que  ante  el 
notario  Juan  Gallo  tomó  a  su  servicio  "Dominicus  de 
Columbo  civis  lanue,  quondam  lohannis  de  Quinto,  tex- 
tor pannoruní  et  tabernarias"  a  Bartolomé  Castagnelli. 

En  extremo  interesante  es  el  acta  extendida  en  Ge- 
nova en  22  de  septiembre  de  1470  por  el  notario -Jacobo 
Calvi,  en  la  que  consta  que  ''Dominicus  de  Columbo 
quondam  lohannis  y  Chrisioffoms,  eitis  filius",  en  pre- 
sencia y  con  el  consentimiento  de  su  padre,  toman  por 
arbitro  de  sus  diferencias  con  Jerónimo  de  Portu  a  Juan 
Agustín  de  Coano. 

La  sentencia  arbitral  la  dictó  Coano  el  28  del  mismo 
mes  y  año,  ante  el  notario  Calvi,  y  por  ello  condenó  a 
"Dominiami  de  Columbo  et  Christophorum  eius  films" 
al  pago  de  35  liras  a  Jerónimo  de  Portu. 

Tan  importante  o  más  que  la  anterior  es  el  acta  exten- 
dida en  Genova  el  31  de  octubre  de  1470  por  el  notario 
Nicolás  Raggio,  y  en  la  que  ''Chistof  forus  de  Columbo, 
filius  Dominici  maior  annis  decemnovem  et  in  presentía 
auctoritate  concilio  et  consensu  dictis  Dominici  eius  pa- 
tris  presentís  et  autorizantís",  se  declara  deudor  de  una 
cantidad  por  resto  de  una  partida  de  vinos  que  vendie- 
ron por  cuenta  de  Pedro  Belexio  de  Portu.  Si  se  tiene 
en  cuenta  que  en  el  acta  de  2  de  marzo  de  1470  Do- 
mingo de  Columbo,  vecino  de  Genova,  ''quondam 
lohannis  de  Quinto",  figura  como  tejedor  de  paños  y 
comerciante  en  vinos  (tabernarius),  y  en  las  de  22  y  28 
de  septiembre  de  1470  este  mismo  Domingo  de  Colum- 
bo, quondam  lohannis,  aparece  como  padre  de  Cristóbal 
Colombo,  no  puede  ofrecer  duda  que  el  Domingo  Co- 

83 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

lumbo,  comerciante  en  vinos  y  padre  del  Cristóbal  Co- 
lumbo  que  aparece  en  el  acta  de  31  de  octubre  de  1470, 
últimamente  citada,  es  el  mismo  Domingo  Colombo, 
hijo  del  Juan  Colombo,  habitante  en  Villa  Quinti,  que 
figura  en  la  primera  de  todas  las  actas  citadas,  y  lo 
mismo  el  "Dominicus  Columbus  lanerius  habitator 
Saone",  que,  en  unión  de  su  hijo  Cristóbal,  reconocen 
en  acta  otorgada  en  Saona  por  el  notario  Tomás  del 
Zocco,  el  26  de  agosto  de  1472,  ''deber  ciento  quarenta 
liras  a  Juan  de  Signorio",  pudiendo,  por  tanto,  afirmar- 
se que  existe  un  perfecto  enlace  entre  todos  los  doai- 
nientos  de  que  hemos  hecho  mención,  los  cuales  prueban 
que  desde  1429  hasta  1470,  en  que  aparece  por  vez  pri- 
mera en  las  actas  Cristóbal  Colombo,  su  familia  residió 
en  Italia,  y  él  y  su  padre,  en  Genova,  sin  que  exista 
dato  alguno  que  permita  suponer  que  éste  cambiara  de 
residencia,  una  vez  que  entre  las  fechas  de  unas  a  otras 
actas  no  media  gran  espacio  de  tiempo,  y  en  todas  figu- 
ra ejerciendo  su  oficio  de  tejedor  de  paños  o  dedicado 
a  empresas  mercantiles,  que  requerían,  como  el  comer- 
cio de  vinos,  permanencia  en  la  localidad. 

En  Genova,  el  25  de  mayo  de  1471  "Suzana,  filki 
quondam  lacobi  de  Fontanarubea  et  uxor  Dominici  de 
Columbo  textoris  pannorum  lañe,  presentes",  ratifica 
ante  el  notario  Francisco  Camogli  la  venta  de  un  in- 
mueble a  "Goagninus  de  Fontanarubea  fratem  ipsius 
Suzane" ;  que  este  Domingo  de  Colombo  es  el  hijo  de 
Juan  a  que  en  todo  este  trabajo  nos  venimos  refiriendo, 
lo  demuestra  el  acta  en  que  cinco  días  después  los  mis- 
mos "Goagninus  de  Fontanarubea  y  Dominicus  de  Co- 
■  84        ^ 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

lumbo  textor  pannorum  lañe,  quondam  lohannis",  nom- 
bran ante  el  notario  Ambrosio  Garumbero  dos  arbitros 
para  dirimir  sus  diferencias,  y  la  de  14  de  abril  de  1472, 
en  la  que  se  hace  constar  que  ante  el  mismo  notario 
''Dominicus  de  Columbo  textor  panMorum  lañe,  quon- 
dam lohannis"  recibe  en  Genova  de  Guagnino  de  Fon- 
tanarubea  determinada  cantidad,  como  resultado  de  la 
venta  del  inmueble  a  que  se  refiere  el  acta  de  25  de  mayo 
de  1471. 

En  7  de  agosto  de  1473,  ante  el  notario  de  Saona 
Pedro  Corsaro:  "Sozana,  filia  quondam  lacobi  de  Fon- 
tanarubea  de  Benzagno  et  uxor  Dominici  de  Columbo 
de  lanua  ac  Christophorus,  et  lohannis  Pelegrenius, 
ñlii  dectorum  Dominici  et  Sozane,  iugalium  et  cum  auc- 
toritate  et  consentu  dictorum  parentum  suorum  presen- 
tium",  consienten  en  la  venta  que  iba  a  hacer  Domingo 
de  una  casa  que  poseía  *'in  civitate  lanue  in  contrata 
porta  Olivella". 

Expuesto  queda  que  en  las  actas  notariales  de  Sao- 
na no  suele  aparecer  el  nombre  del  padre  de  Domingo 
de  Colombo,  como  sucede  en  las  de  Genova;  por  eso 
tenemos  que  recurrir  a  ellas  para  la  comprobación,  y,  en 
efecto,  aparte  de  que  en  el  acia  ya  citada  de  6  de  sep- 
tiembre de  1440  consta  que  el  Monasterio  de  San  Este- 
ban cedió  en  enfiteusis  a  "Dominighino  Columbo,  textori 
pannorum,  filio  lohannis"  (ya  hemos  dicho  que  cuando 
el  padre  era  vivo  anteponían  a  su  nombre  la  palabra 
füius,  y  cuando  era  muerto,  la  de  quondam),  una  casa  en 
la  vía  Olivella,  encontramos  que  en  Genova,  el  8  de 
abril  de  1480,  y  ante  el  notario  Juan  Bautista  Parissola, 

85 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

"Dominicus  Columbus  quondam  lohannis  laneriiis",  re- 
cibe de  Pedro  de  la  Celia  ciento  cincuenta  y  cinco  liras, 
precio  de  la  casa  que  le  vendió  en  vía  Olivella  el  24 
de  septiembre  de  1473 ;  resulta,  pues,  que  el  Domingo 
Columbo,  a  quien  su  mujer  Suzana  y  sus  hijos  Cristó- 
bal y  Juan  Pelegrino  autorizaron  en  Saona,  el  7  de  agos- 
to de  1473,  para  la  venta,  que  tuvo  lugar  el  24  del  mes 
siguiente,  de  la  casa  en  Porta  Olivella,  es  el  mismo  Do- 
mingo de  Colombo  a  que  nos  venimos  refiriendo,  sin  que 
el  hecho  de  que  en  el  acta  de  autorización  sólo  figuren 
como  hijos  del  matrimonio  Cristóbal  y  Juan  Pelegrino 
signifique,  como  supone  el  Sr.  La  Riega,  que  no  tuvie- 
ran más,  pues  bien  podían  tener  otros  que  se  hallaran 
ausentes  o  que  en  la  fecha  que  se  otorgó  el  documento 
no  alcanzasen  la  edad  necesaria  para  obligarse. 

Y  puesto  que  del  trabajo  del  Sr.  La  Riega  (i)  nos 
ocupamos,  hemos  de  hacer  una  observación  que  sus  teo- 
rías nos  siígiere:  afirma  que  la  madre  del  gran  nave- 
gante se  llamaba  Susana  Fonterosa,  y  cree  que  el  Cris- 


(1)  La  Riega:  cap.  X,  pág.  109.  El  apellido  Fonterosa  apa- 
rece (en  Galicia)  con  los  nombres  de  Abraham,  Eleazar,  Jacob 
el  Viejo,  otro  Jacob  y  Benjamín;  la  madre  de  Colón  se  llama- 
ba Suzana;  si  el  Almirante  pertenecía  a  esta  familia,  hebrea 
sin  duda,  ¿no  habíamos  de  disculparle  su  resolución  de  no 
revelar  estos  antecedentes,  dado  el  odio  de  raza,  etc.? 

"Creo  que  no  hay  necesidad  de  echar  por  tierra  toda  la 
historia  de  Colón;  basta  presumir  que  ese  Christophoro  Co- 
lombo lanerio  en  1472,  y  que  en  otro  documento  de  1473  figura 
con  su  hermano,  Juan  Pelegrino,  era,  sin  duda,  persona  distinta 
de  la  de  Cristóbal  Colón,  descubridor  de  América."  (Colón, 
español,  pág.  88.) 

86 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

tóbal  Colombo  que  figura  en  las  actas  notariales  de  Ita- 
lia no  era  el  Cristóbal  Colón  de  España ;  ante  tales  afir- 
maciones nos  permitimos  preguntar  a  los  que  siguen  las 
teorías  del  Sr.  La  Riega :  ¿  en  qué  documento  se  ha  en- 
contrado el  nombre  de  la  madre  del  primer  almirante 
de  las  Indias  ?  Por  creer  que  éste  y  el  Cristóbal  de  Co- 
lombo de  Genova  eran  una  misma  persona  se  ha  tenido 
por  su  madre  a  la  Suzana  Fonterosa  que  figura  en  las 
actas  notariales  de  Saona  y  Genova;  pero  si  eran  dos 
distintas  individualidades,  confesamos  nuestra  ignoran- 
cia; no  se  nos  alcanza  en  qué  pruebas  fundó  el  señor 
La  Riega  sus  afirmaciones,  que,  de  ser  ciertas,  entraña- 
rían la  sorprendente  coincidencia  de  que  tuvieran  los 
mismos  nombres  y  apellidos  las  madres  del  Cristóbal 
Colombo  de  Italia  y  la  del  Cristóbal  Colón  de  España. 
Por  otra  parte,  si  estos  Colombos  de  Genova  y  Saona 
no  pertenecían  a  la  familia  del  Almirante;  si  es  cierto 
lo  que  dice  el  Sr.  La  Riega  de  que  lo  único  que  se  ob- 
tiene en  limpio  del  estudio  de  los  documentos  notariales 
es  que  "los  italiünos  de  apellido  Colombo  eran  otros  Ló- 
pez, no  eran  de  los  llamados  de  Colón  con  antecesores 
Rosnados  de  Colón''  (i),  ¿en  qué  se  fundó  el  autor  de 
las  novísimas  teorías  sobre  la  patria  del  gran  navegante 
para  afirmar  que  éste  empezó  su  carrera  de  marino  el 
año  145 1,  a  los  catorce  de  edad,  poco  más  o  menos, 
y  que,  emigrados  de  Pontevedra  sus  padres  y  su  her- 
mano Bartolomé,  a  fines  de  1452  o  principios  de  1453, 
se  reunió  con  ellos  en  Portugal,  marchando  postcrior- 


(i)     Colón,  español,  pág.  96. 
87 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

mente  toda  la  familia  a  Italia,  estableciéndose  desde  lue- 
go en  Genova  y  trasladándose  más  tarde  a  Saona?  (i) 
¿  En  qué  documento  o  fuente  seria  de  conocimiento  his- 
tórico encontró  el  Sr.  La  Riega  d  apellido  de  Colón, 
en  Genova  y  Saona,  en  esta  época  y  qué  datos  para  afir- 
mar que  allí  emigrara  la  familia  entera  de  los  Colones 
de  Pontevedra?  En  ningún  documento  de  Genova  o 
Saona  aparece  el  apellido  de  Colón;  en  todos  es  el  de 
Colombo  Q  Colümbo. 

Siguiendo  el  estudio  de  las  actas,  encontramos  que  en 
5  de  noviembre  de  1476,  ante  el  notario  de  Genova  Juan 
de  Benedetti,  ''Dominicus  de  Columbo,  fextor  panno- 
rum  lañe  quondant  lohannis,  habitator  Saona",  cede  un 
crédito  que  tenía  contra  Nicoli  Masglio. 

El  23  de  enero  de  1477,  y  según  acta  extendida  en 
Saona  por  el  notario  Juan  Gallo:  "Suzana,  filia  quon- 
dam  lacqbi  de  Fontanarubea  et  uxor  Dominici  de  Co- 
lumbo lanerii  civis  et  habitatoris  Saone",  da  consenti- 
miento a  éste  para  la  venta  de  la  casa  sita  "in  burgo 
Sancti  Stephani  indita  civitates  Tanue  in  contracta  Sanc- 
ti  Andre" ;  aunque  ya  queda  demostrado  que  el  Domi- 
nico de  Colombo,  marido  de  Susana,  era  el  hijo  de  Juan, 
conviene  hacer  constar  que  esta  casa,  cuya  venta  auto- 
riza Susana,  es  la  en  que  vivían  en  1466,  según  se  ex- 
presa en  el  acta  de  17  de  enero,  extendida  por  el  nota- 
rio Andrés  de  Cairo,  didendo  que  Dominico  de  Colum- 
bo era  hijo  de  Juan  y  que  vivía  "en  contracta  extra  por- 
tam  Sancti  Andre". 


(i)     Colón,  español  páí?.  174. 


ESPAÑA,     PATRIA     DE.    COLON 

Para  demostrar  cuan  a  la  ligera  escribió  el  Sr.  La 
Riega  su  trabajo  y  lo  poco  que  estudió  los  documentos 
italianos,  vamos,  aun  a  trueque  de  extendemos  más  de 
lo  que  quisiéramos,  a  reproducir  lo  que  dice  respecto  a 
;a  autorización  dada  por  Susana  en  23  de  enero  de  1477. 

Lo  extraño  es — expone  el  Sr.  La  Riega  (i) — que  el 
sabio  Harrisse,  que  no  tenía  gran  confianza,  según  dice 
el  académico  Sr.  Asensio,  en  la  autenticidad  de  varios 
documentos  italianos,  no  haya  advertido  la  contradic- 
ción evidente  entre  el  relativo  a  la  venta  por  Domenico 
Columbo  de  una  casa  de  Genova,  el  año  1477,  y  ^1  que 
contiene  la  cesión  de  la  misma  casa  en  1489,  hecha  por 
el  propio  Domenico  a  su  yerno  Jacobo  Bavarello,  y  por 
no  ser  menos  que  el  Sr.  Harrisse,  que,  según  dice  que 
dijo  el  Sr.  Asensio,  dudaba  de  la  autenticidad  de  varios 
documentos  italianos,  el  Sr.  La  Riega,  ya  que  hizo  el 
descubrimiento  de  esta  contradicción,  se  lanza  a  sos- 
pechar que  "la  persona  que  encontró  uno  de  estos  pa- 
peles ignoraba  sin  duda  la  existencia  del  otro*'. 

Veamos  ahora  lo  que,  respecto  al  documento,  dice  el 
Sr.  Harrisse:  "On  vient  de  le  voir,  la  propriété  décrite 
dans  le  contrat  Corsaro  n'est  peut-etre  plus  possédée 
en  1477  puisque  le  23  Janvíer  de  cette  année  sa  femme 
en  ratifie  la  vente  ou  la  promesse  de  vente,  Cependant 
douze  ans  aprés,  Domenico  avait  encoré  un  inmeuble  en 
•ce  endroit,  car  nous,  donnons  une  transaction  de  1489, 
par  laquelle  il  transporte  á  son  gendre  une  Aaison  avec 
boutique  jardin...  Malhereiisement,  le  prisée  faite  de- 


(i)    Colón,  español  (Madrid,  1914),  pág.  94. 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

van  M*^  Domenico  de  Villa  et  contenant  une  description 
plus  détaille  n'a  pu  étre  retrouvée.  Nous  ne  saurions 
done  diré  positivement  s'il  s'agit  ici  d'un  nouvel  inmeu- 
ble  ou  de  celui  qui  fut  aliené  en  1477  que  Domenico 
aurait  racheté  et  si  les  contributions  pagées  en  1457-60 
s'appliquent  a  cette  propriété  méme  ou  á  une  autre  si- 
tuée  aussi  in  contracta  Sancti  André. 

Repondré  af firmativement,  c'est  admcttré  que  Domi- 
nico posséda  en  1457,  14^3,  I474  et  jusq'en  1477  une 
maison,  et  en  méme  temps,  mais  iusqu'en  1489-92  une 
autre,  si  prés  de  la  premiére,  qu'elle  etait  également 
adossée  a  la  muraille  de  la  ville,  et  aussi  en  fagade  sur 
la  voie  Saint-André,  entre  la  porte  et  Mulcento.  Cela 
n'a  rien  d'impossible,  mais  jusqu'á  plus  ampie  informé. 
nous  penchons  á  croire  que  toutes  ees  données  ne  portent 
que  sur  une  seule  maison,  celle  qui  fut  V  oh  jet  d'unc 
promesse  de  vente  en  14.77,  et  que  si  Domenico  put  ¡a 
transporter  a  son  gendre  en  1489,  c^est  qu'il  Vavait  ra- 
chetée  ou  reprise  dePietro  Antonio  de  Garesio,  ou  bien 
que  la  promesse  de  vente  ne  fut  pas  suivie  d'effet"  (i). 

Resulta,  pues,  que  el  Sr.  Harrisse,  no  sólo  vio  la  apa- 
rente contradicción,  sino  que,  fijándose  en  que  el  acta 
de  23  de  enero  de  1477  no  constituye  una  escritura  de 
transmisión  de  dominio,  sino  que  sólo  autoriza  para  que 
la  venta  se  verifique,  aprecia  las  dos  soluciones  que  na- 
turalmente pueden  darse :  o  qu£  la  venta  no  se  realizó, 
o  que,  si  llegó  a  efectuarse,  la  finca  volvió  a  ser  propie- 


(i)     Christophe  Colomh,  son  origine,  sa  vie,  s»s  voyages,  sa 
famille,  etc.,  par  Henry  Harrisse.  París,  18S4.  Tomo  I,  pág,  206, 

90 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

dad  de  Domingo  Colombo,  una  vez  que  éste  la  poseía 
en  1489,  once  años  después,  e  hizo  cesión  de  ella  a  su 
yerno  Jacobo  Bavarello ;  lo  que  no  hizo  el  Sr.  Harrisse 
fué  incluir  este  acta  entre  aquellas  de  cuya  autenticidad 
dudaba;  pudo,  por  tanto,  la  persona  que  encontró  uno 
de  estos  papeles  conocer  sin  duda  alguna  la  existencia 
del  otro  y  darse  la  cuenta,  que  no  se  dio  el  Sr.  La  Riega, 
de  que,  entre  ellos,  no  existe  contradicción  que  dé  lugar 
a  sospechar  de  falsedad. 

Respecto  al  documento  de  1489  a  que  nos  venimos 
refiriendo,  es  un  acta  extendida"  en  Genova  por  el  notario 
Lorenzo  Costa  el  21  de  julio  de  1489,  por  la  que  Do- 
mingo de  Columbo  hace  cesión  a  Jacobo  Bavarello  de  la 
casa  fuera  de  la  Puerta  de  San  Andrés ;  en  este  docu- 
mento, dice  el  Sr.  La  Riega,  "figura  Domenico  Columbo 
como  administrador  de  sus  hijos  Cristóbal,  Bartolomé  y 
Jacobo,  hijos  también  y  herederos  de  una  Suzana  sin 
apellido.  El  Dominico  cede  a  Bavarello  la  casa  cercana 
a  la  Puerta  de  San  Andrés  de  Genova,  y  no  dice  si  el 
cesionario  era  lanero  de  esta  ciudad  o  de  Saona.  Ha 
desaparecido  Juan  Pellegrino,  acaso  por  fallecimiento, 
y  aparecen  Bartolomé  y  Diego,  que  no  figuran  como. hi- 
jos del  Domenico  y  de  Suzana  de-  Fontanarubea,  en 
otro  documento  de  Genova,  año  1477,  en  el  que,  según 
queda  dicho,  se  menciona  tres  veces  como  hijos  tan 
sólo  a  Cristóforo  y  al  Juan  Pelegrino,  sin  aludir  por 
ningún  concepto  a  Bartolomé,  a  Jacobo  (Diego)  y  a 
Blanchinetta.  El  papel  de  1489  tampoco  consigna  el 
apellido  de  Suzana.  Nada  dice  de  Blanchinetta;  pero 
Harrisse  objeta  que  las  hembras  no  heredaban,  sino  que 

91 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

recibían  en  dote.  Esto  es  un  error,  y  aunque  no  lo  fuera 
bastaba  que  esa  dote  saliese  de  la  herencia  para  que  el 
Domenico  figiirase  como  administrador  también  de  Blan- 
chinetta  y  ésta  acompañase  a  los  otros  en  la  mención.  El 
mismo  documento  no  dice  si  Cristóforo,  Bartolomé  y 
Jacobo  estaban  o  no  ausentes,  pero  el  Jacobo  aparece  en 
otro  papel  prestando  su  consentimiento  a  un  acto  de 
Dominico  Colombo,  y  no  se  explica  por  qué  no  figura 
consintiendo  la  cesión  de  la  casa  a  Bavarello,  pues  o  era 
mayor  de  edad  para  los  dos  actos  o  no  lo  era  i^ara  nin- 
guno (i).  Si  no  fuera  por  el  respeto  que  el  nombre  y  los 
prestigios  del  Sr.  La  Riega  nos  merecen,  tendríamos 
motivos  para  sospechar  que  el  apasionamiento  por  su 
idea  le  lleva  a  no  proceder  con  la  rectitud  que  corres- 
j)onde  a  un  historiador  serio,  i  Por  qué  no  dice  la  fecha 
del  papel  en  que  Jacobo  aparece  prestando  su  consenti- 
miento a  un  acto  de  Domingo  Colombo  ?  En  primer  tér- 
mino, en  21  de  julio  de  1489  actúa  Domingo  Colombo 
como  padre  y  legitimo  administrador  de  los  bienes  he- 
redados de  su  madre  por  Cristóbal,  Bartolomé  y  Jacobo, 
y  al  no  determinar,  que  se  hallaban  presentes,  como  se 
especificaba  siempre  en  las  actas  notariales,  es  que  se 
hallaban  ausentes. 

El  acta  a  que  el  Sr.  La  Riega  hace  referencia  está 
fechada  en  Saona  el  17  de  noviembre  de  1491,  y  en 
ella  "Domenico  Colombo  quondam  lohannis"  acusa  re- 
cibo de  sesenta  libras  a  Nicolás  Rusca,  consintiendo 
Jacobo  Colombo;  este  doaimento  lo  publicó  el  Sr.  Ha- 


(t)     La  Riega:  Colón,  esyañol,  pág.  95- 

92 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

rrisse  en  el  apéndice  al  tomo  II,  pág.  443,  de  su  obra 
Christoforo  Colonibo,  y  pertenece  a  aquellos  que,  por  no 
parecer  los  originales,  no  tenemos  nosotros  en  cuenta; 
pero  al  solo  e/ecto  de  las  observaciones  del  Sr.  La  Rie- 
{?a,  hacemos  presente  que  el  documento  de  21  de  julio 
de  1489  está  otorgado  en  Genova,  y  el  de  17  de  noviem- 
bre de  1491  se  fecha  en  Saona ;  de  modo  que,  por  razón 
del  lugar,  aunque  los  documentos  tuvieran  fechas  pró- 
ximas, pudo  muy  bien  estar  Jacobo  en  Saona  y  no  con- 
currir al  acto  de  Genova,  y  por  razón  del  tiempo,  aun 
estando  ausente  de  Italia,  en  más  de  veintisiete  meses 
que  median  desde  el  21  de  julio  de  1489  a  17  de  no- 
viembre de  1491,  tuvo  sobrado  tiempo  para  regresar  a 
Saona,  y  de  llegar  a  la  mayor  edad  si  era  menor  en  la 
primera  de  las  indicadas  fechas,  cosa  de  que  ahora  no 
hemos  de  ocuparnos,  y  por  esto  no  figuró  en  el  acta, 
consintiendo  la  cesión  de  la  casa. 

Como  estos  datos  no  pudo  ignorarlos  el  Sr.  La  Riega, 
puesto  que  es  la  obra  de  Harrisse  la  que  respecto  a  los 
documentos  italianos  le  sirve  de  guía  en  sus  estudios,  es 
verdaderamente  extraña  la  ocultación  que  Jiace  de  la 
fecha  de  17  de  noviembre  de  149 1  y  las  consecuencias 
que  saca  del  documento. 

Respecto  a  que  en  el  acta  otorgada  en  Saona  el  7  de 
agosto  de  1473,  ante  el  notario  Pedro  Corsaro,  y  no 
en  Genova,  como  dice  el  Sr.  La  Riega  (i),  aparezcan 
sólo  Cristóbal  y  Juan  Pelegrino,  autorizando  el  consen- 
timiento que  su  madre  da  a  su  marido,  Domingo  Co- 


(i)    Colón,  español,  pág.  S9. 

93 


PRUDENCIO     ^OTERO      SÁNCHEZ 

lombo,  para  la  venta  de  la  casa  de  Puerto  Olivella,  no 
significa  que  el  matrimonio  no  tuviera  otros  hijos,  sino 
que  éstos  eran  los  que  se  hallaban  a  la  sazón  en  Saona 
con  condiciones  legales  para  hacer  renuncia  de  sus  de- 
rechos sobre  la  expresada  finca. 

Juan  Pelegrino  debió  fallecer  antes  del  21  de  juHo 
de  1489,  pues  no  figura  ni  en  el  acta  de  esta  feoha  ni 
en  ningún  documento  posterior. 

Si  el  Sr.  La  Riega,  ya  que  no  tuvo  a  la  vista  la  Rae- 
eolia  Colombina,  publicada  años  antes  que  su  folleto, 
hubiera  al  menos  estudiado  con  detenimiento  los  docu- 
mentos que  publicó  M.  Harrisse,  habría  encontrado  en 
el  que  tiene  fecha  26  de  octubre  de  15 17  la  explicación 
del  de  9  de  julio  de  1489,  y  el  por  qué  no  figura  en  él 
Blanchinetta  ni  estuviera  representada  por  su  padre. 

En  dicho  día  de  26  de  octubre  de  15 17,  Jacobo  Ba- 
varello  emancipó  a  su  hijo  Pantaleón,  de  más  de  vein- 
tisiete años  de  edad ;  el  acta  con  que  este  hecho  se  prue- 
ba no  la  conoció  M.  Harrisse  (i),  pero  sí  la  que  se  ex- 
tendió el  nuevo  día  y  por  el  mismo  notario  Juan  Bau- 
tista Pariseia  (2),  y  en  la  que  consta  que  Jacobo  Bava- 
rello  se  convino  con  su  hijo  Pantaleón  respecto  a  la 
dote  de  la  difunta  Blanchinetta,  madre  de  Pantaleón  e 
hija  de  Domingo  Colombo;  es  esta  acta  en  extremo  in- 
teresante, porque  en  ella  se  hace  relación  de  la  dote 
prometida  en  documento  público  por  "Domenico  Co- 
lumbi,  textori  pannorum  lañe"  a  su  hija  Blanchinetta, 


(i)    Raccolta  Colombina,  parte  II,  vol.  I,  doc.  CXI. 
(2)     Christophe  Colom,  apéndice,  tomo  II,  pág.  451. 
94 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

se  declara  ''quod  ex  dictis  lacobo  et  Blanohinetta  euis 
prima  uxore  iugalibus  et  in  figura  matrimonii  habitan- 
tibus  natus  et  procreatus  fiierit  de  legiptimo  matrimo- 
nio Pantaliniis  filius  legiptimus  et  naturalis  dicti  lacobi 
ex  dicta  Blanchinetta  et  cuius  quondam  Blanquinette 
dictus  Pantalinus  fuit  et  est  unicus  filius  et  heres  in 
solidum",  que  sobre  la  valoración  de  los  bienes  de  Do- 
mingo, surgió  un  litigio  entre  éste  y  Bavarello,  no  con- 
formándose aquél  con  la  sancionada  por  el  vicario  del 
podestá,  la  cual  aprobó  al  fin  en  9  de  enero  de  1489, 
llegándose  a  una  transacción  en  21  de  julio  siguiente, 
haciéndose  constar  en  el  acta  notarial  ''quod  contra  dic- 
tum  extimum  per  dictum  Dominicum  tanquam  patreni 
et  legitimum  administratorem  Qiristophori  Bartholomei 
et  lacobi  filiorum  ipsius  Dominici  ac  filiorum  et  here- 
dum  quondam  Suzane  eorum  matris,  olim  uxoris  dicti 
quondam  Dominici  fuerit  ellevata  canela  et  super  boc 
diti  fuerit  litigatum  per  interdictas  partes  et  iam  facte 
multe  et  diverse  expense",  cede  la  propiedad  de  la  casa 
a  Bavarello,  reservándose  el  que  vuelva  a  ser  suya,  si 
antes  del  término  de  dos  años  le  satisface  la  suma  de 
doscientas  cincuenta  libras  en  que  había  sido  apreciada. 
Aparte  de  estos  conceptos  y  de  que  confirma  la  exis- 
tencia de  las  actas  de  21  de  julio  de  1489  y  31  de  marzo 
de  1492,  la  de  26  de  octubre  de  15 17,  de  que  nos  veni- 
mos ocupando,  tiene  también  importancia,  porque  gra- 
cias a  ella  se  prueban  dos  hechos  de  interés  para  nuestro 
estudio:  uno  el  que  en  15 17  se  hallaba  casado  y  esta- 
blecido en  Genova  un  sobrino  carnal  de  Cristóbal  Co- 
lombo,  hijo  de  su  hermana  Blanchinetta;  otro  el  que, 

95 


PRUDENCIO      OTERO      SANCHBZ 

a  consecuencia  del  litigio  sostenido  por  Bavarello  con 
Domingo  Colombo  y  sus  hijos  Cristóbal,  Bartolomé  y 
Diego,  fueron  éstos  desposeídos  de  la  casa  que,  situada, 
según  el  acta  de  31  de  marzo  de  1492  (i),  '4n  burgo 
Sancti  Stephani,  in  carrubeo  plani  Arbicrorum,  cui 
coheret  ante  carubeus  ab  uno  latere  domus  lohannis  de 
Palavania  et  ab  alio  latere  domus  Thome  Carboni",  que 
es  la  misma  que  en  18  de  enero  de  1455  ¡había  dado  en 
enfiteusis  a  Domingo  Colombo  el  Monasterio  de  S.  Ste- 
íano;  asi  decía  el  acta  '4n  burgo  Sancti  Stephani  cuit 
coheret  ante  carubeus  ab  uno  latere  domus  lohannis  de 
Palavania  ab  alio  latere,  domus  Antonü  Bondi",-una 
de  las  casas  vecinas  había  cambiado  de  dueño,  pero  la 
otra  continuaba,  al  cabo  de  treinta  y  siete  años,  perte- 
neciendo a  Juan  de  Palavania. 

El  término  de  este  litigio,  por  el  que  los  hijos  de 
Domenico  Colombo  ven  traspasar  a  extraños  la  <íasa 
que  durante  treinta  y  siete  años  perteneció  a  sus  padres, 
y  en  la  que  ellos  habían  pasado  su  juventud,  no  podía 
dejar  lazos  de  estrecha  unión  entre  Bavarello  y  su  hijo 
y  los  Colombos,  máxime  cuando  había  desaparecido  el 
único  que  podía  tmirlos,  que  era  su  hermana  Blanchi- 
netta. 

La  tirantez  de  relaciones  de  familia  que  el  litigio  tuvo 
que  producir  expHca  a  los  que  creemos  que  los  tres 


(i)  Por  esta  acta  el  procurador  del  convento  de  San  Este- 
ban concede  en  enfiteusis  la  casa  de  referencia  a  Jacobo  Ba- 
varello, transcurridos  que  fueron  los  dos  años  en  que  Domin- 
go Colón  pudo,  con  arreglo  a  la  transacción  de  21  de  julio 
de  1489,  recobrar  la  propiedad  mediante  el  pago  de  250  libras. 

95 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

hermanos  Colombos,  de  Italia,  fueron  el  Almirante,  don 
Bartolomé  y  D.  Diego  Colón,  la  omisión  que  ellos  hacen 
en  los  testamentos,  de  la  familia  de  su  hermana,  pudien- 
do  referirse  a  ella  la  cláusula  del  de  D.  Cristóbal,  por 
la  que  dispone  que  se  atendiera  al  sostenimiento  en 
Genova  de  una  familia  de  su  linaje,  una  vez  que  allí 
se  encontraba  entonces  casado  y  establecido  su  sobrino 
carnal,  el  hijo  de  Blanchinetta,  Pantolino  Bavarello  de 
Colombo. 

La  casa  del  barrio  de  San  Esteban  la  adquiere  Bava- 
rello como  dote  de  su  mujer,  Blanchinetta ;  fallecida  ésta 
corresponde  a  su  hijo  Pantalino,  el  cual  se  la  cede  por 
el  acta  de,  26  de  octubre  de  1517a  cambio  de  dos  títulos 
de  la  Banca  de  San  Jorge. 

El  Sr.  La  Riega,  que  en  una  parte  de  su  trabajo  ma- 
nifiesta que  "lo  único  que  se  saca  en  limpio  del  estudio 
de  los  documentos  notariales  es  que  los  italianos  de  ape- 
llido Colombo  eran  otros  Lopes,  no  eran  de  los  llamados 
de  Colón  con  antecesores  llamados  de  Colón  (pág.  96) ; 
que  en  otra  afirma  que  no  hay  necesidad  de  echar  por 
tierra  toda  la  historia  de  Colón,  hasta  presumir  que  ese 
Cristóbal  Colombo,  lanero  en  1472,  y  que  en  otro  do- 
cumento de  1473  figura  con  su  hermano  Juan  Pelegrino, 
era  sin  duda  persona  distinta  de  la  de  Cristóbal  Colón, 
descubridor  de  América  (pág.  88) ;  no  sabiendo  qué  ha- 
cer con  la  familia  gallega  de  Colón,  la  transporta  a  Por- 
tugal, sin  decir  cuándo,  y  después,  en  el  período  de  1456 
a  59,  la  lleva  a  Genova,  donde  le  alquila  una  casa  pro- 
piedad del  convento  de  San  Esteban,  en  la  vía  Mulcen- 
to,  y  al  cabo  de  cierto  tiempo  (no  se  entretiene  en  ave- 

97 


PRUDENCIO       OTERO      SANCHBZ 

riguar  fechas)  la  traslada  a  Saona ;  nada  de  esto  existió 
más  que  en  la  mente  del  Sr.  La  Riega ;  lo  que  los  docu- 
mentos prueban,  como  hemos  visto,  es  que  el  Domingo 
de  Colombo,  que  en  i8  de  enero  de  1455  adquirió  (no 
alquiló)  del  convento  de  San  Esteban  la  casa  situada  en 
el  barrio  de  San  Esteban,  entre  la  Puerta  de  San  Andrés 
y  la  vía  Mulcento,  es  el  Domingo  de  Colombo,  tejedor 
de  paños,  casado  con  Susana  Fontanarubea,  hijo  de 
Juan  de  Colombo  de  Moconexi,  habitante  en  Villa  Quin- 
ti  en  1429,  y  padre  de  Cristóbal,  Bartolomé  y  Jacobo 
de  Colombo,  y  es  el  mismo  Domingo  de  Colombo  que 
se  traslada  más  tarde  a  Saona,  donde  siempre  le  encon- 
tramos ejerciendo  su  oficio  de  tejedor  de  paños,  y  figu- 
rando en  los  documentos  como  hijo  de  Juan  de  Colombo 
de  Moconexi ;  no  fueron,  pues,  los  Colones  gallegos  los 
habitantes  de  la  casa  que  fué  del  convento  de  San  Es- 
teban, en  la  vía  Mulcento,  en  Genova :  los  Colomhos  que 
en  ella  vivieron  (y  en  esto  estamos  conformes  con  el 
Sr.  La  Riega,  aunque  para  deducir  consecuencias  com- 
pletamente opuestas)  eran  otros  Lopes,  no  eran  de  los 
llamados  de  Colón  de  Pontevedra,  sino  los  oriundos  de 
Moconexi". 

Volviendo  al  estudio  de  los  documentos  en  que  apa- 
rece Domenico  de  Colombo,  hijo  de  Juan,  o  su  familia, 
y  siguiendo  el  orden  cronológico,  que  hemos  tenido  ne- 
cesidad de  alterar  por  la  relación  que  entre  sí  guardan 
los  anteriores,  encontramos  que  en  18  de  mayo  de  1477 
aparece  en  Genova  "Dominicus  de  Columbo,  textor  pan- 
norum  lañe  quondam  lohannis"  otorgando  un  recibo  de 
diez  y  nueve  liras  ante  el  notario  Francisco  Delfino,  y 

98 


ESPAÑA.     PATRIA     DE      COLON 

en  2y  de  ^nero  de  1483  apaFece  también  en  Genova 
"Dominicus  Colombiis  quondam  lohannis  olim  textor 
pannorum  civis  lanue"  arrendando  ante  el  notario  Juan 
Bosio  a  Juan  Bautista  Villa  una  i>arte  de  la  casa  que 
adquirió  en  18  de  enero  de  1455,  del  Monasterio  de  San 
Esteban.  ; 

De  notar  es  que  en  25  de  agosto  de  1487  aparece  en 
Genova,  siendo  testigo  en  un  acta,  extendida  por  el  no- 
tario Juan  de  Benedetti.  "lacobo  de  Columbo,  textore 
pannorum  lañe  enjanua,  Dominici." 

En  23  de  agosto  de  1490,  "Domenicis  Columbus, 
textor  pannorum  lañe  quondam  lohannis",  da  recibo  a 
Juan  Bautista  Villa  ante  el  notario  Juan  Bautista  Pa- 
rissola  de  la  cantidad  que  le  debía  por  el  arrendamiento 
de  la  casa  sita  "lamia  in  burgo  Sancti  Stephani  in  con- 
trata porte  Sancti  Andree". 

De  nuevo  aparece  en  Genova,  el  15  de  noviembre 
de  1491,  Domingo  Columbo,  "textore  pannorum  lañe 
quondam  lohannis",  en  un  acta  notarial,  siendo  testigo 
de  la  venta  de  unas  tierras,  y  en  30  de  septiembre  de 
1494  ''Dominico  de  Columbo  olim  textore  pannorum 
lañe  quondam  lohannis",  testifica  ante  el  notario  Juan 
Bautista  Parissola,  en  el  testamente  otorgado  por  Cata  ■ 
lina  Vernazza. 

Este  es  el  último  documento  que  conocemos  en  que 
actúa  Domingo  de  Colombo,  hijo  de  Juan  Colombo  de 
Moconexi  y  padre  de  Cristóbal,  Bartolomé  y  Jacobo  de 
Colombo. 

Domingo  Colombo  de  Moconexi  tuvo  una  hermana, 
Battistina,  y  un  hermano  llamado  Antonio,  el  cual  apa- 

99 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

rece  en  Genova  el  4  de  junio  de  1460  colocando  de 
aprendiz,  con  Antonio  de  Plañís,  sastre,  a  un  hijo  suyo 
llamado  Juan;  el  acta  extendida  por  el  notario  Juan 
Valdettaro  no  deja  lugar  a  duda  respecto  al  parentesco: 
''Antonius  de  Columbo  habitator  villi  Quinti  potestade 
Bisamnis  quondam  lohannis"  "lohnannetus  filius  dicti 
Antonii  de  Columbo  etatis  annorum  quatordecim  vel 
circa*',  y  figura  como  testigo  ''Dominicus  de  Columbo 
frater  dicti  Antonii". 

En  15  de  marzo  de  1462,  en  Genova  y  ante  el  notario 
Andrés  de  Cairo,  Antonio  Leverone,  procurador  de 
"lohannis  de  Columbo  de  Moconexi,  habitator  Pontis 
Plicanie  dicti  loci  Font^nebone",  da  recibo  de  50  liras 
a  Pascuals  y  Miguel  Piaggia,  siendo  testigos  "Domini- 
cus  de  Columbo,  textor  pannorum  lañe  quondam  lohan- 
nis et  Benedictus  de  Columbo  frater  suprascripti  lohan- 
nis de  Columbo*'.  • 

Un  tercer  hijo  de  "Antoninus  de  Columbo  de  Quin- 
to", llamado  Tomás,  '*etates  annorum  xvi",  aparee»  en 
acta  extendida  en  Genova  en  22  de  abril  de  1471,  por 
la  que  el  padre  lo  coloca  de  aprendiz  con  Leonardo  Va- 
razino,  tejedor  de  paños  de  seda. 

En  3  de  septiembre  de  1471,  y  según  acta  extendida 
en  Genova  por  el  notario  Jacobo  Rondanina,  otro  hijo 
de  Antonio,  llamado  "Matheus  de  Columbo  de  Quinto, 
Antonini",  se  coloca  en  casa  de  Tomás  de  Levagio,  "te- 
xitori  pannorum  septe",  y,  por  último,  en  7  de  febrero 
de  1472,  en  Genova,  ante  el  notario  Jacobo  Rondanina, 
''Antonius  de  Columbo  de  Quinti  quondam  lohannis", 
coloca  a  otro  hijo  sityo,  "Amijjrctus  etates  annorum  xvi 

100 


ií  S  i>  AÑA,     F  A  T  R  i  A'  'Ú  ''B  ''''CÓ'L  ^'í^ 

m  circa'',  como  aprendiz  en  casa  de  Leonardo.  Varazino, 
''texitori  di  panni  ne  seta''. 

Estos  son  los  cinco  hijos  que  aparecen  de  Antonio  de 
Colombo,  hermano  de  Domingo. 

\fa  hemos  dicho  que  con  objeto  de  que  las  conclusio- 
nes que  se  deduzcan  del  examen  de  las  actas  notariales 
no  puedan  ser  impugnadas  alegando  dudas  acerca  de  la 
autenticidad  de  los  documentos,  hemos  eliminado  de 
nuestro  estudio  todos  aquellos  cuyos  originales  no  pue- 
dan ser  compulsados;  los  que  en  extracto  hemos  mencio- 
nado tienen  en  buena  crítica  histórica  que  causar  fe,  a 
menos  que  mediante  un  estudio  serio  y  técnico  se  pruebe 
su  falsedad.  * 

Partiendo  de  esta  base,  y  como  sintesis  de  lo  expuesto, 
podemos  afirmar  que  en  1429  aparece  ya  en  Genova  un 
Juan  de  Colombo,  habitante  en  Villa  Quinti  y  oriundo 
de  Moconexi ;  que  este  Juan  de  Colombo  tuvo  dos  hijos ; 
uno  llamado  Domingo,  y  otro,  Antonio;  que  el  primero' 
casó  con  Susana  Fontanarubea,  naciendo  de  este  matri- 
monio cuatro  hijos:  Cristóbal,  Juan  Pelegrino,  Barto- 
lomé y  Jacobo,  y  una  hija  llamada  Blanchinetta,  que 
casó  con  Jacobo  Bavarello;  Juan  Pelegrino  murió  joven, 
y  lo  mismo  Blanchinetta,  que  dejó  un  hijo  llamado  Pan- 
taleón. 

Hijos  de  Antonio  de  Colombo,  hermano  de  Domin¿(D^' 
lueron  Juan,  Benedicto,  Tomás,  Mateo  y  Amigesto. 

El  acto  por  que  tenemos  primera  noticia  de  Juan  de 
Colombo  de  Moconexi  fué  el  de  colocar  en  Genova, 
en  1429,  a  su  hijo  Domingo,  de  once  años  de  edad,  como 
aprendiz  de  tejedor  de  paños;  diez  años  después  era  ya 

101 


PRÜDENCrO      OTERO      SANCHUZ 

éste  maestro  en  su  oficio,  y  a  partir  de  esta  fecha  su 
nombre  consta  en  larga  serie  de  actas  notariales,  ya  como 
tejedor  de  paños,  ya  ejerciendo  el  comercio  en  Genova 
o  Saona,  hasta  el  30  de  septiembre  de  1494,  fecha  del 
último  documento,  en  que  figura :  el  enlace  que  las  actas 
tienen  entre  sí,  el  determinarse  en  ellas  que  Domingo  era 
hijo  de  Juan  y  que  ejercía  el  oficio  de  tejedor  de  paños, 
permite  afirmar  que  el  nombre  de  Domingo  de  Colombo 
que  en  ellas  se  menciona  se  refiere  siempre  a  una  misma 
persona,  y,  por  tanto,  que  ni  Juan  de  Colombo,  ni  su 
hijo  Domingo,  ni  sus  nietos  Cristóbal,  Bartolomé  y  Die- 
go, fueron  inmigrantes  en  Italia,  al  menos  en  el  siglo  xv, 
sino  que  procedían  de  los  de  Colombo,  establecidos  en 
Moconexi. 

Estos  hermanos,  Cristóbal,  Bartolomé  y  Jacobo,  hi- 
jos de  Domingo  de  Colombo  y  nietos  de  Juan  Colombo 
de  Moconexi,  ¿  fueron  el  descubridor  de  las  Indias  occi- 
dentales y  sus  hermanos  Bartolomé  y  Diego?  La  dife- 
rencia de  nombre  del  tercero  de  los  hermanos  no  es  óbice 
para  aceptarlo,  pues  Diego  es  forma  española  del  nom- 
bre Jacobo  (i). 


(i)  En  demanda  presentada  en  Saona  el  8  de  abril  de  150D 
por  Sebastián  de  Cunes,  reclamando  una  cantidad  a  "Chris- 
tophorum  et  lácobum  frates  de  Columbis  filios  et  heredes 
quondam  Dominici  eorum  patris"  (RaccoUa,  doc.  LXXXVIII), 
se  dice  del  segundo  "et  lacobum  díctum  Díeghum";  este  do- 
cumento, lo  mismo  que  el  otro  referente  al  mismo  asunto, 
doc.  LXXXX,  fechado  en  Saona  en  26  de  enero  de  1501,  en 
que  se  hace  constar  que  "dictos  Christophorum,  Bartholomeum 
et  lacobum  de  Columbis,  filios  et  heredes  dicti  quondam  Do- 
minici eorum  patris,  iam  diu  fore  a  civitate  et  posse  Saone 

162 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

En  este  estudio  nos  hemos  propuesto  atenernos  úni- 
camente a  los  datos  que  arrojan  las  actas  notariales,  de- 
jando para  otros  trabajos  el  examinar  las  distintas  fuen- 
tes de  conocimiento  que  atestiguan  que  fué  Genova  la 
patria  del  gran  navegante,  sin  que  para  reconocerla  sea 
obstáculo  la  aparente  diferencia  entre  el  apellido  Co- 
lombo  y  el  de  Colón ;  ateniéndonos  a  este  concepto,  ha- 
remos notar  que  en  la  misma  época  aparecen  en  Italia 
tres  hermanos:  Cristóbal,  Bartolomé  y  Jacobo  o  Diego, 
y  que  estos  nombres  tienen  el  Almirante  y  sus  dos  her- 
manos por  el  mismo  orden  de  edad  unos  y  otros:  el 
mayor,  Cristóbal;  el  segundo,  Bartolomé,  y  el  tercero, 
Jacobo  o  Diego,  siendo  de  notar  que  ninguno  de  los  tres 
aparece  en  Italia,  cuando  consta  que  su  homónima  se 
hallaba  fuera  de  ella,  y  que  el  padre  de  los  hermanos 
Colombo  de  Italia  se  llamaba  Domingo,  lo  mismo  que 
el  del  Almirante  (i),  circunstancias  que  ya  por  sí  serían 
suficientes  para  hacer  creer  que  eran  unas  mismas  per- 
sonas, si  no  estuvieran  corroboradas  por  otras  de  más 
valor  probatorio. 

Expuesto  queda  que  Antonio  de  Colombo,  hermano 
de  Domingo  de  Colombo,  tuvo  cinco  hijos,  uno  de  ellos, 


absentes  ultra  Pisas  et  Nitiam  de  Proventia  et  in  partibus 
Ispanie  conmorantes  ut  notarium  fuit  et  est",  fueron  publi- 
cados por  Julio  Salinerius  en  sus  Annotationes  ad  Cornelium 
Tacitum,  Géova,  1602;  pero  no  habiendo  aparecido  los  origi- 
nales, los  hemos  eliminado  de  este  estudio,  en  unión  de  otros 
que  se  encuentran  en  el  mismo  caso,  por  no  ofrecernos  garan- 
tías de  autenticidad. 

(i)     Don  Fernando  Colón,  Gomara  y  Oviedo  afirman  que 
el  padre  del  Almirante  se  llamaba  Domingo. 

103 


PRUDENCIO      OTERO      SAN  CHUZ 

Juan,  que  probablemente  tendría  por  segundo  nombre 
el  de  Antonio,  por  ser  el  de  su  padre,  ya  que  el  primero 
era  el  de  su  abuelo,  los  cuales  Mateo  y  Amigesto  se  re- 
unen  en  Genova  el  ii  de  octubre  de  149Ó,  y  ante  el  no- 
tario Juan  Bautista  Peloso  convinieron  que  Juan  viniese 
a  España  en  busca  de  '^Cristophorum  de  Columbo,  ar- 
miratum  regis  Ispanie",  siendo  costeados  los  gastos  por 
los  tres  hermanos  en  partes  iguales;  el  objeto  del  viaje 
era  reclamar  del  Almirante  el  pago  de  un  crédito  que 
contra  él  tenían,  heredado  sin  duda  de  su  padre,  una 
vez  que  los  tres  tienen  a  él  igual  derecho,  y  acuerdan 
que  si  dicho  Juan  "  recuperaba  aliquam  quantitatem  pe- 
cunie",  la  cantidad  recuperada  debía  partirla  por  igual 
coa  sus  hermanos  Mateo  y  Amigesto  (i). 

La  importancia  de  este  documento  es  extraordinaria^ 
puesto  que  identifica  al  Cristóbal  Colón  de  Italia  y  el  de 
España,  ''Cristophoro  de  Columbo,  armiratum  regis  Hís- 
pame", le  llaman  sus  primos  hermanos,  hijos  de  Antonio 


(i)  In  nomine  Domini  amen.  lohannes  de  Columbo  de 
Quinto,  Matheus  de  Columlx>  et  Amigetus  de  Columbo  frates, 
quondam  Antonii,  scientes  et  cognoscentes,  dictum  lohannem 
ire  debeat  Ispaniam  ad  inveniendum  dominum  Christoforum 
de  Columbo,  armiratum  regis  Ispanie,  et  quascumque  expensas 
per  dictum  lohannem  fiendas  causa  inveniendi  dictum  domi- 
num Christoforum  ommes  tres  frates  superius  nominatos  esse 
debeat,  et  esse  pro  tercia  parte  et  eas  expensas  partiré  debeant, 
pro  tercia  parte  ínter  eos  ocaxione  predicta :  et  si  dictus  lohan- 
nes recuperaba  aliquam  quantitatem  pecunie  pro  eundo  ad 
dictum  locum  Ispanie  pro  inveniendo  dictum  dominum  Chris- 
toforum, dictam  quantitatem  pecuniarum  recuperandam  per 
ipsum  lohannem  partiré  debeat  cum  dictis  Matheo  et  Amigheto 

104  '  . 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     C  O  LO  N 

de  Colombo,  hermano  de  Domingo,  padre  de  Cristóbal, 
Bartolomé  y  Diego ;  es  de  todo  punto  inverosimil  supo- 
ner que  todo  fueron  coincidencias,  y  que  el  Cristó]?al  de 
Colón  de  España,  a  pesar  de  todo  lo  expuesto,  no  tuviera 
relación  alguna  de  parentesco  con  los  de  Colombo  de 
Genova. 

¿Se  realizó  el  viaje  de  Juan  de  Colombo  a  España? 
La  decisión  de  realizarlo  se  halla  con^robada  con  el 
acta  extendida  el  mismo  dia  que  la  anterior  y  por  el 
mismo  notario,  en  la  que  consta  que  Juan  de  Colombo 
de  Quinto,  sin  duda  para  el  arreglo  de  sus  asuntos  du- 
rante el  tiempo  que  estuviera  ausente,  da  poderes  a  su 
mujer,  a  sus  hermanos  Mateo  y  Amigesto,  y  a  Agustín 
Ferraron. 

No  existen  pruebas  de  que  el  viaje  se  efectuara,  pero 
sí  evidentes  indicios  de  que  se  llevó  a  efecto. 

Extinguida  en  1575  la  descendencia  masculina  de 
D.  Cristóbal. Colón  por  muerte  de  D.  Diego  Colón  y  Pra- 
via,  se  promovió  íargo  pleito  acerca  de  la  sucesión  en  los 


per  terciam  partem  et  sic  restam  de  acordio.  Renunciantes  & 
que  omnia  ect  sub  pena  dupli  &  ratis  &  et  proinde  ect. 

Actum  lanue^  ad  bancum  mei  notarii  infrascripti  in  platea 
Ponticelli  anno  a  nativitate  Domini  millesimo  quadringentesi  ■ 
mo  nonagésimo  sexto,  inditione  decimaquarta  secundum  lanno 
cursum,  die  martis,  undécima  Octobris  post  nonam,  presentib'js 
testibus  Francisco  Lardono  scuratore  pannorum,  quondam 
Antonii  et  Augustino  Baiocho  laneiro  quondam  Baptiste  ad 
premisa. 

Archivio  Notarile  di  Stato  in  Genova,  atti  del  notare  Gio- 
vanni  Battista  Peloso,  filanza  5.*,  núm.  775.  (RaccoUa  Colom- 
biana, parte  II,  vol.  I^  documento  LXXXIII.) 

105 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

títulos  de  Duque  de  Veragua,  Marquesado  de  Jamaica  y 
Almirantazgo  de  las  Indias  (i) ;  entre  los  que  se  creían 
con  derecho  a  ella  figuró  un  Baltasar  Colombo  de  Cu- 
caro,  que  trató  de  probar  su  parentesco  con  el  primer 
Almirante,  por  descender  éste,  según  decía,  de  Lan^a 
Colombo,  señor  de  Cucaro,  y  entre  los  argumentos  que 
adujo  fué  uno  de  ellos  que  el  Almirante  sostenía  corres- 
pondencia con  sus  parientes  de  Italia,  y  en  su  justifica- 
ción presentó,  según  consta  en  el  Memorial  del  pleito  (2) 
''un  inventario  de  letra  antigua,  y  es  simple  y  sin  firma 
ninguna,  del  cual  se  aprovecha  de  una  partida  que  dice 
una  carta:  ''De  li  Colombi  para  el  primer  Almirante", 
fecha  en  Genova  el  año  1496.  La  coincidencia  del  año 
hace  sospechar  si  la  carta  sería  escrita  por  el  Juan  Co- 
lombo ;  pero  como  no  queda  de  ella  más  que  esta  refe- 
rencia, sólo  a  título  de  indicio  la  hacemos  «onstar. 

El  30  de  mayo  de  1498  emprendió  D.  Cristóbal  Colón 
su  tercer  viaj»  de  descubrimiento;  llevaba  seis  navios,  y 
capitán  de  uno  fué  un  Juan  Antonio  Colombo,  del  que 
dice  Las  Casas  que  ''era  genovés,  deudo  del  Almirante, 
hombre  muy  capaz  y  pudiente,  y  de  autoridad,  y  con 
quien  yo  tuve  frecuente  conversación"  (3) ;  de  todos  es 


(i)  "Memorial  del  pleito  sobre  la  sucesión  en  posesión  del 
Estado  y  mayorazgo  de  Veragua,  marquesado  de  Jamaica  y 
Almirantazgo  de  las  Indias,  que  fundó  D.  Cristóbal  Colón, 
primer  descubridor,  almirante,  virrey  y  gobernador  general 
dellas."  (Academia  de  la  Historia.  Colección  Salazar,  est.  8.°, 
grada  3-*-S-53-) 

(2)  Fol.  180. 

(3)  Historia  de  las  Indias,  lib.  I,  cap.  (^XXX. 

106 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

conocida  la  justiñcada  autoridad  que  tienen  las  afirma- 
ciones del  Padre  Las  Casas ;  podrá  dudarse  de  los  re- 
latos que  allí  le  hicieran  y  que,  como  verídicos,  acogió 
en  su  historia ;  pero  lo  que  él  afirma  que  vio  o  conoció 
directamente  tiene  un  valor  incuestionable,  pues  siem- 
pre que  ha  sido  posible  la  comprobación  se  han  visto 
confirmados  sus  asertos;  por  esto  tiene  excepcional  im- 
portancia la  afirmación  de  que  tuvo  frecuente  trato  con 
el  Juan  Colombo  (no  Colón,  sino  Colombo),  y  que  éste 
era  genovés  y  deudo  del  Almirante. 

De  todos  los  que  han  estudiado  la  historia  del  descu- 
brimiento, es  sabido  que  D.  FeVnando  Colón  escribió 
una  Historia  de  la  vida  y  hechos  del  Almirante,  su 
padre;  que  esta  historia  fué  traducida  al  italiano  y  pu- 
bhcada  en  Venecia  en  1571  por  Alfonso  Ulloa  (i),  y 
que  percfido  el  original  de  la  obra  de  D.  Fernando  sólo 
la  conocemos  por  esta  edición,  que  es  la  que  ha  servido 
para  otras  tiradas  y  para  las  traducciones  que  se  han 
hecho  en  diversos  idiomas ;  en  el  cap.  LXV,  y  hablando 
de  los  navios  que  el  Almirante  llevaba  en  su  tercer  viaje, 
dice  que  el  tercer  navio  lo  mandaba  im  ''Giovanni  An- 
tonio Colombo,  su  pariente";  resulta,  pues,  comprobado 
que  el  Juan  Antonio  Colombo,  genovés,  era  pariente  del 
Cristóbal  Colón,  descubridor  de  las  Indias  occidentales. 

Juan  Antonio  Colombo  debió  regresar  a  Europa  poco 


(i)  Histüirc—átl  Sr.  D.  Fernando  Colombo— nelk  quali 
sita  particolare  e  vera  relatione  delta  vita  e  de  falta  del  Anime- 
ragli  D.  Christophoro  Colombo,  sno  padre. 

107 


FK  U  D  EN  C 10       OTE R O       SA N C H B Z 

después  de  su  arribo  a  La  Española,  porque  no  figura 
nunca  en  los  sucesos  que  en  ella  ocurrieron  después  de 
la  vuelta  a  España  de  cinco  de  los  s^is  barcos  que  llevó 
el  Almirante  en  su  tercer  viaje,  por  lo  que  es  lo  más  ve- 
rosímil que  uno  de  esos  cinco  barcos  fuera  el  que  él 
mandaba. 

En  1508,  según  alegó  Baltasar  de  Colombo  en  el  pleito 
sobre  la  sucesión  en  el  Ducado  de  Veragua,  D.  Fernando 
Colón  otorgó  un  poder  a  favor  de  su  hermano  D.  Diego 
y  de  Juan  Antonio  Colombo  (i),  y  en  la  declaración  he- 
cha el  24  de  febrero  de  15 15  por  el  Padre  Gaspar  Go- 
rricio,  de  la  última  voluntad  de  D.  Diego  Colón,  se  hace 
constar  que  el  testador  habia  mandado  que  se  diesen 
"cient  Castellanos  de  oro  a  Juan  Antonio  Colón" ;  el 
Padre  Gorricio  le  llama  Colón;  pero  D.  Diego,  en  la 
minuta  de  su  última  voluntad,  que  en  los  días  19  y  20 
hizo  escribir  al  Padre  Gorricio,  sólo  le  dictó  ''a  Juan 
Antonio'*,  sin  nombrar  apellido;  fué  el  Padre  Gorricio 
el  que,  al  dar  forma  el  día  24  a  la  minuta,  transcribiendo 
al  español  el  apellido  Colombo,  le  llamó  Colón  (2). 

Este  Juan  Antonio  Colombo,  ¿es  el  mismo  Juan  Co- 
lombo que  hemos  visto  que  se  proponía  en  1496  venir  a 
España  para  visitar  al  Almirante  ?  No  lo  podemos  afir- 
mar, atmque  parece  probable  que  así  sea,  habida  cuenta 
que,  según  ya  quáJa  indicado,  el  padre  de  Juan  de  Co- 


(i)    Memorial  del  pleito,  fol.  179  V. 

(2)    Ambos    documentos    están    publicados    íntegros    en   la 
Raccolta  Colombiana,  parte  II,  vol.  I,  documentos  CIV  y  CIX. 

108 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

lombo  se  llamaba  Antonio,  y  es  muy  verosímil  que  si 
éste  quiso  que  su  hijo  llevara  el  nombre  de  Juan,  por  su 
abuelo,  le  diera  el  suyo  como  segundo ;  de  todas  suertes, 
sean  uno  mismo  o  dos  distintos,  encontramos  compro- 
bado por  esta  relación  de  parentesco  entre  los  Colombos 
de  Genova  y  los  Colones  de  España,  que  el  Almirante  y 
sus  hermanos  Bartolomé  y  Diego  eran  los  hijos  del  Do- 
mingo de  Colombp  de  Moconexi  y  de  la  Susana  Fonta- 
narubea,  que  figuran  en  las  actas  notariales  de  Italia 
(]ue  han  sido  objeto  de  este  estudio. 

También  en  el  orden  económico  encontramos  datos 
que  confirman  la  identidad  que  hemos  hallado  en  el  de 
la  familia. 

En  28  de  marzo  de  1479,  Domingo  de  Columbo  y  su 
hijo  Cristóbal  fueron  condenados  por  sentencia  arbitral, 
según  queda  ya  expuesto,  a  satisfacer  35  liras  a  Jeróni- 
mo del  Puerto ;  este  pago  no  consta  que  llegara  a  efec- 
tuarse. 

El  19  de  mayo  de  1506,  poco  antes  de  morir,  otorgó 
el  Almirante  testamento  en  Valladolid,  agregando  a  él 
una  relación,  escrita  de  su  puño  y  letra:  "de  ciertas  per- 
sonas a  quien  yo  quiero  que  se  den  de  mis  bienes  lo  con- 
tenido en  este  memorial,  sin  que  se  le  quite  cosa  alguna 
de  ello,  Hacele  de  dar  en  tal  forma  que  no  sepa  quién 
se  las  manda  dar."  Las  deudas  que  por  esta  nota  se  man- 
dan satisfacer  parecen  ser  anteriores  a  las  capitulacio- 
nes de  Santa  Fe ;  la  cláusula  mandando  que  se  guardase 
secreto  demuestra  el  deseo  de  D.  Cristóbal  de  que  no 
5C  llegara  a  identificar  al  aventurero  que  contrajo  las 

109 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

deudas  con  el  Virrey  y  Almirante  de  las  Indias  occi- 
dentales. 

La  relación  se  encabeza  diciendo:  ** Primeramente  a 
los  herederos  de  Gerónimo  del  Puerto,  padre  de  Benito 
del  Puerto,  Chanceller  en  Genova,  veinte  ducados  o  su 
valor."  Como  se  ve,  se  trata  del  pago  de  una  deuda, 
puesto  que  no  se  deja  como  legado  a  Benito  del  Puerto, 
sino  a  los  herederos  de  su  padre,  Jerónimo  del  Puerto, 
que  es  el  mismo  a  quien  Domingo  de  Colombo  y  su  hijo 
Cristóbal  quedaron  obligados,  por  la  sentencia  arbitral 
de  28  de  marzo  de  1470,  a  satisfacer  las  35  liras,  canti- 
dad igual  o  aproximada  a  los  20  ducados. 

No  sabemos  si  D.  Diego  Colón  intentó  cumplir  la  vo- 
luntad de  su  padre;  probable  es  que  para  este  y  otros 
asuntos  de  familia  fuera  para  lo  que  tuviese  un  apode- 
rado en  Saona,  pues  respecto  de  la  existencia  de  éste 
no  deja  lugar  a  duda  el  acta  levantada  en  Saona  el  30 
de  marzo  de  15 15  por  el  notario  Simón  Capello  y  en  la 
que  consta  que  León  Pacaldo,  procurador  del  magnífi- 
co señor  "Didaci  Collón"  delega  el  poder  que  éste  tenía 
en  Antonio  Romanan ;  pero  tuviera  el  procurador  el  en- 
cargo del  cumplimiento  de  estas  obligaciones  o  de  otras, 
lo  cierto  es  que  no  llegó  a  satisfacerse  ninguna  de  las 
contenidas  en  la  relación  del  Almirante,  pues  ésta  la  in- 
cluyó íntegra  D.  Diego  Colón  en  el  testamento  que  otor- 
gó en  Santo  Domingo  el  8  de  septiembre  de  1523,  di- 
ciendo al  final  de  ella:  ''el  qual  dicho  memorial  quiero 
que  se  cumpla  e  pague  como  en  él  se  contiene,  por  ma- 
nera que  su  anima  (la  del  i.*"^  Almirante)  y  la  mia  salgan 
de  cargo." 

110 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

No  creemos  necesario  insistir  en  la  importancia  *de 
estos  documentos,  que  a  nuestro  juicio  confirman  cuan- 
to hemos  expuesto  acerca  de  que  el  Almirante  y  sus 
hermanos  fueron  hijos  del  Domingo  de  Colombo  y  Su- 
sana Fontanarubea,  y  nietos  de  Juan  de  Colombo  de 
Moconexi. — ^Angel  de  Altolaguirre  y  JDuvale." 


VI 

PLEITO  ACADÉMICO 

Creo  que  cualquiera  en  mi  lugar  se  hubiera  dirigido 
a  la  Prensa,  que  es  tribuna  pública,' protestando  de  este 
proceder ;  pero  como  mis  años  han  aplacado  los  Ímpetus 
juveniles,  me  pareció  más  oportuno  dirigirme  al  señor 
Altolaguirre  con  la  siguiente  carta: 


I 


"Abril  2  de  1918. 
Excmo.  Sr.  D.  Ángel  Altolaguirre. 
Madrid. 
De  toda  mi  consideración: 
En  el  Diario  de  Pontevedra  de  fecha  14  Qei  corrien- 
te, que  me  permito  acompañar,  se  ha  publicado  un  co- 
municado del  Sr.  D.  Casto  Sampedro,  socio  correspon- 
diente de  esa  Real  Academia,  por  el  cual  me  he  entera- 
do que  el  finado  Sr.  Oviedo  Arce  había  presentado  a  la 
Ral  Academia  Gallega,  y  publicado  en  su  último  Bole- 
tín, lyi  informe  referente  a  la  tesis  proclamada  por  el 

113  8 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

también  finado  Celso  Garcia  de  la  Riega  en  su  obra 
Colón,  español,  y  que  usted,  como  presidente  de  la  Co- 
misión nombrada  por  la  docta  Corporación  a  que  per- 
tenece para  venir  a  esta  capital  a  informar  sobre  el 
mismo  asunto,  habia  publicado  en  el  Boletin  de  esa  Real 
Academia  un  articulo  proclamando  la  patria  genovesa 
üel  gran  Almirante. 


II 


Al  aparecer  simultáneamente  en  las  dos  últimas  re- 
vistas de  la  Academia  de  la  Historia  y  de  la  Academia 
Gallega  esos  trabajos,  debo  suponer  que,  aunque  muy 
diferente  el  uno  del  otro,  tienden  a  un  mismo  fin,  cual 
es  el  dar  por  muerta  la  tesis  de  Garcia  de  la  Riega, 
continuada  hoy  por  mis  modestos  trabajos,  y  como  un 
anticipo  al  juicio  que  la  Comisión  de  que  usted  es  pre- 
sidente, había  de  emitir  sobre  asunto  de  tal  magnitud. 


III 


Como  por  regla  general  estas  revistas  sólo  las  reci- 
ben y  las  leen  los  consagrados  como  académicos,  me  hu- 
biese quedado  sin  conocer  lo  que  al  asunto  de  Colón, 
español,  se  refiere,  si  el  Sr.  Sampedro  no  hubiese  tenido 
la  ocurrencia  de  hacérmelo  saber  por  el  comunicado 
que  menciono  en  el  párrafo  I,  y  aun  así  y  todo  he  debi- 
do aguardar  hasta  hoy,  que  pude  proporcionármelas, 
para  enterarme  detalladamente  de  ellas. 

114 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 


IV 


Debo  confesar  ingenuamenete  que  no  me  animo  a 
contestar  al  informe  del  Sr.  Oviedo  Arce,  porque  no 
acostumbro  a  controvertir  con  nadie  agrediendo  e  in- 
sultando, ni  soy  capaz  de  poner  en  práctica  aquel  pro- 
verbio español  que  dice  *'a  moro  muerto  gran  lanzada'' ; 
no  lo  seguiré  por  esa  senda,  y  me  parece  mucho  más  hon- 
roso dejarlo  en  paz  en  su  tumba,  limitándome  a  decir 
que  su  obra  postuma  no  es  una  obra  mala,  sino  una 
mala  obra;  y  que  deben  contestarla  los  deudos  de  Gar- 
cía de  la  Riega,  para  vindicar  la  honra  y  el  buen  nombre 
de  éste,  que  les  pertenecen. 


Debo  confesar  también  que  no  me  ha  parecido  propio 
que  usted,  después  de  haber  aceptado  y  ofrecido  venir 
a  esta  capital  presidiendo  la  Comisión  "que  tiene  que 
informar  a  la  Academia  de  la  Historia  sobre  el  recono- 
cimiento y  examen  de  documentos  y  apreciar,  además 
de  su  autenticidad,  el  verdadero  valor  testifical  de  todos 
los  antecedentes  que  se  les  consulte  y  estudien,  para 
dar  testimonio  y  fe  de  los  unos  e  informe  crítico  y  cien- 
tífico (a  la  Real  Academia)  de  su  importancia  demos- 
trativa, con  el  propósito  de  llegar  a  la  solución  por  to- 
dos tan  deseada  y  de  punto  tan  trascendental  en  la 

115 


PRUDENCIO       OTERO      SANCHBZ 

Historia",  como  así  decía  el  sabio  Padre  Fita,  en  su 
comunicación  del  i6  de  julio  de  191 7,  al  presidente  de 
la  Asamblea  magna  Pro-Patria  Colón  y  presidente  de 
la  Diputación  provincial,  no  me.  ha  parecido  propio,  re- 
pito, que  se  haya  lanzado  usted  de  antemano  a  emitir  su 
juicio  antes  de  cumplir  su  cometido  con  los  demás  aca- 
démicos que  integran  la  Comisión. 


VI 


Pero  así  como  no  quiero  contestar  al  trabajo  del  fina- 
do Sr.  Oviedo  Arce  por  las  razones  que  dejo  expuestas 
en  el  párrafo  IV,  tengo  que  manifestar  también  que 
sería  una  verdadera  falta  dejar  pasar  en  silencio  el  jui- 
cio crítico  que  le  merece  a  usted  la  obra  de'  Colón,  espa- 
ñol, de  García  de  la  Riega,  pues  ese  juicio  es  emitido 
con  delicadeza,  con  finura,  con  altura  de  miras,  con  co- 
nocimiento perfecto  de  lo  que  se  relaciona  con  la  ge- 
nealogía italiana  de  Cristóbal  Colombo,  y  que  desde  el 
principio  hasta  el  fin  revela  al  sabio,  al  hombre  que 
sin  pasiones  pesa  el  pro  y  el  contra  de  toda  controver- 
sia, aquilatando  hasta  en  sus  mínimos  detalles  todo  aque- 
llo que  debe  aprovechar  para  sostener  su  tesis,  sin  herir 
el  amor  propio,  la  sabiduría  ni  la  delicadeza  del  que  de- 
fiende la  tesis  contraria. 

Así,  pues,  con  verdadero  deleite  he  leído  su  traba- 
jo, y  me  es  agradable  confesar  que  lo  he  hallado  tan 
acabado  que,  parodiando  a  nuestro  inmortal  poeta,  ter- 

116 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

miné    diciendo:    ''como    obra    de    sabio,    al    fin    obra 
maestra". 

Bien  recuerdo  aquel  otro  proverebio  que  dice:  "Si 
el  sabio  censura,  malo;  si  el  necio  aplaude,  peor";  pefo 
usted  me  perdonará  si  me  atrevo  a  decir  que  no  estoy 
en  ninguno  de  los  dos  casos ;  soy  un  hombre  que  emite 
sus  opiniones  de  buena  fe  y  sin  modestia,  porque  es  una 
forma  de  la  hipocresía,  y  me  conceptúo  capacitado  para 
discurrir  con  lógica  y  demostrar  que  Cristóbal  Colón 
es  español,  con  mayor  suma  de  indicios  que  los  que  han 
preparado  y  adobado  en  Italia  para  probar  que  es  de 
Genova. 

.  Y  en  este  momento  se  me  ocurre  hacer  la  misma  ob- 
servación que  el  Almirante  hacía  a  los  Reyes  Católicos 
en  una  de  sus  cartas:  "Pudiera  ser  que  V.  A.  y  todos 
los  otros  que  me  conocen  y  a  quien  esta  escritura  fue- 
se mostrada,  que  en  secreto  o  públicamente  me  repren- 
henderan  de  reprehensiones  de  diversas  maneras,  de 
non  doto  en  letras,  de  lego,  de  marinero,  de  hombre 
mundanal,  etc.  Respondo  aquello  que  dijo  San  Mateo: 
"Señor  que  quisistes  tener  secreto  tantas  cosas  a  los 
"sabios  y  revelástelas  a  los  inocentes."  Digo  que  el 
Espíritu  Santo  obra  en  cristianos,  judíos  y  moros  y 
en  todos  otros  de  toda  secta,  y  no  solamente  en  los  sa- 
bios, mas  én  los  ignorantes,  que  en  mi  tiempo  yo  he 
visto  aldeano  que  da  cuenta  del  cielo  y  estrellas  y  del 
curso  de  ellas  mejor  que  otros  que  ya  gastaron  dinero 
en  ello." 

Así  sucedió  al  Almirante,  que  después  de  discutir  con 
todos  los  sabios  de  aquella  época  en  Portugal  y  en  Es- 

117 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

paña,  sin  que  ninguno  le  comprendiera,  y  cuando  ya  se 
disponía  a  marchar  a  Francia  para  ofrecer  el  descubri- 
miento del  Nuevo  Mundo,  basando  su  argumentación, 
más  que  en  la  ciencia,  en  las  ideas  de  un  iluminado  que 
bullían  en  su  cerebro,  pudo  conseguir  que  aquella  Rei- 
na Católica  viese  con  los  ojos  del  espíritu  lo  que  los 
hombres  de  ciencia  no  pudieron  ni  supieron  ver. 

Ojalá  sea  yo  el  que  tenga  la  dicha  de  inculcar  en  los 
cerebros  de  los  hombres  consagrados  a  la  Historia  toda 
la  labor  que  aquel  grande  hombre  hubo  de  hacer  para 
ocultar  hasta  la  tumba  el  secreto  de  su  nacimiento,  di- 
ciéndose siempre  extranjero. 


VII 


El  árbol  genealógico  de  Cristóbal  Colombo  arreglado 
en  Italia,  en  cuyas  doctrinas  usted  se  apoya,  no  es  ni 
puede  ser  el  del  almirante  Cristóbal  Colón. 

Usted  mismo  nos  aporta  la  prueba  al  decir  que  "Su 
abuelo,  Juan  Colombo,  tuvo  dos  hijos:  Domingo  y  An- 
tonio, que  se  apellidaban  Colombo,  siendo  el  primero 
de  esos  hijos  el. padre  que  en  la  genealogía  le  dan  a 
Cristóbal ;  y  el  primer  documento  de  prueba  que  usted 
aporta  es  el  acta  notarial  de  27  de  febrero  de  1429,  en 
que  Juan  (abuelo  que  le  dan  al  Almirante)  concede  li- 
cencia a  su  hijo  Domingo  (padre  del  Almirante)  para 
que  entre  de  aprendiz  de  lanero  antes  de  los  once  años 
de  edad.  Todos  los  historiadores  de  alguna  seriedad  es- 
tán conformes  en  que  el  Almirante  tenía  más  de  seten- 

118 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      C  O  L  O  IN 

ta  años  cuando  falleció  en  1506  y,  por  lo  tanto,  debió 
de  nacer  antes  de  1436  (yo  creo  que  bastante  antes,  y 
lo  demostraré  cuando  llegue  el  caso,  hasta  fisiológica- 
mente). Ahora  bien ;  si  nació  en  1434  ó  1435,  es  indis- 
cutible que  Domingo  Colombo  se  casó  con  Susana  Fon- 
terosa  cuando  más  en  1433 ;  es  decir,  cuatro  años  des- 
pués de  entrar  de^aprendiz  de  lanero  y,  por  lo  tanto, 
entre  los  trece  y  los  quince  años.  ¿Y  cree  el  Sr.  Alto- 
laguirre  y  los  demás  señores  académicos  en  tal  preco- 
cidad genésica  ?  ¿  Cree  también  que  en  aquellos  tiempos 
y  aun  en  los  actuales  un  pobre  obrero  dejara  casar  a 
su  hijo  a  esa  edad?  No  es  entonces  ni  puede  ser  el  des- 
cubridor de  las  Indias  occidentales  el  Cristóbal  Colom- 
bo a  que  se  refiere  esa  genealogía  colombiana. 

Por  otro  lado,  ¿  cómo  hemos  de  aceptar  que  la  genea- 
logía de  los  Colombo  se  convierta  en  la  de  Colón?  ¿Es 
posible  que  un  hombre  que  hace  una  institución  mayo- 
razga  de  una  importancia  tal  como  no  habría  otra  en 
el  mundo  si  se  cumpliesen  religiosamente  sus  estipula- 
ciones, fuese  a  mentir  respecto  a  su  verdadero  linaje 
llamándose  Colón  y  no  Colombo?  ¿Quién  está  autori- 
zado para  variar  su  apellido?  ¿Basta  sólo  decir,  como 
Antonio  Herrera,  que  por  más  fácil  o  cómoda  pronun- 
ciación se  le  llamó  Colón?  <j  Acaso,  como  opinan  otros 
historiadores,  castellanizó  su  apellido? 

Me  parece  hasta  inocente  (por  no  decir  ridículo)  el 
sniponer  ambas  cosas. 

Tan  fácil  es  decir  Colón  como  Colombo,  y  si  caste- 
llanizase su  linaje,  se  llamaría  Cristóbal  Palomo,  que  es 
la  significación  de  Colombo. 

lid 


PRUDENCIO      OTERO      SANCHBZ 

Yo  necesito  ''que  se  busque  en  cualquier  cabo  del 
Mundo  (como  dejó  estipulado  repetidamente  en  su  ins- 
titución mayorazga,  único  documento  que  hace  fe  en 
España)  aquel  que  lleve  y  hayan  llevado  sus  antepasa- 
dos el  apellido  de  mi  linaje  verdadero  de  los  de  Colón". 

Si  se  encuentran  en  aquella  época  en  Genova,  Italia 
tendrá  la  gloria  de  ser  la  cuna  de  Colón;  pero  si  allí 
no  existían  y  sí  en  España,  ¿por  qué  hemos  de  dejar 
arrebatarnos  esa  gloria? 

VIII 

Bien  comprendo  que  formar  en  la  actualidad  un  ár- 
bol genealógico  en  España  de  Cristóbal  Colón  es,  por 
no  decir  imposible,  difícil,  pues  si  en  Genova  se  ha  tar- 
dado más  de  un  siglo  para  arreglarlo  solamente  desde 
su  abuelo,  cuando  no  debió  dejarse  pasar  un  año  sin 
que  lo  hiciesen  sus  hermanos  Bartolomé  y  Diego,  ¿qué 
no  sucederá  hoy  que  han  transcurrido  más  de  cuatro  si- 
glos? Pero  si  no  podemos  hacer  un  árbol  genealógico, 
podemos  muy  bien  asegurar  que  fué  español,  y  en  es- 
pañol debemos  pensar  y  no  en  italiano,  pues  nosotros 
(los  que  piensan  como  yo)  tenemos  hechos  del  Almiran- 
te que  forman  una  prueba  plena  de  que  fué  aquí  su 
cuna. 

Muchos  de  los  documentos  italianos  han  sido  rear- 
güidos de  falsos,  y  el  mismo  lujo  de  detalles  que  en 
ellos  se  han  estampado  y  que  usted  tan  minuciosamente 
enumera,  son  más  bien  prueba  de  que  fueron  arregla- 
dos a  posteriori,  que  no  fehacientes. 

120 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 


IX 


Debo  suponer  que  al  publicar  usted  su  trabajo  en  la 
revista  oficial  de  esa  Real  Academia,  ha  sido  con  la 
conformidad  de  sus  compañeros  de  Comisión  y,  por  lo 
tanto,  han  establecido  ustedes  un  prejuicio  anticipando 
su  opinión  antes  de  cumplir  su  cometido,  y  me  hace 
creer  que,  siendo  ustedes  personas  serias,  han  querido 
inhibirse  por  medio  de  este  procedimiento  (que  con  to- 
dos los  respetos  debidos  califico  de  impropio)  de  venir 
a  esta  capital  para  emitir  un  informe  respecto  a  los  da- 
tos que  se  presentasen  y  consultas  que  se  le  hiciesen, 
como  ha  sido  acordado  por  esa  docta  Corporación. 

Pero  he  aquí  que  no  encuentro  en  ese  trabajo  más  que 
la  genealogía  que  todos  conocíamos  desde  niños  (aunque 
no  con  la  copia  de  detalles  con  que  usted  nos  la  pre- 
senta), de  Cristóbal  Colón,  y  que  como  toda  la  contro- 
versia que  se  había  establecido  en  aquella  época  era 
referente  a  los  distintos  puntos  de  la  República  de  Ge- 
nova en  que  se  quería  declarar  su  cuna,  no  tenía  enton- 
ces España  mayor  interés  en  que  fuese  de  Genova  o  de 
Ancona,  como  ha  querido  demostrarse  en  un  folleto  pu- 
blicado hace  pocos  años  por  el  actual  presidente  de  la 
Academia,  excelentísimo  señor  marqués  de  Laurencín; 
pero  hoy  que  tenemos  tales  indicios  que  dan  una  fuerza 
de  plena  prueba,  que  creo  es  irrefutable,  procediendo 
con  buena  fe  y  dejando  a  un  lado  completamente  los 
prejuicios  que  la  Historia  nos  ha  enseñado,  no  es  posi- 

121 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

ble  que  la  Real  Academia  de  la  Historia  deje  de  enviar 
la  Comisión  ofrecida,  y  que  tanto  yo  como  todos  los  se- 
ñores que  forman  la  Comisión  Pro-Patria  Colón  no 
recusamos,  y,  por  el  contrario,  deseamos  conferenciar 
con  ella  para  que  informe  respecto  a  las  consultas  que 
se  le  tienen  hechas  y  demás  que  se  hagan  después  de 
aquilatarlo  todo.  Y  aun  pedimos  más:  y  es  que  a  esa 
Comisión  sé  agreguen  uno  o  dos  miembros  de  la  Socie- 
dad Geográfica  para  que  dictaminen  sobre  puntos  que 
consideramos  esenciales  en  nuestra  tesis. 


X 


Bien,  pues,  Sr.  Altolaguirre.  El  objeto  de  esta  carta 
que  me  tomo  la  libertad  de  dirigirle  y  que  ya  va  resul- 
tando más  extensa  de  lo  que  me  imaginaba,  es  rogarle 
que  a  pesar  del  prejuicio  que  establece  su  trabajo,  no 
por  eso  deje  de  venir  a  ésta  la  Comisión  nonlbrada,  pues 
es  tan  grande  la  convicción  que  tenemos  de  que  el  Al- 
mirante no  ha  podido  ser  genovés  y  sí  español,  que  es- 
tamos seguros  de  que  han  de  contribuir  ustedes,  pen- 
sando en  español  y  no  en  italiano,  a  que  se  rectifique  la 
Historia,  recabando  para  nuestra  patria  la  gloria  de 
haber  sido  la  cuna  de  Colón. 

Y  creemos  que  tiene  que  hacerse  esa  rectificación  si 
nosotros  demostramos:  'i^')  <-  / n^   • 

i.°     Que  Cristóbal  Colón  no  es  Colombo. 

2.**  Que  en  Genova  no  existía  en  aquella  época  nin- 
gún Colón. 

122 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

3.*  Que  no  es  posible  que  Cristóbal  Colón  fuese  hijo 
de  Domingo  Colombo. 

4.°  Que  el  hombre  que  ha  dicho  *'que  tanto  él  como 
sus  antepasados  fueron  hombres  de  mar",  no  puede 
haber  sido  aprendiz  de  cardador  de  lana  ni  lanero,  ni 
tampoco  su  padre  ni  su  abuelo. 

5.**  Que  Cristóbal  Colón  apareció  en  la  Rábida  ha- 
blando español. 

6.°  Que  los  caracteres  gráficos  de  la  letra  de  Cris- 
tóbal Colón  han  sido  siempre  pura  y  netamente  espa- 
ñoles, y  que  difieren  de  la  letra  italiana  de  su  época. 

7.°  Que  no  es  posible  que  un  italiano  haya  bautiza- 
do con  nombres  españoles  las  tierras  que  descubría,  sin 
dar  a  ninguna  nombre  que  recordase  a  Genova  u  otra 
capital  de  Italia. 

8."  Que  no  se  concibe  que  siendo  italiano  precin- 
diese  de  la  indicación  que  le  hacían  de  que  nombrara 
"La  Castellana"  a  una  isla  y  le  pusiese  "La  Española", 
y  a  otra  "La  Gallega". 

9.°  Que  además  de  utilizar  nombres  de  todas  las 
cofradías  de  Pontevedra,  llevó  su  cariño  a  la  tie- 
rra que  le  vio  nacer  empleando  los  del  principio  y  fin 
de  nuestra  ría,  y  que  seguramente  no  se  encuentran 
juntos  en  ninguna  ría  del  mundo. 

lo.'  Que  Bartolomé  Colón,  hermano  del  Almiran- 
te, estuvo  en  Galicia  el  año  del  fallecimiento  de  éste, 
sin  duda  a  cumplimentar  enaargos  reservados  de  aquél, 
sin  tener  otra  causa  justificada  para  hacer  este  viaje. 

ii.°  Que  existe  la  tradición  en  Porto  Santo  de  que 
allí  nació  el  que  descubrió  las  Américas,  y  cuya  demos- 

123 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

tración  es  una  parte  de  los  importantes  trabajos  que 
presentará  a  esa  Real  Academia  el  socio  correspondien- 
te de  la  misma  Sr.  Fernández  Gil;  y  en  fin,  otra  mul- 
titud de  indicios  que  seria  prolijo  enumerar,  pero  que 
forman  una  plena  prueba.  Si  después  de  aquilatarlos 
todos,  se  persiste  en  sostener  la  patria  genovesa  de  Cris- 
tóbal Colón,  será  porque  se  haya  encontrado  forma  de 
desvirtuar  nuestras  demostraciones,  convenciéndonos 
del  error  en  que  nos  hallamos. 

Esperando  de  su  caballerosidad  se  digne  honrarme 
con  una  breve  contestación,  manifestándome  si  la  pu- 
blicación de  su  trabajo  en  la  Revista  de  la  Academia  de 
la  Historia  implica  el  desistimiento  o  no  de  venir  la 
Comisión  nombrada  a  esta  capital,  aprovecho  esta  opor- 
tunidad para  ofrecer  a  usted  las  seguridades  de  mi  con- 
sideración más  distinguida,  a  la  vez  que  me  suscribo 
de  usted  aftmo.  s.  s.,  q.  b.  s.  m.,  (Firmado.)  Prudencio 
Otero  Sánchez." 

Pocos  días  después  de  recibida  mi  carta  anterior  por 
el  Sr.  Altolaguirre,  recibí  una  de  mi  distinguido  amigo 
el  vSr.  D.  Luis  Tur  y  Paláu,  miembro  de  la  Sociedad 
Geográfica  Española,  en  la  que  me  comunicaba  que  su 
amigo  el  Sr.  Altolaguirre  le  había  leído  dos  párrafos 
de  ella,  por  los  cuales  se  encontraba  molestado ;  y,  por 
las  referencias  que  me  hacía,  deduje  que  debían  ser 
el  V  y  IX.  Declaro  que  no  encuentro  en  ellos  nada  que 
sea  molesto  y  no  sea  verdad ;  pero  que  mi  ánimo  no  ha 
sido  el  desazonarle,  sino  por  el  contrario,  deseaba  bus- 
car una  fórmula  para  alcanzar  mi  propósito,  que  era 

124 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

el  de  que  viniera  la  misma  Comisión  nombrada  por  la 
Academia.  De  todas  suertes,  me  pareció  correcto  escri- 
bir al  Sr.  Altolaguirre  manifestándole  que  si  en  mi  car- 
ta del  2  de  abril  encontraba  algún  párrafo,  concepto  o 
frase  que  le  molestase,  que  lo  suprimiese,  y  rogué  al  se- 
ñor Tur,  en  carta  que  le  dirigí,  diese  en  mi  nombre  al 
Sr.  Altolaguirre  la  satisfacción  más  cumplida  que  le 
exigiese. 

En  virtud  de  este  proceder,  que  conceptué  correcto, 
tuve  el  gusto  de  recibir  la  siguiente  contestación  de  este 
señor : 

"Madrid,  26  de  abril  de  1918. 
Sr.  D.  Prudencio  Otero. 

Muy  señor  mío  y  de  toda  mi  consideración :  La  cir- 
cunstancia de  haber  estado  en  Córdoba  nuestro  común 
amigo  D.  Luis  Tur,  ha  hecho  que  hasta  ayer  no  haya 
podido  entregarme  su  atenta  del  día  13,  que  desvanece 
por  completo  la  pequeña  molestia,  debida  tal  vez  a  un 
exceso  de  suspicacia  mía,  que  algunos  párrafos  de  la 
suya  del  día  2  me  ocasionó ;  dejado  a  un  lado  este  in- 
cidente sin  importancia,  paso  a  contestar  algunos  extre- 
mos de  su  carta,  sintiendo  que  mis  muchas  ocupa- 
ciones no  me  permitan  hacerlo  con  la  extensión  que  me- 
recen. '  :  ' 

Por  la  Memoria  del  secretario  de  la  Academia,  que 
le  remito  por  correo,  podrá  usted  apreciar  que  desde 
el  4  de  enero  he  dejado  de  pertenecer  a  la  Comisión  que 
ha  de  dictaminar  sobre  el  asunto  de  Colón,  y  la  razón 
es  sencilla:  cuando  se  acordó  que  la  Comisión  fuera  a 

125 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

Pontevedra,  se  consultó  a  varios  académicos  que  no 
aceptaban  por  razones  muy  atendibles.  Los  nombrados, 
a  pesar  de  nuestro  buen  deseo,  no  pudimos  realizar  el 
viaje;  el  Sr.  Ureña  estaba  tomando  las  aguas  en  Medi- 
na ;  Bonilla,  en  Asturias ;  Paz,  en  Madrid,  y  yo,  en  Rei- 
nosa.  Nos  habiamos  dado  cita  en  Pontevedra  en  dia  de- 
terminado, cuando  estalló  la  huelga  y  sucesos  de  Ma- 
drid que  me  obligaron,  por  mi  empleo  militar,  a  regre- 
sar precipitadamente  a  la  Corte;  como  las  regiones  as- 
turiana y  gallega  fueron  las  últimas  en  sosegarse,  y  yo 
no  podía  ausentarme  de  Madrid  sin  exponerme  a  tener 
que  regresar  el  día  menos  pensado,  dejando  incompleta 
la  Comisión  que  presidía,  tuvimos  que  aplazar  el  viaje, 
y  cuando  se  reunió  la  Academia,  acordó,  como  dice  la 
Memoria,  proponer  a  la  Diputación  las  soluciones  que 
se  indican.  Como  se  ha  enviado  copia  de  los  documen- 
tos y  el  problema  ha  quedado  reducido  a  informar  acer- 
ca de  su  autenticidad  (contamos  aquí  con  persona  de 
tanta  autoridad  como  paleógrafo,  como  el  Sr.  Vignáu, 
director  que  ha  sido  del  Archivo  Histórico  Nacional), 
propuse,  y  la  Academia  acordó,  que  la  Comisión  que  de- 
bía nombrarse  (cesando  la  anterior)  la  presidiese  el  se- 
ñor Vignáu,  y  de  ella  formase  parte  el  Sr.  Menéndez 
Pidal,  cuya  competencia  es  notoria;  quedé,  por  tanto, 
desligado  de  toda  participación  en  el  informe,  y  esto  me 
permitió  escribir  el  trabajo  que  usted  conoce,  que  leí 
en  la  Academia,  haciendo  yo  constar,  cuando  se  acordó 
que  se  imprimiera  en  el  Boletín,  y  así  figura  en  acta, 
que  recabaría  para  mí  toda  la  responsabilidad  de  mis 
juicios,  pues  la  Academia  no  podía  hacerse  solidaria 

126 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

de  ellos  por  tratarse  de  un  tema  que  era  objeto  de  de- 
bates y  sobre  el  que  tal  vez  tuviera  que  dictaminar  más 
adelante,  aunque  de  presente  sólo  se  trata  de  iníormar 
acerca  de  la  autenticidad  de  los  documentos. 

Entrando  en  materia,  aunque  muy  brevemente,  diré 
que  a  todos  satisfaría  en  extremo  que  se  probase  que 
Colón  fué  español ;  hoy,  la  gloria  del  descubrimiento  te- 
nemos que  compartirla  con  Italia;  si  hubiera  nacido  en 
Pontevedra,  toda  seria  nuestra;  pero,  desgraciadamen- 
te, no  sólo  no  veo  fundamentos  en  que  apoyarlo,  sino 
que  temo  que  mientras  más  se  hable  del  asunto  y  más 
se  vulgaricen  los  argumentos  de  Ga-rcia  de  la  Riega, 
mayor  va  a  ser  el  ridiculo  en  que  el  nombre  español  va 
a  quedar.  I        , 

Creo  fundadamente  que  el  Sr.  Garcia  de  la  Riega, 
con  sus  aparatosas  elucubraciones,  les  ha  sugestionado 
a  ustedes,  y  que  exaltados  por  un  loable  sentimiento  pa- 
triótico no  conservan  la  serenidad  de  juiciá)  para  juzgar 
con  imparcialidad  el  valor  de  los  argumentos  aducidos 
en  pro  y  en  contra  de  la  teoría  del  Sr.  Garcia  de  la  Rie- 
ga, y  prueba  de  ello  es  la  insistencia  de  ustedes  en  re- 
cusar por  falsas  las  actas  italianas;  creo  que,  como  us- 
ted dice  muy  bien,  no  aparece  en  mi  trabajo  más  que 
la  genealogía  que  todos  conocíamos  desde  niños,  y  cier- 
tamente que  dándola  por  todos  conocida  yo  no  me  hu- 
biera ocupado  de  ella  si  no  me  hubiera  encontrado  con 
que  persona  tan  docta  como  el  Sr.  García  de  la  Riega 
demuestra  de  ella  tal  ignorancia  y  tergiversa  de  tal  modo 
lo  que  los  documentos  dicen  que,  como  yo  expongo  en 
mi  artículo,  si  no  fuera  por  el  respeto  que  su  memoria 

127 


PRUDENCIO       OTERO      SANCHUZ 

me  merece,  habría  de  juzgarlo  con  gran  severidad,  pues 
hay  hechos  en  que  no  puede  alegarse  ignorancia  ni  dis- 
crepancia de  criterios. 

He  eliminado  de  mi  trabajo  todas  aquellas  actas  cuyo 
origen  pudiera  hacer  dudosa  su  autenticidad.  De  los 
que  yo  tomo  por  base,  nadie  ha  dudado:  todos  tienen 
la  cita  del  protocolo  donde  el  original  se  conserva;  no 
cabe  reputarlos  por  falsos  sin  demostrar  que  lo  son. 
¿  Qué  diría  usted  si  yo,  sin  estudio  previo,  sin  más  an- 
tecedentes que  el  parecer  más  o  menos  acertado  de  al- 
gunos críticos,  rechazara  el  ocuparme  de  las  actas  de 
Pontevedra  sólo  porque  se  dice  que  están  enmendadas? 

Considera  usted  que  el  lujo  de  detalles  que  en  las 
actas  se  ha  estampado  son  prueba  de  que  fueron  arre- 
gladas a  posteriori.  Su  observación  tendría  fundamento 
si  esos  detalles  apareciesen  sólo  en  las  actas  de  los  Co- 
lones; pero  como  constan  en  todas  las  de  la  época,  le- 
jos de  ser  motivo  de  duda,  lo  es  de  autenticidad. 

El  lujo  de  detalles,  como  usted  le  llama,  es  precisa- 
mente lo  que  yo  considero  más  importante  de  mi  tra- 
bajo, porque  merced  a  él  se  demuestra  de  un  modo  que 
no  ofrece  lugar  a  duda  la  autenticidad  de  las  personas 
y  la  relación  de  los  hechos ;  ligan  de  tal  manera  los  su- 
cesos, que  impiden  injertar,  como  pretendía  el  Sr.  La 
Riega,  la  supuesta  familia  de  Colón  pontevedrés  con  los 
Colombos  habitantes  de  la  vía  Mulcento,  y  guardan  en- 
tre sí  tal  relación  los  hechos  que  en  las  actas  figuran, 
que  las  unas  dan  valor  de  autenticidad  a  las  otras,  y 
como  se  encuentran  en  Genova  unas,  en  Saona  otras,  y 
en  tan  diversas  notarías  y  tomos  de  protocolos,  forman 

128 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

un  block  que  constituye  una  prueba  plena  de  su  auten- 
ticidad, salvo,  como  es  natural,  que  un  estudio  técnico 
demuestre  lo  contrario. 

Otros  temas  aduce  en  comprobación  de  su  teoría; 
es  imposible  discutirlos  por  carta,  y  ya  ésta  va  siendo 
demasiado  extensa,  y  ni  yo  puedo  disponer  de  más 
tiempo  ni  tengo  derecho  a  abusar  de  su  paciencia. 

Se  ofrece  de  usted  atto.,  s.  s.,  q.  s.  m.  b., 

Ángel  de  Altolaguirre." 

Esta  carta  fué  contestada  por  mí  en  los  siguientes 
términos : 

*  "Mayo  4  de   1918. 

Excmo.  Sr.  D.  Ángel  Altolaguirre  Duval. 

Madrid. 

Muy  señor  mío  y  de  toda  mi  consideración:  Su  muy 
atenta  del  26  de  abril  próximo  pasado  ha  sido  en  mi 
poder  a  su  debido  tiempo ;  pero  no  así  la  Memoria  anual 
de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  de  15  del  citado 
mes,  que  la  recibí  el  i."  del  actual. 

Quedo  muy  reconocido  a  su  atención  al  contestar  mi 
carta  del  2,  y  mucho  más  de  que  le  haya  satisfecho  la 
cumplida  satisfacción  que  tuve  el  gusto  de  ofrecerle  en 
la  mía  del  13  respecto  a  la  pequeña  molestia  que  le  pro- 
dujeron algunos  párrafos  de  la  primera,  que  desde  lue- 
go puede  dar  por  suprimidos. 

Pero  he  aquí  que  al  enterarme  de  lo  que  expresa  la 
Memoria  que  usted  ha  tenido  la  bondad  de  enviarme, 

129 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

encuentro  en  sus  páginas  17  y  18,  respecto  al  asunto 
Colón,  que  el  Sr.  Pérez  Guzmán,  o  la  Real  Academia, 
o  usted  mismo,  han  sufrido  un  error  al  interpretar  la 
comunicación  que  con  fecha  22  de  diciembre  del  año 
último  dirigió  ,  a  esa  docta  Corporación  el  Presi- 
dente de  la  Asamblea  magna  Pro-Patria  Colón,  D.  An- 
tonio Pazos,  contestando  a  la  que  le  había  sido  envia- 
da el  20  de  octubre  del  mismo  año. 

En  ésta,  la  dirección  de  esa  Real  Academia  le  co- 
municaba que  en  vista  de  las  dificultades  que  había  te- 
nido para  poder  venir  a  esta  capital  la  Comisión  nom- 
brada, a  consecuencia  de  la  huelga  ferroviaria,  había 
acordado  proponer  una  de  las  tres  soluciones  siguien- 
tes: ''1.°  El  aplazamiento  de  la  venida  de  la  Comisión 
hasta  alcanzar  ocasión  propicia  para  que  llevase  a  cabo 
la  misión  que  se  le  había  encomendado.  2.°  La  remisión 
a  Madrid,  con  las  seguridades  y  garantías  necesarias, 
de  los  documentos  originales,  para  su  debida  inspección 
y  examen.  Y  3.°  Renunciar  a  un  encargo  que  no  había 
medio  de  desempeñar." 

Como  es  natural,  la  Comisión  Pro-Patria  Colón,  des- 
pués de  examinar  estas  tres  proposiciones,  y  aun  sin- 
tiendo la  demora,  contestó  la  primera  en  términos  que, 
en  mi  concepto,  no  admiten  duda,  y  son  los  siguientes : 

"Aceptar  la  primera  de  las  soluciones  propuestas 
por  esa  Real  Academia,  rogando  a  V.  E.  haga  presente 
a  la  Comisión  elegida  de  su  seno  el  vehemente  deseo 
que  esta  Comisión  tiene  de  que  no  pase  el  año  próximo 
de  19 1 8  sin  que  se  realice  el  viaje  suspendido." 

Me  parece  que  está  bastante  clara  la  decisión  de  esta 
130 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

Comisión;  pero  una  vez  que  ha  habido  error  de  inter- 
pretación, deseamos  que  esa  Real  Academia  reforme  el 
acuerdo  tomado  a  petición  de  usted,  a  cuyo  efecto  se 
le  dirige  la  comunicación  que  en  copia  me  permito  acom- 
pañarle, esperando  de  su  caballerosidad  la  apoye,  y  si 
usted,  por  cualquier  circunstancia  especial,  no  quisiera 
o  no  pudiera  venir  presidiéndola,  como  sería  nuestro 
deseo,  no  por  eso  deben  dejar  de  venir  aquellos  señores 
que  habían  sido  designados  por  el  inolvidable  sabio  Pa- 
dre Fita.    . 

Hay  que  advertir  que  esta  Comisión  Pro- Patria  Co- 
lón no  conoce  a  ninguno  de  los  señores  designados,  y 
yo,  no  solamente  no  tengo  el  honor  de  conocer  a  ningu- 
no, pero  ni  siquiera  a  ninguno  de  los  señores  que  for- 
man esa  Real  Academia. 

No  me  atrevo  a  contestar  en  extenso  su  muy  aprecia- 
ble  del  26  próximo  pasado  por  temor  a  molestarle,  y 
me  concreto  solamente  a  rogarle  encarecidamente  apoye 
nuestra  pretensión,  ya  que  usted  debe  reconocer  que  en 
realidad  de  verdad,  el  acuerdo  tomado  por  la  Real  Aca- 
demia no  responde,  ni  a  lo  que  ella  misma  propuso  en 
su  comunicación  del  20  de  octubre,  ni  a  los  deseos  del 
Padre  Fita,  ni  a  los  de  esta  Comisión,  que  tiene  una  fe 
ciega  en  que  del  profundo  estudio  de  crítica  histórica 
que  tiene  que  hacer  en  este  asunto  la  Comisión  de  la 
Real  Academia,  ha  de  resultar,  obrando  como  espera- 
mos, sin  prejuicios,  que  estamos  en  lo  cierto,  esto  es, 
que  el  gran  almirante  Cristóbal  Colón,  y  no  Colombo, 
fué  español. 

¿Qué  |riunfo  no  será  para  España  si  conseguimos 
131 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

salvar  el  error  histórico  que  hasta  hoy  se  viene  come- 
tiendo? Es  preciso,  necesario,  indispensable,  que  la  Co- 
misión de  la  Real  Academia  venga  a  esta  capital,  pues 
no  se  necesita  ninguno  de  los  documentos  presentados 
por  La  Riega  para  acreditar  que  Cristóbal  Colón  fué 
español;  dejemos  que  duerma  el  sueño  eterno  sin  pe- 
netrar en  el  santuario  de  su  conciencia  en  averiguación 
de  si  fué  él  quien  alteró  los  documentos  o  si  fué  algún 
otro,  pues  yo  deseo  que  se  termine  este  asunto  sin  que 
haya  escándalo,  evitado  'hasta  hoy  con  mi  prudencia  y 
serenidad,  y  con  el  aplomo  que  me  dan  mis  años  y  la 
rectitud  de  mis  procedimientos.  Si  tengo  la  dicha  de 
que  venga  usted  presidiendo  la  Comisión,  es  posible  que 
me  anime  a  descorrer  ante  sus  ojos  el  velo  que  ha  obs- 
curecido este  asunto. 

Aprovecho  esta  nueva  oportunidad  para  reiterarme 
de  usted  con  mi  más  distinguida  consideración  como  su 
más  atto.  s.  s.,  q.  e.  s.  m., 

I      (Firmado.)  Prudencio  Otero  Sánchez." 

Antes  ¡de  recibir  contestación  del  Sr.  Altolaguirre  a 
mi  carta  anterior,  nos  sorprendió  la  siguiente  comuni- 
cac^'ón  de  la  Real  Academia:  , 

"En  la  sesión  de  la  Academia  del  14  del  mes  corriente 
el  académico  de  número  Sr.  Menéndez  Pidal  dio  lectura, 
en  nombre  de  la  Comisión  -que  ha  estudiado  las  copias 
fotográficas  de  los  documentos  remitidos  por  V.  S.,  re- 
lativos a  la  cuestión  promovida  sobre  la  patria  de  Colón, 
del  informe  siguiente:  , 

132 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

Interesada  esta  Eeal  Academia  de  la  Historia  por 
la  Diputación  provincial  de  Pontevedra  en  el  estudio 
de  los  documentos  que  se  aducen  para  probar  la  pa- 
tria gallega  del  almirante  Cristóbal  Colón,  el  señor  di- 
rector de  nuestro  Real  Instituto  nombró  en  i.*  de 
agosto  de  1917  una  Comisión,  compuesta  por  los  aca- 
démicos Sres.  Al¿olaguirre,  Ureña  y  Bonilla  San  Mar- 
tín y  del  correspondiente  D.  Julián  Paz,  la  cual  había 
de  trasladarse  a  Pontevedra  para  el  examen  y  apre- 
ciación de  los  citados  documentos.  Mas  como,  por 
causas  bien  conocidas,  esa  Comisión  no  pudo  realizar 
el  proyectado  viaje,  la  Academia,  en  20  de  octubre, 
propuso  a  la  Diputación  tres  soluciones  posibles :  i  .*,  el 
aplazamiento,  ,  sin  término,  del  asunto  hasta  que  la 
Comisión  hallase  oportunidad  de  realizar  su  viaje; 
2.",  el  envío  a  Madrid  de  los  documentos  en  cuestión 
"con  las  seguridades  y  garantías  necesarias",  a  fin  de 
.proceder  aquí  a  su  examen,  y  3.',  la  renuncia  por  par- 
te de  la  Academia  de  la  misión  que  sobre  sí  había  to- 
mado. I  ' 

La  contestación  a  esta  comunicación  no  se  dio  hasta 
el  22  de  diciembre,  en  que  D.  Antonio  Pazos,  como 
presidente  de  la  Diputación  y  a  la  vez  como  presidente 
de  la  Asamblea  magna  Pro-Patria  Colón,  contestó  acep- 
tando el  aplazamiento  y  enviando  varias  fotografías  y 
otros  antecedentes  ip&ra  que  la  Comisión  los  examinase 
mientras  llegaba  el  tiempo  de  poder  realizar  su  viaje  a 
Pontevedra. 

Mientras  esta  respuesta  se  hacía  esperar  llegó  a  ser 
totalmente  imposible  el  viaje  de  la  Comisión  nombrada 

133 


PRUDENCIO       OTERO       SANCHBZ 

en  agosto,  por  ineludibles  ocupaciones  que  retienen  en 
Madrid  a  sus  individuos. 

Entonces  el  director  de  la  Academia,  confiando  en  el 
envió  de  los  documentos  mismos,  como  medio  más  fácil 
y  expedito  de  proceder  a  su  estudio,  habia  designado 
una  nueva  Comisión,  compuesta  de  los  Sres.  Vignáu, 
Ureña  y  Menéndez  Pidal,  para  el  examen  paleográfico 
de  las  cuestiones  que  esos  documentos  suscitan. 

Pero  en  vez  de  los  documentos  originales,  la  Asam- 
blea Pro-Patria  Colón  envió,  como  queda  dicho,  tan 
sólo  las  fotografías. 

Entonces  la  nueva  Comisión  quiso  conformarse  a  es- 
tas desfavorables  circunstancias,  y  cada  uno  de  sus  in- 
dividuos fué  estudiando  por  separado  las  copias  foto- 
gráficas remitidas,  reuniéndose  después  para  tratar  de 
los  resultados  obtenidos.  En  estas  reuniones  se  discu- 
tieron varios  puntos  históricos,  mas  por  último  se  llegó 
a  limitar  el  campo  de  acción  al  terreno  paleográfico,  con- 
viniéndose en  dos  conclusiones :  Primera,  el  nombre  de 
Colón  se  lee,  al  parecer,  de  un  modo  indudable  en  va- 
rios de  los  documentos  enviados  en  copia  fotográfica, 
demostrando  que  este  nombre  de  familia  era  usual  en 
Pontevedra  en  los  siglos  xv  y  xvi ;  segunda,  en  otros 
casos,  quizá  los  más  interesantes  por  la  fecha  o  por  el 
nombre  previsto  de  ese  apellido  familiar,  la  denomina- 
ción de  persona  presenta  en  las  fonografías  señales  de 
raspadura,  retoque,  mancha  o  escritura  posterior  a  la 
del  resto  del  documento,  y  lo  mismo  sucede,  acaso  en 
mayor  grado,  con  los  nombres  que  llevan  el  patronímico 

FONTEROSA. 

134 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

\  Los  esfuerzos  realizados  para  formar  un  juicio  acer- 
ca de  estos  casos  dudosos  fueron  inútiles.  El  examen 
¿e  la  autenticidad  de  esos  nombres  exigiría  una  compli- 
cada apreciación,  no  sólo  respecto  a  la  forma  de  la  le- 
tra que  la  fotografía  reproduce,  sino  respecto  al  estado 
del  papel,  a  la  clase  de  tinta  y  a  la  composición  de  las 
manchas  que  ofuscan  dichos  nombres,  circunstancias 
todas  imposibles  de  apreciar  en  una  fotografía. 

Por  lo  tanto,  la  Comisión,  a  pesar  de  su  buen  deseo 
de  cumpilir  de  modo  satisfactorio  su  cometido,  tiene  que 
abandonar  su  idea  de  dar  su  dictamen,  mientras  la 
Asamblea  Pro-Patria  Colón  no  se  decida  a  enviar  los 
documentos  originales  para  su  estudio  directo,  toda  vez 
que  los  académicos  que  suscriben  no  pueden  pensar  en 
hacer  un  viaje  a  Pontevedra,  que  siempre  sería  para 
ellos  del  más  alto  interés,  pero  al  cual  tienen  que  renun- 
ciar en  absoluto  por  causas  muy  diversas  e  imperiosas." 

Aprobado  dicho  informe  por  la  Academia,  acordó 
ésta  que  por  la  Secretaría  de  mi  cargo  se  pidiese  a  V.  S. 
la  remisión  de  los  documentos  originales  con  cuantas 
garantías  de  seguridad  sean  necesarias,  pues  la  Acade- 
mia en  asunto  de  tan  gran  importancia  desea  examinar- 
los en  pleno ;  lo  que  tengo  el  honor  de  comunicarle,  cum- 
pliendo dicho  acuerdo,  para  los  efectos  oportunos. 

Dios  guarde  a  V.  S.  muchos  años.  Madrid,  31  de 
mayo  de  1918. 

El  Secretario  accidental, 

Juan  Pérez  de  Guzmán  Gallo. 

Señor   presidente   de    la    Comisión    Pro-Patria    Colón, 
Diputación  provincial , de  Pontevedra." 
135 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

Después  de  recibida  la  anterior  comunicación,  fué  en 
mi  poder  la  atenta  carta  dd  Sr.  Altolaguirre  que  trans- 
cribo a  continuación: 

"Madrid,  5  de  junio  de  1918. 
Sr.  D.  Prudencio  Otero. 

Distinguido  amigo:  La  Comisión  encargada  por  la 
Academia  de^  dictaminar  acerca  del  valor  de  los  docu- 
mentos relativos  a  Colón  expuso  que  no  podía  informar 
en  definitiva  sin  tener  a  la  vista  los  documentos  origi- 
nales. Con  este  motivo,  atendiendo  a  los  deseos  de  us- 
ted, sostuve  la  propuesta  de  que  fuese  a  Pontevedra  la 
Comisión,  pero  me  quedé  solo,  y  así  consta  en  acta,  por- 
que tras  larga  discusión,  en  que  tomó  parte  buen  núme- 
ro de  compañeros,  la  Academia  acordó,  vista  la  impor- 
tancia que  va  tomando  este  asunto,  ser  ella  en  pleno  la 
que  estudie  los  documentos,  a  cuyo  efecto  interesará  que 
se  le  remitan  los  originales. 

La  solución  la  encuentro  lógica,  porque,  en  realidad, 
el  fundamento  de  todo  el  castillo  levantado  por  La  Rie- 
ga está  en  los  documentos,  y  natural  es  que  todos  los 
académicos  quieran  juzgar  por  sí  antes  de  emitir  su 
voto  en  asunto  de  tal  trascendencia. 

Digo  que  el  fundamento  de  la  teoría  de  la  Riega  está 
en  la  documentación  porque,  a  mi  juicio,  y  según  puede 
ver  en  el  trabajo  que  leí  en  la  Academia  y  que  aparece 
inserto  en  el  Boletín  que  le  remito,  los  demás  argumen- 
tos por  él  aducidos  carecen  de  valor  probatorio. 

El  hecho  de  que  el  apellido  Colón  aparezca  en  Gali- 
cia no  es  suficiente ;  Colones,  Colambos,  Colomas  y  Co- 

136 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

lomos  aparecen  en  muchas  partes  (fíjese  que  al  princi- 
pio el  Almirante  -se  llamó  en  (Castilla  Colomo) ;  lo  que 
es  necesario  que  aparezca  es  la  genealogía  completa, 
como  aparece  en  Italia  con  los  Colombos. 
^  Suyo  afectísimo  amigo, 

^  Ángel  de  Altolaguirre.'* 

Esta  carta,  como  la  anterior  comunicación  de  la  Aca- 
demia, fueron  contestadas  casi  simultáneamente,  la  pri- 
mera por  mi  y  lia  segunda  por  el  presidente  de  la  Asam- 
blea magna  Pro-Patria  Colón,  en  la  forma  siguiente : 

"Puebla  del  Caramiñal,  junio  15  de  1918. 
Sr.  D.  Ángel  Altolaguirre. 

Madrid. 

Mi  distinguido  amigo:  Recibo  aquí  su  muy  aprecia- 
ble  del  5  del  corriente,  pero  no  así  su  último  trabajo  pu-' 
blicado  en  el  Boletín  de  la  Academia,  que,  seguramente, 
debe  estar  en  mi  casa  de  Pontevedra,  adonde  lo  he  man- 
dado buscar. 

Agradezco  a  usted,  ante  todo,  los  esfuerzos  que  hizo 
(accediendo  a  mis  deseos)  de  sostener  en  la  Academia 
la  propuesta  hecha  por  la  Comisión  Pro-Patria  Colón, 
de  que  viniese  a  Pontevedra  la  de  la  Academia,  y  sien- 
to que  esta  Corporación  no  hubiese  accedido  a  tan  justa 
pretensión,  pues  la  solución  por  ella  propuesta  de  en- 
viar los  originales  a  Madrid  no  es  posible  llevarla  a  eje- 
cución. 

¿Cómo  es  posible  enviar  la  iglesia  de  Santa  María  la 
137 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Grande,  de  Pontevedra,  donde,  en  caracteres  pétreos, 
se  halla  la  capilla  que  contiene  la  inscripción  de  Juan 
de  Colón?  ¿Cómo  se  puede  enviar  el  crucero  de  Porto 
Santo?  ¿Cómo  la  base  del  mismo,  en  donde  se  halla  la 
inscripción  de  Juan  de  Colón  frente  a  la  casa  a  que  la 
tradición  de  tres  siglos  designa  fué  del  que  descubrió 
Jas  Américas  ?  ¿  Cómo  se  desprende  el  Archivero  de  las 
Notarías  de  los  protocolos  del  notario  Alonso  García 
de  Sisto,  correspondientes  a  los  años  1518  y  1529? 
¿Quién  tiene  autorización  para  enviar  el  libro  de  visi- 
tas de  la  Cofradía  de  la  Santísima  Trinidad,  en  donde 
se  halla  el  acta  de  la  visita  verificada  en  1576  por  el 
muy  magnífico  y  reverendísimo  D.  Cristóbal  Colón? 
¿Cómo  se  pueden  enviar  los  Registros  de  la  Propiedad 
de  Pontevedra,  en  donde  se  hallan  anotadas  ventas  de 
casas,  tierras  y  foros  de  los  descendientes  del  almiran- 
te D.  Cristóbal  Colón,  naturales  de  Méjico?  ¿Cómo  se 
pueden  remitir  los  documentos  que  obran  en  poder  de 
particulares  y  que  no  tienen  por  qué  desprenderse  de 
sus  títulos  de  propiedad?  ¿Cómo  se  puede  enviar  la  tra- 
dición sino  viniendo  aquí,  la  Comisión  y  haciéndola  ella 
misma,  aparte  de  la  que  le  envíe  el  socio  correspondien- 
te de  la  Academia  ,Sr.  Fernández  Gil,  con  los  demás 
trabajos  que  sobre  este  asunto  tiene  preparados  y  que 
illevaron  a  su  ánimo  como  al  mío  que  Cristóbal  Co- 
lón no  tuvo  por  cuna  Genova  y  sí  España  (Ponteve- 
dra) ?  Y,  en  fin,  ¿  cómo  puede  informar  la  Real  Acade- 
mia en  un  asunto  de  tal  importancia  para  España  sin 
que  envíe  a  Pontevedra  una  Comisión  de  su  seno  que 
la  informe,  no  sólo  de  la  veracidad  de  los  documentos, 

138 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

.sino  de  todos  los  indicios  que  aqui  existen  y  que  for- 
man una  plena  prueba,  y  de  las  consultas  que  se  le  ha- 
gan, de  las  cuales  tiene  que  desprenderse  necesariamen- 
te que  Cristóbal  Colón  no  fué  nunca  ni  Colomo,  ni  Co- 
lombo,  ni  Coloma,  ni  Colombus? 

Pero  a  mi  no  me  inquieta  nada  de  lo  que  la  Academia 
piense  en  italiano,  puesto  que  e^o  se  destruirá  (y  tengo 
la  seguridad  de  ello)  cuando  se  examinen  los  documen- 
tos de  Italia,  puesto  que  a  esto  se  tiene  que  llegar;  lo 
que  si  me  inquieta  es  lo  que  usted  me  dice  en  la  suya 
de  que  tiene  que  aparecer  la  genealogía  de  los  Colones, 
como  aparece  la  de  los  Colombos  en  Italia.  Yo  creo  ha- 
berle dicho  en  mi  primera  carta  que  la  genealogía  del 
Almirante  será  difícil  hacerla  hoy  (por  no  decir  impo- 
sible), puesto  que  no  me  dan  siglos  de  tiempo  como  en 
Italia  para  arreglarla — ^y  no  porque  no  pudiera  hacerse 
verídica,  sino  porque  ha  habido  en  este  asunto  alguien 
que  la  ha  estropeado — ;  y  como  decía  el  Almirante  en 
su  testamento,  refiriéndose  a  doña  Beatriz  Enríquez: 
*'La  razón  <ie  ello  no  es  lícito  de  la  decir  aquí." 

Yo  he  enviado  a  la  Academia  i6  fotografías  y  dibu- 
jos referentes  a  documentos  y  otras  pruebas  del  apelli- 
do Colón,  y  entre  ellos  sólo  presento  de  los  documentos 
"  del  finado  La  Riega  los  números,  si  mi  recuerdo  no  me 
es  infiel,  ii,.  13,  15  y  16;  pues,  aun  cuando  están  tacha- 
dos de  falsedad,  yo  he  de  demostrar  que  ellos  dicen  lo 
mismo  que  decían  en  su  prístino  estado,  y  con  especiali- 
dad el  número  11,  que  fué  encontrado  en  el  archivo  del 
Ayuntamiento  de  Pontevedra  por  el  Sr.  D.  Casto  Sam- 
pedro  y  el  malogrado  joven  Sr.  Castiñeira,  en  donde  se 

139 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

halla  los  dos  nombres  de  Domingo  de  Colón  y  Benja- 
mín Fonterosa — documento  ¡que  fué  la  base  de  todo 
cuanto  hoy  se  ha  escrito  respecto  a  Colón,  español. 

Yo,  como  buen  gallego,  no  he  dicho  todo  lo  que  hay 
que  decir  ni  todo  lo  que  hay  que  ver,  porque  esto  lo 
dejo  para  cuando  venga  la  Comisión  de  la  Academia; 
porque  es  preciso,  necesario  e  indispensable  que  ella 
venga,  si  es  que  la  Real  Academia  de  la  Historia  es- 
pañola entiende  que  este  asunto  vale  la  pena  de  que  al- 
gunos de  sus  miembros  hagan  el  sacrificio  de  hacer  un 
viaje  de  unas  cuantas  horas.  Yo  maldigo  la  hora  en  que 
la  huelga  ferroviaria  ha  detenido  el  viaje  que  usted  y 
compañeros  de  Comisión  estaban  dispuestos;  a  hacer, 
porque,  aun  conociendo  el  prejuicio  que  en  la  Acade- 
mia hay  para  salvar  este  error  histórico,  es  tal  la  con- 
vicción que  tengo  de  que  estoy  en  lo  cierto,  que  no  me 
cabe  en  la  cabeza  que,  pensando  en  español,  pueda  na- 
die sostener  que  la  genealogía  de  Cristóbal  Colombo 
corresponde  a  la  de  Cristóbal  Colón.  Pues,  ¡qué!,  ¿hay 
alguien  que  en  el  terreno  del  derecho  pueda  sostener  que 
el  que  dice  en  el  único  documento  público  que  existe 
en  España  que  su  linaje  verdadero  es  de  los  de  Colón, 
le  dé  por  lijiaje  a  un  Colombo?  Y  aun  siendo  así,  ¿cómo 
se  obliga  a  los  descendientes  de  aquel  grande  hombre  a 
estar  usurpando  un  derecho  civil,  incurriendo  en  un  de- 
lito que  castigan  todos  los  Códigos  penales  del  mundo  ? 
Una  de  dos,  o  los  descendientes  del  Almirante  son  ''Co- 
lón" o  ''Colombo" ;  sin  son  lo  .último,  son  italianos,  por 
más  que  en  España  hay  Colombos;  pero  si  son  de  los 
de  "Colón",  tienen  que  ser  forzosamente  españoles. 

140 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

A  los  descendientes  del  Almirante  les  basta  y  les  so- 
bra con  que  su  genealogía  empiece  con  él ;  no  necesitan 
que  empiece  en  su  abuelo  postizo,  Juan  Colombo,  ni  en 
su  padre,  Domingo  Colombo.  Y  a  propósito  de  esto  voy 
a  tomarme  la  libertad,  y,  si  no  €s  una  indiscreción,  qui- 
siera preguntarle :  ¿  Ha  tenido  usted  a  la  vista  los  do- 
cumentos en  que  se  funda  la  genealogía  italiana?  Esta 
pregunta  la  hago  porque  si  (ha  tenido  usted  a  la  vista  el 
acta  notarial  de  26  de  agosto  de  1472  (creo  que  ésta  es 
la  fecha)  debió  usted  leerla  muy  ligeramente,  porque 
ella  demuestra  de  una  manera  clara  y  terminante  que 
el  Cristóbal  Colombo,  lanero,  que  en  ella  figura  con  su 
padre,  Domingo  Colombo,  también  lanero,  no  puede  ser 
el  Cristóbal  Colón,  marino,  que  en  esa  época  estaba  en 
Portugal. 

Yo  deseo,  Sr.  Altolaguirre,  que,  por  amor  a  la  Pa- 
tria y,  sobre  todo,  por  amor  a  la  verdad,  venga  esa  Co- 
misión, que  es  la  que  debe  llevar  la  gloria  de  esclarecer 
la  cuna  de  Colón,  pues  después  de  haber  estado  yo  tres 
años  investigando  y  estudiando  todos  los  elementos  que 
pueden  reunirse  sobre  este  asunto,  o  tengo  que  con- 
vencer a  la  Comisión  de  que  Colón  fué  español,  o  tiene 
ella  que  ilustrarme,  con  datos  que  yo  desconozco,  de" 
que  es  genovés. 

No  crea  usted,  como  me  decía  en  su  primera  ^carta, 
que  el  finado  La-  Riega  nos  sugestionó;  no,  señor 
Altolaguirre.  Yo  lo  único  que  sostengo  de  La  Rie- 
ga es  que  fué  el  primero  en  proclamar  la  patria  españo- 
la del  Almirante;  pero  me  separo  de  sus  documentos  y 
de  su  labor  conjetural,  y  sostendré,  si  usted  quiere,  mi 

141 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

tesis  de  que  Cristóbal  Colón  no  es  Cristóbal  Colombo,  y 
de  esto  estoy  tan  cierto  cojno  de  que  existo. 

Ni  España,  ni  la  Real  Academia,  ni  yo  quedaremos 
jamás  en  ridículo  (como  me  decía  usted  en  su  primera), 
aun  cuando  llegase  Italia,  por  otros  medios  que  hoy  no 
se  conocen,  a  probarnos  que  el  Almirante  era  genovés, 
porque  es  indiscutible  que  ni  él  en  vida  ni  nadie  ase- 
guró quién  era  su  padre,  ni  quién  era  su  abuelo,  y  si 
dijo  que  era  genovés  fué  porque  así  le  convenía  y  así 
lo  tenía  proyectado  seguramente  con  Oderigo,  aunque 
no  lo  pudo  conseguir,  como  se  desprende  perfectamen- 
te de  su  correspondencia  con  este  embajador. 

Perdone  que  le  moleste  con  esta  larga  epístola,  que 
le  escribo  al  correr  de  la  pluma  en  esta  su  casa  de  cam- 
po y  sin  ningún  antecedente  a  la  vista,  y  que  tiene  por 
objeto  rogarle  se  digne  indicarme  de  qué  medios  puedo 
valerme  para  conseguir  lo  que  el  finado  P.  Fita  había 
dispuesto,  que  es  lo  que  yo  deseo  y  lo  que  yo  creo  ló- 
gico; esto  es,  que  venga  a  Pontevedra  una  Comisión 
de  esa  Corporación. 

Lo  saluda  con  la  consideración  de  siempre  su  afectí- 
simo amigo, 

Prudencio  Otero  Sánchez." 


COMUNICACIÓN  A  LA  REAL  ACADEMIA 

"La  Comisión  Pro-Patria  Colón,  que  tengo  el  honor 
de  presidir,  se  ha  enterado  con  profunda  pena  del  acuer- 
do tomado  por  esa  Real  Academia  con  fecha  14  de 
mayo  último,  y  que  me  ha  sido  transmitido  por  la  Se- 

142 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

cretaría  de  la  misma  el  31  del  referido  mes;  acuerdo 
del  cual  se  desprende  que  esa  Corporación  halla  más 
factible  que  esta  Comisión  envíe  los  documentos  origi- 
nales y  demás  elementos  de  juicio  para  salvar  un  error 
histórico  len  asunto  de  tanta  importancia,  que  enviar  a 
esta  capital  una  Comisión  de  su  seno  para  que  informe 
con  toda  la  amplitud  que  sea  necesaria  respecto  al  "re- 
conocimiento y  examen  de  los  documentos  que  se  le 
presenten  y  apreciar,  además  de  su  autenticidad,  el  ver- 
dadero valor  testifical  de  todos  los  antecedentes  que  se 
le  consulte" ;  como  asi  estaba  acordado,  según  la  comu- 
nicación de  esa  Dirección  del  16  de  juHo  de  191 7. 

La  Comisión  que  presido  espera  confiadamente  que 
vuecencia  ha  de  conseguir  encontrar  entre  los  seño- 
res académicos  aquellos  que  por  amor  a  las  glorias  pa- 
trias y  por  amor  a  la  verdad,  sepan  y  quieran  afron- 
tar el  sacrificio  de  hacer  el  viaje  a  esta  capital,  pues 
por  las  razones  que  paso  a  exponer  y  que  V.  E.  encon- 
trará justificadas,  no  es  posible  a  esta  Comisión  cum- 
plimentar el  acuerdo  citado  del  14  de  mayo  próximo 
pasado.  , 

(Siguen  las  mismas  razones  que  en  la  anterior  carta 
al  Sr.  Altolaguirre.) 

Y,  por  último,  ¿cómo  es  posible,  sin  venir  a  esta  ca- 
pital la  Comisión  de  la  Real  Academia,  aclarar  e  inter- 
pretar rectamente,  con  el  escalpelo  de  la  crítica  históri- 
ca y  de  deducciones  lógicas,  los  documentos  y  elemen- 
tos que  nos  proporcionan  los  escritos  reconocidos  como 
del  propio  Almirante  y  los  mil  indicios  que  existen  para 

143 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

demostrar  que  la  genealogía  italiana  de  ''Cristóbal  Co- 
lombo"  no  es  ni  puede  ser  la  de  "Cristóbal  Colón"  ? 

En  consideración  a  las  razones  expuestas,  esta  Comi- 
sión confía  que  V.  E.  comprenderá  que  es  preciso,  ne- 
cesario e  indispensable  venga  a  esta  capital  una  Comi- 
sión de  esa  Real  Academia,  con  los  objetos  indicados; 
y  si  V.  E.,  con  el  ascendiente  que  tiene  como  director 
de  ella,  no. lo  pudiera  conseguir,  nos  lo  comunique  in- 
dicándonos si  encuentra  otro  medio  para  poder  llevar  a 
término  un  asunto  que  importa  y  significa  una  de  las 
principales,  por  no  decir  la  mayor,  de  las  glorias  espa- 
ñolas. 

Dios  guarde  a  V.  E.  muchos  años.  Pontevedra,  ju- 
nio ly  de  1918. 

(Firmado.)  Antonio  Pazos. 
Excmo.  Sr.  Director  de  la  Academia  de  la  Historia." 

Cuando  esperábamos  confiadamente  que  la  Real  Aca- 
demia de  la  Historia,  viendo  la  imposibilidad  material 
de  enviar  los  originales  de  las  fotografías  remitidas,  se 
resolviera  a  cumplir  el  ofrecimiento  hecho  de  enviar  la 
Comisión  de  su  seno,  nos  encontramos  con  lo  que  yo 
había  previsto  hace  tiempo,  o  sea  que  desiste  de  toda  in- 
gerencia en  este  asunto  y  nos  dirige  la  despectiva  si- 
guiente última  comunicación: 

■  "Di  cuenta  a  la  Academia,  en  su  sesión  del  día  28  del 
pasado  junio,  de  la  comunicación  de  V.  S.  fecha  17  del. 
mismo,  y  confirmándose  el  Cuerpo  en  su  acuerdo  del 

144 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

dia  14  de  mayo  último,  que  con  fecha  31  del  propio  mes 
tuve  el  honor  de  trasladarle,  resolvió  que  se  devuelvan 
a  V.  S.  las  mil  pesetas  que  me  fueron  giradas  para  los 
gastos  de  viaje  de  la  Comisión  que  había  de  ir  a  Pon- 
tevedra para  examinar  los  documentos  relativos  al  Cris- 
tóbal Colón  que  tuvo  por  cuna  esa  localidad  y  que  la 
Comisión  Pro-Patria  Colón  opina  que  fué  el  descubri- 
dor del  Nuevo  Mundo. 

No  habiéndose  remitido  por  esa  Comisión  a  examen 
de  la  Academia  los  documentos  originales  de  esta  cues- 
tión,^ siendo  su  acuerdo  que  ella  misma,  en  pleno,  los 
examinase,  la  Academia  da  por  terminada  su  interven- 
ción en  este  asunto. 

Dios  guarde  a  V.  S.  muchos  años.  Madrid,  6  de  julio 
de  1918. 

"  El  Secretario  accidental, 

(Firmado.)  Juan  Pérez  de  GuzmAn  y  Gat^lo. 

Sr.  D.  Antonio  Pazos,  presidente  de  la  Comisión  Pro- 
Patria  Colón." 


Ante  la  desconsideración  que  entraña  este  documen- 
to, la  Comisión  Pro-Patria  Colón  se  disuelve,  pues,  como 
dejo  dicho  en  el  capitulo  ''Al  lector",  sólo  por  deferen- 
cia a  mi  amistad  ha  servido  de  intermediaria  entre  la 
Academia  y  yo,  quedando  a  mi  cargo  la  demostración 
de  que  no  es  Genova  la  verdadera  cuna  del  Almi- 
rante Cristóbal  Colón, 

Deseo  que  la  opinión  del  Mundo  se  entere  de  que  hay 
145 


PRUDENCIO      OTERO      SANCHBZ 

una  Real  Academia  de  la  Historia  que,  tratándose  de 
un  asunto  de  tal  magnitud  para  la  Patria,  toma  por  pre- 
texto para  no  intervenir  en  él  pedir  que  se  le  remitan 
los  documentos  originales  que  tiene  que  examinar; 
cuando  debe  saber  que  es  imposible  enviárselos  sin  un 
Real  decreto  o  una  ley  que  obligue  a  los  archiveros  no- 
tariales, registradores  de  la  Propiedad  y  curas  párro- 
cos a  remitirlos,  pues  ni  la  Comisión  Pro-Patria  Colón, 
ni  el  autor  de  estos  modestos  trabajos,  tienen  autoriza- 
ción para  ello. 


VII 
MI  ALEGATO  * 

¿  C  o  »  ó  N      o      C  O  L  O  xM  B  O  ? 

Es  indiscutible  que  el  Almirante  tuvo  decidido  inte- 
rés en  que  su  origen  y  patria  fuesen  desconocidos,  y 
por  esto  no  hay  posibilidad  de  poder  retrotraerse  del 
año  1470,  en  que  arribó  a  Lisboa — como  él  mismo  nos 
lo  cuenta — nadando  sobre  un  remo  y  como  único  su- 
perviviente, después  de  estar  combatiendo  todo  el  día 
con  unas  naves  venecianas. 

Desde  este  año  podemos  averiguar  la  vida  del  gran- 
de hombre,  pues  no  ha  querido  darnos  más  noticia  de 
su  pasado  sino  que  se  había  embarcado  muy  joven — ^a 
los  catorce  años,  según  su  hijo  Fernando — y  que  había 
navegado  veintitrés  años,  sin  estar  en  ningún  puerto 
tiempo  que  haya  de  contarse. 

Desde  su  institución  Mayorazga  de  1498  hasta  hoy 
continúa  la  duda  respecto  a  su  origen  y  patria,  pues  si 
bien  se  ha  querido  dar  por  buena  la  genealogía,  arre- 
glada en  Italia,  a  partir  de  su  abuelo,  Juan  Colombo,  ya 
demostraremos  que  ésta  no  es  la  del  Almirante. 

Como  muy  bien  dice  el  conde  Roseelly  de  Lorgnes 
en  su  obra  Cristóbal  Colón,  de  1892  (primer  tomo,  pá- 

147 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

gina  26),  es  este  hombre  en  nuestra  época  menos  co- 
nocido que  un  siglo  atrás.  La  incertidumbre  de  la  opi- 
nión es  cosa  notoria ;  y  sabíase  que  no  se  sabía  o  que  se 
sabía  mal. 

El  americano  Washington  Irving  comienza  con  estas 
líneas  su  célebre  obra:  ''Nada  cierto  se  sabe  acerca  de 
los  primeros  años  de  Cristóbal  Colón.  La  época,  el  lu- 
gar de  su  nacimiento,  están  envueltos  en  igual  obscuri- 
dad ;  ni  son  más  conocidos  sus  antepasados ;  y  ha  sido 
tal  la  fatigosa  esterilidad  de  los  historiadores,  que  es 
difícil  descubrir  la  verdad  en  medio  del  laberinto  de 
conjeturas  que  la  envuelven." 

El  P.  Beaumón  dice  en  su  primer  tomo  de  la  Histo- 
ria de  Colón,  en  la  colección  hecha  por  el  padre  fran- 
ciscano de  la  provincia  del  Santo  Evangelio,  de  Méjico, 
Manuel  de  la  Vega  (único  ejemplar  que  se  conserva  en 
la  Biblioteca  de  la  Real  Academia  de  la  Historia),  refi- 
riéndose a  su  hijo  D.  Fernando,  "que  fué  sacerdote,  va- 
rón de  grande  literatura  y  escribió  con  mucha  verdad 
los  sucesos  de  su  padre  y  hermano,  no  dando  lugar  de 
que  los  adulterasen  sus  enemigos". 

Y  para  no  hacer  más  fatigosa  la  demostración  de  que 
el  Almirante  dejó  a  designio  de  la  obscuridad  su  ori-' 
gen,  no  citaremos  los-  innumerables  historiadores  que 
así  lo  manifiestan,  y  así  lo  asegura  su  hijo  Fernando. 

Queda,  pues,  reducido  el  problema  a  buscar  la  patria 
de  Colón,  puesto  que  la  genealogía,  o  sean  sus  antece- 
sores, es  difícil  hacerla  desde  que  él,  sus  hermanos  y 
sus  hijos  no  nos  han  dicho  quiénes  fueron  sus  padres, 
y  no  queremos  hacer  lo  que  en  Italia,  buscando  una  ge- 

148 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

nealogía  que,  con  toda  seguridad,  nada  tiene  que  ver 
con  ía  del  Almirante. 

Para  nuestro  propósito  nos  basta  y  nos  sobra  con 
demostrar  que  no  puede  ser  genovés,  y  no  siendo  ge- 
novés,  ¿de  dónde  es? 

Queda,  pues,  sencillamente  este  asunto  convertido  en 
una  cuestión  de  derecho;  y  es  tiempo  de  que  aduzca- 
mos las  pruebas  que  para  ello  tenemos. 

PRUEBAS 

El  Sr.  Altolaguirre,  llevando  Ja  voz  y  tal  vez  la  re- 
presentación de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  nos 
presenta  con  un  lujo,  de  detalles  en  su  trabajo  preinser- 
to 'la  genealogía  colombiana  que  existe,  arreglada  en 
Italia.  Son  perfectos  y  han  de  agradecérselo  los  italia- 

.   nos.  A  mi  modo  de  pensar,  merecerían  otra  causa  mejor. 

P  Hay  que  advertir  que  el  Sr.  Altolaguirre  confiesa 
que  muchos  de  los  documentos  que  aparecen  en  Italia 
son  apócrifos,  y  que  ''el  que  algún  documento  Ihaya  re- 
sultado falso  no  prueba  que  lo  sean  todos  los  demás, 
y  por  esto,  ínterin  no  se  demuestre  de  una  manera  evi- 
dente, como  resultado  de  una  investigación  direda  y 
reconocimiento  técnico,  que  son  apócrifos,  tendremos 
por  auténticos  todos  los  publicados  por  la  Real  Comi- 
sión Colombiana". 

Eso  es  lo  que  deseamos :  que  se  realice  una  investiga- 
ción por  hombres  sin  prejuicios  de  varias  nacionalida- 
des, y  que  así  como  se  hizo  en  Italia  con  algunos  docu- 
mentos que  se  habían  falsificado  burdamente,  se  proce- 
da con  los  documentos  españoles,  pues  si  algunos  de 

149 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

log  presentados  por  La  Riega  fueron  reargüidos  de  fal- 
sos, los  hay  exentos  de  semejante  inculpación. 

En  mi  primera  exposición  de  6  de  febrero  de  191 7 
preguntaba  de  luia  manera  concreta :  Cristóbal  Colón, 
¿  era  Colón  o  Colombo  ? 

A  esta  pregunta  parece  que  el  Sr.  Altolaguirre  quiere 
contestar  de  modo  indirecto  presentándonos  la  genealo- 
gía colombiana. 

El  eminente  académico  de  la  Historia  excelentísimo 
Sr.  D.  Ricardo  Beltrán  de  Rózpide  publicó  en  15  de 
junio  de  191 8,  con  motivo  de  la  Fiesta  de  la  Raza,  un 
artículo — que  es  cumplida  respuesta  al  estudio  filológi- 
co de  su  colega  el  Sr.  Altolaguirer — ^y  que  transcribo  a 
*  continuación.  j  í^  ] 

CRISTÓBAL   COLÓN   Y    LA   FIESTA   DE    LA   RAZA 

"El  12  de  octubre  va  a  ser  en  España  fiesta  nacional 
con  la  denominación  de  Fiesta  de  la  Rasa.  Ya  lo  es  en 
la  mayor  parte  de  los  Estados  liispanoamerícanos,  como 
*' homenaje  a  la  Nación  española  y  a  Cristóbal  Colón", 
según  la  calificó  el  Congreso  peruano ;  como  "homena- 
je a  España,  progenitora  de  naciones,  a  las  cuales  ha 
dado,  con  la  levadura  de  su  sangre  y  con  la  armonía  de 
su  lengua,  una  herencia  inmortal",  según  declaraba  en 
reciente  fecha  el  Poder  ejecutivo  de  la  República  Ar- 
gentina. 

Es  la  Fiesta  de  la  Raza  hispana,  celebrada  el  día  del 
año  en  que  navegantes  españoles,  dirigidos  por  Cristó- 
bal Colón  y  los  Pinzones,  vieron  la  primera  tierra  de  las 
Indias  occidentales. 

150 


E  S  P  A  Ñ  A,     P  A  T  RI  A     DE     COLON 

Todo  fué  español  en  aquella  magna  empresa,  pues 
hasta  el  mismo  Colón,  que  como  extranjero  se  había 
presentado  en  Cotilla,  como  natural  de  estos  Reinos 
se  consideraba,  hasta  tal  punto  que,  aparte  el  latín  que 
empleó  en  algunas  ocasiones,  en  castellano  habló  y  es- 
cribió también.  Con  razón  un  ilustre  orador  colombia- 
no, Antonio  Gómez  Restrepo,  decía  en  la  Fiesta  de  la 
Raza,  en  1917,  en  Bogotá,  que  el  castellano  fué  el  idio- 
ma que  usó  Colón  "aun  en  aquellos  escritos  de  tal  ma- 
nera íntimos  y  personales  que  sólo  se  redactan  en  la 
lengua  que  se  ha  aprendido  a  hablar  desde  la  cuna". 
En  castellano  consignó  los  incidentes  de  sus  portento- 
sos viajes,  en  forma  de  diario ;  en  castellano  están  sus 
cartas ;  en  castellano  fué  escrito  el  libro  extraño  de  "Las 
Profecías",  que  nos  revela  hasta  dónde  alcanzaba  la 
exaltación  de  su  espíritu  de  iluminado  en  aquel  hombre 
de  sentido  tan  práctico  y  tan  positivo.  No  empleó  Co- 
lón en  los  momentos  decisivos  de  su  existencia  el  idio- 
ma del  Dante,  que  ya  por  entonces  había  llegado  a  su 
perfección  clásica,  sino  la  lengua  vigorosa,  enérgica, 
ruda  todavía,  pero  próxima  a  los  esplendores  de  la  edad 
de  oro,  de  la  cvval  había  de  decir  Carlos  V  poco  des- 
pués que  era  el  idioma  más  apropiado  para  hablar  con 
Dios. 

Si  a  pesar  de  la  rotunda  negativa  de  D.  Fernando 
Colón,  su  padre,  D.  Cristóbal  pudo  haber  sido  uno  de 
los  hijos  del  Doménico  Colombo,  tejedor,  tabernero  y 
propietario  en  Genova,  hay  que  reconocer  que  nunca  en 
documentos  oficiales,  en  Reales  cédulas,  provisiones,  tí- 
tulos, asientos,  memoriales  y  cartas  relativos  al  almi- 

151 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

raíite  D.  Cristóbal  Colón,  aparece  el  apellido  Colombo, 
ni  se  alude  en  ningún  escrito  del  Almirante  a  la  fami- 
lia que  dieron  como  suya  los  analistas  o  historiadores 
genoveses.  Si  aun  no  siendo  de  dicha  familia,  fué  ge- 
novés,  como  está  escrito  en  papeles  testamentarios,  no 
quiso  Colón  que  se  supiese  que  lo  era. 

Se  presentó  en  Andalucía  como  extranjero  que  ha- 
bía pasado  casi  toda  su  vida  en  el  mar,  desde  muy  tem- 
prana edad,  sin  referirse  nunca  a  su  patria  y  familia ; 
era  un  desconocido  que  no  se  decía  español,  pero  que 
usaba  un  apellido  bastante  común  en  España.  Colomo, 
Colom  y  Colón  se  apellidaba  cuando  pidió  y  obtuvo, 
en  1487  a  1492,  los  auxilios  pecuniarios  que  de  orden 
de  los  Reyes  le  entregaban  los  tesoreros  o  contadores, 
y  Colom  y  Colón  se  le  apellidaba  en  el  finiquito  de  las 
cuentas  de  Santaniel  y  Pinelo;  Colón  le  llama  en  su 
carta  el  Rey  de  Portugal ;  Colón  se  le  llama  en  las  Ca- 
pitulaciones de  Granada,  que  refrendó  un  español  casi 
de  su  mismo  apellido,  Juan  de  Coloma,  y  aun  este  ape- 
llido Coloma  es  el  que  le  da  Aníbal  Juanuarius  al  no- 
ticiar la  llegada  a  Lisboa  de  "uno  que  ha  descubierto 
ciertas  islas";  Colón  se  apellidaba  él  mismo  en  el 
preámbulo  del  Diario  de  a  bordo ;  Cofcn  se  lee  al  pie 
de  la  postdata  de  las  cartas*que  escribió  a  Luis  de  San- 
tángel  y  a  Rafael  Sánchez  al  regresar  de  su  primer  via- 
je; Colón  y  no  Colombo.  es  el  dilecto  hijo  de  que  habla 
Alejandro  VI  en  su  bula  de  1493 ;  'por  último.  Colón 
se  apellidaban  los  de  su  linaje,  según  declara  en  la  ins- 
titución de  mayorazgo,  en  ese  documento  que  debió  es- 
cribir con  la  vista  puesta  en  el  país  de  los  Colombos, 

152 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

en  la  República  de  Genova,  "su  amantísima  patria",  se- 
gún el  codicilo  militar  apócrifo  de  1506,  en  la  ciudad 
de  Genova,  *''de  donde  salió  y  en  donde  nació",  según 
la  citada  institución  de  mayorazgo.  Y,  «in  embargo,  tan 
españolizado  o  castellanizado  estaba  el  Almirante  que, 
suponiendo  que  fuera  de  la  familia  de  aquellos  Colom- 
bos,  no  recordaba  o  no  tuvo  en  cuenta,  aun  tratándose 
de  acto  en  que  tanta  transcendencia  tiene  el  apellido, 
que  en  Genova,  los  de  su  linaje,  se  llamaban  Colombos 
y  no  Colones. 

¿Que  Colombo,  por  una  parte,  y  Colón,  Colom  o 
Colomo,  por  otra,  son  un  mismo  apellido  ?  ¿  Que  los  Co- 
lombos italianos  se  llamaban  Colones  en  España,  y  los 
Colones  o  Colomos  españoles  eran  Colombos  en  Italia, 
como  a  los  Coullon  franceses  apellidaban  Colón  los  es- 
pañoles y  Colombo  los  italianos? 

Puede  ser.  Pero  el  hecho  indudable  es  que  Cristóbal 
Colón  siempre,  hasta  el  último  momento  de  su  vida, 
quiso  llamarse  Colón,  a  la  española,  y  no  Colombo,  a  la 
italiana.  Esto  es  lo  que  me  importa  dejar  consignado, 
el  hispanismo  de  Cristóbal  Colón  y,  por  consiguiente, 
su  derecho  a  ocupar  ^bajo  todos  conceptos,  incluso  el  de 
español,  puesto  preferente  en  la  Fiesta  de  la  Raza  his- 
pana.—Ricardo  Beltrán  y  Rózpide,  de  la  Real  Aca- 
demia de  la  Historia.— Madrid,  15  de  junio  de  1918." 

Al  anterior  trabajo  del  Sr.  Beltrán  y  Rózpide  tengo 
que  agregar  algo  que  entiendo  no  se  puede  contrarres- 
tar obrando  en  buena  fe  y  empleando  argucias  del  de- 
recho propias  de  personas  poco  serias,  y  es  acotando 

153 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

con  el  único  documento  que  puede  hacer  fe  en  juicio, 
cual  es  la  institución  Mayorazga  de  1498. 

En  ella  dice  lo  siguiente:  "Haya  el  dicho  Mayorazgo 
y  le  suceda  y  herede  el  pariente  más  llegado  a  la  per- 
sona que  heredado  lo  tenía  en  cuyo  poder  prescribió, 
siendo  hombre  legítimo  que  se  llame  y  se  ha3^a  siem- 
pre llamado  de  su  padre  o  antecesores,  llamados  de  los 
de  Colón,  El  cual  Mayorazgo  en  ninguna  manera  lo  he- 
rede muger  ninguna.  Salvo  si  aquí  (en  Sevilla)  ni  en 
otro  cabo  del  mundo  no  se  fallase  hombre  de  mi  linage 
verdadero  que  se  hobiese  llamado  y  llamase  él  y  sus  an-  f 
tecesores  de  Colón." 

Linaje  no  hay  más  que  uno,  y,  al  decir  verdadero, 
ya  reconoce  de  una  manera  explícita  que  en  algún  tiem- 
po había  usado  otro  que  no  era  el  suyo. 

Se  quiere  emplear  la  argucia  de  que  al  referirse  a 
los  de  Colón  era  a  los  que  le  sucedieran;  pero  esta 
argucia  es  inocente,  porque  Colón  se  refiere  a  sus  an- 
tepasados y  bien  claramente  lo  establece  al  decir  que  se . 
llame  y  se  haya  llamado  siempre  de  su  padre  o  antece- 
sores. 

De  manera  que  aquel  que  no  se  haya  llamado  de  su 
padre  o  antecesores  de  Colón  no  puede  heredarle. 

El  Almirante  demasiado  sabía  que  existían  Colombos, 
Colombus  y  Colomias  en  Genova  y  España,  y  por  eso,  y 
para  que  nadie  pudiese  argüir  con  sutilezas  filológicas, 
que  seguramente  él  (como  yo)  no  se  había  dedicado  a 
estudios  de  ese  género,  quiso  dejar  con  todos  les  deta- 
lles que  nuestro  idioma  nos  enseña  que  él  y  sus  antece- 
sores eran  de  los  de  Colón. 

154 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

BI  Almirante  tenía  la  seguridad  de  que  sus  hermanos 
Bartolomé  y  Diego,  el  primero  ya  por  su  edad  y  el  se- 
gundo por  sus  ideas  eclesiásticas,  no  le  dejarían  suce- 
sión, y  toda  su  esperanza  la  cifraba  en  sus  hijos,  es- 
pecialmente en  Diego;  pero  en  la  duda  de  que  por 
cualquiera  evento  no  tuviera  sucesión,  no  quería  que 
el  fruto  de  sus  desvelos  y  trabajos  viniesen  a  disfrutarlo 
algunos  de  los  Colombos ;  he  ahí  la  razón  por  que  fué 
tan  minucioso  y  expresivo,  en  su  institución  Mayorazga, 
no  dejando  duda  alguna  respecto  a  los  que  debían  suce- 
"  derle  en  el  caso  de  que  quedase  vacante  su  sucesión  por 
falta  de  varón. 

Juzgo  que,  para  demostrar  que  era  Cristóbal  Colón  y 
no  Colombo,  no  se  necesitaba  mayor  argumentación; 
pero  se  pueden  aducir  otras  pruebas  tan  concluyentes 
como  la  que  emana  de  esa  Institución. 

El  almirante,  siempre  que  se  dirige  a  los  Reyes  de 
España  se  llama  Colón.  En  la  carta  que  le  dirige  el  Rey 
Juan  II  de  Portugal,  cuyo  original  existe  en  el  archivo 
de  Veraguas,  le  llama  "Cristovan  Colón".  En  las  cartas 
que  él  dirige  a  los  Reyes  Católicos  se  apellidaba  siem- 
pre Colón.  En  las  cartas  que  escribe  al  escribano  de 
Ración;  en  la  que  dirige  al  magnífico  Sr.  Rafael  Sán- 
chez, tesorero  de  los  Monarcas ;  en  la  carta  al  ama  del 
Príncipe  D.  Juan  se  firma  Colón,  y  todas  las  Reales 
cédulas  de  los  Reyes  Católicos  e  Instrucciones,  siempre, 
siempre  se  empezaban  "El  Rey  e  a  la  Reina :  Don  Cris- 
tóbal Colón,  nuestro  almirante  de  las  Indias  y  tierra 
firme  que  son  en  el  mar  Océano",  etc. 

155 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

¿Cómo,  pues,  se  puede  admitir  la  genealogía  de  los 
Colombos  de  Genova? 

Pues  sencillamente  porque  él  'ha  dicho  en  su  insti- 
tución Mayorazga  ''De  Genova  salí  y  en  ella  nací". 

COLÓN  NO  ES  GÉNOVÉS 

Hemos  repetido  hasta  el  cansancio  que  el  Almimn- 
te  quiso  dejar  en  la  obscuridad  su  origen  y  patria; 
y  es  claro  que  si  él  ^hubiese  didho  cuál  había  sido  el 
pueíblo  de  su  nacimiento,  fácil  hubiera  sido  aclarar  lo 
que  él  deseaba  ocultar;  esto,  unido  a  la  conveniencia 
que  tenía  para  sus  intereses,  el  aparecer  como  natural 
de  Genova,  hizo  que  estampara  en  la  institución  Ma- 
yorazga (Regular  perpetua)  que  allí  había  nacido ;  pues 
conociendo  ese  país  y  sabiendo  que  no  existía  en  él 
ninguno  de  sus  antecesores  de  los  de  Calón,  tuvo  buen 
cuidado  de  dejar  dicho  y  establecido  de  una  manera 
clara  y  terminante  que  si  quedase  vacante  su  sucesión 
por  falta  .de  varón,  que  se  buscase  en  -cualquier  cabo 
del  mundo  aquel  que  se  hubiese  llamado  siempre  de  su 
padre  o  antecesores  de  los  de  Colón. 

Esto  era  lo  im,portante  para  él;  en  esto  no  podía 
mentir,  porque  se  trataba  de  dejar  los  intereses  a  aquel 
que  fuese  su  verdadero  descendiente  o  ascendiente; 
pues  que  en  lo  del  lugar  de  su  nacimiento,  demasiado 
sabía  Colón  que  la  misma  Iglesia  autoriza  la  mentira 
cuando  puede  beneficiar  y  no  perjudica  a  tercero.  ,Por 
algo  dice  el  conde  Rosselly  de  Lorgues  (tomo  1 1 1,  pá- 
gina 284)  que  Colón  en  asuntos  de  interés  propio  sa- 
bía más  de  lo  que  se  piensa.  Si  además  de  esto  tenemos 
í.  156 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

la  seguridad  de  que  jamás  escribió  en  italiano,  que  no 
se  ha  exhibido  nunca  un  documento  escrito  por  el  Al- 
mirante en  el  idioma  que  se  usaba  en  la  República  de 
Genova,  que  siempre  que  le  ha  faltado  una  palabra 
castellana  que  emplear  en  sus  escritos  la  sustituyó 
con  una  gallega  o  portuguesa,  que  todo  cuanto  se  halla 
escrito  por  él  es  en  perfecto  romance  castellano,  ¿cómo 
podemos  siquiera  suponer  que  ese  grande  hombre  era 
f^enovés  ? 

Para  demostrar  que  no  lo  era,  basta  su  propia  insti- 
tución Mayorazga  y  el  análisis  juridico  que  hice  en  mi 
segunda  exposición,  que  dejo  inserta,  fecha  24  de  mayo 
de  1917;  pero  a  mayor  abundamiento,  vamos  a  anali- 
zar la  carta  que  el  propio  Almirante  escribe  al  Sr.  Ni- 
cüló  Oderigo,  ex  embajador  de  la  República  de  Geno- 
va en  España,  y  la  carta  que  le  escribe  el  magistrado 
de  vSan  Giorgio  como  consecuencia  de  los  acuerdos  o 
pactos  que  el  Almirante  tenía  reservadamente  con  Ode- 
rigo, que  no  podían  ser  otros  que  el  de  que  el  oficio  de 
San  Giorgio  obtuviese  de  la  poderosa  República  de  Ge- 
nova la  defensa  de  sus  intereses,  fueros  y  preeminen- 
cias. ^ 

CARTA  DE  DON  CRISTÓBAL  COLON  AL  SEÑOR  NICOLÁS 
ODERIGO 

(Códice  Colomho-americano,  página  324.) 

"Al  muy  vir'tuoso  señor  el  doctor  Micer  Nicolo  Ode 
rigo. 

Virtuoso  Señor :  Cuando  yo  'partí  para  el  viage  de 
adonde  vengo,  os  fable  largo ;  creo  que  de  todo  esto 

157 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

estovistes  en  buena  memoria.  Creí  que  llegando  falla- 
ría yo  vuestras  cartas  y  aun  persona  con  palabra.  Tam- 
bién a  ese  tiempo  dejé  a  Francisco  de  Rivarol  un  libro 
de  traslados  de  cartas  y  otro  de  mis  previlegios  en  una 
'bar j ata  de  cordobán  colorado  con  su  cerradura  de  plata 
y  dos  cartas  para  el  oñcio  de  San  Giorgio  al  cual  atri- 
buía yo  el  diezmo  de  mi  renta  para  un  descuento  de 
ios  derechos  del  trigo  y  otros  bastimentos ;  de  nada  de 
esto  todo  sey  nuevas.  Micer  Francisco  diz  que  todo 
llegó  allá  en  salvo.  Si  así  es,  descortesía  fué  de  esos  se- 
ñores de  San  Giorgio  de  non  ihaber  dado  respuesta,  ni 
por  ello  han  acrescentado  la  hacienda,  y  esto  es  causa 
que  se  diga  que  quien  sirve  a  común  no  sirve,  a  ningún. 
Otro  libro  de  mis  previlegios,  como  lo  sobredicho  dejo 
en  Calis  a  Franco  Catanio,  portador  de  ésta,  para  que 
también  os  enviase ;  el  uno  y  el  otro  fuesen  puestos  en 
buen  recabdo  a  donde  a  vos  fuese  bien  visto.  Una  car- 
ta recibí  del  Rey  y  de  la  Reina  mis  Señores  a  este  tiem- 
po de  mi  partida;  allí  está  escrita,  védela  que  vino  muy 
buena;  por  ende  D.  Diego  non  fué  puesto  en  la  pose- 
sión ansí, como  fué  la  promesa, 

Al  tiempo  que  yo  estaba  en  las  Indias  escribí  a  S.  S. 
A.  A.  de  mi  viage  por  tres  o  cuatro  vías ;  una  volvió 
a  mis  manos  y  ansí  cerrada  con  ésta  os  la  envío  y  el 
suplimiento  del  viage  para  que  la  deis  a  Micer  Juan 
Luis  con  la  otra  del  aviso,  al  cual  le  escribo  que  seréis 
el  lector  y  enterprete  de  ella.  Vuestras  cartas  deseo  de 
ver  y  que  fablen  cabto  del  propósito  en  que  quedamos. 
Yo  llegué  acá  muy  enfermo;  en  ese  tiempo  falleció  la 
Reina  mi  Señora  (que  Dios  tiene)  sin  verla.  Fasta  ago- 

158 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

ra  non  os  puedo  decir  en  qué  pararán  mis  fechos ;  creo 
que  S.  A.  lo  habrá  bien  prevenido  en  su  testamento, 
y  el  Rey  mi  Señor  muy  bien  responde.  Franco  Catanio 
os  dirá  el  resto  largo.  Nuestro  Señor  os  haya  en  su 
guarda.  De  Sevilla  a  veintisiete  de  Diciembre  de  mi^ 
quinientos  cuatro.  | 

El  Almirante  mayor  del  mar  Occeano,  Visorey  y 
Gobernador  de  las  Indias  &. 

S. 

S.  A.  S. 

X.  M.  Y. 

XPO  FERENS 

Copia  di  lettera  scrita  dal  Magistrato  di  S.  Gior- 
Gio  al  Colombo.  (Códici  Diplomático  Colomho-ame- 
ricano,  pág.  329.) 

"IIl  vir  et  clarisime  amantisimeque  Concivis  et  Do- 
mine memorandissime.  Per  lo  spectabile  Jurescunsulto 
Meser  Nicoló  de  Oderigo  ritornato  de  la  Legattione 
per  questa  excelsa  nostra  Comunitá  apresso  de  aquelli 
excelentissimi  et  gloriossisimi  Rene  Stato  datto  una 
litera  de  Vostra  Claritudine;  la  cuale  ne  ha  datta  una 
consolatione  singularísima,  vedendo  per  quella  vostra 
Excelencia  essere,  como  é  consetanes  a  la  naturasua, 
afectionato  de  questa  sua  originaria  patria,  a  la  quale 
mostra  portar  singularissime  amore  et  carita,  volendo- 
che  de  la  grattie,  le  quale  la  Divina  Bontá  s'é  dignata 
fare  a  -Vostra  Excelentia  la  Patria  ante  dicta  et  populi 
de  quela  debiamo  sentiré  bona  commodita  et  fructo  me- 
morabile,  hablando  ordinato  a  lo  preclarissimo  D.  Die- 

159 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

go  vostro  figlio  lo  che  de  la  décima  de  ogni  reiidíta 
soa  ogni  anno  debía  in  questa  cita  provedere  a  desbita- 
tione  de  la  gabelle  grano  et  vina  et  altre  vitualie.  La 
qual  cosa  non  potería  essere  piú  caritativa,  nec  etiam 
piú  memorabile,  nec  tendere  a  major  memoria  de  la 
gloría  vostra,  la  quale  in  le  altre  cosse  est  tanto  grande 
et  tanto  singulare  quanto  se  habia  per  alchura  scriptura 
homo  del  mundo  mai  ñaveire  questo,  hablando  per  vos- 
tra propia  industria  anomositá  et  prudencia  ritrovato 
tanta  parte  de  questa  térra  et  globo  del  mondo  inferiora, 
la  qua  le  per  titti  li  ami  passati  seculi  a  li  homini  de  la 
nostra  habitabili  e  stata  incógnita.  Ma  questa  tanta  ex- 
cersita  vostra  de  cossi  singularissima  gloria  a  diré  lo 
vero  ne  pare  molto  piú  memorabile  et  completa  esendo 
condita  de  la  ihomanitá  e.t  benignitá  que  demostra  ha- 
veire  a  questa  primogcnia  patria :  per  che  laudemo  cum 
infinite  laude  la  vostra  dispositione  et  proghemo  lo  oni- 
potente  Deo  conservari  longamente  cum  felicita.  A  lo 
pronominato  don  Diego  vostro  plecarissimo  figliolo  sa- 
renio  sempre  tanta  effectionati  manto  importa  la  con- 
áitione  sua  per  essere  vostro  figliolo,  ac  la  excelentia  de 
lif fati  e  gloria  vostra,  de  la  quale  questa  nostra  comune 
patria  prenda  et  ha  avisto  la  parte  sua,  o  lo  quale  Don 
Diego  se  siamo  offerti  per  lettera,  et  cossi  si  offeriamo 
a  vostra  Exceleñtiu  in  tuto  che  sia  in  nostra  mano  po- 
teire  fare  per  honore  e  cresimento  de  la  gloriossisima 
Casa  Vostra.  Lo  pronominato  Messire  Nicolo  ne  ha  na- 
rrato   molte   cose   de  la  gratie   et  privüegif  vostri  li 
qnüli  ha  portatiquiJraslati:  del  che  siamo  consolatissi- 

160 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

mi  et  ne  rcffcrimo  inmortale  gratie  de  quelle  nene  ha-- 
biati  facti  partecipe. 

Ex  Geuma,  M  D  II  die  VIII  Decemb." 

TRADUCCIÓN    DE    LA    CARTA    ANTERIOR,    VERlElCADA    POR 
ROMEO   MONTExMERLO   DE  GENOVA 

"Ilustrísimo  y  amantísimo  Señor:  Por  el  respetable 
Jurisconsulto  Señor  Nicolo  de  Oderigo,  retornado  de 
la  Legación  para  esta  Excelsa  nuestra  comunidad  cerca 
de  aquellos  Excelentísimos  y  Gloriosísimos  Reyes,  ha 
sido  dado  una  carta  de  vuestra  Excelencia,  la  cual 
ha  dado  una  consolación  singularísima  viendo  ser  para 
V.  E.  como  es  su  costumbre  aficionado  de  esta  origina- 
ria patria,  a  la  cual  demuestra  tener  singularísimo  amor 
y  caridad,  queriendo  que  de  la  gracia  que  la  Divina 
bondad  se  ha  dignado  hacer  a  V.  E.,  la  patria  antedicha 
^y  los  pueblos  debían  sentir  buena  comodidad  y  fruto 
memorable,  habiendo  ordenado  al  preclarísimo  D.  Diego, 
vuestro  hijo,  que  la  décima  parte  de  todas  sus  rentas 
anuales  debía  en  esta  Ciudad  proveer  a  cancelar  la  con- 
tribución sobre  trigos  y  vinos  y  otros  géneros ;  la  cual 
cosa  no  podría  ser  más  caritativa  ni  tampoco  más  me- 
morable ni  tender  a  mayor  memoria  de  la  gloria  vuestra, 
la  cual  en  otras  cosas  es  tan  grande  y  tan  singular,  cuan- 
to se  sabía  por  ninguna  escritura  hombre  en  el  Mundo 
nunca  hubiera  hecho  esto,  habiendo  por  vuestra  propia 
industria,  ánimo  y  prudencia  eticontrado  mucha  parte 
de  'la  tierra  y  globo  del  Mundo  inferior ;  la  cual  por  to- 
dos los  años  de  los  pasados  siglos  a  los  hombres  de 
nuestro  Mundo  habitable  estaba  incógnita.  Pero  la  mu- 

161  „ 


PRUDENCIO       OTERO       SANCH'BZ 

cha  excelsitud  vuestra  de  esta  singularísima  gloria,  a 
decir  la  verdad,  parece  mucho  más  memorable  que  com- 
pleta, estando  unida  de  humanidad  y  benignidad  que 
demuestra  tener  a  esta  primogénita  patria,  porque  nos 
alegramos  con  infinitos  aplausos  vuestra  disposición  y 
rogamos  a  Dios  Omnipotente  para  que  os  conserve  lar- 
gamente con  felicidad.  Al  precitado  Don  Diego  vuestro 
preclarísimo  hijo,  seremos  siempre  tan  aficionados  cuan- 
to importa  la  condición  suya  por  ser  vuestro  hijo,  por- 
que la  excelencia  de  los  hechos  y  gloria  vuestra  de  la 
cual  esta  nuestra  común  patria  tomó  y  tuvo  su  parte, 
al  cual  Don  Diego  nos  hemos  ofrecido  por  carta  y  tam- 
bién nos  ofrecemos  a  V.  E.  en  todo  lo  que  esté  en  nues- 
tra mano  poder  hacer  en  honor  y  crecimiento  de  la  glo- 
riosísima vuestra  casa. 

El  citado  Sor.  Nicoló  nos  ha  narrado  muchas  cosas 
de  las  gracias  y  privilegios  vuestros,  los  cuales  ha  traí- 
do aquí  traslados;  del  que  hemos  sido  consoladísimos  y 
os  damos  infinitas  gracias,,  de  lo  que  nos  habéis  hecho 
partícipes. 

En  Genna,  Dbre.  8-502." 

Esas  dos  cartas  son  preciosísimas  para  demostrar 
todo  el  interés  que  el  Almirante  tenía  en  que  Genova 
lo  considerase  como  natural  de  la  capital  de  su  Repú- 
blica. 

Esos  documentos,  interpretados  y  analizados  recta- 
mente, comprueban  toda  la  labor  que  aquel  grande 
hombre  llevaba  hecha  para  ocultar  su  origen  y  patria. 

Empieza  su  carta  al  ex  embajador  Oderigo  diciendo 
162 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

que  cuando  partió  para  su  último  viaje  le  habló  largo  y 
creyó  que  a  su  regreso  hallarla  cartas  suyas,  y  aun  per~ 
sona  con  palabra,  demostrando  con  ello  que  lo  que  ten- 
dría que  decirle  no  se  podía  confiar  al  papel. 

Continúa  diciéndole  que  a  su  partida  le  había  deja- 
do a  Francisco  de  Rivarol  un  libro  de  traslador  de  car- 
tas y  otro  de  sus  privilegios,  y  dos  cartas  para  el  oficio 
de  San  Giorgio,  ofreciendo  el  diezmo  de  su  renta  para 
desgravación  de  los  derechos  del  trigo  y  otros  basti- 
mentos, pero  que  no  había  recibido  contestación  alguna, 
y  que  Micer  Francisco  le  asegura  que  todo  llegó  a  Ge- 
nova en  salvo.  Dice  también  que  dejó  en  Calis  a  Fran- 
cisco Catanio,  portador  de  esta  carta,  otro  libro  de  sus 
privilegios  para  que  se  lo  enviase  y  los  entregase  O  de- 
rigo  a  donde  le  pareciese  que  convenía. 

Agrega  que  al  tiempo  de  su  partida  recibió  una  carta 
del  Rey  y  de  la  Reina,  y  le  encarga  a  Oderigo  que  la  vea, 
porque  es  muy  buena;  por  ende,  D.  Diego  non  fué 
puesto  en  la  posesión  ansí  como  fué  la  promesa. 

En  este  párrafo  se  ve  con  toda  claridad  que  el  Almi- 
rante dudaba  de  la  buena  fe  del  Rey,  pues  después  de 
haberle  prometido  poner  a  su  hijo  Diego  (que  era  toda 
su  aspiración)  en  posesión  de  todos  los  derechos  que 
le  pertenecían,  no  cumpliera  aún  su  promesa. 

Continúa  aún  manifestándole  a  Oderigo  que  desde 
las  Indias  le  escribió  por  tres  o  cuatro  vías  a  los  Reyes, 
sin  tener  contestación,  y  le  envía  una  carta  para  que  se 
la  -dé  a  Micer  Juan  Luis,  al  cual  escribo  que  seréis  el 
lector  y  enterprete  de  ella. 

De  este  párrafo  se  desprende  que  al  escribirle  a  Mi- 
163 


PRUDENCIO       OTERO      SAN  CHUZ 

cer  Juan  Luis  lo  hacía  en  castellana,  y  como  éste  no 
conocía  nuestro  idioma,  le  pedía  a  Oderigo  que  se  la 
leyese  y  tradujese.  ¿Haría  esto  un  genovés? 

Pero  lo  más  interesante  de  esta  carta  que  analizamos 
es  el  párrafo  siguiente:  ''Vuestras  cartas  deseo  de  ver 
y  que  fahlen  capto  del  propósito  en  que  quedamos. 
Franco  Catanio  (es  el  portador  de  la  carta)  os  dirá  el 
resto  largo.'' 

¿Quién  no  ve  en  este  párrafo  que  había  un  propó- 
sito o  pacto  reservado  entre  Oderigo  y  el  Almirante? 
¿  Y  cuál  podía  ser  ese  propósito'  sino  el  de  que  el  ex 
embajador  genovés  Oderigo  buscase  la  forma  de  que 
la  poderosa  República  de  Genova  defendiese  sus  dere- 
chos y  los  de  sus  descendientes,  que  ya  estaban  en  en- 
tredicho por  la  Corona  de  España? 

]  Ah !  El  confidente  Franco  Catanio  nada  nos  ha  que- 
rido legar  para  saber  cuál  era  ese  pacto,  y  menos  el 
ex  embajador  y  doctor  Nicoió  Oderigo,  que,  como  buen 
diplomático,  nada,  que  yo  sepa,  nos  dejó  escrito  sobre 
el  asunto.  Pero  es  indudable  que  este  señor  envió 
al  Almirante,  por  medio  de  su  confidente  Catanio,  la 
carta  que  ihabía  obtenido  del  presidente  del  Oficio  de 
San  Giorgio,  en  la  que  se  ve  con  claridad  meridiana 
que,  partiendo  de  la  base  de  que  el  Almirante  era  geno- 
vés,  pues  asi  lo  manifestaba  en  su  institución  May:>- 
rasga,  de  la  que  tenia  conocimiento  por  lo  mucho  que 
le  había  el  Sr.  Oderigo  hablado  de  las  gracias  y  previ- 
legíos  que  el  Almirante  tenía,  y  cuyos  traslados  o  testi- 
monios le  había  enseñado,  terminaba  prometiéndole  que 
al  mencionado  D.  Diego,  vuestro  preclarísimo  hijo,  le 

164 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      C  O  E  O  N 

hacemos  oferta  por  escrito  de  hacer  cuanto  esté  en 
nuestra  mano,  para  honor  y  crecimiento  de  vuestra  glo- 
riosísima casa. 

Esto  era  la  verdadera  obsesión  del  Almirante:  obte- 
ner de  la  Corona  de  España  pusiese  a  su  hijo  Diego  en 
posesión  de  sus  derechos,  o  buscar  en  la  poderosa  Re- 
pública de  Genova  se  la  impusiese,  porque  para  eso  de- 
cía en  su  institución  Mayorazga  "que  la  Repiíblica  de  Ge- 
nova era  muy  noble  y  poderosa  por  la  mar",  y  al  encar- 
gar a  su  hijo  Diego  "que  tenga  y  sostenga  siempre  en 
la  ciudad  de  Genova  una  persona  de  nuestro  linage  que 
tenga  casa  e  muger  y  haga  pie  y  raíz  en  la  dicha  ciudad 
como  natural  de  ella,  porque  podrá  haber  en  la  dicha 

ciudad    AYUDA    E    FAVOR    EN    LAS    COSAS     DEL    MENESTER 

suyo". 

¿Y  hay  alguien  que,  al  interpretar  estas  cláusulas, 
no  comprenda  que  con  ellas  lo  único  que  se  proponía  el 
Almirante  era  halagar  a  la  poderosa  República  de  Ge- 
nova por  la  mar,  llamándose  natural  de  ella  para  que  lo 
defendiera  ante  la  Corona  de  España  por  la  falta  del 
cumplimiento  de  las  estipulaciones  del  contrato  de  San- 
ta Fe? 

Bien  es  verdad  que,  después  del  fallecimiento  del  Al- 
mirante, ni  sus  hijos  ni  sus  hermanos  se  acordaron 
de  Genova  para  nada,  ni  para  pedirle  protección  ni  mu- 
cho menos  para  cumplir  los  encargos  que  con  tanta  os- 
tentación había  hecho  en  su  institución  Mayorazga  de 
enviarle  el  diezmo  de  su  renta  al  Oficio  de  San  Gior- 
"gio,  para  la  desgravación  de  los  derechos  del  trigo,  et- 
cétera, ni  tampoco  se  atrevió  Genova  a  pedir  ese  diezmo, 

165 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

porque  seguramente,  después  de  haber  hecho  las  indaga- 
ciones necesarias,  convenceríase  de  que  no  era  geno- 
vés.  Si  lo  hubiera  sido,  nada  habría  tenido  de  extraño 
que  reclamasen  ese  diezmo  y  aun  que  tomasen  pie  de 
esa  falta  para  intervenir  de  alguna  manera  en  las  In- 
dias occidentales. 

El  Almirante,  por  razones  que  él  sabía — y  que  a 
nosotros  no  nos  es  posible  ni  lícito  investigar,  pues  no 
es  justo  querer  penetrar  en  el  santuario  de  su  concien- 
cia— ,  quiso  que  su  origen  y  patria  fuesen  absolutamente 
desconocidos,  y  si  hubiese  estampado  en  su  citada  ins- 
titución que  era  español,  tendríamos  que  formar  su  ge- 
nealogía con  los  Colones  de  España  y  no  con  los  Co- 
lombos  de  Italia.  ¿No  cree  justo  el  Sr.  Altolaguirre  o 
la  Real  Academia  de  la  Historia  que  en  ese  caso  así  se 
debía  hacer?  ¿Por  qué  no  se  hizo  así  en  1575,  cuando 
quedó  vacante  la  sucesión  por  falta  de  varón  ?  ¿  Por  qué 
no  se  reconoció  en  España  el  derecho  a  la  sucesión  a  los 
Colombos  de  Genova?  Sencillamente  porque  ninguno 
de  los  Colombos  que  se  presentaron  en  el  pleito  pudo 
acreditar  ningún  grado  de  parentesco  con  el  Almirante, 
ni  seguramente  lo  hubieran  podido  acreditar  todos  los 
Colombos  de  Italia  que  se  presentasen.  Luego  no  era 
genovés.  ¿Qué  se  hizo  de  los  descendientes  de  aque- 
llos cinco  varones,  primos  del  Almirante  según  la  ge- 
nealogía colombiana,  que  se  llamaron  Juan,  Benedic- 
to, Tomás,  Mateo  y  Amigesto,  que  no  acudieron  como 
descendientes  del  Almirante  cuando  quedó  vacante  su 
sucesión,  en  1575? 

Juzgo  innecesario  extenderme  más  sobre  este  punto 
166 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

para  demostrar  que  el  Almirante  Cristóbal  Colón  na  po- 
día ser  genovés,  y  paso  ahora  a  probar  con  los  mismos 
documentos  presentados  en  Italia  (y  los  cuales  es  pre- 
ciso revisar  para  justificar  su  autenticidad)  que  la  ge- 
nealogía  arreglada  de  Cristóbal  Colombo  no  es  ni  puede 
ser  la  del  Almirante  Cristóbal  Colón. 

EDAD    DEL    ALMIRANTE    A    SU    FALLECIMIENTO 

Si  este  hombi-e  puso  todo  empeño  en  dejar  en  la  obs- 
curidad su  origen  y  patria,  no  lo  tuvo  menos  en  que  se 
ignorase  su  edad ;  es  otra  de  las  incógnitas  que  dejó 
para  que  la  posteridad  se  encargase  de  despejarla. 

Muchos  de  sus  historiadores  han  procurado  artificio- 
samente disminuir  su  edad  para  acomodarlo  a  ser  hijo 
de  Doménico  Colombo,  porque  se  encontraban  con  la 
dificultad  de  que  este  aprendiz  de  lanero  hubiera  podi- 
do casarse  con  Susana  Fontanarosa  a  los  quince  o  diez 
y  seis  años,  y  además  encontraban  otra  imposibilidad: 
la  de  que  fuese  hermano  de  Jacobo ;  pero  la  mayoría, 
ajustándose  a  la  verdad  de  los  hechos,  proclama  que  el 
Almirante  falleció  de  setenta  años,  poco  más  o  menos. 

He  dicho  en  mi  primera  carta  al  Sr.  Altolaguirre 
que  juzgaba  tenía  más  edad  a  su  fallecimiento  el  Almi- 
rante que  los  setenta  años  que  le  dan  la  generalidad 
de  los  historiadores,  y  justo  es  que  exponga  las  razones 
en  que  me  fundo. 

Probablemente,  la  inmensa  mayoría  de  ellos  no  cono- 
ce las  costumbres  y  modismos  que  usan  todos  aque- 
llos qué  se  ocupan  de  las  faenas  del  mar. 

Es  de  tiempo  inmemorial  que  en  todas  las  costas  de 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

España  se  llaman  marineros  a  los  que  se  dedican  a  las 
faenas  de  la  pesca  o  a  hacer  viajes  cortos  de  puerto  a 
puerto  sin  que  dejen  de  ver  tierra,  y  se  llaman  nave- 
gantes cuando  van  de  marineros  en  barcos  de  alto  bor- 
do y  hacen  navegación  de  altura. 

Fundo  mi  aserto  en  esa  diferencia  y  en  que  el  Almi- 
rante dice  en  su  diario  de  navegación  del  primer  via- 
je, el  21  de  diciembre  de  1492:  '*Yo  he  andado  vein- 
titrés años  en  la  mar,  sin  salir  della  tiempo  que  se  haya 
de  contar" ;  por  lo  tanto,  antes  de  su  arribo  a  Portugal, 
anduvo  de  navegante;  y  éstos  no  lo  son  antes  de  los 
veinte  años  de  edad;  cuando  son  más  jóvenes  se  les 
llama  grumetes,  y  no  es  ésta  la  condición  en  que  navegó 
el  Almirante. 

Me  fundo  también  en  que  era  rubio  y  pecoso,  tipo 
muy  común  en  nuestras  rías  y  costa,  y  no  conozco  un 
solo  caso  de  canicie  antes  de  los  cincuenta  años :  son 
los  que  más  tardan  en  encanecer,  y  seguramente,  si  ha- 
bía de  dedicarse  a  enamorar  a  una  joven  edu canda 
como  Felipa  Moniz  de  Perestelo,  es  de  suponer,  huma- 
namente pensando,  que  trató  de  disminuir  su  edad. 

Es  regla  fisiológica  el  que  los  hijos  de  hombres  de 
edad  madura  mueran  más  jóvenes  que  sus  padres;  y 
así  sucedió  con  sus  dos  hijos  Diego  y  Fernando,  quie- 
nes, a  pesar  de  proceder  de  madres  jóvenes — doña  Bea- 
triz era,  a  juzgar  por  su  retrato,  página  206  del  segun- 
do tomo  de  la  obra  del  conde  Rosselly  de  Lourgués, 
muj'cr  robusta  y  bien  conformada — ,  murieron  antes 
de  los  sesenta  años. 

La  edad,  pues,  del  Almirante  a  su  fallecimiento  era, 
168 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

\ 

en  mi  concepto,  entre  los  setenta  y  ocho  a  los  ochenta 

años. 

Pero  como  quiero  sujetarme  en  este  alegato,  no  a  lo 
que  pienso,  sino  a  lo  que  resulta  de  datos  y  hechos 
exactos  suministrados  por  el  propio  Almirante,  sepa- 
rándome de  cuantos  datos  estadísticos  nos  han  pre- 
sentado hasta  hoy  todos  los  historiadores  que  he  leído, 
creo  que  podré  demostrar  que  el  Almirante  falleció, 
cuando  menos,  a  los  sienta  y  tres  años. 

Fallecimiento   del   Almirante 1506 

Llegó  a  España  en 1484 

Estuvo  en  España 22  años. 

Asegura,  en  carta  que  dirigió  al  rey 
(Casas,  Historia  gen.  de  Indias,  li- 
bro II,  cap.  XXXVII,  folio  112  viiel- 
to),  que  en  catorce  años  que  estuvo  en 
Portugal  no  pudo  hacerle  entender  al 
Rey  de  esta  nación  lo  que  le  dijo;  lue- 
go llegó  a  este  reino  en 1470     14     "    - 

Asegura  también  en  el  Diario  de  su  :  - 
navegación  (primei  viaje,  21  diciembre 
de  1492) :  "Yo  he  andado  veintitrés 
años  en  la  mar,  sin  salir  della  tiempo 
que  se  haya  de  contar"  Luego  se  re- 
fiere, indiscutiblemente,  a  la  época  an- 
terior a  su  arribo  a  Portugal 23     " 

Embarcó,  según  su  hijo  Fernando, 
a  los 14     " 

Edad  del  Almirante 73  años. 

169 


PRUDE*NCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

Juzgo  que  estos  datos  no  serán  controvertidos,  pues 
aunque  hay  historiadores,  como  Ramusio,  que  dicen  que 
el  Almirante  tenía  en  1470,  cuando  arribó  a  Portugal, 
cuarenta  años,  y,  por  lo  tanto,  falleció  a  los  setenta  y 
seis,  deseo  que  cuanto  escribo  esté  ajustado  a  lo  dicho 
por  el  propio  Almirante. 

GENEALOGÍA  COLOMBIANA 

Según  los  documentos  que  existen  en  Genova  para 
acreditar  la  genealogía  de  un  Cristóbal  Colombo  (que 
quieren  presentarla  como  la  del  Almirante,  según  el 
trabajo  del  académico  Sr.  Altolaguirre),  el  padre  de 
ese  Cristóbal  Colombo,  que  se  llamaba  Doménico  Co- 
lombo, contaba,  según  acta  notarial  ante  el  notario  de 
Genova  Quirico  de  Albenga,  fecha  21  de  febrero 
de  1429,  menos  de  once  años. 

Si  pues  el  Almirante,  según  queda  demostrado,  te- 
nía a  su  fallecimiento  cuando  menos  setenta  y  tres  años 
— hubo  de  nacer  en  1433 — ,  y  si  el  padre  que  quieren 
darle  tenía  en  1429  menos  de  once  años,  debió  casar- 
se y  engendrarlo  entre  los  trece  y  catorce.  ¿Está  esto 
claro? 

Luego  el  almirante  Cristóbal  Colón  no  pudo  ser 
hijo  de  Doménico  Colombo,  ni  aun  que  tuviese  sólo 
aquél  setenta  años  a  su  fallecimiento,  pues  no  es  posi- 
ble que  un  simple  aprendiz  de  cardador  de  lana  en 
aquella  época,  ni  en  la  actual,  se  hubiese  casado  a  los 
trece  ni  a  los  diez  y  seis  años. 

Sobraría  con  esto  para  desechar  la  genealogía  colom- 
biana ;  pero  hemos  de  aducir  otras  pruebas  irrefutables, 

170 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

que  acreditarán  que  el  Cristóbal  Colombo  de  Genova 
no  puede  ser  de  ninguna  manera  el  Cristóbal  Colón, 
visorrey  y  almirante  de  las  Indias  occidentales. 

Continúan  los  documentos  genoveses  demostrándo- 
nos la  precocidad  de  este  Doménico  Colombo,  que  se 
debió  casar,  como  queda  ■  demostrado,  entre  los  trece 
y  catorce  años,  y  que,  además,  entre  los  diez  y  nueve 
y  veinte,  se  hallaba  ya  establecido  en  i.*  de  abril  de 
1439,  según  acta  otorgada  ante  el  notario  de  Genova 
Benedicto  Pelosos,  como  maestro  tejedor  de  paños  (aho- 
ra no  son  tan  inteligentes  nuestros  mecánicos,  pues  no 
he  conocido  en  nuestras  fábricas  ningún  maestro  a  esa 
edad),  y  tomaba  aprendices — quien  no  tenía  la  mayo- 
ría de  edad  para  su  emancipación — ,  ni  era  autorizado 
por  su  padre  Juan  (que  vivía  a  la  sazón,  pues  por  algo 
nos  hace  saber  el  Sr.  Altolaguirre  que  cuando  se  pre- 
sentaba en  el  siglo  xv  ante  notario  un  individuo,  para 
no  confundirlo  con  otros,  si  el  padre  era  fallecido  se  le 
anteponía  la  palabra  quondam,  y  si  era  vivo,  la  de 
fillius,  y  en  el  acta  a  que  nos  venimos  refiriendo  se  le 
antepuso  la  de  fillius). 

Y  ese  mismo  Domingo  Columbo  aun  antes  de  los  vein- 
tiún años,  en  6  de  septiembre  de  1440,  sin  autoriza- 
ción de  su  padre  Juan,  que  vivía,  toma  en  enfiteusis 
una  casa  y  terreno  del  monasterio  de  San  Esteban.  Aho- 
ra bien ;  confío  en  que  los  doctores  en  Derecho"  nos  di- 
gan si  en  la  legislación  italiana  se  podía  a  los  diecinueve  > 
y  veinte  años  formalizar  contratos  públicos  sin  la  auto- 
rización paterna  o  judicial. 

Es  extraordinariamente  asombroso  que  el  académico 
171 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Sr.  Altolaguirre,  con  la  aquiescencia  unánime  de  la  Real 
Academia  de  la  Historia,  nos  presente  como  prueba  de 
que  el  almirante  Cristóbal  Colón  era  hijo  de  Dominicus 
de  Columbo  dos  interesantes  (y  tan  interesantes  para 
probar  lo  contrario)  actas  notariales :  una,  extendida  en 
Genova  en  22  de  septiembre  de  1470,  ante  el  notario 
Jacobo  Calvi,  en  presencia  y  con  el  consentimiento  de 
su  padre,  Dominicus  de  Columbo;  y  otra,  en  31  de  oc- 
tubre del  mismo  año  de  1470,  extendida  también  en 
Genova,  ante  el  notario  Nicolás  Raggio,  en  las  que  Cris- 
tophorus  de  Columbo  (hay  que  tener  presente  que  en 
estas  actas  se  le  pone  partícula  de  por  aquello  de  que 
se  parezca  más  a  los  de  Colón),  hijo  de  Dominico,  ma- 
yor de  DiFXiNUEVE  AÑOS  (y  tan  mayor,  como  que 
en  ese  año,  según  confesión  del  mismo  Almirante  y 
de  todos  los  historiadores,  incluso  de  su  hijo  Fernando, 
ya  estaba  en  Portugal  y  ya  se  había  embarcado  a  los 
catorce  años,  y  llevaba  veintitrés  navegando,  sin  estar 
en  ningún  puerto  tiempo  que  haya  de  contarse),  se  de- 
clara deudor  del  resto  de  una  partida  de  vino,  etc. 

Ya  en  estas  dos  actas  notariales  se  reconoce  que  hay 
algo  más  de  seriedad,  a  no  ser  que  desde  el  año  143.9  7 
40  variase  la  legislación  italiana  o  genovesa,  pues  aquí 
Cristophurus  Columbo  aparece  revestido  de  la  autori- 
zación paterna,  cosa  que  no  practicó  su  padre  Domi- 
nico. 

•  ¿Pero  es  posible  que  haya  quien  presente  esas  dos 
actas  notariales  como  prueba  de  que  el  gran  almirante 
Cristóbal  Colón  era  en  1470  tratante  en  vinos? 

Hay  más :  en  26  de  agosto  de  1472,  cuando  el  Al- 
172 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

mirante  se  'hallaba  en  Portugal  enamorando  a  la  joven 
educanda  doña  Felipa  Moniz  de  Perestelo,  y  se  bus- 
caba los  recursos  para  atender  a  las  primeras  necesi- 
dades de  la  vida  vendiendo  estampas  y  libros,  y  ha- 
ciendo cartas  náuticas,  aparece  'en  Saona  ante  el  nota- 
rio Tomás  del  Zosco,  reconociendo,  en  unión  de  su 
padre,  Dominicus  Colombus,  tma  deuda  de  140  liras. 

Rien  es  verdad  que  al  llegar  a  citar  esta  acta  nos 
hace  saber  por  cuenta  propia  el  Sr.  Altolaguirre  lo 
siguiente:  "Pudiendo,  por  tanto,  afirmarse  que  existe 
un  perfecto  enlace  entre  todos  los  documentos  de  que 
hemos  hecho  mención,  los  cuales  prueban  que  desde 
1429  hasta  1470,  en  que  aparece  por  vez  primera  en 
las  actas  Cristóbal  Colombo,  su  familia  r^esidió  en  Ita- 
lia, y  él  y  su  padre,  en  Genova.'^ 

\  Pero,  por  Dios,  Sr.  Altolaguirre !  Si  el  que  usted 
quiere  que  sea  el  Almirante  residió  con  su  padre  has- 
ta 1470  en  Genova  con  la  profesión  de  laneros  (en  plu- 
ral), como  dice  esa  misma  acta  en  26  de  agosto  de  1472, 
¿cómo  es  posible  que  ese  mismo  sea  el  que  desde  1470, 
en  que  arribó  a  Portugal,  le  está  ofreciendo  un  Nuevo 
Mundo  al  rey  D.  Juan  II,  después  de  andar  por  la 
mar  veintitrés  años  y  embarcarse  a  los  catorce? 

Una  de  dos:  o  yo  estoy  loco,  o  lo  están  todos  los 
que  comulgan  con  esas  ruedas  de  molinos. 

Como  [he  sido  en  mi  juventud  oficial  de  Escribanía 
y  Notaría,  fui  encargado  por  mi  principal,  el  notario 
D.  Quirico  Lázaro  y  Sándhez,  de  inventariar  y  traer 
a  Pontevedra  el  célebre  Archivo  de  Cangas  de  Morra- 
zo,  y  por  esta  razón  pasaron  por  mis  manos  legajosi 

173 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

de  causas,  pleitos  y  protocolos  de  instrumentos  públi- 
cos de  tal  antigüedad,  que  se  convertían  los  pergaminos 
en  polvo  al  tocarlos;  y  conozco,  no  sé  si  por  suerte  o 
por  desgracia,  la  forma  en  que  llevaban  en  aquella  épo- 
ca los  protocolos  los  notarios  y  el  número  de  instru- 
mentos que  poco  más  o  menos  autorizaban  cada  año, 
y  supongo  que  en  Genova  o  Italia  no  sería  mucho  ma- 
yor que  en  España ;  en  aquella  época  eran  solamente  las 
familias  pudientes  las  que  por  regla  general  hacían  sus 
foros  y  documentos  por  medio  de  notario,  y  acostumbra- 
ban a  tener  uno  solo,  y  me  asombra  el  que  un  pobre  Do- 
ménico,  Domicius  o  Dominicis  Columbo,  Columbus  o  Co- 
lornbo,  o  de  Columbo,  recorriera  todos  los  notarios 
de  Genova  y  de  Saona,  como  fueron  Quirico  de 
Albenga,  Benedicto  Peloso,  Antonio  Fació,  Jacobo 
Bombino,  Juan  Baldetazo,  Andrea  de  Cairo,  Juan  Gallo, 
Jacobo  Cal  vi,  Nicolás  Raggio,  Ambrosio  Garumbero, 
Pedro  Corsars,  Juan  Bautista  Barissola,  Juan  de  Be- 
nedetti,  Lorenzo  Costa,  Francisco  Delfino,  etc.,  etc., 
pudiendo  asegurarse  que  la  fortuna  de  Domenico  Colom- 
bo  no  alcanzaba,  ni  con  mucho,  a  pagar  a  los  notarios 
los  documentos  que  otorgó,  ni  para  pagar  las  costas  de 
los  pleitos  en  que  intervino,  alguno  de  los  cuales  no  re- 
cuerdo si  representaba  un  valor  de  45  liras  (50  pesetas, 
poc©  más  o  menos). 

Pero  declaro  que  todo  esto  me  hace  ver  (y  lo  confirma 
la  duda  que  varios  historiadores  tienen  de  la  autenticidad 
"de  los  documentos  italianos,  alguno  de  los  cuales  dice 
que  son  una  verdadera  falsedad)  que  lo  que  se  ha  hecho 
para  poder  ligar  a  los  Colombos,  Columbos  o  Columbus 

174 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

con  los  de  Colón  es  llenar  los  claros  que  dejaban  los 
notarios  antiguos  en  todos  sus  protocolos,  cuando  no 
estaban  aún  controleados  con  los  índices  que  más  tar- 
de en  todas  las  naciones  se  les  obligó  a  enviar  mensual- 
mente  a  Centros  superiores. 

Después  de  esta  digresión,  y  aunque  creo  que  queda 
perfectamente  demostrado  que  ese  Cristófaro  Colom- 
bo,  hijo  de  Domingo,  no  es  ni  puede  ser  el  Almirante, 
para  mayor  abundamiento  continuaremos  analizando 
los  documentos  de  la  genealogía  colombiana. 

Según  ellos,  Domenico  Colombo  tuvo  cinco  hijos, 
que  fueron:  Cristófaro,  Bartolomé,  Juan  Pelegrinoj, 
Blanca  y  Jacobo. 

Hay  que  fijarse  que  a  este  último  se  le  llama  siempre 
Jacobo;  pero  en  la  demanda  presentada  en  Saona  el  8 
de  abril  de  1500  por  Sebastián  de  Cunes  reclamando 
una  cantidad  a  "Cristophorum  et  Jacobum,  frates  de 
Columbis,  filios  et  heredes  quondam  Dominici",  agre- 
gan (Raccola,  doc.  LXXXIII) :  ''Se  dice  del  segxuido  el 
Jacobum  díctiim  Dteghum." 

Claro  es  que  como  en  esa  fecha  ya  se  sabía  en  todo  el 
mundo  que  Cristóbal  tenia  dos  hermanos  llamados  Bar- 
tolomé y  Diego,  era  preciso  buscar  un  documento  que 
explicase  que  en  España  los  Jacobos  se  llamaban  Diegos. 

Pero  aunque  sabemos  que  en  Italia  y  en  España  San 
Jacobo  y  Santiago  se  celebran  en  un  mismo  día  (pues 
San  Diego  es  el  12  de  noviembre),  sabemos  también, 
y  no  me  dejarán  por  embustero  los  italianos  ni  los  es- 
pañoles, que  aquí  como  allí,  al  que  llaman  Jacobo  es 
Jacobo,  al  que  llaman  Santiago  es  Santiago,  al  que  11a- 

175 


PRUDENCIO       OTERO      SANCHBZ 

man  Diego  es  Diego  y  al  que  llaman  Jaime  es  Jaime; 
pero  jamás  (y  creo  no  se  me  citará  un  solo  caso  en 
España)  a  un  Jacobo  se  le  llamó  Diego,  ni  a  un  Diego, 
Jacobo,  por  más  que  así  nos  lo  diga  por  cuenta  propia 
el  Sr.  Altolaguirre. 

Concluiré  afirmando  que  ese  Jacobo  Colombo  no  es 
el  Diego  hermano  del  Almirante,  como  no  lo  fueron 
tampoco  los  otros  hermanos  Juan  Pelegrino  y  Blan- 
ca, pues  si  lo  hubieran  sido,  dado  el  misticismo  del  Al- 
mirante y  el  cariño  que  demostró  siempre  a  sus  herma- 
nos, es  seguro  no  se  habría  olvidado  de  ellos  al  estam- 
par en  su  testamento,  otorgado  en  Valladolid  en  19  de 
mayo  de  1506  (testimonio  en  el  archivo  de  Veraguas) 
que  se  digan  misas  ''en  la  capilla  que  se  haya  de  hacer 
por  mi  ánima  e  de  mi  padre  e  madre  e  muger". 

¿  Es  posible  que  se  hubiese  olvidado  de  aplicarlas  por 
el  ánima  de  sus  hermanos  difuntos  ? 

Pero  como  a  la  genealogía  colombiana  le  faltaba  algo 
que  comprobase  que  Cristóbal  Colón  era  hijo  de  Dome- 
nico  Colombo,  puesto  que  los  documentos  hasta  ahora 
analizados  demuestran  todo  lo  contrario,  había  que  en- 
contrar documentos  en  que  los  Colombos  de  Italia  apa- 
recieran parientes  explícitamente  del  Almirante.  ¿Y 
cómo?  Muy  fácilmente. 

Haciéndonos  saber  por  un  acta  notarial  de  20  de 
abril  de  1489,  ante  el  notario  Antonio  Fació,  que  Dome- 
nico  Colombo  tuvo  un  hermano  que  se  llamó  Antonio, 
con  el  cual  se  obligaba  por  el  resto  de  la  dote  de  una 
hermana,  que  se  llamaba  Battistina ;  y  por  otra  acta  de 
4  de  junio  de  1460  el  mismo  Domingo,  hermano  del  An- 

176 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

tonio,  se  obliga  por  éste  en  el  compromiso  que  contrae 
con  Antonio  de  Planie  para  poner  como  aprendiz  de 
sastre  a  un  hijo  del  Antonio  llamado  Juan,  el  cual  su- 
pone el  Sr.  Altolaguirre  que,  como  buen  sastre,  debía 
poder  mandar  un  buque  de  los  seis  que  llevó  el  Almi- 
rante en  su  tercer  viaje  del  30  de  mayo  de  1498. 

Este  Antonio  de  Colombo  (hay  que  notar  que  desde 
que  se  tuvo  conocimiento  de  que  el  Almirante  era  de 
los  de  Colón  ya  los  Colombos  de  Italia  se  aplican  la 
partícula  de)  tuvo  cinco  hijos,  que  se  llamaron  Juan, 
Benedicto,  Tomás,  Mateo  y  Amigesto. 

De  éstos  se  reunieron  en  Genova  Juan,  Mateo  y  Ami- 
gesto en  II  de  octubre  de  1496,  ante  el  notario  Juan 
Bautista  Peloso,  y  convinieron  que  Juan  viniese  a  Es- 
paña en  busca  de  Cristophorum  de  Colombo,  almirante 
del  Rey  de  España,  siendo  costeados  los  gastos  por  los 
tres,  con  objeto  de  reclamar  del  Almirante  el  pago  de  un 
crédito  que  contra  él  tenían,  heredado,  sin  dttda,  de  su 
padre  (es  bueno  recordar  aquí,  de  paso,  que  el  Antonio 
padre  de  ellos  tuvo  que  recurrir  a  su  hermano  Domin- 
go como  garantía  para  poner  a  su  sobrino  el  Juan  de 
aprendiz  de  sastre,  y,  por  lo  tanto,  lógicamente  pensan- 
do, no  debía  tener  responsabilidad  en  bienes,  y  menos 
en  dinero  para  prestar  a  su  sobrino  Cristóbal),  y  acuer- 
dan que  si  dicho  Juan  recobra  algo  del  Almirante  lo 
repartan  entre  los  tres  por  partes  iguales. 

Este  es  el  golpe  de  gracia  dado  en  la  genealogía  de 
los  de  Columbus  para  demostrar  que  éstos  son  los  del 
linaje  verdadero  de  los  de  Colón. 

No  se  consigna  la  cantidad  que  Juan  viniera  a  re- 
177 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

clamar,  porque  sí  la  ponían  pequeña,  no  alcanzaba 
para  los  gastos  de  viaje,  estancia  en  España,  costas  del 
pleito,  si  se  negaba  el  Almirante  del  Rey  de  España 
a  entregarle  la  cantidad  reclamada,  y  si  la  ponían  ex- 
cesiva, no  habría  quien  creyese  que  el  pobre  Antonio  de 
Columbus,  padre  del  aprendiz  y  supongo  que  ya  maestro 
sastre  Juan  de  Columbus,  pudiera  nunca  tener  gran  can- 
tidad de  efectivo  para  prestar  a  su  sobrino  Cristóbal. 

Pero  no  hay  que  apurarse,  que  para  todos  los  ím- 
broglios  la  Comisión  Colombiana  tiene  salida. 

Y  la  forma  de  probar  que  este  Juan  de  Columbus 
vino  a  España  es,  según  nos  dice  el  Sr.  Altolaguirre, 
aquel  Juan  Antonio  Colombo  que  en  mayo  de  1496  man- 
dó uno  de  los  seis  navios  que  acompañaron  al  Almiran- 
te en  su  tercer  viaje  a  las  Indias,  y  que,  según  refieren 
algunos  historiadores,  era  pariente  de  aquél,  puesto  que 
llevaba  el  primer  nombre  de  su  abuelo  Juan  Colombo 
y  el  de  su  padre  Antonio. 

¿Y  por  qué  este  Juan  Antonio  Colombo  no  había  de' 
íer  el  Juan  de  Colón,  marino,  de  los  documentos  pre- 
sentados con  mi  ponencia  con  los  números  i.",  5.°,  6.° 
y  14,  o  el  Antonio  de  Colón  del  número  12  y  de  los 
cuales  juro  sobre  los  Santos  Evangelios  su  autenticidad? 

Conceptúo  que  tanto  el  Antonio  de  Colón  como  el 
Juan  de  Colón  son  uno  mismo,  porque  es  muy  común 
el  nombre  de  Juan  Antonio  en  nuestro  país ;  además  es 
costumbre  llamarles  indistintamente  por  cualquiera  de 
ellos  (i).  ' 


(i)     Como  prueba  de  esto,  posteriormente  a  este  trabajo,  he 
leído  la  Historia  de  Santo  Domingo,  escrita  por  el  historiador 

178 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

Hay  también  otras  razones  para  asegurarlo:  la  pri- 
mera, que  del  Juan  Antonio  Colombo,  que  mandó  uno 
de^  los  navios  del  tercer  viaje  del  Almirante,  no  se  vol- 
vió a  tener  más  noticia,  y  es  de  suponer  (creo  que  pue- 
do hacer  suposiciones  también  como  los  académicos) 
que  al  regresar  se  vino  a  Porto  Santo,  parroquia  de 
San  Salvador  de  Poyo  (Pontevedra),  y  de  simple  ma- 
rinero se  convirtió,  a  su  regreso,  en  dueño  de  un  cerco 
y  copartícipe  de  una  capilla  en  la  pequeña  catedral  de 
Pontevedra,  o  sea  Santa  María  la  Grande,  construida 
por  el  gremio  de  mareantes;  y  la  segunda,  que  es  más 
propio  que  un  marino  mande  un  navio  que  un  sastre. 

Claro  es  que  dada  la  seguridad  con  que  el  Almirante 
quiso  ocultar  su  origen,  ya  se  encargaría  de  obligarle 
a  llamarse  Colombo  para  que  lo  creyesen  genovés. 

En  la  ponencia  de  15  de  agosto  de  1917  hacía  las 
siguientes  conclusiones  a  la  Comisión  de  la  Real  Aca- 
demia : 

I."  El  verdadero  apellido  del  linaje  verdadero  de 
Cristóbal  Colón,  ¿era  Colón  o  Colombo? 

2."  ¿Creen  que  haya  existido  o  exista  en  el  mundo 
un  hombre  que  supiese  escribir  y  que,  habiendo  llega- 
do a  la  cumbre  de  la  gloria,  no  dejase  algún  documen- 
to escrito  en  el  idioma  en  que  aprendió  a  hablar  y  es- 
cribir? 

3.'     ¿Conocen  algún   documento  público  o   privado 


cubano  Antonio  del  Monte  y  Tejada,  quien  indistintamente  le 
llama  Antonio  Colombo  y  Juan  Antonio  Colombo.  (Véase  pri- 
mer tomo,  páginas  436  y  437,  editada  en  la  Habana  en  1853.) 

179 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

escrito  en  el  idioma  que  usaba  la  República  de  Genova 
por  Cristóbal  Colón? 

4.'  ¿Conocen  algún  historiador  que  haya  encontra- 
do en  Italia  en  los  siglos  xv  y  xvi  persona  que  IIct 
vase  el  apellido  verdadero  de  Colón? 

Queda  con  lo  que  dejo  expuesto  anteriormente,  per- 
fectamente demostrado  que  el  verdadero  apellido  del 
linaje  verdadero  del  Alrnirante  era  Colón  y  no  Colom- 
bo,  y,  por  lo  tanto,  contestada  la  primera  consulta  de 
mi  ponencia  refutando  toda  la  genealogía  colombiana 
presentada  por  el  Sr.  Altolaguirre. 

Respecto  a  la  segunda,  tercera  y  cuarta,  nada  nos  ha 
dicho  este  señor,  y,  en  consecuencia,  debemos  suponer 
su  conformidad  en  que  es  imposible  haya  existido  o 
exista  un  hombre,  que,  sabiendo  escribir,  no  dejase  un 
documento  escrito  en  el  idioma  de  la  que  llama  su  pa- 
tria, ni  se  conoce  ningún  historiador  que  haya  encon- 
trado en  Italia  en  los  siglosxv  y  xvi  el  apellido  del  lina- 
je verdadero  de  los  de  Colón. 

PRUEBA    indiciaría 

Es  tan  grande,  tan  inmensa,  tan  colosal  y  tan  abru- 
madora, que  creo  debiera  llamársele 

PRUEBA  PLENA  DE  LA  VERDADERA  PATRIA  DEL  ALMIRANTE 
CRISTÓBAL   COLÓN 

Confío  en  que  los  lectores,  después  de  comprobar  la 
exactitud  de  los  datos  que  presento,  de  cuya  autentici- 
dad respondo,  y  a  pesar  de  los  prejuicios  que  en  con- 
trario tengan,  como  los  tuve  yo,  terminarán  poj  coadyu- 

180 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

var  en  mi  propósito  de  formar  un  poderoso  núcleo  de 
convencidos  que  arrolle  todos  los  inconvenientes  que  se 
presenten  hasta  obtener  del  Gobierno  español  nombre 
una  Comisión  de  señores  Académicos  de  la  Historia  y 
de  la  Sociedad  Geográfica,  libres  de  toda  pasión,  que 
compruebe  y  estudie  y  diga  si  puede  ser  genovés  el  que 
solamente  lo  manifestó  así  con  el  deliberado  propósito 
de  ocultar  su  origen  y  patria. 

Empezaremos,  pues,  el  análisis  de  esta  prueba  indi- 
ciaria  para  terminar  considerando  la  plena  prueba  de 

MI   ALEGATO. 

Después  de  concertadas  las  estipulaciones  de  Santa 
Fe  entre  los  Reyes  Católicos  y  Cristóbal  Colón,  éste, 
lleno  de  fe  y  con  la  obsesión  de  un  iluminado,  trabajó 
sin  descanso,  venciendo,  con  la  protección  de  su  amigo 
fray  Juan  Pérez  de  Marchena,  las  innumerables  dificul- 
tades que  se  le  presentaron  para  preparar  aquellas  ca- 
rabelas en  las  que  iba  a  cruzar  el  mar  tenebroso. 

Con  objeto  de  no  hacer  pesado  este  trabajo  trayendo 
a  colación  los  nombres  con  que  quiso  distinguir  fes  islas, 
puertos,  cabos  y  puntas  que  encontraba,  y  a  los  cuales 
bautizaba  dándoles  un  nombre  según  la  impresión  que 
en  el  momento  recibía,  como  Río  de  Oro,  Río  del  Sol, 
Cabo  de  Palmas,  Golfo  de  las  Flechas,  La  Mar  de  Nues- 
tra Señora,  Puerto  del  Príncipe,  Jardines  de  la  Reina, 
Las  Once  Mil  Vírgenes,  El  Dragón,  Río  de  Lima,  Río 
de  Mares,  etc.,  etc.,  y  entre  cuyos  nombres  jamás  se  le 
ocurrió  poner  el  de  cualquiera  de  los  diez  y  siete  pueblos 
que  se  disputaron  su  cuna  en  Italia,  señalaremos  sola- 
mente aquellos  que  implican  para  él  un  recuerdo. 

181 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

He^  ahí  por  qué  al  pisar  la  primera  tierra  que  des- 
cubrió el  12  de  octubre  de  1492,  en  memoria  del  Sal- 
vador del  mundo,  la  llamó  San  Salvador,  parroquia  de 
San  Salvador  de  Poyo  (Pontevedra). 

Aun  nadie  ha  dado  contestación  a  lo  que  dije  en  mi 
segunda  exposición  del  24  de  mayo  de  1917  de  por  qué 
el  Almirante  la  distinguió  con  el  modismo  gallego  de 
San  Salvador,  y  no  el  Salvador,  como  era  natural,  si 
hubiese  sido  genovés. 

Continuó  poniendo  a  otras  islas  los  nombres  de  La 
Fernandina,  La  Isabela,  La  Juana,  en  homenaje  a  los 
reyes  e  infantes  de  Castilla  y  Aragón,  y  cumplido  este 
deber  de  cortesía  y  gratitud,  véase  la  nomenclatura  de 
la  mayor  parte  de  los  demás. 

Río  de  San  Salvador,  Pontevedra. 

Puerto  Santo,  lugar  en  donde  nació,  según  dice  la 
tradición,  Pontevedra. 

Puerto  de  San  Nicolás,  Cofradía  de  los  zapateros  de 
Pontevedra. 

La  Española,  negándose  a  poner  La  Castellana  (véase 
lo  que  digo  a  este  respecto  en  mi  ponencia  del  15  de 
octubre  de  191 7). 

San  Juan  Bautista,  Cofradía  de  los  carpinteros  de 
Rivera  de  Pontevedra. 

Isla  de  Santiago,  recuerdo  de  Galicia. 

Cabo  de  San  Miguel,  Cofradía  de  los  mareantes,  de 
la  que  debieron  ser  cofrades  sus  progenitores. 

La  Trinidad,  Cofradía  la  más  antigua  de  Pontevedra, 
de  la  que  también  fueron  cofrades  sus  antepasados. 

182 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

Cabo  de  San  Blas,  capilla  antigua  del  lugar  de  San 
Blas,  a  un  kilómetro  de  Pontevedra ^ 

La  Margarita,  capilla  sobre  el  río  Lérez,  en  Ponte- 
vedra. 

Santa  Catalina,  Cofradía  de  los  sastres  de  Ponte- 
vedra. 

Cabo  de  San  Nicolás,  Cofradía  de  los  zapateros  de 
Pontevedra. 

Punta  de  la  Galera,  término  de  la  isla  de  Ons,  en  la 
ría  de  Pontevedra. 

Punta  Lanzada,  término  de  la  ría  de  Pontevedra,  se- 
ñalando el  viento  nordeste. 

"La  Gallega",  carabela  en  que  embarcó  en  su  primer 
viaje. 

'*La  Gallega",  nombre  dado  a  otra  isla. 

''El  Gallego",  nombre  puesto  al  buque  en  que  hizo 
su  último  viaje  su  hermano  Bartolomé. 

¿  Y  aun  hay  quien  pueda  dudar  que  el  gran  Almirante 
no  llevaba  oculto  en  su  alma  el  nombre  adorado  de  Ga- 
Hcia?  ¿Podría  haber  hecho  esto  un  genovés? 

No  hay  descubridor  que  no  se  haya  acordado  de  algo 
de  su  patria,  y  el  mismo  protegido  de  Colón,  Américo 
Vespucio,  naturalizado  en  España,  al  primer  golfo  que 
encontró  le  puso  el  nombre  de  Golfo  de  Venecia. 

PALABRAS  GALLEGAS 

El  Almirante  escribía  el  romance  castellano  como  se 
hacía  en  aquella  época,  y  cuando  se  le  olvidaba  una  pa- 
labra castellana  (no  encontramos  en  todos  sus  escritos 
que  la  sustituyera  una  italiana,   como  era  natural):  la 

183 
I 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

sustituía  con  una  gallega,  como  son,  según  el  Diccionario 
gallego  de  Juan  Cuveiro  Pinol,  las  siguientes: 

Manada.  La  mano  o  puño  lleno  de  dinero  y  por 
extensión  el  montón  de  frutos  u  objetos  o  el  conjunto 
de  animales,  etc.  ^  •   .  •   ■ 

Inchir.  Llena^r;  lienchir. 
Carantoña.  Careta. 

EsMORECER.  Desfallecer,  desanimarse  hasta  el  extre- 
mo último. 

Carrasco.  En  Pontevedra,  en  La  Coruña,  ''Quei- 
roa",  mata  de  la  tribu  senecioidea,  leñosito  con  borra 
blanca  apretada,  hojas  lineares  con  margen  revuelta, 
maceta  compuesta  desnuda;  crece  en  los  arenales  de  la 
Lanzada  y  de  Cangas,  etc. 

Espeto.  Véase  la  obra  de  La  Riega. 
Oscurada.  Oscurecer. 
PíxoTA.  Merluza 

Andar  a  la  relinga.  Palabras  gallegas  propias  de  las 
rías  de  Galicia. 

Tonina.  Pez  atún  y  en  algunas  partes  el  golfín. 
Es  preciso  fijarse  en  que  las  palabras  "Inchir"  y  "Os- 
curada" son  propias  solamente  de  la  ría  de  Pontevedra, 
pues  en  el  resto  de  Galicia  es  "Encher"  la  primera  y 
"Axexo"  la  segunda,  en  la  época  del  descubrimiento  de 
las  Indias  occidentales. 

También  la  palabra  "Carrasco"  es  propia  solamente 
de  la  provincia  de  Pontevedra,  pues  en  la  de  La  Coruña 
se  llama  la  misma  planta  "Queiroa";  pero  lo  más  sin- 
gular es  que,  segúa  nos  lo  enseña  el  autor  del  Dicciona- 
rio gallego  D.  Juan  Cuveiro  Pinol,  que  es  el  más  com- 

184 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

pleto  que  se  conoce,  crece  en  los  arenales  de  la  Lanzada, 
arenales  que  toman  el  nombre  de  la  Punta  Lanzada,  tér- 
mino de  la  ría  de  Pontevedra,  y  que  debía  conocer 
bien  el  almirante,  pues  existe  en  la  Punta  la  célebre  to- 
rre que  según  cuentan  fué  construida  por  los  fenicios. 
¿  Y  puede  haber  alguien  que  crea  que  se  le  hubiese 
ocurrido  emplear  esas  palabras  y  nombres  a  un  ge- 
novés  ? 

VERSOS    DEL    ALMIRANTE 

Según  el  cronista  Antonio  de  Herrera,  el  Almirante 
sabía  el  latín  y  hacía  versos  (libro  primero,  página  212), 
y  con  este  motivo  en  mi  ponencia  del  15  de  agosto 
de  1917,  decía  yo:  "Lástima  que  la  Historia  no  haya 
conservado  alguno  de  ellos,  pues  tengo  la  seguridad  que 
los  haría  en  castellano,  pues  la  inspiración  poética  es 
siempre  en  el  idioma  patrio." 

Afortunadamente,  con  posterioridad  a  aquella  fecha, 
han  llegado  a  mis  manos  los  que  puso  en  el  libro  de  ''Las 
Profecías",  y  que  transcribo  a  continuación: 

Es  temperancia,  tiempo  y  manera 
que  todos  con  tino  debemos  tener 
en  nunca  tenptar,  decir  ni  hacer 
cosa  que  deba  no  ser  hacedera. 
En  .esta  tan  larga  y  estrecha  carrera 
a  do  contino  virtud  es  hallada 
sin  ser  cometida  ni  ser  salteada 
del  vicio,  ni  del  quedalle  dentera. 

Folios  Lin  a  LVn.  Son  varios  lugares  de  Isaías 
y  de  los  Paralipomenos,  y  a  la  vuelta  del  último  las  dos 
primeras  estrofas  de  la  trova  sobre  el  "Memorare  no- 

185 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

vissima  tua",  etc.,  las  cuales  están  también  con  las  si- 
guientes en  la  hoja  84  postrera  de  este  M. 

Memorare  con  grand   tiento 
o   hombre,   cualquiera  que   seas^  ; 

tener  siempre   en  pensamiento 
a  Dios   y  su  mandamiento 
si  con  él  reinar  deseas. 
Para  mientras  que  prevea, 
pues  necesario  es  morir 
quen  el  tiempo  de  partir 
el  camino   llano  veas. 
Novissima  proveyeron 
siempre  los  Santos  varones, 
del    mundo    se    suspendieron 
a    Cristo    siempre    sirvieron 
sufriendo   tribulaciones, 
carnales  de  vanidad : 

débeste  con  humildad 

refrenar  de    tus  pasiones. 

Tua   con   consideranza 

debes  muy  mucho  mirar 

y  en   fin  que   van  a   parar 

los  males  y  su  pujanza, 

y  la  bienabenturanza 

que   los    justos    alcanzaron, 

que  a  Dios   y  a   César  pagaron 

su  deuda  en  igual  balanza. 

Et  tú  debes  resurtir 

tu  pensamiento  en  el  cielo, 

y  de   las  cosas   del  suelo 

con  gran  prudencia  huir; 

y  non  quieras  consentir 

ser  del  vicio  subyugado, 

siempre   seas    avisado 

a  sabelle  resistir. 

186 


PRUDENCIO       OTERO       S  A  N  C  II  U  Z 

Non  pecahis  si  el  dolor 

de  los  que  mueren  pensares, 

y  la  fatiga  y  terror 

que  padesce   el  pecador 

contigo  bien  contemplares; 

y  si  bien  considerares 

la  paciencia  que  terna 

el  justo  cuando   verá 

que   sale    de    tantos    males. 

In  CBternum  gozarán 

los  que  lo  bueno  abrazaron 

y  asimmismo  llorarán 

porque  continuo  arderán 

los  que  la  malicia  amaron; 

y  pues  siempre  se  agradaron 

del  mundo  y  de  sus  cudicias^ 

de  las  eternas  divicias 

para  siempre  se  privaron. 

GOZOS   DEL  NACIMIENTO   DE  SAN  JUAN  BAUTISTA 

Gozos  den  más  regocijo 
este   día  que  otros  días, 
que  hoy  nasció  el  muy  Santo  hijo 
de   Isabel  y   Zacarías. 
Gozoso  el  Verbo  divino 
cuando  su  primo  saltaba 
en  el  vientre  viejo  digno 
que  su  madre  visitaba :  f 

y  tú  virgen  que  estarías 
al  parto  de  tal  sobrino 
gozo  sin  tiento  ni  tino 
recibe  con  Zacarías. 

Como  no  soy  crítico  ni  filólogo,  dejo  la  decisión  de 
si  es  posible  que  si  a  últimos  del  siglo  xv  y  primeros 
del  XVI   habría  algún  poeta  italiano,  y  especialmente 

187 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

genovés,  que  escribiese  los  anteriores  versos,  sin  un 
solo  giro  de  su  idioma ;  ei  primer  estilista  español,  don 
Ramón  del  Valle-Inclán,  a  quien  he  consultado,  me 
contesta  lo  siguiente: 

"Querido  Prudencio:  He  leído  la  trova  ''Memorare 
novissima  tua"  y  otras  canciones  atribuidas  al  Almi- 
rante e  insertas  en  el  ''Libro  de  las  Profecías".  Yo  soy 
lego  en  estos  achaques  de  erudición  y  no  sé  si  está  en 
duda  la  paternidad  de  estas  canciones.  Pero  a  lo  que 
yo  alcanzo,  ni  por  léxico  ni  por  la  construcción  parecen 
de  extranjero.  No  deja  de  ser  extraño  que  el  Almirante 
haya  olvidado  de  modo  tan  cabal  el  italiano,  y  que,  sin 
embargo,  aparezcan  en  algunos  de  sus  escritos  modis- 
mos luso-galaicos. — Te  estrecha  la  mano  tu  pariente, 
(Firmado.)  Valle-Inclán." 

VIAJE    INCÓGNITO    A    GALICIA    DEL    ADELANTADO 
DON  BARTOLOMÉ  COLÓN 

Cuando  los  Reyes  de  Castilla  D.  Felipe  y  doña  Jua- 
na desembarcaron  en  La  Coruña,  se  hallaba  entre  los 
caballeros  que  los  recibieron  D.  Bartolomé  Colón,  quien 
los  acompañó  hasta  el  pueblo  de  Sanabria. 

Según  Asensio  (tomo  II,  página  688),  hizo  este  viaje 
para  recibir  y  acompañar  a  los  Reyes,  lo  que  no  es  exac- 
to, pues  si  ésa  hubiese  sido  su  intención,  hubiera  conti- 
nuado su  viaJ€  hasta  la  Corte. 

Lo  que  seguramente  sucedió  es  que  al  estar  en  Ga- 
licia cumplimentando  encargos  reservados  del  Almirante, 
quien  ya  veía  próxima  su  muerte,  supo  el  arribo  de  los 
Reyes,  y  por  si  llegaban  a  tener  conocimiento  de  su 

1«8 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

estancia  en  Galicia  se  presentó  en  Cortina  haciendo 
ver  que  su  viaje  a  esta  región  era  para  cumplimentar  a 
aquéllos  y  excusar  a  su  hermano  el  Almirante,  por  ha- 
llarse a  la  sazón  gravemente  enfermo. 

Al  llegar  a  Sanabria  dejó  la  comitiva  y  desapareció, 
sin  que  en  más  de  un  año  se  hubiese  sabido  qué  rumbo 
tomó  ni  dónde  estuvo,  y  por  esto  es  por  lo  que  Asensio 
(tqmo  II,  página  888)  dice  que  se  supone  fué  a  Roma 
a  conferenciar  con  el  Papa.  Si  efectivamente  fuera  eso 
cierto,  con  toda  seguridad  la  Historia  nos  hubiera  deja- 
do algún  indicio  del  viaje,  pues  no  es  tan  fácil  confe- 
renciar con  el  Sumo  Pontífice  sobre  asuntos  importan- 
ttes  €omo  la  conquista  de  Jerusalén  a  base  de  los  rendi- 
mientos de  las  Indias  occidentales,  sin  trámites  proto- 
colares. 

En  donde  estuvo,  seguramente,  fué  en  Pontevedra, 
haciendo  desaparecer  todo  vestigio  de  su  origen — de 
acuerdo  con  su  pariente  JuarT  de  Colón — ,  pues  es  ex- 
traño que  no  existan  en  los  tumbos  de  las  Cofradías 
de  los  gremios  de  la  Santísima  Trinidad  y  de  mareantes 
de  Pontevedra  los  índices  de  los  siglos  xv  y  xvi,  en 
los  que  se  hallaban  los  nombres  de  todos  los  cofrades ; 
como  no  se  encuentra  resto  alguno  del  linaje  de  los  de 
Colón,  desde  el  fallecimiento  de  Juan  de  Colón,  hasta 
el  siglo  XVII,  excepción  hecha  del  muy  magnífico  y  i*e- 
verendísimo  señor  maestro  Cristóbal  Colón,  visitador 
de  las  referidas  dos  Cofradías  en  los  años  1575  y  76, 
sobre  cuya  visita  hablaré  más  adelante  al  referirme  a. 
los  documentos  que  presento. 

La   prueba   concluyente   de  que  el  adelantado   don 
189 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

Bartolomé  Colón  no  vino  a  Galicia  con  ánimo  de  acom- 
pañar a  los  Reyes  hasta  la  Corte,  es  que  no  sólo  los. dejó 
en  Sanabria,  sino  que  pasó  más  de  un  año  sin  que  se 
hubiese  sabido  en  dónde  se  hallaba. 

Pero  si  eso  no  fuese  bastante,  la  carta  que  el  Almi- 
rante dirigió  a  los  Reyes  a  su  llegada  a  La  Coruña  el 
26  de  abril  de  1506  (en  donde  se  reunieron  los  prin- 
cipales grandes  señores  del  reino),  excusándose  de  no 
poder  concurrir  por  la  gravedad  de  sus  males  (falleció 
pocos  días  después)  ni  él  ni  su  hijo,  y  ofrecerles  sus 
respetos  y  servicios  (véase  el  tomo  III,  página  671,  del 
Conde  Roselly  de  Lorgues),  sería  más  que  suficiente 
para  demostrar  que  el  viaje  del  adelantado  a  Galicia  no 
tuvo  por  objeto  recibir  a  los  Reyes,  pues  en  ese  caso, 
y  dada  la  corrección  con  que  siempre  procedía  el  Almi- 
rante, seguramente  hubiese  manifestado  a  los  Reyes 
D.  Felipe  y  doña  Juana  que  no  pudiendo  concurrir  él 
ni  su  hijo  enviaba  a  su  Jiermano  para  cumplimentarlos 
en  su  nombre. 

CONCLUSIONES 

Quiero  dejar  demostradas  en  este  alegato  las  siguien- 
tes conclusiones : 

I.*  .  Que  el  almirante  Cristóbal  Colón  no  era  Co- 
lombo. 

2.^  Que  en  Genova  no  existía  en  aquella  época  nin- 
gún Colón,  pues  si  existiera  no  habría  razón  para  darle 
por  padre  a  Doménico  Colombo. 

3.*  Que  no  es  posible  que  Cristóbal  Colón  fuese  hijo 
de  aquél, 

190 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

4.*  Que  si  el  padre  del  Almirante  ha  sido  tejedor  de 
lana,  no  puede  ser  padre  de  este  Cristóbal  Colón,  gran 
navegante,  pues  éste  ha  dejado  dicho  que  tanto  él  como 
sus  antepasados  han  sido  hombres  de  mar  (véase  lo  que 
dice  en  una  de  sus  cartas  a  los  Reyes). 

5.*  Que  Cristóbal  Colón  apareció  en  la  Rábida  ha- 
blando castellano,  aunque  con  acento  extranjero. 

6.*  Que  los  caracteres  gráficos  de  la  letra  de  Cristó- 
bal Colón  son  españoles  y  que  difieren  de  la  letra  ita- 
liana de  aquella  época. 

7.*  Que  no  es  posible  que  un  italiano  dejase  de  po- 
ner, después  de  haber  cumplimentado  a  los  Reyes  y 
príncipes  de  España,  bautizándolas  con  sus  nombres,  a 
las  tierras  que  descubría,  los  de  La  Genovesa  o  cual- 
quiera de  las  capitales  o  regiones  de  Italia. 

8.'  Que  no  se  concibe  que  siendo  genovés  hiciera  caso 
omiso  de  la  indicación  de  los  que  le  instaban  a  que  lla- 
mase '*La  Castellana''  a  una"" isla  y  le  pusiese  **La  Es- 
pañola", y  a  otra  ''La  Gallega".  ^ 

9.^  Que  el  hermano  del  Almirante,  el  adelantado 
Bartolomé  Colón,  estuvo  en  Galicia  en  la  época  del 
fallecimiento  del  Almirante. 

10.*  Que  respecto  a  la  tradición  que  existe  en  Porto 
Santo  (Pontevedra),  de  que  allí  nació  el  Almirante, 
pedí  al  socio  correspondiente  de  la  Academia  señor 
D.  Juan  Fernández  Gil  hiciese  personalmente  las  ave- 
riguaciones que  creyese  oportunas  para  comprobarla, 
como  así  lo  hizo,  poniéndose  de  acuerdo  para  ello  con 
el  ilustrísimo  señor  gobernador  civil  que  fué  de  esta 
provincia  D.  Luis  Tur  y  Paláu,  miembro  y  secretario 

191 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

de  la  Sociedad  Geográfica,  ajeno  completamente  a  la 
localidad  y  persona  de  toda  respetabilidad;  habiendo 
resultado  completamente  comprobada. 

Estas  son  las  conclusiones  que  yo  me  prometía  some- 
ter y  probar  a  la  Comisión  de  la  Academia  de  la  Histo- 
ria, como  así  lo  decía  en  mi  carta  dd  2  de  abril  de  este 
año  al  acaldémico  D.  Ángel  Altolaguirre  Duvale,  pen- 
sando, ¡  torpe  de  mí !,  que  teniendo  la  Real  Academia  co- 
nocimiento de  ellas,  no  faltasen  entre  sus  cincuenta  miem- 
bros tres  que  se  prestasen  por  amor  a  la  patria  a  hacer 
el  sacrificio  de  emprender  un  viaje  de  veinte  horas  y 
dedicar  unos  días  del  estiaje  a  la  más  hermosa  región 
de  España. 

DOCUMENTOS  Y  ANTECEDENTES 

En  la  ponencia  del  15  de  agosto  de  191 7,  presenté 
dieciséis,  de  entre  los  cuales  retiro  los  números  10,  11, 
I3>  15  y  16  (pertenecientes  a  la  obra  de  La  Riega),  y 
que  exhibía  para  demostrar  a  los  paleógrafos  que  vi- 
niesen con  la  Comisión  de  la  Academia  que,  a  pesar 
de  tildarlos  de  adulterados,  dicen  lo  mismo  que  decían 
en  su  prístino  estado ;  pero  no  queriendo  exponer  nada 
que  no  sea  auténtico  y  por  ende  exento  de  toda  discu- 
sión— y  por  mi  honor  juro  que  lo  son  todos  los  que  pre- 
sento— ,  retiro  aquéllos,  que  se  examinarán  cuando  ven- 
ga la  Comisión  o  Comisiones  que  se  nombren  para  pro- 
ceder a  la  investigación  que  sea  necesaria  y  hacer  la 
rectificación  histórica  que  se  pide. 

Se  pretende  que  para  hacer  esta  rectificación  se  fa- 
brique una  nueva  genealogía  del  Almirante,  cosa  a  mi 

192 


ESPAÑA,     PATRIA     D'E      COLON 

entender  imposible,  puesto  que  a  nadie  dijo  quiénes  fue- 
ron sus  padres,  y  a  los  descendientes  de.  este  grande 
hombre  les  basta  con  que  su  genealogía  empiece  en  él. 
i  Ya  quisiéramos  todos  los  .mortales  que  nuestra  ascen- 
dencia empezase  en  el  hombre  que  con  su  gloria  llena 
el  mundo ! 

Entre  los  documentos  que  presento,  los  números  7, 
8  y  9  son  tres  actas  de  visita  verificadas  en  los  años  1575 
y  76  a  las   Cofradías  de  la  Santísima  Trinidad  y  de 
mareantes,  de  Pontevedra,  por  el  muy  magnífico  y  re- 
verend:simo  señor  nuestro  Cristóbal  Colón;  el  presen- 
tar estos    documentos    no   es    sólo    para    demostrar   el 
apellido  de  Colón,  pues  sobran  para  ello  los  demás  do- 
cumentos que  presento.  Estas  actas  tienen  en  mi  con- 
cepto un   interés   especialísimo ;  es  preciso   fijarse   que 
esta  dignidad  de  la  Iglesia  que  no  consta  que  fuera  del 
Arzobispado  de  Santiago,  a  que  pertenece  Pontevedra, 
aparece  empleando  dos  años  •  en  visitar  dos  Cofradías 
(para    lo   cual    no   se   necesitan    más    que    unos    pocos 
días)  en  los  años  precisamente  en  que  quedó  vacante  la 
sucesión  de  Colón  por  falta  de  varón.  ¡Especial  coin- 
cidencia!  ¿Cuál   sería   el   objeto   que  lo   trajo  a   esta- 
cionarse   en    Pontevedra    durante    dos   años?    Esto    es 
muy    significativo,   como    lo   es   la    estancia    del    Ade- 
lantado  en   Galicia   en  la   época   del    fallecimiento   del 
Almirante.  Lógicamente  pensando,  si  el  primero  venía 
buscando  antecedentes  en  esas  dos  Cofradías  para  pre- 
sentarse con  derecho  a  la  sucesión,  el  segundo  no  dejó 
rastro  de  ello  en  el  viaje  que  hizo  a  esta  región,  de 
acuerdo  con  el  pariente  Juan  de  Colón. 

193 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

Pero  si  significativo  es  lo  que  antecede,  no  lo  es  me- 
nos él  que  habiendo  desaparecido  en  absoluto  la  rama 
de  los  Colones  en  Pontevedra,  con  la  muerte  de  Juan 
de  Colón,  durante  más  de  siglo  y  medio,  volvieran  a 
aparecer  en  Pontevedra  los  descendientes  de  D.  Diego 
de  Colón,  hijo  primogénito  del  Almirante,  a  fines  del 
siglo  XVII  y  principios  del  xviii,  como  lo  prueban  los 
documentos  números  12  y  13,  por  los  cuales  se  de- 
jnuestra  que  encontraron  la  fórmula  de  venir  a  esta  ca- 
pital, en  donde  vivieron  durante  varios  años,  como  bus- 
cando el  calor  de  la  tierra  que  meció  la  cuna  de  su  as- 
cendiente Cristóbal  Colón. 

Aquí  tuvieron  propiedades,  rentas,  capillas — aun- 
que no  hemos  podido  averiguar  aún  de  dónde  proce- 
dian — ;  aqui  se  llamaban  descendientes  de  aquél  y  aquí 
fallecieron  algunos  de  ellos.  ¿Por  qué  no  fueron  a  es- 
tablecerse a  Genova? 

El  documento  número  4  es  lo  que  propiamente  puede 
llamarse  ''partida  de  nacimiento  del  Almirante,  hecha 
por  él  mismo". 

Y  para  su  demostración,  es  preciso  sean  agregados 
a  la  Comisión  investigadora  dos  o  tres  miembros 
de  la  Sociedad  Geográfica,  para  que  informen  si  cono- 
cen alguna  carta  náutica  de  aquella  época  en  la  que 
figuren  "puntas  y  cabos"  de  dentro  de  las  rías  de  cual- 
quier país,  pues  las  pocas  que  había  de  los  mares  co- 
nocidos hasta  entonces,  sólo  determinaban  los  ''cabos" 
de  recalada. 

Todos  los  demás  documentos  sirven  para  acreditar 
194 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

que  el  apellido   Colón  existía  en   Pontevedra  antes  y 
después  del  descubrimiento  de  América. 

Al  dar  por  terminado  este  alegato,  cúmpleme  presen- 
tar las  fotografías  de  todos  los  elementos  que  hasta  hoy 
me  ha  sido  posible  reunir,  y  que  juzgo  son  sobradamente 
suficientes  para  justificar  de  una  manera  indubitable 
que  el  apellido  de  los  de  Colón  existía  en  España  (Pon- 
tevedra) en  la  época  del  descubrimiento  de  América, 
y  que  han  vuelto  a  radicar  aquí  casi  dos  siglos  después 
los  descendientes  del  Almirante.  Son  las  siguientes : 

I."  Fotografía  de  la  capilla  de  Santa  María,  en  don- 
de existe  esta  inscripción:  ''Os  do  cerco  de  Juan  Neto 
e  de  Juan  de  Colón  fixeron  esta  capella." 

2.°  Fotografía  del  crucero  de  Porto  Santo,  pertene- 
ciente a  Juan  de  Colón. 

3.°  Fotografía  de  la  transcripción  al  ferroprusia- 
to  de  la  inscripción  del  mismo  crucero,  hecha  por  el 
miembro  de  la  Sociedad  Arqueológica  de  Pontevedra 
D.  Luis  Gorostola  Prado. 

4.°  Fotografía  del  plano  de  la  ría  de  Pontevedra, 
calcado  sobre  el  plano  de  Fontán,  que  tiene  noventa 
años  de  existencia,  el  cual  considero  como  la  partida  de 
nacimiento  del  Almirante,  hecha  por  él  mismo  y  en  don- 
de se  hallan  los  nombres  de  Porto  Santo,  San  Salvador, 
La  Galera  y  Punta  Lanzada,  que  son  del  principio  y 
fin  de  la  ría  de  Pontevedra. 

5.°  Fotografía  de  una  escritura  otorgada  en  11  de 
octubre  de  15 16,  ante  el  notario  Alonso  García  de  Sisto, 
en  que  Juan  Neto  y  Juan  de  Padrón  dan  fianza  carce- 
laria a  Juan  de  Colón. 

195 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

6°  ídem  de  una  escritura  sobre  cuentas  de  la  obra 
de  la  iglesia  de  Santa  María,  que  rinde  Juan  de  Colón 
en  20  de  septiembre  de  1529,  otorgada  ante  el  misrho 
notario  Alonso  García  de  Sixto. 

7.°  Fotografías  de  hojas  sueltas  de  un  libro  que  pro- 
cede del  gremio  de  mareantes  y  se  guarda  en  la  Socie- 
dad Arqueológica,  en  que  figura  girando  visita  el  muy 
magnífico  y  reverendísimo  maestro  D.  Cristóbal  Colón 

en  1575.' 

8.°  Fotografía  de  otra  visita  igual  a  la  misma  co- 
fradía, en  1576,  por  el  citado  D.  Cristóbal  Colón. 

9.°  Otra  acta  de  28  de  diciembre  de  1576,  de  visita 
girada  por  el  referido  D.  Cristóbal  Colón  a  la  cofradía 
de  la  Santísima  Trinidad.    ' 

io.°  Fotografía  de  una  hoja  del  cuaderno  de  cuentas 
de  la  cofradía  de  San  Miguel,  en  poder  de  la  Sociedad 
Arqueológica,  donde  figuran  Alonso  y  Antonio  de  Co- 
lón, compresivo  de  los  años  1480  y  1490. 

II.''  Una  escritura  de  13  de  octubre  de  15 19,  de  un 
foro  hecho  de  la  heredad  de  Andurique  por  el  Monaste- 
rio de  Poyo  a  favor  de  Juan  de  Colón,  mareante,  y  de 
su  mujer,  Constanza  de  Colón,  vecinos  del  Arrabal  de 
Pontevedra. 

12."  Escritura  de  26  de  Febrero  de  1731,  en  poder 
de[  doctor  D.  Joaquín  Piñeiro,  de  compra  de  dos  foros 
sobre  dos  casas  en  las  Curbaceiras,  y  otra  en  la  calle 
de  la  Pedreira,  de  Pontevedra,  que  cobraba  doña  Ca- 
talina Colón  de  Portugal. 

13.°     Anotación  en  el  Registro  de  la  Propiedad  de 
J96 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

Pontevedra   de  un  foro  otorgado  en  9  de  marzo  de  1775 
por  D.  Miguel  Colón  de  Portugal,  vecino  de  Indias. 

14.°  Partida  de  defunción  de  doña  María  Benita 
Henríguez  Bargas  y  Colón,  de  26  de  agosto  de  1775, 
existente  en  la  parroquia  de  San  Bartolomé,  de  Ponte- 
vedra. 

Los  tres  documentos  números  12,  13  y  14  sirven  para 
acreditar  que  en  Pontevedra  existieron,  en  el  siglo  xviii, 
los  descendientes  del  Almirante,  y  tuvieron  propieda- 
des, cuyo  origen  seguramente  fué  de  su  ascendiente 
Juan  de  Colón.  Suprimimos  la  fotografía  de  muchos 
otros  documentos  que  acreditarían  lo  mismo. 


Pudiera  ampliar  este  libro  con  la  copia  de  todos  los 
documentos  que  presento ;  pero  como  ello  no  contiene 
más  especialidad  que  la  de  demostrar  la  existencia  del 
apellido  Colói^  en  Pontevedra  antes  y  después  del  des- 
cubrimiento de  América,  no  quiero  fatigar  a  mis  lecto- 
res con  ello;  pudiera  también  hacerle  interminable  con 
la  transcripción  del  Diario  de  navegación  del  Almirante, 
con  las  innumerables  cartas  y  escritos  del  mismo  y  con 
las  cien  Reales  cédulas  dirigidas  a  él  por  los  Reyes  de 
España;  pero  suprimo  todo  ello  porque  este  libro  no 
tiene  más  objeto  que  poner  de  manifiesto,  con  toda  cla- 
ridad y  exactitud,  que  el  Almirante  quiso  llevar  a 
la  tumba  d  secreto  de  su  nacimiento,  teniendo  el  deli- 
berado propósito  de  ocultar  su  origen  y  patria  y  que 
se  llamó  en  todos  sus  actos  serios  Cristóbal  Colón,  tanto 
en  España  como  en  Portugal,  y  que  no  pudo  ser  ^e- 
noves  ni  hijo  de  Doménico  Colomho. 


PRUDENCIO       OTERO      SANCHBZ 

Réstanme  solamente  dos  cosas:  i.°  Manifestar  mi 
gratitud  a  los  señores  (Jue  formaron  la  Comisión  Prp- 
Patria  Cdón,  y  muy  especialmente  al  Sr.  D.  Rafael  Ló- 
pez de  Haro,  presidente  de  la  misma,  pues  sin  ser  pon- 
tevedrés,  no  ha  dudado  ni  un  solo  momento  de  mis 
aseveraciones  y  me  ha  alentado  siempre  para  que  a  des- 
pecho de  todos  los  incrédulos  continuase  mi  obra  hasta 
el  fin,  seguro  de  que  sería  de  España  la  victoria;  y 
2."  Confiar  en  que  no  faltará  en  el  Congreso  español  un 
diputado  que  pida  y  exija  del  Gobierno  que  el  ministro 
de  Instrucción  pública  nombre  una  Comisión  de  aca- 
démicos de  la  Historia  y  de  la  Sociedad  Geográfica,  y 
al  ministro  de  Estado  para  que  las  demás  naciones,  es- 
pecialmente las  americanas,  envíen  otras  para  que  se 
agreguen  a  la  española,  y  si  esta  proposición  mía  no 
fuese  aceptada,  suplicar  a  mis  lectores,  si  son  españoles, 
por  amor  a  la  patria ;  si  coterráneos,  por  amor  a  la  ma- 
tria,  que  es  nuestra  amada  región,  y  si  son  extranjeros, 
por  amor  a  la  verdad,  el  que,  si  al  terminar  la  lectura  de 
este  libro  adquieren,  como  espero,  el  convencimiento  ín- 
timo, arraigado,  de  que  el  marino  genial  que  primero  do- 
bló el  mundo  es  español,  se  conviertan  en  defensores  y 
propagandistas  de  la  nueva  tesis,  a  fin  de  que  las  Repú- 
blicas americanas,  a  las  cuales  dedico  mi  trabajo,  ponién- 
dose en  comunicación  recíproca  y  con  las  demás  nacio- 
nes, obtengan  lo  que  anhelamos :  que  se  revise  a  concien- 
cia y  laalmente  este  pleito,  persuadidos  de  que  su  conse- 
cuencia será  la  rectificación  histórica  que,  en  el  fondo, 
no  es  sino  un  acto  de  suprema  justicia. 

Pontevedra,   i8  de  septiembre  de   1918. 
198 


APÉNDICES 


Terminado  ya  este  libro,,  se  ha  publicado  un  trabajo 
del  Excmo.  Sr.  D.  Ricardo  Beltrán  y  Rózpide,  eminen- 
te jurisconsulto,  catedrático  de  la  Universidad  Central, 
secretario  de  la  Sociedad  Geográfica  y  miembro  de  la 
Real  Academia  de  la  Historia,  demostrando  lo  mismo 
que  vengo  yo  sosteniendo  hace  tres  años;  esto  es, 
que  el  Cristóforo  Columbo  de  Genova  o  de  Saona  no 
ha  podido  ser  ni  es  el  Cristóbal  Colón,  almirante  y  viso- 
rrey  de  las  Indias  occidentales. 

Como  ese  trabajo  ratifica  mi  tesis,  aunque  difiere 
algo  de  mis  deducciones  respecto  a  la  edad  del  Almiran- 
te, con  la  venia  del  Sr.  Beltrán  y  Rózpide  lo  transcribo 
a  continuación. 

"CRISTÓBAL     COLÓN 

Y 

CRISTÓFORO    COLUMBO 

La  mayor  parte  de  los  modernos  autores  que  tratan 
de  la  vida  de  Colón  consideran  los  documentos  italianos 
referentes  a  Cristóforo  Columbo  y  su  familia  como  la 

199 


FRU  D  EN  C 10       OTERO      SÁNCHEZ 

regla  de  criterio  a  que  hay  que  ajustar  los  documentos 
españoles,  aun  los  de  mayor  autoridad,  que  son  las  car- 
tas escritas  por  el  mismo  D.  Cristóbal  Colón.  Si  hay  di- 
vergencia entre  unos  y  otros,  se  resuelve  en  último  tér- 
mino la  cuestión  afirmando  que  aquél  faltó  a  la  verdad 
o  la  ocultó  por  estas  o  las  otras  razones.  Los  documen- 
tos italianos  son  asi  poco  menos  que  artículos  de  fe. 

Pero  cabe  adoptar — y  es,  ciertamente,  más  razonable — 
el  procedimiento  inverso:  tomar  como  norma  crítica  y 
como  si  fuera  artículo  de  fe  lo  que  D.  Cristóbal  Colón 
dijo  de  sí  mismo  y  ajustar  a  ello  lo  que  digan  los  docu- 
mentos italianos,,  aceptando  éstos  si  se  hallan  de  acuer- 
do con  los  documentos  españoles,  desechándolos  si  apa- 
rece evidente  la  contradicción  o  el  anacronismo. 


Entre  las  escrituras  o  actas  notariales  encontradas  en 
Genova  y  en  Savona,  referentes  a  una  de  las  familias 
apellidadas  Columbo  que  por  entonces  vivían  en  aquellas 
y  otras  localidades  del  norte  de  Italia,  hay  algunas  en 
que  aparece  y  se  persona  como  otorgante  o  como  testi- 
go un  Cristóforo  Columbo  o  Colombo,  hijo  de  Domini- 
co de  Columbo  y  de  Susana  de  Fontanarubea  (i). 


(i)  Estos  documentos  y  otros  anteriores  y  posteriores  rela- 
tivos a  actos  y  contratos  de  la  citada  familia,  pueden  verse 
impresos  en  la  Raccolta  di  documenü  e  studi  pubblicati  dalla 
R.  Commisione  colombiana  peí  quarto  centenario  della  scoper- 
ta  deW America,  1892-94. — Vol.  I  de  la  parte  II.— Además,  entre 
los  varios  trabajos  en  que  previo  estudio  y  crítica  de  estos  u 

200 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

Según  escritura  de  22  de  septiembre  de  1470,  otorga- 
da en  Genova,  Dominico  de  Columbo  y  s«  hijo  Cristó- 
foro  se  comprometen  a  aceptar  la  decisión  de  un  arbitro 
en  pleito  o  cuestión  que  tenían  con  un  acreedor.  Seis 
días  después,  el  2^,  dicta  fallo  el  arbitro  condenando  al 
padre  y  al  hijo  a  pagar  determinada  cantidad. 

En  31  de  octubre  del  mismo  año,  Cristóforo  de  Co- 
lombo,  hijo  de  Dominico  y  mayor  de  diez  y  nueve  años, 
en  presencia  y  con  autorización,  consejo  y  consentimien- 

otros  documentos  se  identifica  al  Cristóbal  Colón,  descubridor 
de  América,  con  el  Cristóforo  Columbo,  lanero  de  Genova, 
merecen  citarse  preferentemente  los  siguientes: 

Cristophe  Celomb:  son  origine,  sa  vie,  ses  voyages,  sa  fa- 
mille  est  ses  descendants,  d'aprés  des  documents  in%its  tires 
des  archives  de  Genes,  de  Savone,  de  Séville  et  de  Madrid: 
études  critiques  par  Henry  Harrisse.— París,  1884.— Dos  vo-. 
lúmenes. 

Etudes  critiques  sur  la  vie  de  Colomb  avant  ses  découver- 
tes:  les  origines  de  sa  familíe:  les  deux  Colombo,  ses  pré- 
tendus  parents;  la  vraie  date  de  sa  naissance;  les  études  et 
les  premieres  compagnes  qu'il  aurait  faites;  son  arrivée  en 
Portugal  et  le  combat  naval  de  1476;  son  voyage  au  Nord; 
son  établissemcnt  en  Portugal;  son  mariage;  sa  famille  portu- 
gaise,  par  Henry  Vignaud.— París,    1905.— Un  volumen. 

La  patria  de  D.  Cristóbal  Colón,  según  las  actas  notariales 
de  Italia,  por  D.  Ángel  de  Altolaguirre.— En  el  Boletín  de 
la  Real  Academia  de  la  Historia,  marzo  de  1918,  o  sea 
tomo*  LXXII,    páginas   200-224. 

No  faltan  autores  que  han  so^nido  lo  contrario;  esto  es 
que  Colón  no  perteneció  a  la  familia  de  Dominico  de  Columbo] 
entre  ellos  los  que,  como  Ambiveri,  Corbani,  Peretti  y  Fran- 
ceschi,  en  Italia,  y  García  de  la  Riega,  en  España,  creen  que 
el  descubridor  de  América  no  fué  genovés. 

201 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

to  del  padre,  declara  que  debe  determinada  cantidad  por 
una  partida  de  vino  que  había  comprado. 

En  1472  están  en  Savona  el  padre  y  el  hijo.  El  20  de 
marzo,  Cristóforo  de  Columbo,  lanero  de  Genova,  es  tes- 
tigo en  un  testamento  otorgado  en  aquella  ciudad.  Los 
demás  testigos,  cuyo  oficio  también  se  indica,  son  tres 
sastres,  un  tundidor  y  un  zapatero. 

El  26  de  agosto  de  1472,  Dominico,  lanero,  y  su  hijo 
Cristóforo  se  reconocen  deudores  de  un  tal  Juan  Signo- 
rio,  a  quien  habían  comprado  siete  quintales  de  lana. 

Al  año  siguiente,  el  7  de  agosto  de  1473,  Susana,  hija 
de  Jacobo  de  Fontanarubea  y  esposa  de  Dominico  de 
Colombo,  ratifica,  ante  notario  de  Savona,  la  venta  que 
de  una  cUsa  había  hecho  su  marido,  con  el  consentimien- 
to y  la  presencia  en  el  acto  de  Cristóforo  y  Juan  Pele- 
grino,  hijos  de  Dominico  y  Susana. 

Esta  familia  de  Columbos  o  Colombos  parece  ser  la 
misma  a  que  se  refirió,  a  principios  del  siglo  xvi,  el  no- 
tario Antonio  Gallo,  Canciller  del  Banco  de  San  Jorge, 
en  Genova,  diciendo  que  el  descubridor  de  las  nuevas 
tierras  occidentales  era  un  sobrino  de  Antonio  Colombo, 
el  hermano  de  Dominico,  con  quien  Gallo  estaba  en  re- 
laciones, pues  hubo  entre  ellos  préstamos  o  cesiones  de 
crédito. 

En  los  documentos  citados  y  en  otros  se  fnenciona  a 
Dominico  y  sus  hijos  y  j)arientes  como  cardadores  de 
lana,  tejedores  de  paño,  tenderos,  hormeros  y  sastres  (un 
hijo  del  Antonio  Columbo  aparece  como  aprendiz  de 
sastre).  Fueron,  pues,  estos  Columbos  gentes  de  oficio 
manual,  y  además,  de  escasos  recursos  o  algo  manirro- 

202 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      C  O  L  O  A 

tos,  a  juzgar  por  las  deudas  que  contraían.  Dominico  y 
Cristóforo  tenían  bastantes  acreedores,  y  algunos  de  és- 
tos, creyendo  que  el  afortunado  descubridor  de  países 
en  que  abundaba  el  oro  era  el  Cristóforo  Columbo,  su 
deudor,  se  pusieron  en  movimiento  para  hacer  efectivo 
el  crédito.  Tal  es  el  caso  de  los  hermanos  Juan,  Mateo  y 
Amigeto  de  Columbo,  los  que — según  consta  en  una  de 
esas  innumerables  actas  notariales  que  nos  van  dando 
cuenta  de  todo  lo  que  hacía  la  documentada  familia — se 
comprometieron,  en  ii  de  octubre  de  1496,  a  costear  el 
viaje  que  uno  de  ellos,  Juan  (el  antiguo  aprendiz  de 
sastre),  debía  hacer  a  España  en  busca  del  pariente  rico 
y  personaje,  para  exigirle  el  pago  de  la  deuda.  Este  com- 
promiso no  tuvo  resonancia  más  allá  del  protocolo  del 
notario;  no  hay  noticia  de  que  el  viaje  se  efectuara  ni 
se  sabe  que  el  Almirante  ni  nadie  en  España  se  diera 
por  enterado  de  la  gestión  de  los  Columbos. 

Después  de  Gallo  y  en  el  primer  tercio  del  siglo  xvi, 
Seranega  y  Giustiniani  copian  en  sus  obras  lo  que  aquél 
dijo,  con  algún  otro  detalle  que  hacía  resaltar  la  humil- 
de posición  social  de  los  Columbos  y  la  escasa  instruc- 
ción o  cultura  intelectual  que  tenía  el  Cristóforo.  Aun 
vivían  Fernando  Colón,  el  hijo  del  Almirante,  y  Barto- 
lomé de  las  Casas,  y  uno  y  otro  negaron  el  parentesco 
de  Cristóbal  Colón  con  semejante  familia. 

Resulta,  pues,  que,  según  los  documentos  y  citas  men- 
cionados, Cristóforo  Columbo  fué  un  lanero  o  tejedor, 
como  su  padre,  y  que  con  éste  se  dedicaba  a  la  compra 
de  lana  y  de  vino;  que  el  medio  social  e  intelectual  en 
que  vivió  era  el  propio  de  artesanos  o  gentes  de  oficio ; 

203 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

que  en  ninguna  de  las  escrituras  en  que  aparecen  Cris- 
tóforo  y  los  Columbo  hay  la  menor  alusión  a  viajes  que 
aquél  hiciera  por  mar  ni  a  su  profesión  de  marino ;  que 
en  los  años  1470  a  1473  estuvo  en  Genova  y  en  Savona; 
que  en  el  día  31  de  octubre  de  1470  tenía  diez  y  nueve 
años  cumplidos,  y  que,  por  consiguiente,  había  nacido 
en  1450  o  en  145 1. 

Este  fué  Cristóforo  Columbo. 


II 


¿Quién  fué  Cristóbal  Colón? 

El  primer  documento  que  debe  mencionarse,  como 
punto  de  partida  de  las  breves  consideraciones  que  voy 
a  hacer,  es  la  llamada  Carta  rarísima,  que  Colón  diri- 
gió a  los  Reyes  Católicos,  fechada  en  *'las  Indias, 'en  la 
isla  de  lamaica,  a  siete  de  lulio  de  mil  i  quinientos  y 
tres  años". 

En  ella  se  lee  el  siguiente  párrafo : 

"lo  uine  a  seruir  de  ueinte  i  ocho  años,  i  agora  no 
tengo  cauello,  en  mi  persona,  que  no  sea  cano,  i  el  cuer- 
po enfermo,  i  gastado  quanto  me  quedo  de  aquellos,  i 
me  fue  tomado  i  hendido,  i  amis  hermanos  fasta  el  saio, 
sin  ser  oido,  ni  uisto  con  grandes  honor  mío"  (i). 

Sabiendo  cuándo  y  a  quién  vino  a  servir  Colón,  con 


(i)  "Copia  de  la  Carta  que  escriuio  Don  Cristoual  Colon, 
Virrey  y  Almirante  de  las  Indias,  a  los  Cristianissimos  i  mui 
poderosos  Reí  y  Reina  de  España  nuestros  señores,  en  que  les 
notifica  quanto  le  ha  acontecido  en  su  uiaje;  i  las  tierras,  Pro- 

204 


ESPAÑA,     PATRIA     DÉ     COLON 

veinte  y  ocho  años  de  edad,  tendremos  base  para  fijar 
la  época  de  su  nacimiento. 

Del  párrafo  transcrito  se  han  dado  varias  interpre- 
taciones. 

I."  Tenia  veintiocho  años  cuando  vino  a  servir  a  los 
Reyes  Católicos-,  Y  ¿en  qué  época  fué  esto?  Es  opinión 
general  que  vino  Colón  a  España  a  fines  de  1484  o  prin- 
cipios de  1485. 

Poco  más  o  menos,  con  la  relativa  exactitud  que  cabe 
cuando  el  que  escribe  no  s«  propone  precisar  fecha,  por- 
que trata  de  otro  asunto  e  incidentalmente  habla  de 
tiempos  que  pasaron.  Colón,  al  aludir  en  sus  cartas  a  la 
época  en  que  vino  a  España  y  entró  al  servicio  de  los 
Reyes,  se  refiere  siempre  a.  un  periodo  comprendido  en- 
tre 1483  y  1486. 

En  la  misma  carta  de  1503,  en  párrafo  anterior  al 
transcrito,  quejándose  del  mal  pago  que  en  Castilla  se 
había  dado  a  sus  servicios,  decía:  "poco  me  án  aproue- 
chado  ueinte  años  de  seruigio,  que  io  he  seruido  con 
tantos  trabaxos,  i  peligros". 

Si  »n  julio  de  1503  contaba  veinte  años  de  servicios, 
€g  que  había  venido  a  servir  a  mediados  o  fines  de  1483. 

En  otro  pasaje  de  la  citada  carta  escribe:  '*Si®te  años 
estuve  io  en  su  Real  Corte,  que  a  cuantos  se  fabló  de 
esta  empresa,  todos  auna  dixeron  que  era  burla;  agora 
fasta  los  sastres  suplican  por  descubrir."  Resulta,  pues, 
que  de  los  ocho  años  que  mediaron  poco  más  o  menos 


uincias,  Ciudades,  Ríos  y  otras  cosas  marauillosas,  y  donde  ai 
minas  de  Oro  en  mucha  cantidad,  i. otras  cosas  de  gran  ri- 
quega  y  ualor." — Existente  en  la  biblioteca  particular  de  S.  M. 

205 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

entre  su  llegada  a  España  y  su  salida  hacia  lo  descono- 
cido, siete  los  pasó  en  la  Real  Corte. 

En  la  carta  que  hacia  fines  de  1500  escribió  al  ama 
(que  había  sido)  del  Príncipe  D.  Juan,  llamada  doña 
Juana  de  la  Torre,  decía  Colón:  *' Siete  años  se  pasaron 
en  la  plática  y  nueve  ejecutando  cosas  muy  señaladas  y 
dignas  de  memoria..."  (i).  Es  decir,  diez  y  seis  años 
antes  de  fin  de  1500,  o  sea  desde  1484.  A  fin  de  este 
año,  o  meses  antes  (puesto  que  las  pláticas  no  pudieron 
empezar  en  el  día  en  que  Colón  puso  el  pie  en  España) 
llegó  a  territorio  español.  Lo  confirma  la  ''hoja  suelta 
en  papel  de  mano  del  Almirante  escrita  51  parecer  (fines 
de  i5c>o)  cuando  le  trajeron  preso",  y  que  empieza  así: 

"Señores:  Ya  son  diez  y  siete  años  que  yo  vine  a 
servir  estos  Príncipes  con  la  impresa  de  las  Indias :  los 
ocho  fui  traído  en  disputas,  y  en  fin  se  dio  mi  aviso  por 
cosa  de  burla"  (2).  Según  este  documento,  son  diez  y 
siete  los  años  anteriores  a  fin  de  1500;  podemos,  pues, 
llegar  a  1483,  y  como  hubo  ocho  años  de  disputa,  y  las 
Capitulaciones  de  Granada  son  de  abril  de  1492,  la  dis- 
puta o  las  pláticas  pudieron  empezar  a  principios  de 
1484. 

También  hay  datos  sobre  el  particular  en  el  Diario 
del  primer  viaje  de  Colón  (3).  En  las  anotaciones  del 


(i)  Colección  de  los  viajes  y  descubrimientos  que  hicieron 
por  mar  los  españoles  desde  fines  del  siglo  xv,  por  D.  Martín 
Fernández  de  Navarrete. — Tomo  I,  página  266. 

(2)  Colección  de  los  viajes,  etc.,  de  Fernández  de  Navarre- 
te.— Tomo   II,  página  254. 

(3)  "  Este  es  el  primer  viaje,  y  las  derrotas,  y  caminos  que 

206 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

lunes  14  de  enero  de  1493,  se  lee:  "y  ihan  seido  causa 
que  la  Corona  Real  de  vuestras  Altezas  no  tenga  cien 
cuentos  de  renta  más  de  la  que  tiene  después  que  yo 
vine  a  les  servir,  que  son  siete  años  agora  a  veinte  días 
de  enero  este  mismo  mes"  (i).  Como  se  ve,  aqui  precisa 
mucho  Colón,  pues  fija  hasta  el  día  en  que  empezó  a 
servir.  Debe  referirse  a  alguna  disposición  de  los  Reyes 
en  dicha  época,  favorable  a  sus  pret^^nsiones,  probable- 
mente la  de  que,  acatada  la  guerra  de  Granada,  resol- 
verían sobre  aquéllas,  y  entre  tanto  le  admitían  en  la 
Corte  a  su  servicio,  mandando  que  se  le  diera  para  ayu- 
da de  costa  algunos  miles  de  maravedís,  como  se  hizo, 
cuando  ya  llevaba  tiempo  en  Andalucía  padeciendo  ne- 
cesidad y  pobreza,  agotados  o  muy  escasos  los  recursos 
que  le  proporcionaban  algunas  personas  a  quienes  vino 
recomendado  o  los  que  obtenía  como  ''mercader  de  li- 
bros de  estampa". 

Aun  habla  Colón  en  la  historia  del  tercer  viaje  de  los 
*'seis  o  siete  años  de  grave  pena"  que  pasó  antes  de  que 
los  Reyes  determinaran  "questo  se  pusiese  en  obra"  (2) ; 
y  otra  vez  aparecen  los  siete  años  y  las  disputas  en  una 


hizo  el  almirante  D.  Cristóbal  Colón  cuando  descubrió  las 
Indias :  en  la  Colección  de  los  viajes,  etc.,  por  Fernández  de 
Navarrete. — Tomo  I,  páginas  1-66. 

(i)  Colección  de  los  viajes^  etc.,  por  Fernández  de  Nava- 
rrete.— Tomo  I,  página  137. 

(2)  "La  historia  del  viage  quel  Almirante  D.  Cristóbal  Co- 
lon hizo  la  tercera  vez  que  vino  a  las  Indias  cuando  descubrió 
la  tierra  firme,  como  lo  envió  a  los  Reyes  desde  la  Isla  Espa- 
ñola."— Colección  de  los  viajes,  etc.,  por  Fernández  de  Nava- 
rrete.— Tomo  I,   página  242. 

207 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

carta  que  escribió  al  Rey  y  la  Reina,  y  cuyo  borrador- 
está  en  el  Libro  de  las  Profecías  (i);  carta  que  no  tie- 
ne fecha,  mas  por  citas  y  notas  que  hay  en  este  libro  se 
deduce  que  corresponde  al  año  i5or.  ''S'ete  años,  dice, 
pasé  aqui  en  sm  Real  Corte  disputando  el  caso  con  tan- 
tas personas  de  tanta  autoridad  y  sabios  en  todas  artes, 
y  en  fin  concluyeron  que  todo  era  vano,  y  se  desistieron 
con  esto  dello :  después  paró  en  lo^que  Jesucristo  Nues- 
tro Redentor  dijo."  Como  se  vé,  aqui  los  siete  años  con- 
cluyen con  la  negativa  de  los  Reyes  a  favorecer  los  pro- 
yectos de  Colón. 

En  suma,  resulta  que  hubo  siete  u  ocho  años  de  plá- 
ticas antes  de  1492,  y  contando  alguna  que  otra  ausen- 
cia de  la  Corte  y  el  tiempo  transcurrido  desde  que  vino 
Colón  a  España  hasta  que  entró  al  servicio  de  los  Re- 
yes, llegaremos  a  los  ocho  o  nueve  años  anteriores  al 
1492,  o  sea  a  i483-i?^84. 

Pero  mi  objeto  en  este  estudio  no  es  precisar  el  año 
en  que  vino  Colón  a  España  o  en  que  empezó  a  servir 
a  los  Reyes;  es  fijar  los  Hmites  extremos  del  periodo 
en  que  pudo  hacerlo  y  demostrar  que,  sea  cual  fuere  el 
año  en  que  esto  sucedió,  Cristóbal  Colón  no  podía  tener 


(i)  Carreiponde  esta  carta  al  folio  IV  del  Libro,  según 
la  descripción  que  de  él  hizo  D.  Juan  Bautista  Muñoz.  Hállase 
dicho  libro  en  la  Biblioteca  Colombina,  y  la  carta  figura  im- 
presa en  la  Colección  de  los  viajes,  etc.^  de  Fernández  Navarre- 
te,  tomo  II,  página  262.  Más  datos  hay  en  el  discurso  que  sobre 
el  tema  Libros  y  autógrafos  de  D.  Cristóbal  Colón  leyó  en 
1891  el  Dr.  D,  Simón  de  la  Rosa  ante  la  Real  Academia  Sevi- 
llana de  Buenas  Letras. 

208 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

la  edad  que  un  acta  notarial  atribuye  a  Cristóforo  Co- 
lumbo. 

Colón  vino  a  Castilla,  o  vino  a  servir,  o  empezó  a  ser- 
vir a  los  Reyes  Católicos,  o  empezaron  las  pláticas  o  la 
disputa,  etc.,  etc.,  entre  1483  y  1486.  Por  entonces,  en 
uno  de  estos  años,  Colón  tenía  veintiocho.  No  podía  ser 
mayor  de  diez  y  nueve  años  el  31  de  octubre  de  1470, 
que  es  la  edad  que,  según  acta  notarial,  tenia  Columbo 
en  dicho  día. 

2.'  Colón  no  dice  que  tenía  veintiocho  años  cuando 
vino  a  servir  a  los  Reyes  Católicos,  sino  cuando  vino  a 
servir,  sin  expresar  dónde  ni  a  quién.  Pudo  referirse 
a  la  época  en  que  empezó  a  servir  a  otros,  como  a  Rene 
o  Renato  de  Anjou,  el  enemigo  de  la  Casa  de  Aragón, 
o  al  llamado  Coulon  o  Coullon  por  los  franceses,  Cullan 
por  los  portugueses,  Colón  por  los  españoles  y  Colom- 
bo  o  Colomb  por  los  italianos  y  demás  autores  extran- 
jeros, el  mayor  de  los  corsarios  que  en  aquellos  tiem- 
pos había  y  en  cuya  compañía  estuvo  y  anduvo  mucho 
tiempo  Cristóbal  Colón,  según  escribieron  el  hijo  de 
éste,  D.  Fernando,  y  el  P.  Las  Casas,  aunque  refirién- 
dose a  Colón  el  Mozo,  que  acompañaba  a  Colón  el  Vie- 
jo en  las  últimas  correrías  (i). 

Lo  mismo  Fernando  Colón  que  Las  Casas  transcri- 
ben parte  de  una  carta  en  que  Colón,  en  enero  de  1495, 


(i)  Historia  de  las  Indias  escrita  por  fray  Bartolomé  de  las 
Casas,  obispo  de  Chiapa,  ahora  por  primera  vez  dada  a  luz, 
por  d  marqués  de  la  Fuensanta  del  Valle  y  D.  José  Sancho 
Rayón.— Madrid,  1875.— Libro  I,  capitulo  IV,  en  el  tomo  I, 
página  51. 


209  34 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

decía  a  los  Reyes :  *' A  mí  acaeció  que  el  Rey  Reynel 
(Rene  o  Renato),  que  Dios  tiene,  me  envió  a  Túnez 
para  prender  la  galeaza  Fernandina,  etc."  (i).  Esto,  se- 
gún erudito  y  razonado  estudio  que  hace  años  publicó 
D.  Ángel  de  Altolaguirre,  debió  ocurrir  en  1472  (2). 

En  cuanto  a  las  campañas  que  Cristóbal  Colón  pudo 
hacer  a  las  órdenes  o  al  servicio  del  corsario  francés — a 
quien  en  los  últimos  tiempos,  como  se  ha  dicho,  acom- 
pañaba otro  corsario  llamado  Colombo  Júnior,  Colón  el 
Joven  o  Colón  el  Mozo,  ''hombre  muy  señalado  de  su 
apellido  y  familia"  (3),  es  decir,  del  apellido  y  familia 
de  Cristóbal  Colón — preciso  es  referirlas  también  a  esta 
época,  entre  1472  y  1477,  puesto  que  parece  que  Colón 
se  estableció  en  Portugal  después  del  combate  naval  del 
Cabo  de  San  Vicente,  librado  en  agosto  de  1476  entre 
los  citados  corsarios  y  los  portugueses  por  una  parte  y 
naves  genovesas  por  otra. 

En  este  punto  no  cabe  llegar  a  deducciones  autoriza- 
das por  escritos  de  nuestro  Almirante,  que  tal  vez  no 
quiso  aludir  nunca  al  período  de  su  vida  en  que  sirvió 
al  que  ''espantaban  con  su  nombre  hasta  los  niños  en  la 
cuna"  (4),  al  orgulloso,  al  insolente,  al  perverso  Colón 
de  que  nos  habla  Alonso  de  Falencia,  al  "crudelísimo  pi- 


(i)  Historia  de  las  Indias,  etc.,  por  Las  Casas ;  libro  I,  ca- 
pítulo III,  en  el  tomo  I,  página  48. — Historia  del  Almirante 
D.  Cristóbal  Colón,  por  Fernando  Colón. — Capítulo  IV. 

(2)  "Llegada  de  Cristóbal  Colón  a  Portugal",  en  el  Boletín 
de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  tomo  XXI,  página  481. 

(3)  Según  frase  de  D.  Fernando  Colón. 

(4)  Frase  de  D.  Fernando  Colón  refiriéndose  a  Colón  el 
Víozo,  en  el  capítulo  V  de  la  Historia  del  Almirante, 

^  210  • 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

rata  Columbo"  citado  en  las  Cartas  del  Senado  vene- 
ciano (i),  aquel  "Capitán  de  la  Armada  del  Rey  de 
Francia",  según  frase  de  Zurita,  que  pirateó  a  favor 
de  éste  y  del  Rey  de  Portugal  contra  Aragón  y  Castilla 
y  que  atacó  o  intentó  acometidas  contra  puertos  de  Viz- 
caya y  de  Galicia  en  1474  y  1476.  Hay  que  atenerse  a 
pasajes  de  Fernando  Colón  y  del  P.  Las  Casas  y  a  es- 
tudios de  modernos  investigadores  y  críticos,  y  dar  por 
muy  probable  que,  a  consecuencia  del  combate  antes  ci- 
tado, Cristóbal  Colón,  que  iba  con  los  corsarios,  fijó  su 
residencia  en  Portugal. 

En  aquel  combate  ardieron  las  naves,  y  muchos  de 
los  tripulantes  se  arrojaron  al  agua.  Uno  de  ellos  fué 
Cristóbal  Colón,  que  a  nado  y  con  ayuda  de  un  remo  o 
tabla  u  otro  medio  salvador  pudo  llegar  a  la  costa  del 
Algarve.  A  esto,  sin  duda,  se  refiere  en  tina  de  sus  car- 
tas, que  ha  conservado  Las  Casas,  y  que  empieza  así : 

**Muy  alto  Rey,  Dios,  nuestro  Señor,  milagrosamen- 
te me  envió  acá  por  que  yo  sirviese  a  Vuestra  Alteza ; 
dije  milagrosamente  porque  fui  a  aportar  a  Portugal, 
a  donde  el  Rey  de  allí  entendía  en  el  descubrir  más  que 
otro,  él  le  atajó  la  vista,  oído  y  todos  los  sentidos,  que 
en  catorce  años  no  le  pude  hacer  entender  lo  que  yo 
dije.  También  dije  milagrosamente  porque  hobe  cartas 
de  ruego  de  tres  Príncipes  que  la  Reina,  que  Dios  haya, 
vido  y  se  las  leyó  el  doctor  de  Villalón"  (i). 

(i)     Coleccionadas  con  otras  muchas  por  el  Sr.  Salvagnini 
en  el  volumen  III  de  la  parte  II  de  la  Raccolta. 
(2)     Carta  sin  fecha ;  pero  del  texto  de  Las  Casas  se  deduce 
211 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Transcribo  íntegro  este  párrafo  porque  sirve  para 
confirmar  lo  que  se  ha  indicado  respecto  a  la  época  de 
llegada  de  Colón  a  Portugal.  En  efecto,  quiere  aquél 
decir  que  en  o  dentro  de  un  período  de  catorce  años 
hubo  negociaciones  o  tratos,  que  pudieron  durar  o  inte- 
rrumpirse más  o  menos,  para  convencer  al  portugués, 
sin  poderlo  conseguir,  de  la  existencia  de  tierras  al  oes- 
te de  Europa.  Se  han  contado  los  catorce  años  antes  de 
la  venida  de  Colón  a  España,  es  decir,  inmediatamente 
antes  de  1483-1485 ;  mas  conviene  tener  en  cuenta  que 
las  gestiones  con  Portugal  se  prosiguieron  después  de 
la  venida  de  Colón  a  España.  Consta  que  en  marzo  de 
1488  había  correspondencia  entre  Colón  y  el  monarca 
portugués,  y  que  éste  le  daba  seguridades  para  que  pu- 
diese volver  a  su  Reino  (i).  En  el  mismo  párrafo  trans- 
crito se  lee  que  la  Reina  vio  cartas  de  tres  Príncipes 
dirigidas  a  Colón:  quiénes  eran  esos  Príncipes  nos  lo 
dice  éste  en  otro  escrito  suyo,  la  hoja  suelta  ya  men-, 
clonada,  en  los  siguientes  términos:  "y  en  fin  se  dio  mi 
aviso  por  cosa  de  burla.  Yo  con  amor  proseguí  en  ello, 
y  respondí  a  Francia  y  a  Inglaterra  y  a  Portogal,  que 
para  el  Rey  y  la  Reyna,  mis  Señores,  eran  esas  tierras 
y  Señoríos.  Las  promesas  no  eran  pocas  ni  vanas". 


que  debió  escribirse  en  mayo  o  junio  de  1505.  Historia  de  las 
Indias,  etc.,  por  fray  Bartolomé  de  las  Casas;  libro  II,  ca- 
pítulo XXXVII,  en  el  tomo  III,  página  187. 

(i)  Carta  del  Rey  de  Portugal  a  Cristóbal  Colón.  Original 
en  el  Archivo  del  duque  de  Veragua  y  publicada  por  Fer- 
nández Navarrete  en  su  Colección  de  los  viajes^  etc.,  tomo  II, 
página  5. 

212 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

De  modo  que  cuando  aquí  en  España  se  acogía  el 
proyecto  de  Colón  como  cosa  de  burla  y  éste  proseguía 
en  su  pretensión  cerca  de  los  Reyes,  hacíanle  ruegos  y 
valiosas  promesas  Francia,  Inglaterra  y  Portugal.  Aun- 
que Colón  exagerase  y  diera  mayor  importancia  de  la 
que  tenía  a  esos  ruegos  y  promesas,  lo  cierto  es  que 
hay  motivos  suficientes  paia  creer  en  la  continuación  de 
las  negociaciones  pendientes  con  Portugal  hasta  1490 
o  1491,  es  decir,  mientras  Colón  no  tuvo  seguridad  de 
que  los  Reyes  de  España  iban  a  facilitarle  los  medios 
de  acometer  la  empresa.  Por  consiguientis  si  de  1490 
a  1491  restamos  los  catorce  años  mencionados,  estare- 
mos en  1476  ó  1477,  época  generalmente  admitida,  se- 
gún se  ha  dicho,  como  la  de  llegada  de  Colón  a  Portu- 
gal. Con  ella,  con  la  época  en  que  fué  a  aportar  a  Por- 
tugal, relaciona  Colón  los  catorce  años,  según  se  dedu- 
ce del  párrafo  antes  transcrito  (i). 


(i)  Aportó  Colón  a  Portugal  catorce  años  antes  de  dar 
por  terminadas  las  negociaciones  con  Juan  II  para  ir  a  descu- 
brir. Según  escribió  D,  Fernando  en  su  citada  Historia,  estan- 
do Colón  en  Portugal  "empezó  a  conjeturar  que  del  mismo 
modo  que  los  portugueses  navegaron  tan  lejos  al  Mediodía, 
podría  navegarse  la  vuelta  de  Occidente  y  hallar  tierra  en 
aquel  viaje".  Después,  en  el  capítulo  X  ,de  la  misma  obra, 
añade  que  cuando  su  padre  trató  de  "correr  el  Océano  bus- 
cando las  tierras  referidas",  propuso  la  empresa  al  Rey  don 
Juan.  Este,  como  príncipe,  y  aun  con  el  título  de  Rey  (llegó 
a  coronarse  como  tal  el  11  de  noviembre  de  1477),  gobernaba 
en  Portugal  desde  1476^  o  sea  cuando  Colón  llegó  a  este  país, 
y  después  también  durante  las  prolongadas  ausencias  de  su  pa- 
dre Alfonso  V. 

213 


PRUDENCIO      OTERO      SANCHBZ 

De  todo  lo  dicho  resulta  como  conclusión,  en  cuanto 
al  problema  capital  aquí  planteado,  que  Cristóbal  Colón 
sirvió  a  Renato  de  Anjou  y  a  los  Colones  corsarios  en- 
tre 1471  y  1476  (i).  Si  en  cualquiera  de  estos  años  tenía 
veintiodho  de  edad,  había  nacido  entre  1443  y  1448.  No 
podía  temr  diez  y  nueve  años  en  octubre  de  1470. 

3.'  La  rotunda  afirmación  que  hace  el  Almirante  de 
que  tenía  veintiocho  años  cuando  vino  a  servir  a  los  Re- 
yes de  España  no  se  aviene  con  las  varias  opiniones  se- 
gún las  que  Colón  murió  entre  los  sesenta  y  los  setenta 
años  de  edad.  Por  esto  se  ha  indicado  la  posibilidad  de 
un  error  de  copista,  que  escribió  veinte  y  ocho  en  lui,^ar 
de  treinta  y  ocho  o  cuarenta  y  ocho.  Admitida  tal  su- 
posición, resultaría  que  nació  Colón  entre  1445  y  1448, 
o  entre  143  5  y  143^,  y  si  nos  atenemos  a  servicio  hecho 
a  los  otros,  entre  1433- 1438,  o  entre  1423-1428.  Elíjase 
el  año  que  se  quiera,  no  podía  tener  diez  y  nueve  años 
en  octubre  de  1470  (2). 


(i)  Para  los  hechos  de  este  período  pueden  leerse,  además 
de  las  partes  correspondientes  de  la  Raccolta  y  del  citado  es- 
tudio del  Sr.  Altolaguirre,  el  del  Sr.  Paz  y  Melia,  que  se 
titula  "Más  datos  para  la  vida  de  Cristóbal  Colónj",  y  fué 
publicado  en  la  revista  El  Centenario,  1892,  números  2,^  y  24. 

(2)  Para  poner  ^de  acuerdo  la  edad  de  Columbo  con  la  edad 
de  Colón  se  ha  dicho  que  acaso  entonces,  en  Genova,  bastaría 
tener  diez  y  nueve  años  para  determinados  actos  o  contratos,  y 
que  el  notario,  con  la  frase  major  annis  decemnovem  quiso 
decir  que  Cristóforo  Colum^bo  era  mayor  de  diez  y  nueve 
años,  aunque  menos  de  veinticinco,  por  lo  cual  podía  tener 
hasta  veinticuatro  años.  Así,  en  el  supuesto  de  los  treinta  y 
ocho  años  cuando  Colón  vino  a  servir  a  los  Reyes  Católicos, 

214 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 


III 


Además  de  la  diferencia  de  edad  entre  Columbo,  la- 
nero, y  Colón,  marino,  hay  manifiesta  incompatibilidad 
entre  uno  y  otro  desde  el  punto  de  vista  de  la  habitual 
residencia  y  por  la  clase  social  a  que  pertenecían. 

Por  los  documentos  italianos  sabemos  dónde  estaba  y 
qué  hacía  Columbo  en  varias  épocas  del  periodo  1470- 
1473.  Resiciía  en  Genova  y  en  Savona,  compraba  vino 
y  lana,  era  de  profesión  lanero  y  vivía  entre  gentes  ái 
su  clase,  modestos  menestrales,  zapateros,  tundidores, 
hormeros,  fruteros,  tenderos  y  sastres  (que  de  todo  hay 
en  las  actas  notariales  de  Italia),  oficio  éste  de  algún 
individuo  de  la  familia  Columbo  y  del  que  tan  pobre 
idea  tenía  íColón,  pues  ya  hemos  visto  cuan  des,pectiva- 
mente  habla  de  los  sastres  en  la  carta  de  1503. 

Entretanto,  Colón  navegaba,,  pues  había  entrado  en 
la  mar  desde  su  más  pequeña  edad,  y  se  hacía  el  marino 
atrevido,  inteligente  y  experimentado  que  él  mismo  nos 
retrata  en  sus  escritos  (i)  y  confirma  con  sus  hechos. 


pudo  Colombo  haber  nacido  en  el  mism-o  año  que  aquél,  en 
1446,  por  ejemplo^  tener  veinticuatro  años  en  1470  y  ser,  por 
consiguiente,  mayor  de  idiez  y  nueve.  Aparte  otras  considera- 
ciones, eruditos  estudios  acerca  de  la  legislación  vigente  so- 
bre el  particular  en  aquella  época  han  demostrado  que  no  hay 
fundamento  para  tal  interpretación.  (Véase  Vignaud,  obra  ci- 
tada,   páginas    222-229   y  254-267.) 

(i)  Entre  otros  puede  verse  la  earta  a  los  Reyes  de  6  de 
febrero  de  1502,  en  que  expone  observaciones  sobre  el  arte 
de  navegar:   Cartas  de  Indias,  página  7. 

215 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Navegando,  y  no  cardando  lana  o  tejiendo  paño,  pudo 
adquirir  los  conocimientos  y  la  práctica  del  mar  que  le 
pusieron  en  disposición  de  acometer  y  realizar  el  descu- 
brimiento de  las  Indias.  * 

En  21  de  diciembre  de  1492  decía  Colón:  ''Yo  he  an- 
dado veinte  y  tres  años  en  la  mar,  sin  salir  della  tiempo 
que  se  haya  de  contar,  y  vi  todo  el  Levante  y  Poniente, 
que  dice  por  ir  al  camino  de  Septentrión,  que  es  Ingla- 
terra, y  he  andado  la  Guinea.. i"  (i). 

Si  los  veintitrés  años  se  cuentan  desde  el  día  en  que 
escribe,  estaba  en  la  mar  desde  principios  de  1470.  Si 
por  haber  salido  del  mar  durante  el  tiempo — que  valía 
la  pena  de  contarlo — en  que  estuvo  en  España,  debe  ha- 
cerse el  cálculo  de  los  veintitrés  años  antes  de  venir  a 
nuestra  patria,  llegaremos  a  1460'  ó  1461.  En  tal  caso, 
es  evidente  que  hacia  1470-73,  cuando  Coltimbo  corn- 
praba  vkio  y  lana,  y  actuaba  de  testigo  en  testamentos 
y  comparecía  en  otros  actos  notariales.  Colón  era  y  te- 
nía que  ser  bien  conocido  como  hombre  de  mar  en  la 
localidad  en  que  hubiese  nacido  y  donde  residiera  su 
familia.  Si  él  hubiera  sido  el  Columbo  que  se  obliga  y 
testifica  en  Genova  y  en  Savona,  no  es  verosímil  que 
en  las  correspondientes  escrituras,  en  que  se  hace  cons- 
tar el  oficio  de  los  que  otorgan  o  comparecen,  se  omitie- 
se su  profesión  de  marino  para  adjudicarle  un  oficio 
que  no  ejercía. 

Hay  otro  documento  que  aún  más  declara  la  profe- 


(i)  "Derrotas  y  caminos  que  hizo  el  Almirante,  etc.",  en 
la  Colección  de  los  viajes,  etc.,  de  Fernández  de  Navarrete, 
tomo  I,  página  loi. 

216 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

sión  a  que  sa  dedicó  Colón  durante  toda  su  vida.  Es  la 
carta  antes  citada  que  se  conserva  con  el  Libro  de  las 
Profecías  en  la  Biblioteca  Colombina.  En  el  principio 
de  la  carta  decía  Colón:  "Muy  altos  Reyes:  De  muy 
pequeña  edad  entré  en  la  mar  navegando,  e  lo  he  con- 
tinuado fasta  lioy.  La  mesma  arte  inclina  a  quien  le  pro- 
sigue a  desear  de  saber  los  secretos  deste  mundo.  Ya 
pasan  de  cuarenta  años  que  yo  voy  en  este  uso.  Todo 
lo  que  fasta  hoy  se  navega,  todo  lo  he  andado."  Como 
se  ve,  resulta  de  esta  carta  lo  mismo  que  de  la  cita  del 
Diario  de  viaje,  correspondiente  al  21  de  diciembre 
de  1492,  o  sea  la  de  los  veintitrés  años  andados  en  la 
mar  antes  de  1483- 1484.  En  1501  Colón  nos  dice  que 
ya  pasaba  de  los  cuarenta  años  el  tiempo  durante  el  cual 
venía  naveganfío;  por  tanto,  navegaba — sin  descontar 
aquí  salidas  del  mar — desde  1460  ó  1461. 


IV 


Volvamos  a  la  carta  del  7  de  julio  de  1503,  la  más 
importante  de  todas  las  que  escribió  Colón.  Es  el  único 
documento  en  que  nos  habla  de  su  edad.  Clara  y  ter- 
minentemente  dice  que  tenía  veintiocho  años  cuando 
vino  a  servir.  • 

Hay  que  aceptar  la  primera  de  las  interpretaciones  a 
que  antes  me  he  referido :  Colón  vino  a  servir  a  los  Re- 
yes Católicos  a  los  veintiocho  años  de  edad,  y  no  cabe 
referir  la  frase  a  otros  servicios. 

Tal  o  cual  pasaje  dudoso  de  cualquier  documento 
debe  interpretarse  ante  todo  en  relación  con  el  texto  del 

217 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

mismo.  La  carta  de  1503  está  dirigida  a  los  Reyes  Ca- 
tólicos; a  ellos  viene  siempre  refiriéndose  Colón,  y  la 
frase  *'io  uine  a  seruir  de  ueinte  y  ocho  años"  está  in- 
mediatamente a  continuación  de  otras  en  que  aquél  ha- 
bla de  las  tierras  que  obedecen  al  Rey  y  Reina  de  Espa- 
ña... de  las  tierras  que  hubo  puesto  bajo  su  Real  y  alto 
Señorío...,  de  que  él  fué  preso  y  echado  con  dos  her- 
manos en  un  navio...  que  nadie  podría  creer  que  iba  a 
alzarse  contra  sus  Reyes...  sin  causa  ni  sin  brazo  de 
otro  Príncipe...  y  teniendo  todos  sus  hijos  en  la  Real 
Corte.  La  duda  acerca  de  si  se  trata  o  no  de  servicios 
a  los  Reyes  de  España  sólo  cabe  en  quien  no  haya  leído 
la  carta. 

Y  leyendo  más,  10  que  sigue  a  veint^  y  ocho  años  y 
antes  he  transcrito — ^''i  agora  no  tengo  cauello,  en  mi 
persona,  que  no  sea  cano,  i  el  cuerpo  enfermo" — ,  se 
comprenderá  por  qué  Colón  alude  a  la  edad  que  tenía 
cuando  vino  a  servir  a  los  Reyes  Católicos.  Se  ve  bien 
claro  que  Colón  lamenta  su  prematura  vejez.  Poco  más 
o  menos  viene  a  decir  esto  que  hubiera  dicho  en  caste- 
llano más  moderno : 

"Era  yo  muy  joven  cuando  vine  a  servir  a  VV.  AA. ; 
no  tenía  más  que  veintiocho  años,  y  tanto  he  trabajado 
y  tanto  he  sufrido  que  ahora,  en  1503,  a  los  cuarenta  y 
ocho  años,  estoy  liecho  un  viejo,  completamente  canoso, 
enfermo  y  abatido." 

Otro  documento  hay  que  plenamente  confirma  esta 
conclusión  relativa  a  la  juventud  del  Almirante.  Es  la 
hoja  suelta  antes  mencionada,  de  fines  de  1500,  o  sea  el 
papel  escrito  de  propia  mano  del  Almirante,  que,  origi- 

218 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

nal,  se  conserva  en  el  Archivo  del  Duque  de  Veragua  y 
que,  según  D.  Martín  Fernández  de  Navarrete,  es  una 
minuta  o  borrador  de  la  carta  que  escribiría,  cuando  le 
trajeron  preso,  a  algunas  de  las  personas  que  le  favore- 
cían en  la  Corte,  interesándolos  en  su  d«Bgracia. 

Empieza  Colón  hablando  de  los  años  que  transcurrie- 
ron y  disputas  que  hubo  antes  de  poder  acometer  la  em- 
presa de  las  Indias,  y  continúa :  "Allá  he  puesto  so  su 
Señorío  (el  de  los  Reyes)  mas  tierra  que  non  es  África 
y  Europa,  y  mas  de  mil  y  sietecientas  islas,  allende  la 
Española  que  hoja  mas  que  toda  España.  En  ellas  se 
cree  que  florecerá  la  Santa  Iglesia  grandemente.— Del 
temporal  se  puede  esperar  lo  que  ya  diz  el  vulgo.— £» 
siete  años  hice  yo  esta  conquista  por  voluntad  Divina. 
Al  tiempo  que  yo  pensé  de  haber  mercedes  y  descanso, 
de  improviso  fui  preso  y  traído  cargado  de  fierros,  con 
mucho  deshonor  mío,  y  poco  servicio  de  SS.  AA.— La 
causa  fue  formada  en  malicia.  La  fe  de  ello  fue  de  per- 
sonas civiles,  y  los  cuales  se  habían  alzado,  y  se  quisie- 
ron aseñorear  de  la  tierra.  La  fe  y  este  que  fue  a  esto, 
levaba  cargo  de  quedar  por  Gobernador  si  la  pesquisa 
fuese  grave.  ¿Quién  ni  adonde  se  juzgará  esto  por  cosa 
justa?  Yo  he  perdido  en  esto  mi  juventud,  y  la  parte 
que  me  pertenece  de  estas  cosas  y  la  honra  dello."  Co- 
lón, pues,  el  mismo  Colón  y  de  su  propio  puño  y  letra 
nos  deja  escrito  que  había  perdido  su  juventud  en  los 
siete  años  (1493-1500)  en  que  hizo  la  conquista  de  las 
Indias.  Esta  juventud  perdida  es  la  del  hombre  que  vino 
a  servir  a  los  Reyes  de  España  cuando  tenía  veintiocho 
años  de  edad,  y  los  sirvió,  conquistando  todas  aquellas 

219 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

tierras  e  islas,  entre  los  treinta  y  siete  y  los  cuarenta  y 
cuatro  o  cuarenta  y  cinco  años.  Al  llegar  a  esta  edad  ya 
nos  dice  que  había  perdido  su  juventud,  ya  se  conside- 
raba viejo.  Escribe,  pues,  a  fin  de  1500  lo  mismo  que 
había  de  escribir  a  mediados  de  1503. 

Si,  como  se  ha  supuesto,  murió  Colón  (1506)  entre 
los  sesenta  y  los  setenta  años,  ¿qué  juventud  era  esa 
que  había  perdido  en  los  siete  años  de  conquista?  ¿La 
juventud  de  los  cuarenta  y  siete  a  los  cincuenta  y  cua- 
tro años?  ¿La  juventud  de  los  cincuenta  y  siete  a  los 
sesenta  y  cuatro  años? 

No  parece  que  Colón  ni  nadie  pueda  llamar  juventud 
a  estos  períodos  de  la  vida  del  hombre.  Sin  embargo, 
dada  la  confusión  que  suele  haber  entre  los  conceptos 
de  juventud  y  virilidad,  cabe  sospechar  que  al  hablar 
de  aquélla  quiso  referirse  Colón  a  la  edad  viril,  la  com- 
prendida entre  los  treinta  y  cincuenta  años  poco  más  o 
menos,  esa  edad  en  que  vulgarmente  se  dice  que  aún  se 
es  joven...  porque  no  se  ha  llegado  a  viejo.  Esta  pudo 
ser  la  relativa  juventud  perdida  por  Colón  entre  1493 
y  1500.  En  tal  caso,  podría  admitirse  el  error  del  co- 
pista que  escribió  veintiocho  en  lugar  de  treinta  y  ocho, 
resultando  así  que  en  1483-85  Colón  tenía  treinta  y  ocho 
años,  que,  por  consiguiente,  había  nacido  hacia  1446, 
que  había  perdido  el  vigor  propio  de  la  edad  TÍril,  es 
decir,  lo  que  él  llamaba  juventud,  entre  los  cuarenta  y 
siete  y  los  cincuenta  y  cuatro  años,  y  que  cuando  lamen- 
taba su  prematura  vejez,  tres  años  antes  de  morir,  tenía 
cincuenta  y  siete  o  cincuenta  y  «cho,  edad  en  que,  por 

220 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

regla  general,  sólo  presentan  el  aspecto  de  senectud  los 
hombres  que  han  sufrido  y  trabajado  mucho. 

Pero,  de  todos  modos,  con  más  o  con  menos  años, 
aunque  siempre  dentro  del  límite  de  esa  juventud  rela- 
tiva que  una  y  otra  vez  se  atribuye,  Colón  había  estado 
en  la  mar  desde  1461,  o  sea  veintitrés  años  antes  de 
1484,  y  estaba  navegando  desde  1461  ó  1460,  o  sea  cua- 
renta años  largos  antes  de  1501.  Y  admitido  el  error 
del  copista,  aun  estará  también  de  acuerdo  con  las  an- 
teriores afirmaciones  la  que  hizo  D.  Fernando  Colón 
con  referencia  a  otro  escrito  de  su  padre  (i),  a  saber: 
que  había  empezado  a  navegar  a  los  catorce  años  de 
edad,  es  decir,  en  1460, 

** 

En  resumen.  Colón  nació  cuando  él  lo  dice,  veintiocho 
años  antes  de  su  venida  a  España,  o  treinta  y  ocho  años 
antes,  si  así  lo  dijo,  pero  hubo  error  de  copia  en  el  do- 
cumento tantas  veces  citado. 

Colón  fué  marino  y  empezó  su  vida  de  hombre  de  mar 
cuando  él  lo  dice,  desde  muy  pequeña  edad;  veintitrés 
años  antes  de  su  venida  a  España,  o  sea  hacia  1460  ó 
1461 ;  cuarenta  años  ya  cumplidos  antes  de  1501,  es  de- 
cir, hacia  1460  ó  1461,  cuando  muy  pequeño,  niño  aún, 
si  nació  hacia  1456,  o  ya  entrado  en  la  adolescencia,  si 
nació  hacia  1446,  debía  acompañar  en  sus  navegaciones 
o  en  otras  faenas  del  mar  a  los  mayores  de  la  descono- 
cida familia  a  que  perteneció. 


(i)    En  el  capítulo  IV  de  la  Historia  del  Almirante,  etc. 
221 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

Colón  aportó  a  Portugal  cmndo  él  lo  dice,  hacia 
1476,  o  sea  catorce  años  antes  de  dar  por  terminadas 
sus  gestiones  para  convencer  al  monarca  lusitano. 

Colón  vino  a  España  para  entrar  al  servicio  de  sus 
R^yts  cuando  él  lo  dice;  esto  es,  en  1483-1485. 

Colón  murió  cuando  tenía  cincuenta  y  uno  o  sesenta 
y  un  años  de  edad;  achacoso,  envejecido,  con  todo  el 
aspecto  del  hombre  que  ha  llegado  a  lo  setenta  años. 
Por  esto,  los  contemporáneos  que  hablan  de  la  edad  de 
Colón  le  suponen  más  viejo  de  lo  que  era. 

Cristóbal  Colón,  por  último,  el  hombre  que  escribió 
la  carta  de  7  de  julio  de  1503  y  las  demás  que  de  él  se 
conocen,  no  puede  ser  el  Cristóforo  Columbo,  lanero  y 
humilde  menestral  de  Genova.  Entre  todos  los  escritos 
de  Colón  hay  siempre  relativa  conformidad,  aun  admi- 
tiendo distintas  interpretaciones.  No  la  hay  de  ningún 
modo,  tómense  los  documentos  que  se  tomen,  háganse 
las  interpretaciones  que  se  hagan,  entre  los  escritos  de 
D.  Cristóbal  Colón  y  las  citas  y  escrituras  de  Genova  y 
Savona  referentes  a  Cristóforo  Columbo. 

El  Colón  de  los  documentos  españoles  no  es  el  Co- 
lumbo de  los  documentos  italianos. 

Para  que  Cristóbal  Colón,  el  navegante  desde  la  más 
pequeña  edad  por  todos  los  mares  conocidos  de  su  tiem- 
po, pudiera  ser  el  sedentario  artesano  e  industrial  de  la 
familia  Columbo-Fontanarubea  de  Genova,  habría  que 
rasgar  todos  los  papeles  escritos  por  el  primer  Almi- 
rante de  las  Indias  y  suponer  en  éste,  con  el  propósito 
de  ocultar  su  origen,  tal  previsión  de  lo  porvenir,  que 
se  pasó  la  vida  calculando  qué  era  lo  que  debía  consig- 

222 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

nar  acerca  de  sus  primeros  años  para  anticiparse  a  des- 
mentir lo  que  resultase  de  documentos  que  siglo  tras  si- 
glo fueron  apareciendo  en  los  protocolos  notariales  de 
Genova  y  Savona. 

Ricardo  Beltrán  y  Rózpide, 

de  la  Real  Academia  de  la  Historia. 


Septiembre   de   1918. 


Crucero  en   el  lugar  de  Porto  Santo,  parroquia  de  San  Salvador  de  Poyo, 

frente  a   la   casa   en   qxie    la   tradición   dice  que   nació    Cristóbal    Colón.    La 

inscripción  dice:  "Juan  Colon  J?"  año  1490",  La  R°  puede  ser  "Recuerdo" , 

"Reconstruido'"    o    "Reedificado" . 


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Escritura  ocorgada  en  11  d^  octubre  de  ISIS  a;iíg  c/  Notario  Alonso  Gar- 
cía de  Sisfo,  en   que  Juun  Neto  y  Juan  de  Padrón   dan   fianza  carcelaria 
por  Juan  de  Cclón.   Esta   escritura  o  su  protocolo  se  halla  en  poder   del 
Archivero  del  Notariado  D.  Rafael  López  de  Haro. 


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Escritura  otorgada  en  21   tit?  septiembre  de   1529   aníe   el  Notario  Alonso 

García  de  Sisto,   en  que  rinde   cuentas  de  la  obra  de   la  iglesia  de  Santa 

María  Juan  de  Colón.  Se  halla  este  protocolo  en  el  Archivo  del  Notariado 

a  cargo  del  Notario  D.  Rafael  López  de  Haro. 


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/■o/a  suelta  de   un  libro  de  visitas  del  gremio  de  Mareantes  que  se  guarda 
en    la   Sociedad   Arqueológica    de   Pontevedra  a    cargo   de   su   Presidente, 
D.   Casto  Sampcdro.  en  que  aparece  girando  visita  en   1575  el  Muy  Mag- 
nífico y  Reverendísimo  Señor  Maestre  D.  Cristóbal  Colón. 


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áwiirtir       ■  -^  i'-^>^i>**^'^ ""-  „/"-■■- r:^ ^         -^     . ^^  ^  ^      .^,...... 

Foja  suelta  de  un  libro  de  visitas  del  gremio  de  Mareantes  que  se  guarda 

en  la  Sociedad  Arqueológica  a  cargo  de  su  Presidente.  D.   Casto  Sampedro. 

en  que  aparece  en   1576  girando  visita  el  Muy  Magnifico  y  Reverendísimo 

Señor  Maestro  Cristóbal   Colón. 


\^m!d/¡iíi'i  '■^f'^^  Ócj:^!^  VM^hy^yj,  ¿¿ñ 


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/leía   de    28   de   diciembre   de    1576,    entrante   en    1577,   gue   í^    halla   en    el 

Archive   de   la  Cofradía  de   la  Santísima   Trinidad   a  cargo  del   Cura  de   la 

parroquia    de  Santa     María,  en    cuya  Acta     aparece   girando    ínsita   el   Muy 

Magnifico  y  Reverendísimo  Señor  Maestro  Cristóbal  Colón. 


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¡fei^^ 

Foja  del  cuaderno  de  cuentas  de  la  Cofradía  de  San  Miguel  (Marineros), 
en  poder  de   la  Sociedad  Arqueológica   de   Pontevedra  a  cargo   de  su  Pre- 
sidente, D.  Casto  Sampedro,  en  que  figura  Ant.''  o  Alfonso  de  Colón,  cuyo 
cuaderno  comprende  de  1480  a  1490. 


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,Q, .  ., .'  r^^^f^o.'f-  .uf...  b.:r;:  c.r^..  c-¿. 


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Escritura  de  13  de  octubre  de  1519  de  un  foro  hecho  de  la  heredad  de 
Anduriqíie ,  en  San  Salvador  de  Poyo,  por  el  Monasterio  de  San  Juan 
de  Poyo,  a  favor  de  Juan  de  Colón,  mareante,  y  de  su  mujer,  Constanza 
Colón,  vecinos  del  Arrabal  de  Pontevedra.  Se  halla  esta  escritura  en 
poder  del  hijo  de  D,   Celso  García  de  la  Riega. 


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,   ^^  Máp  %a/: 


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Escritura  de  26  d^  /^í,r^ro  de  1731,  ^«  /,od^r  ¿W  Dr.  D.  Joaquín  Piñeirc,  de 
Pontevedra  de  compra  de  foros  hechos  por  este  señor,  sobre  tres  casas  dos 
en  las  Curbaceiras  (frente  a  Porte  Santo)  y  otra  en  la  calle  de  la  Pedreira 
de  Pontevedra,  que  cobraba  D.^  Catalina  Colón,  de  Portugal,  descendiente 
del  Almirante. 


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Partida  de   defunción  de  D.»   María  Benita  Henriquez  Bargas  y   Colón 

de   26   agosto    de    1773,    existente    en    la   parroquia   de    San    Bartolomé, 

de  Pontevedra. 


II 


El  distinguido  ñJólogo  D.  J.  M.  Riguera  Montero, 
de  Coruña,  uno  de  los  mcás  entusiastas  defensores  de 
La  Riega  y  de  su  tesis  Colón,  español,  ha  publicado  una 
hoja,  Colón,  gallego  (Apuntes  para  un  libro),  que  me 
tomo  la  libertad  de  agregar  a  mis  traijajos. 

''COLÓN,    GALLEGO 

(Apuntes  para   un   libro.) 

El  conocimiento  de  las  palabras  conduce  al  conoci- 
miento de  las  cosas.  Un  nombre  es  muchas  veces  un  mo- 
numento histórico,  y  el  estudio  anatómico  de  la  etimo- 
logía de  las  lenguas,  desdeñado  por  ignorantes,  es  fe- 
cundo. 

X.  Por  esto,  un  gran  maestro  de  la  ciencia  de  las  len- 
guas afirma  con  razón  que,  desde  el  punto  de  vista  eti- 
mológico, no  hay  nombres  propios,  y  que  la  distinción 
dé  nombres  propios  y  comunes,  que  todos  los  gramáti- 
cos establecen  en  su  capítulo  del  sustantivo,  se  disipa  a 
la  claridad  de  la  etimología.  No  hay,  pues,  nombre  pro- 
pio que  no  haya  comenzado  por  ser  nombre  común  sig- 
nificativo. Si  la  significación  se  ha  perdido,  no  por  eso 
ha  dejado  de  tenerla  y  puede  volverse  a  hallar. 

225 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

Para  comprobación  de  estas  verdades  conviene  decir 
algo  sobre  el  origen  de  los  apellidos,  cuyos  elementos, 
entre  otros,  fueron  principalmente  formados: 

a)  De  la  derivación  del  nombre  paterno  en  el  se- 
gundo caso  o  genitivo  de  la  declinación  latina,  tanto  ais- 
ladamente como  acompañado  de  los  vocablos  filius, 
pignus,  proles  (hijo,  prenda,  prole),  verbigracia:  Pela- 
gius,  filius  Ruderici;  Sancius,  ptgnus,  Ordonni;  Mun- 
nium,  proles  Giiterrici.  Et  sic  de  caeteris.  Pelayo,  hijo 
de  Rodrigo;  Sanche,  prenda  de  O r dono;  Munio,  gens- 
ración  de  Gutierro,  etc.,  etc. 

Estos  genitivos  latinos  se  hispanizaron  con  la  termi- 
nación eúskaro-ibérica  az,  ez,  iz,  que  significa  de,  indi- 
cación de  procedencia  o  descendencia  de  familia :  Pela- 
yo Rodríguez;  Sancho  Ordóñez;  Munio  Gutiérrez,  et- 
cétera, etc.  De  donde  resultan:  Díaz  y  Diez,  hijo  de 
Diaco,  Diago  o  Diego ;  Alvarez,  de  Alvaro ;  Domínguez, 
de  Domingo;  Fernández,  de  Fernando;  Martínez,  de 
Martín;  Ramírez,  de  Ramiro;  Ferrándiz,  de  Ferrando, 
etcétera,  etc. 

h)  De  los  reinos,  provincias,  ciudades,  pueblos,  lu- 
gares: España,  Valencia,  Granada,  Salvatierra,  Burgos, 
Villalba,  Vaamonde. 

c)  De  los  árboles,  arbustos,  plantas:  Carballo,  Ro- 
mero, Acebedo,  Fraga,  Soto,  Castaño. 

d)  Del  reino  mineral  e  infinidad  de  objetos  que  ha- 
cen parte  de  la  Tierra:  Roca,  Peña,  Montes, '  Oíero, 
Seijo,  Sierra. 

e)  Del  modo  de  vivir  u  oficio  a  que  se  dedicaban: 

226 


I 

ESPAÑA,     PATRIA     DÉ     COLON 

Guerrero,  Mesonero,  Tejedor,  Quintero,  Sastre,  Ba- 
llestero. 

f)  De  un  edificio,  partes  del  mismo,  muebles  o  me- 
naje: Castillo,  Palacio,  Paredes,  Telia,  Mesa,  Cocina. 

gj  Del  estado  eclesiástico  y  cargos  de  la  Magistra- 
tura, empleos,  dignidades  y  títulos  que  tuvo  alguno  de 
los  antepasados:  Abad,  Alcalde,  Conde,  Marqués,  In- 
fante, Duque. 

h)  De  la  edad,  de  los  defectos  corporales,  de  las 
buenas  o  malas  cualidades  y  de  otras  varias  circunstan- 
cias: Mozo,  Calvo,  Delgado,  Bravo,  Cortés,  Lozano. 

i)  Del  color  de  la  cara,  del  pelo  o  de  los  ojos:  Blan- 
co, Albo,  Pardo,  Moreno,  Rubio,  Canoso. 

j)  De  los  animales:  León,  Lobo,  Cordero,  Becerra, 
Cuervo,  Zorrilla. 

k)  De  algún  mote  o  apodo  que  pasaba  de  padres  a 
hijos:  Redondo,  Cuadrado,  Cervicón,  Cabezón,  Nari- 
gón, Cicerón  (cicero),  del  latín  cicer,  cícerts,  el  garban- 
zo, porque  el  célebre  orador  romano  o  alguno  de  sus 
ascendientes  tenía  en  la  nariz  una  verruga  de  la  forma 
de  un  garbanzo. 

Prescindiendo  de  otras  muchísimas  causas  a  que  de- 
ben su  origen  los  apellidos,  concretémonos  boy  al  de 
Colón.  <         i 

Haremos  notar,  ante  todo,  que  el  eminente  escritor 
D.  Ricardo  Beltrán  y  Rózpide,  de  la  Real  Academia  de 
la  Historia,  secretario  general  de  la  Real  Sociedad  Geo- 
gráfica, en  una  de  sus  últimas  obras,  intitulada  Crista^ 

227  >  -  -'':-'■', 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 


bal  Colón  y  Cristóforo  Columho,  que  acabo  de  leer,  lle- 
ga en  su  crítica  luminosa  a  esta  importante  conclusión : 

''El  Colón  de  los  documentos  españoles  no  es  el 
columbo  de  los  documentos  italianos. 

Cristóbal  Colón,  el  hombre  que  escribió  la  carta  de  7 
de  julio  de  1503  y  las  demás  que  de  él  se  conocen,  no 
puede  ser  el  Cristóbal  Columbo,  lanero  y  humilde  me- 
nestral de  Genova.  Entre  todos  los  escritos  de  Colón 
hay  siempre  relativa  conformidad,  aun  admitiendo  dis- 
tintas interpretaciones.  No  la  hay  de  ningún  modo,  tó- 
mense los  documentos  que  se  tomen,  háganse  las  inter- 
pretaciones que  se  hagan,  entre  los  escritos  de  D.  Cris- 
tóbal Colón  y  las  citas  y  escrituras  de  Genova  y  Savona 
referentes  a  Cristóforo  Columbo. 

Para  que  Cristóbal  Colón,  el  navegante  desde  la  pe- 
queña edad  por  todos  los  mares  conocidos  en  su  tiempo 
pudiera  ser  el  sedentario  artesano  e  industrial  de  la  fa- 
milia Columbo-Fontanarubea  de  Genova,  habría  que 
rasgar  todos  los  papeles  escritos  por  el  primer  Almi- 
rante de  las  Indias  y  suponer  en  éste,  con  el  propósito 
de  ocultar  su  origen,  tal  previsión  de  lo  porvenir  que 
se  pasó  la  vida  calculando  qué  era  lo  que  debía  consig- 
nar acerca  de  sus  primeros  años  para  anticiparse  a  des- 
mentir lo  que  resultase  de  documentos  que  siglo  tras 
siglo  fueran  apareciendo  en  los  protocolos  notariales  de 
Genova  y  Savona." 

•  Fácilmente  se  comprende  el  grande  interés  que  para 
la  Historia  encierra  la  conclusión  establecida  por  el  se- 
ñor Beltrán  y  Rózpide,  en  abierta  oposición  al  falso 
dogma  de  COLON,  GENOVES. 

228 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

Nada  de  extraño  tiene,  en  consecuencia,  que  escrito- 
res italianos  tan  notables  como  Ambiveri,  Corbani,  Pe- 
retti  y  Franceschi,  citados  por  el  mismo  Beltrán  y  Róz- 
pide,  no  crean  que  el  descubridor  de  América  haya  sido 
genovés;  ni  que  los  graves  historiadores  ingleses,  ale- 
manes y  norteamericanos,  Harrisse,  Vignaud  y  Mahein, 
después  de  pacientes  y  laboriosas  investigaciones  histó- 
ricas, hayan  asegurado  sarcásticamente  que  todos  los 
documentos,  auténticos  y  fidedignos,  en  que  las  nueve 
o  diez  ciudades  italianas  se  apoyan  para  disputarse  y 
destruirse  reciprocamente  el  honor  de  haber  sido  h 
cuna  del  descubridor  del  Nuevo  Mundo,  se  guardan 
reunidos  en  un  archivo  municipal  al  lado  del  violín  de 
Paganini. . . 


Veamos  ahora  el  origen  del  apellido  Colón. 

Así  como  el  vocablo  cervicón  es  nombre  aumentativo 
de  cerviz,  parte  posterior  del  cuello,  colón  lo  es  de  coló, 
en  gallego;  cuello,  en  castellano. 

Por  esto.  Valladares  Núñez,  en  su  Diccionario  Ga- 
llego-Castellano, nos  presenta  como  ejemplo:  "Neno, 
vent'ó  meu  coló.  Niño,  ven  a  mis  brazos,  vente  a  mi 
seno,  ven  a  cogerte  a  mi  cuello,  etc.  ¡  Cantas  veces  n'o 
coló  te  levei !  ¡Cantas  dormidle  n'o  meu  coló!  ¡Cuán- 
tas veces  en  mis  brazos,  contra  mi  seno,  te  llevé!  ¡  Cuán- 
tas dormiste  en  mi  regazo!" 

Luego,  el  apellido  Colón  (cuellazo  en  catellano)  es 
un  nombre  genuinamente  gallego,  que  sólo  entre  galle- 
gos  pudo  primitivamente   formarse  para  llevarlo  más 

229 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

tarde  como  apellido  el  osado  nauta  pontevedrés,  que, 
con  su  portentoso  genio,  borró  los  limites  del  mundo 
hasta  entonces  conocido. 

Resulta,  pues,  que,  como  los  apellidos  encierran  una 
idea  y  derivan  de  ideas,  la  etimología  y  significación  de 
aquéllos  nos  revelan  la  naturaleza  de  la  persona. 

Es  tanta  la  importancia  que  en  algunas  naciones  suele 
darse  a  este  género  de  estudios,  que  Alemania,  antes 
de  la  guerra,  tenía  doce  filólogos  que  consagraban  ex- 
presamente sus  vigilias  a  desentrañar  estas  cuestiones. 

Y  en  Inglaterra  se  viene  estudiando  desde  el  siglo  xvi 
la  cuestión  del  origen  de  los  apellidos  por  hombres  tan 
notables  como  Camden,  Kemble  y  Lov^er,  cuyo  libro, 
en  la  tercera  edición,  contiene  tres  veces  tanto  como  la 
primera  y  doble  que  la  segunda. 

De  modo  que  la  etimología  del  apellido  Colón  nos 
lleva  como  por  un  hilo  al  descubrimiento  de  la  verdade- 
ra naturaleza  del  primer  almirante  y  virrey  de  las 
Indias. 

♦ 

Por  otra  parte,  la  historia  de  los  descubrimientos  geo- 
gráficos nos  patentiza  que  los  descubridores  bautizaban 
con  nombres  de  pueblos  o  lugares  de  su  patria  las  tie- 
rras que  descubrían  o  conquistaban. 

Así,  vemos-  que  los  nombres  que  Colón  impuso  a  di- 
ferentes islas  y  lugares  que  sucesivamente  iba  descu- 
briendo en  sus  viajes,  son  exactamente  los  mismos  que 
recordaba  y  admiraba  de  los  puntos  de  Pontevedra,  don- 
de nació  y  jugó  en  los  primeros  años  de  su  infancia,  sin 

230 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

acordarse  para  nada  de  los  de  otras  naciones  o  pro- 
vincias. 

Estos  incesantes  recuerdos  que  consagraba  a  Ponte- 
vedra, y  las  palabras  y  locuciones  puramente  gallegas 
que  Colón  espontáneamente  empleaba  en  sus  escritos, 
bien  claramente  nos  demuestran  que,  si  el  estilo  es  el 
•  hombre,  el  lenguaje  es  el  pueblo,  estilo  y  lenguaje  en 
que  se  refleja  el  vinculo  sagrado  que  le  tenía  unido  a 
su  adorada  Galicia,  el  profundo  y  santo  amor  que  sen- 
tía por  sus  INOLVIDABLES  PATRIOS  LARES  !... 

J.  M.  RiGUERA  Montero. 


La  Coruña,    abril   de    lííiQ.' 


III 


Un  año  después,  en  1920,  D.  Rafael  Calzada  publicó 
en"  Buenos  Aires  un  libro  titulado  La  patria  de  Colón, 
del  que  reproduzco  los  siguientes  capítulos : 


COLON  NO   HABLABA  EL   ITALIANO 

Los  Reyes  Católicos  y  la  Corte  entera  aceptaron  de 
buena  fe  que  aquel  hombre  fuese  extranjero.  Si  él  tenía 
interés  en  ocultar  su  patria,  nadie  podía  tenerlo  en  dudar 
de  que  la  que  se  atribuía  como  propia  fuese  o  no  la 
verdadera ;  dada  la  magnitud  de  la  empresa  con  que  so- 
ñaba, eso  era  lo  de  menos.  ¿  Que  hablaba  bien  el  caste- 
llano y  lo  escribía  con  tanta  corrección  como  un  natural 
de  Castilla  ?  Esto  nada  tenía  de  particular  y,  además,  él 
sabría  explicarlo  perfectamente.  Una  permanencia  ac- 
cidental en  España,  durante  sus  primeros  años,  largas 
navegaciones  entre  compañeros  españoles,  el  estudio 
empeñoso  del  idioma  por  soñar  siempre  con  la  protec- 
ción de  Castilla...,  cualquier  circunstancia  de  éstas,  u 
otra  parecida,  podía  hacer  verosímil  su  dominio  del 
castellano,  bien  que  para  más  de  uno  habrá  sido  tal 
dominio  necesariamente  sospechoso. 

233 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

De  cualquier  manera,  lo  cierto  es  que  todo  convence 
de  que  aquel  hombre  faltaba  a  la  verdad  al  llamarse  ex- 
tranjero. Sus  hechos  demuestran  que  no  conocía  el  ita- 
liano. En  su  correspondencia  con  el  famoso  cosmógrafo 
Toscanelli,  al_  consultarle  sus  proyectos,  ni  se  llama  nun- 
ca compatriota  de  éste,  siquiera  para  hacérsele  más  gra- 
to, ni  emplea  jamás  el  italiano,  tanto  que  Toscanelli  le 
tenía  por  subdito  del  rey  de  Portugal,  y  así  lo  dice  en 
su  carta  de  1574,  la  segunda  transcripta  en  la  recorda.da 
Vida  del  Almirante,  cap.  VII,  con  estas  palabras:  "Por 
lo  cual  y  otras  muchas  cosas  que  podrían  decirse,  no 
me  admiro  que  tengáis  tan  gran  corazón,  como  toda  la 
nación  portuguesa,  en  que  siempre  ha  habido  hombres 
señalados  en  todas  empresas."  Como  se  ve,  le  consi- 
deraba portugués  y  enaltecía  a  Portugal,  procurando 
halagar,  probablemente,  de  ese  modo,  su  amor  patrio. 

Como  es  de  suponer,  Colón  no  podía  decir  a  Tosca- 
nelli que  fuese  italiano,  puesto  que  el  embuste  que- 
daría en  descubierto  por  el  hecho  de  no  conocer  el  idio- 
ma. El  mismo  Lorenzo  Ghiraldi,  que  lo  puso  en  rela- 
ción con  Toscanelli,  jamás  insinuó  a  éste  que  Colón  fue- 
se su  compatriota,  como  con  toda  seguridad  lo  habría 
hecho  si  lo  tuviera  por  tal.  A  todo  esto  puede  agre- 
garse que  Colón  dirigió  un  mensaje  a  la  Señoría  de 
Genova,  el  Oficio  de  San  Jorge,  ofreciendo  el  diezmo 
de  sus  rentas  para  disminuir  el  impuesto  que  gravaba 
las  "vituallas  comederas"  en  aquella  ciudad;  y  ese  men- 
saje lo  escribió  en  castellano — así  se  conserva  en  el  Mu- 
seo Municipal  de  Genova — ,  cuando  lo  natural,  dirigién- 
dose a  la  más  alta  autoridad  de  "su  patria",  habría  sido 

234 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

que  lo  hiciese  en  italiano  y,  muy  particularmente,  en 
genovés. 

Sus  biógrafos,  aun  aquellos  que  pasaron  años  y  años 
tratándole  en  la  mayor  intimidad,  como  el  P.  Las  Ca- 
sas, no  dicen  que,  ni  por  casualidad,  se  le  hubiese  es- 
capado una  sola  palabra  ni  una  sola  exclamación  en  ita- 
liano. De  su  única  interjección  dice  su  hijo  Fernando 
(cap.  III) :  "Yo  juro  que  jamás  le  vi  echar  otro  jura- 
mento que  ''¡Por  San  Fernando!",  y  cuando  se  hallaba 
más  irritado  con  alguno  era  una  reprensión  decirle :  "¡  Os 
doy  a  Dios!,  porque  hicisteis  esto  o  lo  otro."  ¡Un  ita- 
liano sin  soltar  un  ''¡Cristo !...",  o  un  "¡Sacramento!", 
o  algo  parecido,  que  tan  bien  sienta  y  tanto  consuelo  nos 
trae  en  ciertas  circunstancias,  y,  en  cambio,  jurando 
¡Por  San  Fernando!,  probablemente  la  más  española  de 
todas  las  interjecciones! 

Toda  exclamación,  mejor  aún,  toda  interjección, 
como  acto  primo,  viene  forzosamente  a  nuestros  la- 
bios en  el  nativo  idioma.  Preguntad  a  un  italiano  o  a 
un  francés,  que  hablen  perfectamente  el  español  y  vi- 
van entre  españoles,  cuál  es  la  exclamación  que  sueltan 
al  recibir  un  garrotazo :  a  buen  seguro  que  no  se  con- 
tentan con  un  beatífico  "¡Por  San  Fernando!".  Esto 
está  bien  para  un  español,  muy  español  y  muy  creyente. 
Napoleón,  que  sólo  había  pasado  su  niñez  en  Córcega, 
cuando  se  hallaba  en  la  intimidad,  empleaba  muy  fre- 
cuentemente exclamaciones  o  chistes  en  italiano,  en  el 
amado  idioma,  no  olvidado  nunca,  de  sus  primeros 
años.  Según  sus  biógrafos.  Le  Cases  y  O'Meara,  su 
médico,  que  estuvieron  años  a  su  lado  en  Santa  Elena, 

235 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

no  escaseaba  las  interjecciones  en  italiano.  Cuando  se 
refería  al  gobernador  de  la  isla,  Hudson  Lowe,  decía 
a  cada  paso  que  era  un  boia,  un  hugiardo,  un  shirro  si- 
ciliano che  ha  qualchc  o.getto  cattivo  in  vista;  y,  hablan- 
do de  su  Josefina,  solía  decir  que  era  la  donna  piú  gra- 
dosa  di  Francia  (i).  ¿Cómo  es  que  los  íntimos  de  Colón, 
tan  prolijos  en  relatar  ciertas  menudencias  de  su  vida,' 
cuando  ya  fué  Almirante,  no  nos  dicen  nada  que  a  esto 
se  parezca  ? 

Sus  cartas  de  carácter  íntimo,  como  todas  las  dirigi- 
das a  su  hijo  Diego,  escritas  de  su  puño  y  letra,  están 
en  castellano.  Lo  están  igualmente  todas  las  notas  relati- 
vas a  sus  gastos,  sus  créditos,  sus  deudas,  etc.,  caso  in- 
verosímil si  su  idioma  nativo  fuese  otro.  En  la  interesan- 
tísima colección  de  Los  autógrafos  de  Cristóbal  Colón, 
publicados  en  1892  por  la  duquesa  de  Berwick  y  de  Alba, 
descendiente  del  Almirante,  todos  inéditos  y  tomados  de 
su  archivo,  existen  varias  de  esas  notas,  de  las  que, 
como  ejemplo,  transcribo  la  que  sigue,  puesta  al  dorso 
de  un  conocimiento  por  100  castellanos  de  oro  (todo  él 
autógrafo),  dado  por  Cristóbal  Colón  en  22  de  octubre 
de  1 501  para  un  viaje  a  Sevilla:  "En  los  ciento  cin- 
cuenta mil  de  que  después  le  di  conocimiento  se  descon- 
taron éstos,  los  cuales  150.000  me  mandaron  adar  s.  a. 
por  ayuda  de  custa  en  sebilla  en  henero."  Transcribo 
otra  nota  puesta  por  el  mismo  Colón  al  dorso  de  una 
carta   que   le   escribió  su  concuñado   Miguel   Muüart: 


(i)     Doctor  Barry  O'Meara :  Napoleón  en  el  destierro.  Pa- 
rís, 1898.  Páginas  58,  131,  etc.,  tomo  I,  y  49,  59,  99,  etc.,  tomo  II, 

236 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

''Carta  de  miguel  muliart  dti  29  mil  maravedís  que  me 
debe''  (i).  Para  mí,  de  igual  modo  que  para  cuantos 
quieran  mirar  este  asunto  con  la  serena  imparcialidad 
que  requiere,  €sas  notas,  con  toda  su  sencillez,  son  una 
elocuente  demostración  de  la  nacionalidad  de  quien  las 
puso.  Cada  cual  anota  las  cosas  que  le  interesan  en  su 
propio  idioma.  Suponer  lo  contrario  es  ir  contra  lo  que 
nos  enseña  la  misma  naturaleza.  Todo  ser  busca  siempre 
la  manera  de  aminorar  trabajo,  de  disminuir  dolor,  y  es 
evidentemente  mayor  trabajo  escribir  en  idioma  ajeno, 
por  bien  que  se  lo  domine,  que  en  el  propio. 

Cierto  que  Colón  anotó  algunos  de  sus  libros  en  la- 
tín— el  ''latín  macarrónico"  del  Almirante,  según  Lom- 
broso,  en  su  recordado  estudio  psicológico — ;  pero  no 
olvidemos  que  ése  era  el  idioma  en  boga  entre  los  eru- 
ditos de  aquel  tiempo,  especialmente  entre  los  hombres 
de  iglesia,  y  su  empleo,  ya  que  lo  conocía,  representaba 
un  buen  alarde  de  superioridad,  tan  de  acuerdo  con  su 
carácter.  Saber  latín  era  encontrarse  por  encima  de  la 
vulgaridad,  que  era  lo  que  Colón  buscaba  y  necesitaba. 

Los  libros  que  leía  los  anotaba  invariablemente  en 
castellano  o  en  latín.  Yo  recordaba  haber  visto  esas  no- 
tas en  la  Biblioteca  Colombina  de  Sevilla;  pero  ante  el 
natural  temor  de  que  no  me  fuese  fiel  la  memoria,  escri- 
bí sobre  el  particular  al  Sr.  Torres  Lanzas,  jefe  del  Ar- 
chivo de  Indias  en  aquella  ciudad,  el  cual  me  contestó: 
"En  la  Biblioteca  Colombina  hay  varios  libros  con  ano- 


(i)     Autógrafos   de    Cristóbal    Colón,   por    la    duquesa    de 
3erwick  y  de  Alba.  Madrid,  1892.  Páginas  41  Y  47- 

237 


PRUDENCIO      OTERO      SANCHBZ 

taciones  de  Colón:  le  citaré  algunos:  De  Consuetudini- 
bus  et  conditionibus  orientalmm  regionum,  obra  del  ve- 
neciano Marco  Polo.  Contiene  numerosas  notas  margi- 
nales de  Cristóbal  Colón,  tnX^im. —Vidas  de  los  ilus^ 
tres  varones,  de  Plutarco.  Contiene  anotaciones  en  cas- 
te  llano/* 

La  mejor  prueba  de  que  Colón  no  conocía  el  italiano 
nos  la  da  él  mismo  en  la  carta  que  dirigió  a  Genova  en 
27  de  diciembre  de  1504,  al  embajador  Nicolao  Oderigo, 
cuando,  entre  otras  cosas,  k  dice;  "...  EJ  suplimiento 
del  viaje  en  esta  Ierra  para  que  le  deis  a  Micer  Juan  Luis 
con  la  otra  del  aviso,  al  cual  escribo  que  seréis  ei.  lec- 
tor Y  ENTÉRPRETE  DE  ELLA."  Colón,  como  se  ve,  en- 
cargaba a  Oderigo,  conocedor  del  castellano  por  su  larga 
residencia  en  la  Corte  de  los  Re}>es  Católicos,  que  fuese 
intérprete,  es  decir,  que  tradujese  a  Micer  Juan  Luis 
la  carta  que  él  le  anunciaba.  Pues  "si  Colón  era  italiano, 
¿por  qué  no  escribía  esa  carta  en  su  idioma,  con  lo 
cual  no  necesitaría  Juan  Luis  de  ningún  intérprete? 
Sencillamente,  porque  no  lo  sabía. 

Para  terminar  sobre  este  punto.  Léase  cualquiera  de 
los  escritos  de  Colón,  de  los  indubitablemente  suyos, 
como  una  de  las  cartas  a  su  hijo  Diego,  un  capítulo  de 
su  Eibro  de  las  Profecías,  sus  versos  contenidos  en  los 
folios  Lili  a  LVIII  de  ese  mismo  libro,  y  la  impre- 
sión que  dejan  no  es  otra  sino  la  de  que  aquello  sola- 
mente un  español  pudo  haberlo  escrito.  Su  bella  página 
dedicada  a  la  bahía  de  Porto  Santo,  que  es  "persona- 
lísima",  la  cual  más  adelante  se  transcribirá,  no  sólo  es 
un  modelo  de  sentimiento,  sino  hasta  de  estilo  lleno  d% 

238 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

naturalidad  y  elegancia.  ¿  Cuándo  pudo  Colón  asimilar- 
se el  castellano  de  esta  manera  ?  ¿  Mientras  cardó  lana  y 
atendió  su  taberna  en  Genova?  ¿Mientras  residió  en 
Lisboa,  donde  no  se  sabe  que  haya  tratado  a  ningún 
español?  ¿A  bordo  de  los  barcos  italianos  en  que  fué 
corsario?  Imposible,  imposible,  imposible.  Quien  así 
escribía  aprendió  el  castellano  en  España,  y  no  viejo  ya, 
porque  en  edad  madura  no  se  aprende  ningún  idioma 
con  perfección,  y  menos  con  la  necesaria  para  poder 
versificar  en  él.  He  aquí,  como  prueba,  la  última  estrofa 
de  su  trova  glosando  el  Memorare  novissima  tua  (i): 

**/«  ceternum  gozarán 
Los  que  lo  bueno  abrazaron 

Y  asimismo  llorarán 
Porque  continuo  arderán 
Los  que  la  malicia  amaron ; 

Y  pues  siempre  se  agradaron 
Del  mundo  y  de  sus  cudicias 
De  las  eternas  divicias 
Para  siempre  se  privaron." 

Humbolt,  que  tan  a  fondo  estudió  la  psicología  de 
Colón,  era  un  verdadero  admirador  de  la  manera  como 
escribía  el  castellano,  aun  reconociendo  sus  incorreccio- 
nes. Según  él,  para  poder  apreciar  toda  la  riqueza  y  la 
brillantez  del  estilo  del  insigne  navegante,  era  preciso 
conocer  nada  menos  que  los  secretos  de  nuestro  idioma, 
caso  en  realidad  más  que  estupendo  si  ese  idioma  no  hu- 

(í)  Relaciones  y  cartas  de  Cristóbal  Colón,  Biblioteca  Clá- 
sica, tomo   CLXIV,  página  340. 

239 


PRUDENCIO       OTERO      S  A  N  C  H  ri  Z 

biese  sido  el  propio  de  Colón,  el  aprendido  ^or  él  en  sus 
primeros  años.  He  aqui  cómo  lo  dice  el  gran  historiador : 

"En  estos  cuadros  de  la  naturaleza  (¿por  qué  no  dar 
tal  nombre  a  trozos  descriptivos  llenos  de  encanto  y  de 
verdad?),  el  viejo  marino  muestra  algunas  veces  una  ri- 
queza de  estilo  que  sabrán  apreciar  los  iniciados  en  los 
secretos  de  la  lengua  española  y  prefieren  el  vigor  del 
colorido  a  una  corrección  severa  y  acompasada."  (i) 

Demasiado  se  me  alcanza  que,  a  pesar  de  todo,  no  ha 
de  faltar  quien  sostenga  que  el  lancrius  genovés,  maduro 
ya,  se  fué  a  España  y  "se  apoderó"  del  castellano  con 
tanta  perfección,  que  llegó  a  escribir  en  ese  idioma  estro- 
fas tan  elegantes  y  de  tanta  pureza  gramatical  como  la 
que  dejo  transcripta;  pero...  sé  también  que  eso  no  tiene 
remedio.  Es  muy  dueño  cada  cual  de  sostener  lo  que 
mejor  le  cuadre.  Por  de  pronto,  no  ya  los  hijos  de  Italia, 
en  quienes  la  buena  fe  y  el  patriotismo  excusarían  has- 
ta la  mayores  exageraciones :  son  los  voceros  españoles 
del  "Colón  genovés"  los  que  tienen  la  palabra. 


VI 

AUTÓGRAFO   DE    COT-ÓN    DEMOSTRATIVO    DE   QUE   ESTE 
NO  ERA  ITALIANO 

Hemos  visto  que  Colón  no  empleaba  el  italiano  ni  aun 
cuando  era  de  rigor  que  lo  emplease,  de  lo  cual  tenemos 
que  deducir,  por  una  regla  elemental  de  buen  sentido, 


(i)     Humboldt:    Cristóbal    Colón    y    el    descubrimiento    de 
América,  tomo  II,  capitulo  IX. 

240 


ESPAÑA,     PATRIA     DE      COLON 

que  no  lo  conocía.  Pero  ¿  es  que  en  realidad  no  lo  cono- 
cía,  o  es  que,  aun  conociéndolo,  no  le  parecía  conveniente 
hacer  uso  de  él?  Afirmo  categóricamente  que  el  idioma 
italiano  no  era  el  de  Colón,  que  apenas  lo  conocía ;  y  de- 
m  strado  esto,  llegaremos  necesariamente  a  la  conclusión 
de  que  el  Descubridor,  al  decirse  genovés,  se  atribuyó 
una  falsa  patria,  mientras  no  se  pruebe  lo  contrario. 

Veamos.  El  doctor  D.  Simón  de  la  Rosa  y  López, 
miembro  que  fué  de  la  Real  Academia  Sevillana  de  Bue- 
nas Letras,  en  el  discurso  que  pronunció  en  1891,  con 
motivo  de  su  ingreso  en  aquella  Corporación,  trató  exten- 
samente una  materia  de  tan  excepcional  interés  como  los 
libros  y  autógrafos  del  Descubridor  existentes  en  la  Bi- 
blioteca Colombina  de  Sevilla.  Dijo  en  su  discurso  el  se- 
ñor de  la  Rosa  que  había  tenido  la  suerte  de  encontrar 
**ocho  códices  que  pertenecieron  a  D.  Cristóbal,  dos  ma- 
nuscritos y  seis  impresos,  conteniendo  cuatro  de  estos  úl- 
timos en  los  márgenes  varias  anotaciones  de  su  puño 
y  letra,  y  los  restantes,  otros  signos  demostrativos  de  la 
misma  procedencia"  (i).  Entre  otras  muchas  cosas,  a 
cual  más  interesante,  dijo  que  había  encontrado  en  uno 
de  los  referidos  códices  la  siguiente  nota,  considerada 
''como  uno  de  los  autógrafos  más  indubitados  del  Al- 
mirante" (pág.  14): 


(i)  Doctor  D.  Simón  de  la  Rosa  y  López,  bibliotecario  de 
la  Colombina,  Libros  y  autógrafos  de  Cristóbal  Colón.  Sevilla, 
1891,  página  10.  Debo  la  posesión  del  folleto  en  que  apareció 
este  notabilísimo  discurso  a  la  bondad  de  mi  excelente  amigo 
el  Sr.  D.  Pedro  Torres  Lanzas,  jefe  del  Archivo  de  Indias  de 
Sevilla.  Véase  apéndice  núm.  i. 

241  16 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 


DEL  AMBRA  ES  CIERTO  NASCERE  IN  INDIA  SOTO  TIERRA 
HE  YO  NE  HO  FATO  CAUARE  IN  MOLTI  MONTl  IN  LA  ISOLA 
DE  FEITI  BEL  DE  OI^IR  BEL  DE  CIPANGO,  A  LA  QUALE  HABIÓ 
POSTO  NOME  SPAGNOLA  Y  NE  O  TROUATO  PIEQA  GRANDE 
COMO  EL  CAPO,  MA  NO  TOTA  CHIARA,  SALUO  DE  CHIARO,  Y 
PARDA  Y  OTRA  NEGRA,  Y  VENE  ASAy". 

Pues  bien :  de  estas  sesenta  y  una  palabras,  son  cas- 
tellanas las  siguientes,  por  su  orden :  del  -  es  -  cierto 

TIERRA  -  YO  -  LA  -  de  -  DE  -  DE  -  Y  -  PIEgA  -  COMO  -  EL  -  NO 
SALVO  -  DE  -  Y  -  PARDA  -  Y  -  OTRA  -  NEGRA  -  Y,    es   decir, 

más  de  una  tercera  parte.  Las  palabras  del  -  la  y  salvo 
son  al  mismo  tiempo  italianas ;  pero  dada  la  manera  como 
se  hallan  colocadas  en  la  oración,  deben  ser  consideradas 
como  castellanas.  De  las  italianas  están  escritas  en  una 
orma  que  revela  un  verdadero  desconocimiento  de  ese 
dioma,  las  siguientes:  del  amhra  (del  ámbar),  que  en 
italiano  debió  escribirse  delPambra;  he  (y),  que  en  ita- 
iano  debe  ser  e;  fato  (hecho),  que  se  escribe  fatto;  in  la 
isola  (en  la  isla),  que  debió  ser  nellHsola;  habió  (bahía), 
que  es  aveva,  y  que  no  es  palabra  italiana  ni  española ; 
spagnola  (española),  que  debe  ser  spagnuola;  o  (he),  que 
es  ho;  tota  (toda),  que  debe  escribirse  tutta;  vene,  que 
podría  tomarse  por  hene  (bien),  pero  que  debe  querer  de- 
cir: allí  hay,  que  se  escribe  ve  n'é,  y  asay,  mucho,  que  se 
escribe  assai. 

Y  todavía,  para  que  la  jerigonza  resultase  más  comple- 
ta, intercaló  el  Descubridor  en  el  texto  dos  veces  la  pa- 
labra bel,  conjunción  latina  vel,  que  significa  o.  No  es- 
tando seguro,  sin  duda,  de  cómo  se  escribiría  la  italiana, 
optó  por  latinizarla. 

242 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

Para  que  pueda  juzgarse  al  primer  golpe  de  vista  de 
toda  la  extraña  irregularidad  de  esta  nota,  con  la  que 
no  pudo  buscar  otra  cosa  el  Descubridor  que  el  dar  color 
de  verdad  a  su  simulación  de  extranjeria,  se  transcribe 
a  continuación,  en  una  columna,  literalmente,  con  un 
tipo  especial  para  las  palabras  castellanas ;  y  en  otra  co- 
lumna, la  misma  nota,  aun  con  su  pésima  estructura 
gramatical,  tal  como  resultaría  escrita  en  italiano,  lle- 
vando también  tipo  especial  las  palabras  italianas  es- 
critas por  Colón  en  castellano;  y  se  verá,  sin  el  menor 
esfuerzo,  que  Colón  desconocía  en  absoluto  la  morfo- 
logía y,  especialmente,  la  sintaxis  de  aquel  idioma. 


LA  NOTA,  EN  EL  ITALIANO 
.   DE  COLÓN 

DEL  amhra  es  cierto  ñas- 
cere  in  india  soto  tierra 
he  YO  ne  ho  fato  cauare 
in  molti  monti  in  la  isola 
de  feyti  bel  de  ofir  bel 
DE  cipango,  a  la  qiiale  ha- 
bió posto  7iome  spagnola  y 
ne  o  trouato  pieqa  grande 
COMO  EL  capo,  ma  no  tota 
chiara,  salvo  de  Maro,  y 

PARDA    Y    OTRA    NEGRA,    Y 

vene  asay. 


LA  NOTA,   EN  ITALIANO 

DELh'ambra  e  certo  ñas- 
cere  in  india  sotto  Terra 
ed  10  ne  ho  fatto  cauare 
in  molti  monti  nell'  isola 
di  feyti  o  di  ofir  o  di 
cipango,  alia  quale  eveva 
posto  nome  spagnuola  e  ne 
ho  trovato  pezzo  grande 
COME  iL  capo,  ma  non  tutta 
chiara,  salvo  di  chiaro,  E 

GRIGIA   ED   ALTRA    ÑERA,    E 

ve  n'é  assai. 


Dice  Colón:  "del  ambra  es  cierto  nascere  in  india*\ 
lo  cual,  traducido  literalmente  quiere  significar :  del  ám- 

243 


PRUDENCIO       OTERO      SÁNCHEZ 

bar  es  cierto  nacer  en  India,  empleando  el  infinitivo  ñas- 
cere,  nacer,  por  nasce,  nace,  tercera  persona  del  indica- 
tivo.  La  lectura  de  esta  frase  produce  exactamente  el 
mismo  efecto  que  si  un  extranjero,  conocedor  a  medias 
del  castellano,  nos  dijese:  "Yo  venir  de  París"^  o  "yo 
estar  bueno".   Ningún  italiano  es  capaz   de  decir  "io 
parlare  italiano'*  por  "io  parlo  italiano",  o  "voi  essere 
spagnuolo"  por  "voi  siete  spagnuolo".  Lo  propio  pue- 
de decirse  del  infinitivo  nascere,  no  siendo  posible  que 
ningún  italiano,  algo  conocedor  siquiera  de  su  idioma, 
lo  use  por  nesce,  porque  seria  un  verdadero  barbarismo. 
Además,  aun  poniendo  nasce  por  nascere,  la  construc- 
ción de  la  frase  siempre  resultaría  imperfecta  a  más  no 
poder,  no  explicándose  a  qué  responde  el  empleo  del 
es  cierto,  como  una  afirmación  innecesaria.  "Del  ámbar 
es  cierto  nacer  en  India..."  No  se  ve  aqui  la  gramática 
por  ningima  parte. 

Del  resto  de  la  nota  puede  decirse  lo  propio.  A  su 
final  nos  encontramos  con  este  galimatías:  "Pieza 
grande  como  la '  cabeza,  pero  no  toda  clara,  salvo  de 
claro,  y  parda  y  otra  negra..."  ¿Qué  es  lo  que  quiso 
decir  con  lo  de  salvo  de  claro,  y  parda?  Lo  de  salvo 
de  chiaro  no  tiene  otra  traducción  que  la  de  "salvo  de 
claro",  con  lo  cual  nada  se  dice.  Lo  que  hay  necesaria- 
mente es  que  quiso  poner  se  no  (si  no)  y  puso  salvo,  no 
sabiéndose  de  ese  modo  qué  es  lo  que  se  propuso  expre- 
sar con  esas  dos  palabras  chiaro  y  parda — entre  las 
cuales,  que  son  una  italiana  y  la  otra  española,  no  hay 
siquiera  concordancia— a  no  ser  echándose  a  adivinar, 
o  bien  conociendo  su  manera  d^  escribir  el  castellano, 

244 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

es  decir,  sabiendo  que  empleaba  el  saho  por  sino,  como 
cuando  dice:  '^S.  S.  A.  A.,  no  gastaron  ni  quisieron 
gastar  en  ello  salvo  un  cuento  de  maravedís/'  El  em- 
pleo del  salvo  en  esta  forma  demuestra  claramente  que 
él  trazó  ese  rarísimo  cuerpo  de  escritura  pensando  en 
.castellano  y  vertiendo  de  su  lengua  a  la  italiana  las  pa- 
palabras  que  de  ésta  conocía;  y,  las  que  no,  las  puso  en 
la  propia. 

Desde  luego,  la  trabajosa  y  enrevesada  construcción 
de  esa  nota  prueba  por  sí  sola  que  no  brotó  fácil  y 
espontáneamente  del  conocimiento  del  idioma  en  que  se 
trató  de  escribirla,  sino  por  consecuencia  de  un  penoso 
esfuerzo  de  pésima  traducción.  Léase  si  no :  in  la  isola, 
que  escribió  traduciendo  las  palabras  en  la  isla,  en  vez 
de  escribir:  neirisola.  Dice  también:  o  la  quale  hablo 
posto  nome  spagnola;  pero  su  autor,  al  trazar  esas  pa- 
labras, se  encontró,  por  lo  visto,  con  que  el  habla  no  le 
sonaba  a  italiano  y,  no  ocurriéndosele  el  aveva,  puso 
hablo,  por  parecerle,  probablemente,  que  sería  el  habla 
italianizado.  En  cuanto  al  posto,  puede  pasar,  aunque 
del^ió  haber  empleado  la  palabra  messo,  del  verbo  met^ 
tere,  poner,  que  era  el  más  propio  para  el  caso;  pero 
como  componía  su  nota  traduciendo,  pensando  en  el 
puesto,  escribió  posto.  Es  consecuencia  inevitable  de 
habUr  o  escribir  lo  que  se  piensa  en  el  propio  idioma, 
traduciéndolo  a  otro  que  apenas  se  conoce,  o  se  conoce 
muy  mal. 

Lo  demás  de  la  nota  ya  no  es  castellano  mal  tradu- 
cido, sino  casi  todo  castellano.  Plega  grande  como  el, 
de  igual  manera  que  y  parda  y  otra  negra,  y,  son  todas 

245 


PRUDENCIO       OTERO      SAN  CHUZ 

palabras  de  nuestro  idioma.  Lo  que  acaso  no  escribió 
Colón  traduciédolo  fueron  las  dos  últimas  palabras: 
vene  asay;  pero,  en  cambio,  como  escritura  del  italiano, 
lo  hizo  de  una  manera  desgraciadísima.  Quien  tal  es- 
cribió sabía  que  estas  dos  palabras  significaban :  ollí  hay 
mucho,  por  haberlas  oído ;  pero  no  supo  escribirlas.  En 
lugar  de  ve  (allí),  n'é  (hay)  y  assai  (mucho),  le  pareció 
bien  escribir :  vene  asay.  Se  atuvo  a  una  reminiscencia 
puramente  fonética ;  pero  como  no  conocía  el  italiano, 
escribió  la  frase  con  la  torpeza  que  salta  a  la  vista,  de 
igual  modo  que  un  español  que  conociese  sólo  de  oídas 
la  palabra  francesa  toujours  escribiría,  con  toda  seguri- 
dad, tuyur  o  tuchur,  probando  con  ello  no  conocer  el 
francés  ni  a  medias,  que  es  exactamente  como  el  italia- 
no Colón  conocía  el  italiano. 

No  creo  que  haya  quien  se  atreva  a  sostener,  salvo 
que  desconozca  por  completo  lo  que  fué  Italia  en  los 
pasados  tiempos,  que  esa  nota  fué  escrita  así,  tan  torpe- 
mente, a  causa  de  no  haber  alcanzado  entonces  el  ita- 
liano la  maravillosa  perfección  que  hoy  tiene.  No.  Dos 
siglos  antes,  más  o  menos,  habían  escrito  ya  el  Dante, 
su  Divina  Comedia;  Petrarca,  sus  Rimas  y  sus  Sonetos; 
su  Decamerón,  Boccacio,  y,  por  el  mismo  tiempo  de  Co- 
lón, escribían  sus  obras  admirables  Ariosto  y  Machía- 
velli. 

No  ha  de  faltar  quien  ponga  en  duda  la  bondad  del 
hallazgo  de  este  manuscrito,  suponiendo  que  acaso  no 
pertenezca  al  propio  Descubridor ;  pero  con  sólo  fijarse 
en  que  quien  lo  escribió  hablaba  en  primera  persona 
diciendo  lo  ne  ho  fato...,  agregando  después  hahio  posto 

246 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

nome  spagnola,  es  evidente  que  el  Sr.  De  la  Rosa  afirmó 
con  toda  razón  ser  ése  '^mo  de  los  autógrafos  más  in- 
dubitables del  Almirante",  pudiendo  haber  dicho  que  es 
absolutamente  indubitado,  por  cuanto  se  trata ,  de  su 
ITopia  letra,  bien  conocida,  y  nadie,  si  no  él,  puso  nom- 
bre, personalmente,  a  la  isla  Española  (i). 

Un  caballero  italiano  de  vasta  ilustración  y  grande 
amigo  mío,  a  quien  yo  hablaba  del  asunto,  me  observa- 
ba que  no  era  justo  olvidar  la  circunstancia  de  ser  Co- 
lón genovés,  por  lo  cual  bien  podía  suceder  que  cono- 
ciese tan  sólo  su  dialecto,  y  no  el  italiano;  pero  bien  se 
comprende  que  esto  no  es  verosímil,  tratándose  de  quien 
dominaba  el  latín,  lengua  madre  del  italiano,  y  que  ha- 
bía estudiado  en  varias  obras  que  no  consta  hayan  sido 
nunca  escritas  en  genovés,  suponiéndose  por  lo  mismo 
que  las  estudió  en  textos  italianos.  Pero  aun  admitiendo 
la  posibilidad  de  que  sólo  conociese  el  genovés,  lo  na- 
tural es  que  supliese  las  palabras  italianas  que  no  le 
fuesen  familiares  al  tratar  de  escribir  en  ese  idioma  con 
las  correspondientes  de  su  dialecto  itálico,  jamás  con 
otras  castellanas.  Es  decir,  que  si  es  imposible  que  esa 
nota  haya  sido  escrita  por  un  italiano,  lo  es  más  aún 
que  lo  haya  sido  por  un  italiano  de  la  región  genovesa. 

Y  bien:  ¿habrá  quien  se  atreva  a  sostener  que  ese 
cuerpo  de  escritura  fué  hecho  por  un  italiano?  Yo  co- 
nozco la  imprsión  que  ha  producido  en  más  de  un  hijo 

(i)  Quien  tuviese  duda  acerca  de  la  autenticidad  de  esa 
neta  consulte  la  Raccolta  di  documenti  e  studi,  etc..  que  la 
reproduce  como  autógrafa  de  Colón  en  la  parte  primera,  volu- 
men III,  tav.  CI,  núm.  23. 

247 


PRUDENCIO      OTERO      SÁNCHEZ 

de  Italia,  de  los  buenos  conocedores  de  su  idioma,  por 
supuesto :  ha  sido  de  verdadero  estupor.  Les  parecía  in- 
creíble. Para  ellos,  el  autor  de  esa  nota  no  conocía  abso- 
lutamente el  italiano.  Y  es  que  quien  tal  escribió  sabía 
lo  suficiente  de  este  idioma  para  chapurrearlo,  para  ha- 
cerse entender  en  él  medianamente,  hasta  para  hacerse 
pasar  por  italiano,  diciendo  y,  probablemente,  pronun- 
ciando bien  alguna  que  otra  frase,  que  fué  lo  que  buscó 
y  consiguió  el  Almirante;  pero  ¿lo  conocía?  No.  Y  si 
alguien  sostuviese  lo  contrario,  allá  se  las  haya  con  su 
conciencia. 

Si  pues  Colón  no  hablaba  ni  conocía  el  italiano,  la 
consecuencia,  según  se  ha  dicho,  es  ésta  necesariamente: 
no  era  italiano,  mientras  no  exista  prueba  indubitable 
de  lo  contrario.  ¿Que  esa  prueba  es  su  propia  declara- 
ción? De  todo  lo  expuesto  resulta  que  tal  confesión, 
por  responder  puramente  a  sus  personales  convenien- 
cias, no  es  verdadera.  Es  bien  sabido  que  la  confesión, 
a  no  ser  en  materia  civil,  jamás  se  considera  suficiente 
para  condenar  a  nadie,  mientras  no  existan  circunstan- 
cias que  la  hagan  verosímil  y  convenzan  al  juez  de  que 
quien  la  hizo  no  faltó  a  la  verdad,  aun  en  contra  suya. 
Es  ésta  una  prescripción  terminante  de  las  leyes  por 
que  se  rigen  todos  o  casi  todos  los  pueblos  cultos,  y  se 
inspira  en  un  elemental  principio  de  justicia.  Yo  podría 
citar  casos,  en  que  tuve  ocasión  de  intervenir  ejerciendo 
mi  profesión,  de  individuos  que  se  reconocieron  autores 
de  graves  delitos,  por  responder  esto  a  un  fin  determi- 
nado, resultando  después  reconocida  su  inocencia.  No 
se  trata  aquí  de  ningún  hecho  punible,  es  cierto;  mas 

248 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

para  el  caso  es  lo  mismo.  Se  trata  de  una  confesión  sim- 
ple, hecha  con  fines  interesados,  en  un  documento  he- 
ráldico, y  que,  lejos  de  estar  abonada  por  hechos  que 
convenzan  de  su  sinceridad,  sucede  precisamente  todo  lo 
contrario:  son  infinitas  las  circunstancias  que  hacen 
presumir,  más  aún,  que  prueban  plenamente  ser  esa  con- 
fesión una  de  las  muchas  simulaciones  que  el  descu- 
bridor creyó  necesarias  para  la  realización  de  sus  pla- 
nes. Como  dice  con  toda  verdad  el  marqués  de  Dos 
Fuentes,  en  su  citada  obra,  en  el  Colón  italiano,  todo 
resulta  absurdo,  contradictorio,  imposible,  lleno  de  os-; 
curidad;  mientras  que,  en  el  Colón  español,  todo  se 
nos  presenta  lógico,  natural,  perfectamente  concorde  con 
sus  declaraciones,  con  sus  hechos,  con  su  apellido  y  has- 
ta con  su  idioma. 

No  sería,  pues,  admisible  semejante  objeción.  La  úni- 
ca observación  posible  sería  esta : ,  Colón  nació  en  Ge- 
nova, es  el  mismo  vir  ligiir  mentado  por  los  historiado- 
res, el  mismo  Christóphoro  Columbo  a  que  se  refiere 
la  montaña  de  escrituras  de  la  Raccolta;  mas  su  familia 
le  llevó  al  extranjero,  siendo  una  criatura,  por  lo  cual 
no  pudo  haber  aprendido  el  italiano,  ni  tampoco  el  ge- 
novés.  Pero  la  insubsistencia  de  tal  explicación  saltaría 
a  la  vista.  Aun  sin  contar  que  es  rarísimo  el  padre  que 
no  enseña  su  idioma  a  sus  hijos,  vaya  a  donde  fuere, 
¿no  es  ese  mismo  Columbo  el  que  cardó  lana  y  fué  ta- 
bernero en  Genova,  según  ya  veremos,  hasta  después 
de  los  diecinueve  años,  como  rezan  los  referidos  pa- 
peles de  la  Raccolta?  ¿No  es  el  mismo  que  en  7  de 
agosto  de  1473,  siempre  según  dichos  papeles,  otorgaba 

249 


PRUDENCIO       OTERO      SANCHBZ 

una  escritura  en  Savona,  afianzando  a  su  padre  Dome- 
nico  para  sacarle  de  la  cárcel,  a  donde  le  habían  llevado 
sus  deudas,  y  en  la  cual  estuvo  él  mismo  a  punto  de 
caer  de  igual  modo?  Si  así  fuese,  Colón  se  habría  cria- 
do y  formado  en  Genova,  lo  cual  haría  inverosímil  que 
desconociese  el  *italiano,  o,  cuando  menos,  el  genovés. 
Siendo,  pues,  imposible,  si  hemos  de  atenernos  a  la  do- 
cumentación italiana,  la  hipótesis  del  Columbo,  o  Colón, 
que  se  crió  y  educó  lejos  de  Genova,  no  obstante  haber 
nacido  en  ella,  quedamos  en  lo  dicho:  Cristóbal  Colón, 
descubridor  de  América — que  no  es>  ni  puede  ser,  el 
Colimibo  de  la  Raccolta — ,  se  atribuyó  una  falsa  patria 
al  fundar  su  mayorazgo  en  Genova,  siendo  de  ello  una 
prueba  incontestable  el  hecho  de  no  conocer  el  italiano. 
Léase,   entretanto,    todos   los   escritos   de  Colón    en 
castellano,  que  son  muchos,  y  en  buena  parte,  de  su 
puño  y  letra,  y  si,  por  excepción  rarísima,  contuviesen 
alguna  palabra  italiana,  jamás  esto  indicaría  la  italia- 
nidad  de  su  autor,  y  mucho  menos  por  aquellos  tiempos 
en  que  tan  poderosamente  influía  el  italiano  en  el  in- 
cremento de  nuestro  idioma.  Lo  natural  habría  sido  que, 
después  de  haber  pasado  toda  su  juventud  navegando 
en  buques  italianos  y  oyendo  hablar  constantemente  a 
hombres  de  esa  nacionalidad,  hubiese  adquirido,  no  al- 
gunas,  sino  muchas  de  las   frases  que  escuchaba,   las 
cuales  forzosamente  tendría  que  usar  para  hacerse  en- 
tender, como  pudiese,  de  aquella  gente.  Verdaderamen- 
te, sería  cosa  de  sorprenderse  de  que,  después  de  esa 
su   vida  marítima,  "tan   italiana",  y   de  sus   "catorce 
años"  de  Lisboa,  hubiese  podido  defender  la  pureza 

250 


ESPAÑA,     PATRIA     DE     COLON 

de  su  idioma  al  extremo  de  escribir  con  toda  corrección 
versos  como  los  de  la  glosa  del  Memorare  novissima 
iua,  del  Libro  de  las  Profecías,  y  páginas  como  aque- 
lla tan  sentida  que,  según  se  ha  dicho,  dedicó  a  la 
bahía  de  Porto  Santo. 

Enfrente  de  la  nota  que  dejo  analizada,  he  aqui  otra 
del  Descubridor,  también  indubitada,  que  el  señor  de 
la  Rosa  transcribe  de  las  Memorias  manuscritas  de 
Cristóbal  Colón:  ''Jueves  29  de  febrero  de  1504,  es- 
"tando  yo  en  las  yndias,  en  la  ysla  de  janayca  en  el 
"poerto  que  se  diz  de  Sancta  Gloria,  que  es  casi  en  el 
"medio  de  la  ysla,  de  la  parte  septentrional,  obo  eclipsis 
"de  luna,  y  porque  el  comiengo  fué  primero  que  el  sol 
"se  pusiese,  non  pude  notar  saluo  el  término  de  quando 
"la  luna  acabo  de  volver  en  su  claridad"...  Nótese  bien 
que  esto  lo  escribió  el  propio  Colón,  pues  dice...  ''Estan- 
do yo  en  las  yndias"  y  se  ha  tomado  de  sus  Memorias 
manuscritas.  ¿Cuántas  palabras  o  giros  italianos  Con- 
tiene ?  Ninguno.  ¿  Cuántas  faltas  gramaticales  en  el  idio- 
ma español?  Casi  ninguna.  Y  he  aquí  demostrado  con 
los  autógrafos  del  propio  Descubridor  que,  mientras 
escribía  correctamente  el  español,  no  sabía  escribir  ape- 
nas el  italiano,  de  lo  cual  debe  lógicamente  deducirse 
que  podría  ser  cualquiera  su  patria,  menos  la  genovesa. 
Si,  pues,  al  señor  de  la  Riega  cupo  la  gloria  de  haber 
descubierto  en  el  Museo  Arqueológico  y  en  los  archivos 
notariales  de  Pontevedra,  elementos  de  convicción  que 
le  llevaron  a  suponer,  con  todo  fundamento,  que  el  Des- 
cubridor era  hijo  de  aquella  región  de  Galicia,  pienso 
que  no  ha  sido  pequeña  mi  suerte  il  haber  encontrado 

:¿51 


PRUDENCIO       OTERO       SÁNCHEZ 

entre  los  autógrafos  existentes  en  la  Biblioteca  Colom- 
bina de  Sevilla  la  prueba  plena,  incontestable,  de  que 
Cristóbal  Colón  no  era  italiano,  consiguiendo  con  ello 
que  las  suposiciones  del  ilustre  historiógrafo  ponteve- 
drés  deban  pasar  de  la  categoría  de  una  mera  hipótesis 
a  la  de  una  verdad  histórica,  que  tengo  la  certeza  se 
encargará  de  consagrar  el  tiempo  de  una  manera  defi- 
nitiva e  indubitable." 


ÍNDICE 


Páginas. 

Dedicatoria   5 

Al   Lector 7 

I. — Génesis  de  la  obra  de  Celso  García  de  la  Riega 

"Colón,    español" II 

II. — Génesis  del  presente  libro -. 15 

III. — Nuevas    investigaciones 3  ^ 

IV. — Un  requerimiento  a  la  Academia  de  la  Historia.  47 

V. — Colón,  genovés,  según  un  académico "]! 

VI. — Pleito    académico 113 

VIL— Mi    alegato H? 

Apéndices  ^99 


OBRAS   DE   DIVULGACIÓN 

HIS- 

TÓRICA    PUBLICADAS    POR 

LA 

BIBLIOTECA    NUEVA 

J.  García  Mercadal: 

España  vista  por  los  extranjeros 
(3   tomos) 

12 

Ángel  Ossorio  y  Gallardo: 

Los  hombres  de  toga  en  el  proce- 
so de  D.  Rodrigo  Calderón 

3,50 

Ricardo  Fuente: 

Reyes,  favoritas  y  validos 

4 

E.  González-Blanco: 

Historia   del  periodismo 

4 

Carlos  Pereyra: 

La  obra  de  España  en  América... 

4 

E.  Rodríguez  Solís: 

Historia  de  la  prostitución 

5 

Prudencio  Otero  Sánchez: 

España,  patria  de  Colón 

4 

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STAMPED  BELOW 


AN  INITIAL  FINE  OF  25  CENTS 

WILL  BE  ASSESSED  FOR  FAILURE  TO  RETURN 
THIS  BOOK  ON  THE  DATE  DUE.  THE  PENALTY 
WILL  INCREASE  TO  50  CENTS  ON  THE  FOURTH 
DAY  AND  TO  $1.00  ON  THE  SEVENTH  DAY 
OVERDUE. 


NOV  24 1941 Y 


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